Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

lunes, 30 de noviembre de 2009

Juicio a represores entra en la etapa final



Sentencia antes de Nochebuena
La sentencia en el juicio por delitos de lesa humanidad al ex juez Brusa y cinco represores podría conocerse en la semana que arranca el 21 de diciembre próximo.

Por Juan Carlos Tizziani

La sentencia en el juicio por delitos de lesa humanidad al ex juez Víctor Brusa y cinco represores: Héctor Colombini, Mario Facino, Juan Calixto Perizzotti y Eduardo Ramos podría conocerse antes de Nochebuena. Ayer arrancó el tramo final.
El Tribunal Oral escuchó los últimos dos testimonios: una docente, María del Carmen Ovalle, que estuvo detenida durante toda la dictadura y pasó por el circuito represivo de Santa Fe y la abogada de Hijos, Lucila Puyol, que declaró sobre "el plan sistemático de aniquilamiento y exterminio
de personas" durante la dictadura. Después, el único imputado que aceptó ampliar su indagatoria fue Ramos (ver aparte).

Hoy será clausurada la etapa de pruebas con informativas y documentales que pidieron y aportaron las partes. Y el lunes 7 comenzarán los alegatos de la acusación: primero, los querellantes y el miércoles 9 (porque el martes es feriado) los fiscales del Ministerio Público. La semana del 16 seguirán las defensas, luego podría haber réplicas y contrarréplicas y el veredicto se conocería la semana del 21 de diciembre.
Ovalle y Puyol fueron las últimas dos testigos que declararon en el juicio. Estaba citada también otra docente, María del Carmen Boidi, que vive en Suiza y no pudo viajar a la Argentina, pero mandó una carta al Tribunal que el fiscal Martín Suárez Faisal pidió la semana pasada que se incorpore como prueba.

El defensor oficial Fabio Procajlo se opuso, pero ayer cambió de idea y aceptó que el testimonio de Boidi se sume al expediente. Boidi fue testigo y víctima de hechos que ya fueron probados en el juicio: el secuestro y las torturas al abogado Jorge Pedraza, que fue detenido el 6 de noviembre de 1975, alrede
dor de las 20, en la esquina de San Martín y Junín. Le sacaron una pistola que llevaba entre sus ropas y no sabía usar y le apuntaron en la cabeza. "No lo maten, no lo maten", lo defendió Boidi y ese gesto le costó caro: ella también fue detenida. Cinco días después, cuando Pedraza ya estaba en un calabozo de la comisaría 4ª lo vuelven a encapuchar, le atan las manos atrás con alambre y lo suben a un automóvil, un Renault 6 blanco, que recién llegaba a la cochera. Arriba del vehículo ya había una mujer encapuchada: Boidi. Y juntos, los llevan a un centro clandestino en las afueras de Santo Tomé, en la ruta 19 frente al peaje de la autopista, que fue reconocido en el juicio. Boidi ratificó todos estos hechos en la carta al Tribunal que serß incorporada hoy a la causa. La abogada de Hijos fue la última testigo del juicio. "Ya no hay ninguna duda que en la Argentina hubo un plan de aniquilamiento y exterminio de personas.

El genocidio más grande que tuvo nuestro país en el siglo XX", dijo Puyol. "El blanco fue un grupo nacional que resistía la dictadura. El sujeto a exterminar no eran sólo las organizaciones político militares, sino todos que pudieran oponerse o fueran una amenaza para el proyecto hegemónico". Y por lo tanto, todos los que participaron de ese aparato represivo "formaron parte de ese plan sistemático".


El abogado Claudio Torres del Sel interrumpió a Puyol. "Está haciendo un alegato", se quejó el defensor de Perizzotti. Pero el presidente del Tribunal, Roberto López Arango, rechazó el planteo. "La testigo fue propuesta por el Ministerio Público para que hable sobre el plan sistemático, así que puede continuar", dijo el juez. Puyol relató entonces casos que prueban la participación criminal de los imputados. Las víctimas del terrorismo de estado fueron inhumadas como NN en el cementerio municipal, pero estaban identificadas, se sabían quiénes eran: había fotos y huellas dactilares, dijo. Y mencionó que una de las acusadas, María Eva Aebi, "llevaba y traía esas órdenes de inhumación de NN (que firmaba Perizzotti), pero también llevaba y traía detenidos. Está la firma".

Hoy será clausurada la etapa de prueba en el juicio con la incorporación de toda la documentación propuesta por las partes. Y el lunes 7 comenzarán los alegatos: primero lo harán los querellantes y el miércoles (porque el martes es feriado) los fiscales. Los alegatos de las defensas se realizarían en la semana del 14 de diciembre, luego podría haber réplicas y contrarréplicas de las partes. Los imputados tendrßn la posibilidad de hacer su última manifestación ante el Tribunal, si es que quieren ejercer ese derecho. Y por último, los jueces se retirarán a deliberar: su veredicto se conocería antes de Navidad.

sábado, 28 de noviembre de 2009

Recorrido de un represor por los centros clandestinos de detención


Todas las habitaciones del pánico
Acompañado por jueces y policías el ex represor dió detalles de fusilamientos y matanzas en la Escuela Magnasco, la Quinta de Funes, La Intermedia y La Calamita. Un recorrido siniestro pero necesario en el mapa de la represión.

Por José Maggi

En el marco de los juicios por terrorismo de Estado que se siguen en Rosario, el recorrido del ex represor Eduardo Costanzo comenzó en la Escuela Magnasco donde le pidieron que identificara dónde estaban alojados los detenidos. "Era en un entrepiso entrando por calle Ovidio Lagos, por el portón del taller (aunque el martes lo hicieron por una puerta que da por Zeballos). El entrepiso era el primero, al que se accedía por una escalera que estaba igual". Costanzo aseguro que sólo estuvo en dos oportunidades en el lugar: Cuando los llevaron y cuando los trasladaron. Según relató, "no se les permitía usar el baño a los detenidos que utilizaban un tarro".
Luego fue el turno de la Quinta de Funes, que lucía en esta oportunidad el cartel que la identificaba como Casco La Argentina, retirado en los últimos tiempos por la familia del oftalmólogo Ferroni que adquirió la propiedad. Parado en el césped, contestó afirmativamente cuando se lo consultó sobre "si la piscina estaba en el año 78", y aclaró que "la construcción nueva era una especie de asador con una habitación, al costado de la pileta".

Desde ahí caminó por el costado del chalet, hacia la parte posterior que todavía "esta tal como estaba cuando estaba allí alojados todos los detenidos". En el interior de ese chalet, Costanzo ingresó por la cocina, y desde allí al living donde explicó que había una mesa donde Guerrieri estaba desayunando la mañana que hablaron desde México. Parado al lado del ingreso a los dormitorios, donde estaba la mesa del teléfono Costanzo recordó una anécdota conocida. "Atendí porque pensé que era Fariña y quería saludarlo, pero era un periodista del diario Uno más uno de México, y creyendo que era una joda, le contesté que uno más uno era dos. El periodista dijo entonces que nosotros teníamos secuestrada a María la esposa de Tulio Valenzuela y su hijo. Entonces le pasé el teléfono a Guerrieri, que le contestó que estaba equivocado y que estaba hablando con una casa de familia, y le colgó".

El tercer centro de detención inspeccionado fue sin dudas el más importante: La Intermedia, la casa quinta de la familia Amelong. Costanzo aseguró que nunca había regresado a la propiedad desde aquella sangrienta noche cuando asesinaron a los 14 detenidos que llevaron desde la escuela Magnasco y antes desde Funes.
El testigo ingresó al chalet que compartían detenidos y la Patota, distribuídos en dos guardias distintas, a los que se sumaban seis gendarmes siempre de civil por la cocina. Luego ingresaron al comedor donde "al lado de una ventana había una cama donde relató que dormía dos o tres horas cuando le tocaba su guardia, de las 10 de la noche a las 2 de la mañana. Señaló tambié que había una mesa donde la guardia y los detenidos a veces jugaban a la batalla naval. Allí sentaban Armando Pelliza, Juan Carlos Bossi, los dos Isach , Rodolfo y Carlos".
Luego relató el asado que hiceran el último día. "Lo hcieron entre los dos custodios y los gendarmes que estaban ese día, festajeando porque le habían dicho que María, la cocinera (Reyna Lloveras) se iba en libertad. A la noche fuimos todos los restantes integrantes de la Patota relató Costanzo desarmados. Además nos hicieron dejar los autos a un kilómetro. Al Barba Cabrera, Fariña le encargó comprar una torta, y la llevó para festejar que se iba María".

Según relató, esa noche hubo una mesa extensa, en un extremo de la cual "estaban sentados los montoneros, y en la otra nosotros. Cuando se terminó el festejo se arrimó por la ventana del comedor Guerrieri, con el FAL en la espalda, y les dijo que fueran hacia la otra casita, porque estaba el general Jáuregui que queria hablar uno por uno con los detenidos. Y les recomendó que no le hablaran de Perón porque lo había mandado en cana. Por supuesto que era mentira", aclaró Costanzo.

Luego contó cómo trajeron unas botellas de whisky "preparado en Campo de Mayo". La primera que tomó "fue María, que empezó a llorar, y se cayó al piso. Entonces la levantaron entre Amelong y dos más, y la llevaron al dormitorio". Los jueces le preguntaron entonces qué había pasado con María y Costanzo dijo "no haber visto qué le hicieron, pero seguro que la estrangularon" contestó. "Yo no vi que la mataran, pero no caben dudas".
Según Costanzo en ese momento el resto de los detenidos se dio cuenta de la trampa. "Los vi a Toniolli y a Novillo correr el vaso con sus manos hacia el centro de la mesa en señal de que no lo iban a tomar. Y ninguno de los otros tomó el whisky, todos se avivaron", describió.

También contó cómo los llevaron uno a uno a La Casita que es donde hoy duermen los caseros, y cómo "Rodolfo Isach, alias Agustin mataba de dos tiros en el corazón a los detenidos con una ametralladora Ingram con silenciador", en la misma habitación donde hoy duermen dos hijos de los caseros.

Finalmente en La Calamita Costanzo describió las tres matanzas ocurridas en 1977: "En la primera fueron 17 los que mataron en un galpón precario al que rodearon un lona blanca, como bolsa. La segunda matanza, es pocas semanas después y entre los muertos se contaba un policía de apellido Ocampo, alias Ati". La tercer masacre sumó "27 muertos, que son los que se llevaron la casa de Monje, entre los que estaba la cieguita de calle Santiago", dijo en referencia a la mujer del matrimonio de Vega Ravelo.

CANTELLI HABLA DESPUES DEL INTENTO DE SECUESTRO, DESPUES DE DECLARAR EN LA CAUSA BRUSA.

Esto lo hicieron profesionales"
El ex comisario aún está shockeado. Considera "gravísimo" lo que pasó al describir cómo se llevaron a su vecino creyendo que era él. "Hay un comentario firme que uno de los que integraban el grupo sería un tal González, un ex policía", asegura,

Por Juan Carlos Tizziani
Desde Santa Fe
"¿Quién es?", pregunta detrás de la puerta. La identificación del cronista lo tranquiliza. Abre y deja el revólver arriba de la mesa: Un Magnun 357. "Un arma poderosa", bromea. Y explica por qué tantas precauciones. "Lo que pasó es gravísimo", dice Avelino Canteli, el comisario de la Policía santafesina que el martes pasado declaró en el juicio a los represores de la dictadura, entre ellos el ex juez Víctor Brusa. Y al día siguiente, cuatro desconocidos intentaron secuestrarlo, pero se confundieron y tomaron como rehén a un vecino suyo, de su misma edad, muy parecido él, que vive en el mismo edificio, en la planta baja y en el departamento de enfrente.
La tardecita se hizo noche en Las Flores I, un complejo del Fonavi donde viven cinco mil personas. El barrio es inquietante a esa hora para los foráneos, pero a Canteli no le preocupan los apretadores que puedan merodear por la calle, sino los otros: los secuestradores de su vecino, Raúl Bianchi, un jubilado ferroviario de 74 años, canoso, igual que él. De entrada no descartó ninguna hipótesis. "Esto puede venir de cualquier lado", dijo. Pero ayer, fue más preciso y hasta mencionó el nombre de un represor que anda suelto. "Le digo la última información que recibí. Me dijeron que uno de los que podría integrar esta banda de delincuentes sería un tal González, un ex policía que fue exonerado de la fuerza y estaría implicado en esto", dijo Canteli en un diálogo con Rosario/12.
¿Cree que hay un ex policía detrás de esto?
Ese es el dato que me dieron. Sí, efectivamente. Es una persona muy peligrosa, capaz de hacer este secuestro. Porque no fue una tentativa. A mi me quisieron secuestrar, pero por error se llevaron a un vecino. Hay un comentario firme que uno de los que integraban el grupo sería un tal González, un ex policía insistió
¿Y qué más le dijeron?
Que no sería el único, que podría haber más secuestros en Santa Fe.
Parece un mensaje para meter miedo.
Una cosa mafiosa. Estos tipos son profesionales, los que secuestraron a mi vecino estaban organizados. Porque cuando se dan cuenta del error, que se habían llevado a otra persona, dicen: "Este no es Canteli. Seguí con el procedimiento". Y después lo dejan en el Puente Negro.
Todo ocurrió en un minuto. "No sé si eran rubios o morochos", dijo Bianchi. Sólo recuerda que fue un recorrido de media hora, sin escalas y lo bajaron en una casa, en la que apenas pudo ver una puerta marrón. Cuando le sacaron la manta de la cabeza, se dieron cuenta que era la persona equivocada. "¡Ese no es Canteli!
¿Qué hicieron pelotudos"", escuchó que decían. Y confirmó que lo habían confundido con su vecino.

Ya no hubo más comentarios ni diálogos. Lo volvieron a subir a la camioneta, otro recorrido de media hora y lo dejaron en la zona del puente Negro, bastante lejos de su barrio. "Cuando me llevaban me moví un poquito para ver si veía algo, pero uno de ellos me dijo: "Quédate quieto viejo, no te hagas problemas que si te portás bien no te pasa nada". No sufrió ningún rasguño. "Gracias a Dios no lo maltrataron", lo tranquilizó su vecino.
Cantelli declaró el martes como testigo en el juicio a Brusa y compañía. Ya no tiene dudas que el intento de secuestro está vinculado con su testimonio. En su declaración ante el Tribunal Oral, ratificó el rol que cumplía en el aparato represivo de la dictadura uno de los imputados en la causa que falleció en 2007: el ex encargado del Destacamento de Inteligencia Militar 122, Nicolás Correa. "Era un asesino", dijo. Y lo acusó por una bomba que le pusieron en la puerta de su casa después del golpe de 1976, que "gracias a Dios no explotó". "Los militares eran una banda de delincuentes comunes", agregó.
Pero también le pidió explicaciones al ex gobernador Jorge Obeid por haber reciclado a Correa en la democracia, como asesor de seguridad de su primer gobierno (1995/99). "Yo lo denuncio al ingeniero Obeid porque lo tuvo cuatro años a Correa al lado suyo", como el segundo de la Subsecretaría de Seguridad Pública.
¿Usted acusó a Correa y a otro militar, Eleodoro Jorge Hauque?
Correa le ordenó a Hauque que me pusiera la bomba. Ese día explotaron trece bombas en Santa Fe. Yo vivía en Francia 4229. La que pusieron en la puerta de mi casa lograron desactivarla antes que explote. Hubo un revuelo bárbaro en el barrio. Mi señora y mi hija sufrieron un ataque de pánico, un trauma por el que estuvieron bajo tratamiento médico y que les dejó secuelas hasta el día de hoy. Quedaron mal. La nena tenía nueve años.
El juicio dejó a la luz el rol de Correa en el circuito represivo, pero usted ya lo había denunciado hace once años, cuando era funcionario de Obeid.
Sí, lo denuncié y nadie hizo nada. Obeid lo apañaba. Cuentan que Obeid y (el ex subsecretario de Seguridad Pública, teniente coronel José) Bernhardt son del mismo pueblo de Entre Ríos. Y Correa trabajaba con Bernhardt.
Y también mencionó a otros dos imputados: Héctor Colombini y Eduardo Ramos.
Me preguntaron si integraban la patota militar. Yo dije que Colombini y Ramos eran oficiales del D 2 (Departamento Informaciones) que dependía directamente del jefe de Policía de la provincia (coronel Carlos Alberto Ramírez). El D 2 era una brigada antisubversiva a las órdenes del Ejército, era el nexo con la Policía. Y los operativos eran conjuntos respondió.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Quisieron secuestrar a un testigo

Un vecino del comisario Cantelli, testigo en el juicio contra el juez Brusa de Santa Fe, fue llevado por desconocidos. Lo liberaron cuando se dieron cuenta del error.

Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

Dos desconocidos que se movilizaban en una camioneta intentaron secuestrar ayer a un comisario de la policía santafesina, Avelino Cantelli, pero se equivocaron de blanco y tomaron como rehén a un vecino de su misma edad y de gran parecido físico, a quien dejaron en libertad algunas horas más tarde. El martes, Cantelli había declarado como testigo en el juicio a los represores de la dictadura, entre ellos el ex juez Víctor Brusa, y acusó al ex gobernador Jorge Obeid por haber reciclado en la democracia a uno de los jefes del grupo de tareas que operó en Santa Fe: el ex encargado del Destacamento de Inteligencia Militar 122 Nicolás Correa, que estaba imputado en la causa, pero falleció en 2007. El Programa de Protección a Testigos del gobierno de Hermes Binner ya se comunicó con Cantelli y dispuso una custodia especial para él y su familia.

El intento de secuestro del ex comisario fue denunciado por su hija, Eugenia Cantelli, por la emisora LT10. “Mi papá tiene un vecino (en el barrio Las Flores I, un ex ferroviario de apellido Bianchi) que es muy parecido a él. A las 10 de la mañana, una camioneta lo secuestró. Le pusieron una capucha y lo llevaron. Lo pusieron boca abajo y le dijeron: ‘Quedate quieto Cantelli porque te matamos’. Pero después, uno de los secuestradores se dio cuenta de que no era mi papá al que habían secuestrado y lo dejaron abandonado en el Puente Negro”, dijo Eugenia. “Este señor está enfermo y recién apareció a la siesta. Lo que pudo escuchar es que se comunicaban con otro grupo que daba una orden: ‘Déjenlo libre, vamos a seguir con el operativo”, agregó.

Según relató Bianchi ante la División Judiciales de la Unidad Regional I, dos personas lo interceptaron en la esquina de Aguado y Don Guanela, en el norte de la capital santafesina, cuando esperaba un colectivo para trasladarse al microcentro. Los sujetos lo abordaron, lo encapucharon, lo subieron a una camioneta del tipo F100, color blanca o crema. Lo llevaron supuestamente a una casa, donde descubrieron que no era Cantelli y poco después lo dejaron libre. Inmediatamente intervino el Programa de Protección a Testigos del gobierno de Binner que dispuso una custodia especial para Cantelli y su familia.

Hasta anoche se carecía de información sobre los responsables de un episodio que puso en evidencia una capacidad operativa que inquietó a los testigos del juicio que se está llevando a cabo en la provincia. Desde la desaparición de Julio López, testigo en el juicio contra el comisario bonaerense Miguel Etchecolatz, las víctimas están en alerta.

El martes, Cantelli había declarado como testigo en el juicio a Brusa y a otros cinco policías (Mario Facino, Héctor “Pollo” Colombini, Juan Calixto Perizzotti, Eduardo Ramos y María Eva Aebi), pero sorprendió al acusar a Obeid por haber reciclado a Correa en su primer gobierno (1995/99), cuando lo designó asesor de seguridad y número dos de la Subsecretaría de Seguridad Pública, que estaba a cargo del teniente coronel José Bernhardt, otro experto en inteligencia militar que pasó por el Batallón 601.

En su declaración ante el Tribunal Oral que juzga a Brusa y compañía, Cantelli ratificó el rol de Correa en el aparato represivo de la dictadura. “Era un asesino”, dijo. Y lo acusó por una bomba que le pusieron en la puerta de su casa, “pero que gracias a Dios no explotó”. “Los militares eran una banda de delincuentes comunes”, agregó.

Fue allí cuando cargó contra Obeid por haber reciclado a Correa en su primer gobierno como asesor de seguridad. “¿Si Correa era peligroso, por qué Obeid lo llevó al gobierno? ¡Que dé explicaciones! Y si es necesario y me tengo que carear con Obeid, me voy a carear. ¿Qué arreglo tenía Obeid con Correa? Si Obeid no es un delincuente que diga por qué lo tenía a Bernhardt”, dijo. Y después interpeló a los jueces: “¿Qué van a hacer con Obeid y Correa?”, les preguntó.

“Nosotros no tenemos la respuesta”, contestó el presidente del Tribunal, Roberto López Arango. Pero su colega, Lidia Carnero, lo sorprendió con una propuesta: pidió que se cite a declarar a Obeid para “preguntarle qué antecedentes había consultado para llevarlo a Correa a la Subsecretaría de Seguridad. Hace al objeto procesal y a la investigación del plan sistemático de exterminio”, dijo la magistrada.

López Arango no ocultó su molestia. “La presidencia no comparte su criterio. Si los querellantes o la acusación pública lo hubiesen considerado pertinente lo hubieran solicitado antes. No comparto la petición y la rechazo”, le dijo a Carnero. Los fiscales y querellantes convalidaron con el silencio.

–¿Entonces, por qué me llaman a mí? –se quejó Cantelli.

–Si usted tiene alguna cosa contra Obeid denúncielo en el lugar que corresponda, éste no es el lugar para hacer la denuncia –se enojó López Arango.

El tribunal inspeccionó la ex fábrica militar D. Mathieu


Vivir para contar los días de horror

Olga Moyano, Ramón Verón y Juan Rivero -tres sobrevivientes del centro de detención- mostraron a los jueces los distintos lugares donde estuvieron alojados; la sala de torturas y el patio donde se produjeron los simulacros de fusilamiento.

Los miembros del Tribunal Oral Federal Nº 1 de Rosario se trasladaron ayer hacia el predio de la ex Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu de avenida Francia al 5000, donde funcionara un centro clandestino de detención durante la dictadura. En el lugar tres sobrevivientes de aquel campo de concentración mostraron a los jueces en qué condiciones estuvieron secuestrados. Olga Moyano, Ramón Verón y Juan Rivero ingresaron alrededor de las 11.30 al predio de la ex Fábrica, donde hoy funciona la Jefatura de Policía de Rosario. Los tres sobrevivientes de aquel horror, estuvieron acompañados por los jueces, la fiscalía, los abogados defensores de los represores y de las querellas, así como varios testigos de la causa Guerrieri-Amelong.

En una jornada con alta temperatura, los sobrevivientes mostraron a los jueces los distintos lugares donde estuvieron alojados, la sala donde los torturaron, el baño donde eran conducidos, el patio donde se produjeron los simulacros de fusilamiento. Señalaron también las modificaciones del lugar, como paredes que no estaban, techos que eran mas altos o pisos que eran diferentes.

Verón indicó la habitación en la que se despidió de Hilda Cardozo, quien era su compañera y que está desaparecida desde aquellos días. "Aún hoy con las sandalias puedo sentir el piso donde nos abrazamos por última vez", expresó Verón conmovido.

Hace algunos días dos testigos relataron ante la justicia federal el martirio que debió soportar Cardozo: los sobrevivientes del centro clandestino cordobés La Perla, declararon en la causa Guerrieri-Amelong, y relataron haber compartido su cautivero allí con Hilda, donde llegó con signos de haber sido torturada. Ambos testigos remarcaron que "nunca habían visto una persona en tan mal estado, su cuerpo todo llagado: tenía sus pechos quemados con cigarrillos y hasta tenía heridas de puntazos en su vientre", dijo Carmen Perez Sosa.

Los testigos relataron "que se evidenciaba en el cuerpo de Hilda por las lastimaduras que tenía un ensañamiento pocas veces visto". Además, Pérez Sosa declaró que "Hilda pudo decirles que los métodos de tortura que aplicaron en ella estando en Fábrica Militar no fueron tan aberrantes como en La Perla".

Por su parte, la testigo Olga Moyano, -que vestía una remera con los rostros estampados de Hilda Cardozo, Susana Miranda y Ariel Morandi, tres desaparecidos de ese centro- también le confirmó al TOF1 que ese era el mismo suelo que ella recordaba de sus días de encierro. Además reconoció la habitación donde la llevaron a colocarle una inyección a Ariel Morandi otro de los secuestrados en Fábrica, también desaparecido , tal como lo relatara en su testimonio brindado semanas atrás en las sede del tribunal.

Luego fue el turno de Juan Rivero, concejal y querellante, quien luego de ser asistido por un problema de presión, explicó cómo se orientaba en el lugar y porque pudo reconocerlo fácilmente, ya que "vivía a pocas cuadras de la fábrica".

Los jueces, la fiscal y abogados de la querella efectuaron distintas preguntas que fueron respondidas con precisión por los sobrevivientes. La recorrida finalizó cerca de las 12.30.

Más temprano fue el turno de Amelong quien llegó acompañado por su defensor Galarza Azzoni. El represor había solicitado la medida "para garantizar su derecho a la defensa".

martes, 24 de noviembre de 2009

El tribunal inspeccionó los 4 centros clandestinos de detención



Un secreto que ya no está tan bien guardado

La medida judicial que se desarrolló ayer permitió conocer la quinta, propiedad de la familia Amelong donde fueron asesinados 14 militantes políticos en la última dictadura. El imputado Eduardo Costanzo detalló cómo y dónde se realizó la matanza.

Por José Maggi

La Intermedia ya no es más una historia oculta: los secretos que guardaban sus paredes ganaron ayer la luz cuando la comitiva judicial que acompañó a Eduardo Costanco reveló la forma en que fueron asesinados 14 militantes políticos en la última dictadura. Ayer la casa quinta propiedad de la familia Amelong, que fuera convertida por el teniente Daniel en centros de clandestino de detención y exterminio, fue inspeccionada por los miembros del Tribunal Oral Federal Nº 1, junto a fiscales y querellantes. En la misma jornada fueron visitados otros tres centros clandestinos: la Escuela Magnasco, la Quinta de Funes y La Calamita.

El operativo tuvo un amplio despliegue de efectivos a bordo de seis combis Mercedes Benz pertenecientes a Gendarmería, más un micro con medio centenar efectivos de apoyo, más móviles de Policía Federal, Prefectura, y policía provincial además de agentes de tránsito.

Los efectivos se esmeraron en evitar el mínimo acercamiento de la prensa -en rigor, sólo un equipo de este diario y uno del Ministerio de Cultura provincial- bajo la severas y estrictas medidas dispuestas por el presidente del TOF 1 Jorge Venegas Echagüe, quien puede exhibir orgulloso en su curriculum vitae haber hecho desalojar la sala de audiencias del juicio cuando un grupo mostró fotos de sus familiares desaparecidos. "Es por la seguridad de Costanzo", repitieron ante cada reclamo de este equipo periodístico, argumento que pareció ceder ante el apetito de Venegas Echagüe que decidió comer un sandwich e hizo detener al convoy con Costanzo a bordo de una combi en la estacion de servicios YPF ubicada frente a la propiedad allanada en La Ribera. Costanzo estuvo detenido allí casi dos horas a la sombra.

En la Intermedia, Costanzo mostró el lugar donde se hizo "la comida del final", de los detenidos traslados de La Calamita, y señaló la disposición de las mesas, indicó que "ellos (por los secuestradores) estaban en una, tapando la salida", y "los detenidos en otra". Luego recordó lo que ya declaró en su momento: "Después de comer, les quisieron dar whisky envenenado. Solo bebió María y se descompuso. Guerrieri estaba del lado de afuera y les hablaba por la ventana. Les dijo a los detenidos que los quería ver Jáuregui, que no le hablen de Perón porque lo odiaba, porque había estado preso en esa época. Desde allí los hicieron salir uno por uno, hacia otra construcción más precaria, la de los caseros. Los fue matando Rodolfo Isach, de dos disparos. Después los pusieron en la galería, antes les habían tapado los agujeros de las balas, les decían que era por los aviones. Y los envolvieron en frazadas. Cuando Jauregui los vio, volvió vomitando".

Costanzo declaró además que "a María Amarilla (Raquel Negro) la trajeron en el baul de un auto, muerta, atada de pies y manos con alambre. La habían llevado a Paraná para dar a luz a su mellizos.

La parte edificada de la Intermedia es una construcción muy pequeña y precaria. Frente a las preguntas de la querella de Hijos, el Tucu dijo que Negro "no tenía ninguna atención especial, la cuidaban sus compañeras" y que "estaban muy apretados y hacinados".

Hugo Armando Correa, es el casero de la quinta de Amelong. "Me contrató Miguel Amelong", confiesta. Fue "hace siete meses", cuando llegó desde la localidad chaqueña de Duratti."Mi tarea es cuidarle toda la casa, y que no les falte nada", explica. Hugo se muestra sorprendido por la historia que encierra esta propiedad, y que conoció hace solo 20 días. "Nunca nadie me dijo nada. Ahora sé que en la casa los torturaban y en la casa donde vivo ahora los mataban", expresa.

La propiedad de los Amelong tiene un ingreso trasero por la cocina, y desde allí se accede a un comedor con un pequeña pieza, con una vieja escalera de madera atada con alambre por la que se llega a un altillo. Allí dormían los detenidos que eran parejas", recordó Costanzo.

Hugo confiesa además que no cobra sueldo alguno de los Amelong, y sólo tiene el beneficio de vivir sin pagar nada en la propiedad de unas veinte hectáreas. En el fondo hay un tractor y un viejo Jeep carrozado, de la década del setenta. "En la misma pieza donde duermen mis hijos, este hombre contó que mataron a cuatro, por lo menos, y que los apilaron en el pasillo", recuerda el casero.

lunes, 23 de noviembre de 2009

La complicidad civil con los represores


Olvidos del comparador de la casa robada por la patota al matrimonio García

No sabe nada, pero la casa fue suya

El empresario inmobiliario Omar Roberto Galetto compró el inmueble que los represores le sustrajeron a dos víctimas. Ayer, en el juicio oral y público, el testigo se excusó de responder muchas de las preguntas, y fue contradictorio.

Por Juan Carlos Tizziani

El empresario inmobiliario Omar Roberto Galetto se escudó ayer en su desmemoria en el juicio a los represores santafesinos cuando le preguntaron sobre la compra de una casa en calle Milenio de Polonia 4050, propiedad de los esposos Daniel García y Alba Sánchez, quienes denunciaron que el grupo de tareas que los secuestró durante la dictadura también los despojó de todos sus bienes: la vivienda, los muebles que había adentro, una camioneta Ford F 100 y una lancha que guardaban en la cochera. "Fuimos un botín de guerra", dijo García en el juicio. Ayer, Galetto admitió que compró la propiedad, pero pifió en la época: dijo que la operación había sido "en 1983, 1984 o 1985", pero la escritura tiene fecha 30 de marzo de 1979.

Y describió al supuesto dueño de la casa como "un señor de físico grande, alto", de "40 a 50 años" que "me dijo que era abogado, pero el apellido no me acuerdo" y cuando le exhibieron una copia del documento de identidad de García no lo reconoció. "No sé quién es", contestó. La descripción del vendedor que aportó Galetto no se condice con García, quién no es abogado y en esa época tenía 25 años.

García, su esposa y una compañera de militancia que estaba clandestina en Santa Fe, Andrea Trincheri, cayeron el 6 de diciembre de 1977. Un grupo de tareas los mantuvo secuestrados en una casa quinta en Villa California (que reconocieron la semana pasada), hasta el 25 de mayo de 1978. Pero no pudieron regresar a su casa de Milenio de Polonia. "Nos dijeron que la casa había sido comprada con dinero de la subversión y por lo tanto debía volver a la patria", relató García en el juicio. El matrimonio y sus hijos se refugiaron entonces en la casa de sus padres.

El seguimiento y las llamadas intimidatorias siguieron hasta marzo de 1979, cuando los García fueron obligados a transferir la vivienda bajo amenazas. Una de las pruebas que el matrimonio aportó en el juicio es una carta del escribano Régulo Martinez, que los convocó "a realizar la escritura, pero con un abogado, Guillermo Pereyra y la señora Beatriz Norma Lértora", recordó Daniel.

La escritura se firmó en la escribanía de Martínez. García fue con su esposa y allí se topó con uno de los integrantes del grupo de tareas e imputado en el juicio: Héctor "Pollo" Colombini. "El escribano nos dijo: "Firme acá, firme acá. Y hasta luego", afirmó el querellante. Con el tiempo, García descubrió que la escritura no estaba a nombre del doctor Pereyra, sino que figuraba un corredor inmobiliario, Omar Roberto Galetto, a quien no conocían. "Inclusive, en la escritura, mi apellido materno está cambiado: figura Tonelli y yo soy Torielli", agregó.

Ayer, Galetto declaró como testigo en el juicio, propuesto por el defensor oficial Fabio Procajlo, que defiende al ex juez Víctor Brusa. De entrada se hizo el sorprendido. "No sé por qué estoy acá", dijo. Pero cuando Procajlo le preguntó si había comprado la casa de Milenio de Polonia contestó: "Sí, la compré con un crédito del Banco Hipotecario en 1983, 1984 o 1985. El dueño me dijo que era abogado, pero el apellido no me acuerdo".

¿Recuerda cómo fue la transacción? -insistió el defensor de Brusa.

Había un señor de físico grande y no me acuerdo más -respondió Galetto. Su estado de tensión le impedía controlar el movimiento de sus piernas.

El fiscal Martín Suárez Faisal pidió que le muestren los documentos sobre la transferencia del inmueble incorporados a la causa. La transacción se hizo el 30 de marzo de 1979. Galetto se sorprendió con la fecha: "Yo creí que era en 1984", dijo. Y cuando leyó que García figuraba como vendedor, agregó: "Sí, García me la vendió".

-¿En la firma de la escritura estaba la esposa de García? -le preguntó el presidente del Tribunal, Roberto López Arango.

No recuerdo. La fecha sí puede ser 1979. Esto que está acá es real.

Además del escribano, ¿había otra persona?

No recuerdo.

¿Qué destino tuvo la casa? -quiso saber el fiscal.

Fui a vivir.

¿Tenía marcas de bala?

No me acuerdo.

Galetto dijo que le mostraron la casa antes de comprarla. "Vivía un matrimonio con tres o cuatro chicos", relató. Los García tienen dos hijos. Una jueza del Tribunal pretendió entonces indagar sobre ese punto: "¿La persona que le mostró la casa era la misma que después firmó la escritura?" -preguntó la doctora Andrea Creus

No recuerdo -sostuvo Galetto

A pesar de que antes había dicho que compró la casa en 1984 y después se rectificó cuando vio la escritura de 1979, Galetto pareció tener otra traición de la memoria cuando recordó la búsqueda de una propiedad para no perder la chance del préstamo del Banco Hipotecario. "Fue una búsqueda bastante violenta (sic) porque se terminaba el período para tomar el crédito. Un momento traumático (sic)", dijo con cierto tono de melodrama. Y después, cuando le preguntaron a quién le había pagado el precio de la casa, volvió a escudarse en la desmemoria. "No sé, alguien se llevó la plata. No recuerdo quién", dijo.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Cuatro sobrevivientes reconocieron un centro clandestino de detención

Tuvieron que esperar 32 años

Una quinta en Villa California, en las afueras de San José del Rincón, fue reconocida por cuatro personas como un centro clandestino de la dictadura donde sufrieron secuestros, tormentos y vejámenes. Los grupos de tareas la llamaban "El Borgia".

Por Juan Carlos Tizziani (Pagina12/Rosario)

Cuatro víctimas del terrorismo de estado tuvieron que esperar 32 años para ingresar ayer a una quinta en Villa California, en las afueras de San José del Rincón, que reconocieron como un centro clandestino de

la dictadura donde sufrieron secuestros, tormentos y vejámenes. La abogada Miriam Ramón, Froilán Aguirre y los esposos Daniel García y Alba Sánchez identificaron la propiedad con distintos grados de certeza. "Nosotros reconocemos el lugar sin ninguna duda", dijo García, mientras que Ramón y Aguirre consideraron que la casa era "compatible" con el chupadero en el que los torturaron. La diferencia se explica. Los García estuvieron desaparecidos casi cinco meses, entre el 6 de diciembre de 1977 hasta mediados de mayo de 1978, mientras que Ramón y Aguirre pasaron por la casa un año antes, en setiembre de 1976, no estuvieron más de veinticuatro horas, pero siempre encapuchados y en el caso de Aguirre, de noche. Los grupos de tareas habían bautizado el centro

operativo con un nombre inquietante: "El Borgia", según García que lo denunció ante la justicia hace cinco años, en noviembre de 2004, participó al mes siguiente en un reconocimiento exterior, pero recién ayer pudo ingresar al interior.

La inspección de ayer fue dispuesta por el Tribunal Oral que juzga a los represores santafesinos, así que participaron los tres jueces: Roberto López Arango, Andrea Creus y Carlos Renna, los fiscales Martín Suárez Faisal y José Ignacio Candioti, el defensor oficial Fabio Procajlo, los cuatro denunciantes y otros dos testigos. La quinta era propiedad del abogado Jorge Ayala Bergero, quien falleció un mes antes del comienzo del juicio, así que ayer fueron convocados su ex socio y copropietario de la vivienda durante la dictadura, el contador Mario Rostagno y una hija de Ayala Bergero, que también es abogada.

La casa es hoy muy distinta a la que había hace 30 años: le corrieron las paredes exteriores, le cambiaron el techo, le modificaron las arcadas, le agregaron habitaciones, demolieron dependencias y hasta construyeron una nueva pileta. Pero los García ratificaron ayer frente al Tribunal lo que ya han dicho ante el juez federal Reinaldo Rodríguez -en la etapa de investigación y cuando les tocó declarar en el juicio, hace dos semanas: "Nosotros reconocemos el lugar, sin ninguna duda", dijo Daniel. "No necesitamos planos para saber que estuvimos acá", señaló Alba.

García dijo que la quinta está muy cambiada. Pero cuando ingresó a la sala de estar quedó impactado. "Se me heló la sangre porque había un sillón viejo y pesado, donde nos ataban para pegarnos", relató. Se lo señaló a la "Negra", como llama a su esposa. Y ella se quebró en llanto. El sillón es antiguo, de madera, con patas trabajadas. "Tiene el respaldo inclinado y allí nos ataban para pegarnos, incluso el día que vino (el ex jefe del Area 212, coronel Juan Orlando) Rolón. Y hoy lo vimos, está en el mismo lugar como si fuera un adorno".

¿Ustedes están seguros que estuvieron acá? -preguntó Rosario/12.

Podrán reformar la casa, demolerla, sembrarle soja encima, pero nosotros salimos de acá. Podrán presentar decenas de testigos que digan que venían acá a fiestas familiares, a bautismos, a lo que quieran. Nosotros salimos de acá- contestó García.

Durante la inspección judicial hubo un careo entre García y la hija de Ayala Bergero. "Yo intenté protestar porque esa chica en aquella época tenía cinco años y mal puede tener recuerdos o saber si el padre refaccionó o no la quinta. Sin embargo, el presidente del Tribunal insistió: ella se mantuvo en sus dichos y nosotros en los nuestros", explicó Daniel.

Daniel García y Alba Sánchez estuvieron secuestrados junto con otra compañera de militancia, Andrea Trincheri, quien también declaró en el juicio y a la que ellos habían refugiado en su casa porque estaba clandestina en Santa Fe. Froilán Aguirre también cayó junto a otro compañero, Juan Alberto Osuna, a quien escuchó gritar en la tortura en la pieza de al lado y después apareció muerto en un enfrentamiento fraguado en Paraná. Y Miriam Ramón fue secuestrada con otra compañera a la que sólo conocía por su nombre de pila: Lidia y que hoy intenta localizar porque era oriunda de Carlos Pellegrini. Lo que significa que habrían pasado por el centro clandestino por lo menos siete personas, en distintas épocas, aunque las víctimas aseguran que fueron más.

Aguirre dijo que el lugar donde está la casa es "compatible" con sus recuerdos del secuestro. "Yo siempre sostuve que estaba por esta zona (de Rincón). No lo puedo aseverar ciento por ciento, pero esta es la zona. Está cerca de la ruta, hay un tramo corto (de 200 metros), por el movimiento del auto se notaba que era una calle de tierra, cuando me bajaron pisé el césped y después para entrar a la casa había que subir un escalón", recordó.

El relato de Ramón fue coincidente. "¿Reconoció el lugar?", fue la pregunta. "Sí, por los metros que recorrimos (desde la ruta 1) ésta es la casa donde estuvimos. Además, en esta zona no había muchas casas más. Hoy existen construcciones que en esa época no estaban. Yo nací y me crié en Coronda, una zona con un suelo y olor muy característico (similar al de Rincón). Yo reconocí, precisamente eso, el suelo y el olor.

¿O sea que es compatible con el lugar donde estuvieron ustedes?

Para mi es compatible, sí -concluyó Ramón.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Otra masacre disfrazada como un enfrentamiento

Oscar Guerrieri daba órdenes con megáfono, y Juan Daniel Amelong estaba adentro de la casa de Las Verbenas y 9 de julio con nueve prisioneros que habían llevado desde la Calamita para matarlos. Los diarios reprodujeron la versión oficial.

Por José Maggi

Una humilde vivienda del barrio San Fernando de Granadero Baigorria guarda entre sus paredes, un secreto que permaneció escondido para la justicia hasta esta última semana: se trata de la casa ubicada en Las Verbenas y 9 de Julio, en la que la historia oficial dio cuenta de un enfrentamiento en el que fueron "abatidos nueve extremistas". Pero esta semana Eduardo "Tucu" Costanzo pidió ampliar su declaración indagatoria y reveló que todo fue un simulacro protagonizado por tres de sus compañeros en el banquillo: Juan Daniel Amelong, Jorge Fariña y Oscar Pascual Guerrieri, quienes montaron la farsa. "Allí estuvieron los integrantes de la Patota de La Calamita, desde donde los llevaron a esa casa: participaron Juan Carlos Bossi, Alberto Pelliza, Amelong, Fariña, Rodolfo Isach que quemó un Falcon viejo en la puerta de la casa para darle más espectacularidad del operativo y también Pascual Guerrieri, que estaba con una megáfono en la calle pidiéndoles que se rindieran, pero era sólo un simulacro. Amelong estaba adentro con los detenidos mientras se escuchaban disparos desde el interior".

"Todo fue una matanza dentro de la casa con los detenidos, entre los que estaba el doctor Corazza", agrega. Según recordó Costanzo, el grupo estaba formado por militantes del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) al que había detenido Jorge Walter Perez Blanco en la zona sur de Rosario. La primer detenida fue una mujer conocida como La Negra, que fue capturada por Gustavo Bueno, Pérez Blanco y Rebecchi.

En el diario hablaban de tí

El enfrentamiento fraguado tuvo amplia repercusión en los medios gráficos de la época. "El Comando del Segundo Cuerpo de Ejército informó la identidad de seis de los nueve delincuentes abatidos en un enfrentamiento ocurrido en la madrugada del 22 de junio de 1977". Los diarios se referían así a los militantes asesinados:

*"Eduardo Luis Franco alias Lucho de profesión arquitecto, actuaba en la organización ERP desde 1971 habiendo ocupado numerosos cargos dentro de la misma. El 13 de abril de 1975 participó en el intento de copamiento al Batallón de Arsenales 121 San Lorenzo".

*"Domingo Laborde, argentino de profesión tornero, actuaba en la organización desde fines de 1974 desempeñándose en propaganda y captación ideológica dentro del sector gremial En enero de 1977 paso a ser responsable de la secretaría legal de la Regional Rosario del PRT ERP, teniendo a su cargo el frente Swift".

*"Irma Elena Montenegro alias Negra, Eva o Celia, argentina estudiante de psicologia domiciliada en Jose C Paz 2872 de Rosario. Su actuación en la organización data de 1970 y era la responsable política (cargo máximo en la regional Rosario del PRT ERP). Durante su trayectoria dentro de la organización ocupó cargos importante en Santa Fe, Buenos Aires, La Plata, San Nicolás y Villa Constitución".

*"Hilda Elena Merkel Rivas alias Kiti de nacionalidad uruguaya, ex religiosa de profesión enfermera, vivía en calle San Lorenzo 1624 de Rosario. Se inico como guerrillera en Chile en 1975 y al caer el gobierno de Salvador Allende fue detenida y luego expulsada de ese país, continuando sus actividades en Argentina".

*"Alberto Corazza, alias Beto, doctor en jurisprudencia domiciliado en Libertad 1668 de Rosario, quien se vinculó con el Ejército Revolucionario del Pueblo en agosto de 1973, trabajando desde la Asociación Gremial de Abogados de la Capital Federal en la defensa de "delincuentes subversivos" del ERP presos. En marzo de 1975 se radica en Rosario, donde continúa defendiéndolos. Durante su trayectoria en la organización se hizo conocer con los siguientes nombres supuestos: Roberto, Humberto, Gilberto además de Beto".

*"Jorge Alberto Madeo, alias Simón, argentino, electricista, vivía en calle Rodríguez 835. Ingresa a la organización en mayo de 1975 después de haber militado en el Peronismo de Base. En nombre de 1975 integra la escuadra militar de la regional Rosario del ERP, donde realiza distribución de propaganda, toma de colectivos, atentados contra domicilios de empresarios de Rosario y desarmes a personal policial en la vía pública".

La toma de John Deere

La matanza de Las Verbenas y 9 de Julio esta íntimamente ligada con un episodio que Hugo Alberto Ojeda recreó a pedido de Rosario/12. "A mediados de 1959, cuando Baigorria no había terminado de ser Paganini, la línea de producción empezó a largar tractores. 60 hectáreas en el suroeste del pueblo, una planta industrial de más de 50.000 metros cuadrados cubiertos, accionistas sin rostro, un gerente yanqui y casi 2.400 obreros dándole plusvalía al metal: la John Deere".

Ojeda, miembro de la comisión de la Memoria de Baigorria, rememoró que "la historia es algo más que la verificación de acontecimientos del pasado irrumpiendo en el presente cotidiano. A pesar de que el SMATA local nunca se destacó por su combatividad, varias huelgas paralizaron la producción durante semanas en la década del '60. Una mañana de invierno, los escuadrones a caballo reprimieron a sablazo limpio a cientos de obreros y los corrieron desde los portones de la fábrica hasta dispersarlos en cercanías del Control de la policía Caminera".

El relato indica que "la sirena sonaba (suena) cada 8 horas señalando los 3 turnos. En el otoño del '75, dos Torinos grises sin patentes empezaron a aparecer estacionados bajo la sombra de los eucaliptos, del otro lado del paso a nivel. Siempre con dos represores, moviéndose a cara descubierta y haciendo ostentación de armas largas".

Ojeda recuerda el tono de la época. "Era difícil volantear. Aún así, los delegados elegían el cambio de las 16 para hacer las asambleas en la canchita. Era un mar de cascos blancos, más de mil obreros desafiando la presencia de los paramilitares y discutiendo qué hacer en esos meses vertiginosos".

La fecha no es precisa, en abril (o mayo) un comando del ERP ocupó la estación del ferrocarril de Baigorria y tomó el puesto de guardia de la John Deere. "Al día siguiente de la toma guerrillera, con la anuencia de sus directivos, una compañía del Batallón de Arsenales 121 entró en la John Deere y los oficiales arengaron a los trabajadores. Un obrero lo recuerda bien, un milico trazó una línea en el piso y les dijo: "Ustedes está de un lado, nosotros del otro", recordó el historiador.

Ya no quedaron dudas, los delegados que no eran colaboradores y los obreros combativos renunciaron y se exiliaron. "El jueves 23 de junio de 1977, la mayoría de los guerrilleros que tomaron la fábrica de tractores, después de haber sido torturados en La Calamita, fueron fusilados y arrojados al interior de la casa ubicada en Las Verbenas y 9 de Julio de Baigorria", contó Ojeda. El Comando del II Cuerpo emitió un comunicado falseando los hechos.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Comunicado de la Unidad Anti-represiva por los Derechos Humanos

La amenaza de los genocidas no detendrán nuestra lucha

En nuestro comunicado del día 6/11, en el que dábamos cuenta de la detención del represor Carlos Sfulcini (Alias "Carlitos" y "Carlos Bianchi"), decíamos:

/"...a pesar de que el 30 de octubre la Cámara Federal de Rosario ordenara su prisión por Homicidio, y habiendo decretado el juez de primera instancia su "inmediata detención" el día 2 del corriente, diligencia para la cual designa a Gendarmería Nacional, ésta convirtió la orden librada en una "constatación de domicilio", a partir de lo cual no hizo absolutamente nada./

/Una dilación como la que hubo, no sólo contribuye a la posibilidad siempre presente de una fuga ... sino que contribuye al estado de amenaza a los querellantes, abogados, víctimas y testigos que se pretende conjurar con declamaciones de las autoridades de todo pelaje. Y en este caso, es más grave aún porque la querellante ha sufrido -y denunciado judicialmente- amenazas telefónicas y nada menos que un asalto a su casa de inexplicable factura."/

En consecuencia, el día 9/11, *la querellante, Alicia Bernal, patrocinada por su abogada, Mariela Messiez, * presentó una denuncia contra los gendarmes , y todo aquel que favoreciera al represor Carlos Sfulcini demorando su detención y en el escrito presentado se insistió:

/"se produjo la detención, con un retraso que implica incumplimiento por lo menos de cuatro días; días en los que señalo, se han pulverizado los principios de los arts. 79 y 80 del CPPN y todas las prevenciones fundantes de innumerables disposiciones de todo orden y jurisdicciones que establecen la llamada "protección de víctimas, querellantes, testigos, funcionarios intervinientes" etc., que son parte declamada de las signadas como "política de Derechos Humanos" de las autoridades tanto Nacionales como Provinciales.../

/ ...ha perpetrado la Gendarmería Nacional en provecho de un genocida,... una repulsa sugestiva de los principios que informan la necesaria garantía a las personas que luchamos contra la impunidad que ya hace demasiado tiempo se mantiene para con los genocidas. Y esto por obra y arte de una fuerza supuestamente de "seguridad" nacional."./

El día 10 de noviembre, por decirlo de alguna forma, /estando fresca aún la tinta de este escrito/, se conoce la denuncia por las amenazas telefónicas a Nelson Suárez, un militante del Partido Comunista, que expresa: /"... ante la detención del represor Oscar Sfulcini señalado como uno de los cuatro asesinos que secuestraron y desaparecieron al dirigente comunista, Tito Messiez el 22 de agosto de 1977, se tuvo en cuenta que Suárez militaba junto a Messiez en la misma área y que había que vincularlo también como una señal de las amenazas por venir en el futuro."./

*Es notable hasta dónde pueden llegar en su perversidad los represores*. Representan un peligro actual valiéndose seguramente de un cúmulo de datos que han acopiado hace décadas y usan arteramente en una demostración de criminalidad que no tiene fecha de vencimiento. Es necesario recalcarlo y explicarlo debidamente, porque Nelson Suárez no ha sido siquiera mencionado en la causa que ya acumula 6 cuerpos y que con sus anexos y agregados llega aproximadamente a las 1200 fojas. Sin embargo, a pesar de no ser testigo, ni querellante ni siquiera nombrado en la investigación, de no haber comparecido nunca en el expediente, ni haber sido citado ni mencionado siquiera por otros testigos, encontrándose totalmente ajeno al desarrollo del proceso y las gestiones realizadas durante más de 30 años, parece haber sido tomado como un
objetivo de las acciones contra la impunidad que lleva a cabo la querella de la compañera Alicia Bernal con el patrocinio de la Dra. Mariela Messiez. Sin embargo están operando contra él.

Es deber de nuestro Organismo advertir sobre estos extremos de quienes creen que con ataques de este tipo frenarán la lucha contra la impunidad, tener presente que compartimos que a un hecho como este hay que "/vincularlo también como una señal de las amenazas por venir en el futuro" /tal como se dice en la gacetilla que denuncia las amenazas y alertar a los compañeros sobre la evidencia de que este hecho apunta en última instancia a la compañera querellante, su abogada, a los militantes del Organismo al cual pertenecen y a quienes son solidarios en el enorme trabajo por conseguir Cárcel a todos los Genocidas y para el caso en particular, a los que desaparecieron a Tito Messiez.

Nuestra solidaridad con quién ha sido amenazado, nuestro compromiso de no retroceder jamás y continuar con nuestra actividad cotidiana, que ha incluido nuevamente en el día de la fecha, el pedido de detención de los asesinos Pascual Guerrieri, Juan Daniel Amelong, Jorge Fariña, Héctor Marino Gonzalez y Mario Vera, todos integrantes de la cadena de mandos de la Calamita.

Articulos Relacionado:
- FUE DETENIDO EL GENOCIDA CARLOS SFULCINI
<http://uadh.org//index.php?option=com_content&task=view&id=338&Itemid=1>
- DENUNCIA A GENDARMERIA (texto completo)
<http://uadh.org//index.php?option=com_content&task=view&id=339&Itemid=41>

NO OLVIDAMOS - NO PERDONAMOS - NO NOS RECONCILIAMOS

UNIDAD ANTIRREPRESIVA POR LOS DERECHOS HUMANOS
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martes, 10 de noviembre de 2009

Se inspeccionarán los centros clandestinos de detención


Jueces, querellantes y defensores recorrerán La Calamita y La Intermedia el lunes 23 de noviembre, 24 horas después irán a Escuela Magnasco y Quinta de Funes, mientras el 25 estarán en la ex Fábrica Militar de Armas. Ayer hubo nuevas declaraciones.

Por José Maggi

El Tribunal Oral Federal Nº 1 fijó ayer las fechas para inspeccionar cinco centros clandestinos de detención: el reconocimiento a La Calamita y La Intermedia será el lunes 23 de noviembre, el de la Escuela Magnasco y la Quinta de Funes el martes 24 y finalmente el de la ex Fábrica Militar de Armas el miércoles 25 del corriente mes. En tanto en la jornada de ayer declararon tres empleados jerárquicos de la Fábrica Militar, y la prima de Ariel Morandi, quien estuvo en ese centro clandestino.

En función de dichas inspecciones tanto en La Calamita, Intermedia, Escuela Magnasco y Quinta de Funes concurrirán los integrantes del Tribunal y las partes, es decir los abogados de la querella y la defensa y la Fiscalía, mientras a la ex Fábrica de Armas, la inspección se realizará en forma desdoblada: primero se cumplirá el trámite con la presencia del imputado Juan Daniel Amelong a las 8, para dar luego paso a los testigos a las 10.30.

Ayer en tanto dentro de la ronda de testigos declararon tres militares que cumplieron funciones jerárquicas en la ex Fabrica en el tiempo de los hechos que se investigan: Héctor Gargiulo y Jorge Nader eran jerárquicos mientras Antonio Vicario era subjefe. Los tres coincidieron en que "desconocían lo que ocurría en el lugar pero sí acreditan que en el sitio donde antes eran las viejas caballerizas a finales del 77 es cedido al Segundo Cuerpo de Ejército y donde se construye un muro que separó ese pedacito del resto de la fábrica", indicó Daniela Asinari, abogada querellante. Según los testigos, "el muro era de unos cuatro metros de alto" y manifestaron "desconocer qué se hacía en ese lugar"

Asinari indicó que "uno de los testigos dejo entrever en su declaración que el director de la Fábrica en ese momento habría intervenido para realizar esa cesión del predio".

Cabe recordar que Enrique Jordana Testoni era el director de la fábrica en esos tiempos, por lo cual la fiscal Mabel Colalongo solicitó al TOF 1 que sea citado a declarar. En ese sentido, Asinari explicó que "deberá saberse en qué situación procesal se encuentra Jordana Testoni para ser citado o no como testigo para declarar".

El testigo Vicario agregó en su testimonio que, "es a mediados de los 80 que él deja de cumplir funciones en la Fábrica Militar y ya para ese entonces el Segundo Cuerpo de Ejército había devuelto el lugar cedido".

Nader reconoció que "(Daniel) Amelong es compañero de promoción, estudiamos juntos. Con (Jorge) Fariña y (Pascual) Guerrieri nos conocimos a lo largo de nuestra carrera militar. A ninguno de los tres los he visto en la Fábrica Militar. Puede ser que los haya visto alguna vez en actos o ceremonias. Estuve en FM entre 1976 y diciembre del 78. Con anterioridad estuve en Junín. Con posterioridad estuve en Campo de Mayo. Nosotros no teníamos nada que ver con la seguridad de afuera, eran tiempos difíciles, ahí se fabricaban armas, muchas armas, trabajábamos las 24 horas. Fusiles FAL, pistolas 9 milímetros en gran cantidad. Hubo en el 76 un tiroteo desde una estación de servicios hacia el interior de la Fábrica, uno corría riesgos de que alguien intentara tomar la fábrica. En el 77/78 no recuerdo episodio parecido", indico Nader.

También brindó su testimonio Liliana Podestá prima de Ariel Morandi En su relato la testigo narró que "se entera del secuestro de Ariel por vecinos que le cuentan del allanamiento en la casa de su primo", a lo que agregó que "a partir de ese episodio la familia inició la búsqueda de Ariel haciendo múltiples presentaciones de habeas corpus ante la justicia tanto provincial como federal y también presentaciones en organismo internacionales como la OEA y las respuestas que encontraban era que no se sabía nada de Ariel".

A Ariel Morandi enfermero del sanatorio Plaza de Rosario lo secuestran en mayo del 78 "y desde esa fecha no supimos nada de él hasta que comienza el Juicio a las Juntas donde nos encontramos con Verón, Rivero y Olga Moyano y ellos nos dan la información de lo que le había pasado a mi primo", señaló Podestá. "Desde su secuestro a Ariel no lo vimos más", concluyó.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Una carta anónima como prueba


Por Juan Carlos Tizziani

El Tribunal Oral Federal aceptó como prueba en el juicio a los represores santafesinos un anónimo enviado por correo a uno de los testigos que declaró ayer, Froilán Aguirre, quien recibió una lista con una decena de nombres de supuestos integrantes del grupo de tareas que lo secuestró y torturó en un centro clandestino de San José del Rincón, pero en la que no figura el comisario Roberto Martínez Dorr, alias "Morrongo", que él acusa por los tormentos que padeció en la comisaría 1ª, donde estuvo 29 días encapuchado y maniatado en un calabozo. Aguirre leyó la carta ante los jueces, mencionó los integrantes de la patota y les pidió que la incorporen como prueba en el proceso. "Uno de los párrafos niega lo que yo digo, pero yo no tengo dudas", dijo. Y ratificó que fue Martínez Dorr quien lo sometió a una "feroz paliza" en la comisaría 1ª porque había dibujado en la pared una estrella de ocho puntas con sus iniciales: "FA", la fecha de su secuestro: "8/9/76" y una firma: "Montos". "¿Así que sos monto?", dijo que le preguntaba Morrongo mientras le azotaba la cabeza contra la pared.

Aguirre militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios cuando fue secuestrado el 8 de setiembre de 1976. Tenía 17 años. Cayó en una cita en el hospital Iturraspe, junto a un compañero de militancia que recién supo su nombre muchos años después. Los rodearon y los llevaron a un chupadero. "Tengo la sensación que era en la zona de Rincón porque atravesamos el puente Oroño (sobre la laguna Setúbal). Era una marcha ligera, sin detenciones y escuchába que se comunicaban con otro grupo. Unos se identificaban como 'fábrica' y los otros de 'depósito'", relató Froilán.

El vehículo bajó en un camino arenoso y lo entraron a una casa. "Me torturaron con picana eléctrica, pasaron algunas horas. Uno pierde la noción del tiempo. Escuché los gritos del otro compañero que eran desesperantes, hasta que se hizo un silencio y ruidos de cadenas como si lo estuvieran desatando. Y no escuché más nada".

A la madrugada lo trasladaron a la comisaría 1ª, a un calabozo muy chiquito. "Estuve encapuchado y esposado durante 29 días. No me podían dar agua y no podía comer, así que estuve desvanecido creo que varios días. Después, todas las noches venían y me golpeaban y me pateaban", recordó Aguirre.

Un día, Aguirre dibujó una estrella de de ocho puntas con sus iniciales: "FA", la fecha de la caída: "8/9/76" y una firma: "Montos". "Cuando se dieron cuenta entró al calabozo un oficial al que le decían 'Morrongo' y después me enteré que era Martínez Dorr que me dio una paliza descomunal. Me preguntaba: '¿Así que sos monto?' Me azotó la cabeza contra la pared veinte veces veces. Me saltó arriba del cuerpo y con un manojo de llaves me golpeaba en los testiculos. Uno de los detenidos que estaba ahí tuvo un ataque de vómitos por la forma en que me habían pegado". Froilán dijo que pudo "reconocer la fisonomía" de su torturador. Lo pudo "reconocer perfectamente". Era Martínez Dorr.

Tiempo después, lo trasladaron a la Guardia de Infantería Reforzada, donde un capitán del Ejército de apellido Cerini lo interrogó sobre su situación y le preguntó sobre el compañero de militancia que había caído con él. Le dijo que no sabía su nombre. "No te hagas el pelotudo porque ese tipo está un metro 80 bajo tierra", le contestó Cerini. La respuesta del militar le confirmó que habían matado a su compañero en la sala de torturas en el chupadero de Rincón. Con el tiempo se enteró que se llamaba Juan Alberto Osuna y que su cuerpo apareció en un enfrentamiento fraguado en Paraná.

Aguirre sacó entonces una carta que recibió hace unos días y comenzó a leerla ante el Tribunal. Era una lista con los nombres de los supuestos integrantes de la patota que lo secuestró y torturó. Mencionó a un imputado en el juicio, al ex suboficial del Ejército Nicolás Correa que también estuvo imputado hasta su fallecimiento, algunos policías y a un militar. Pero no aparecía el comisario que él acusa por la golpiza en la comisaría.

"Un párrafo de la carta niega lo que yo digo, pero yo no tengo dudas que (su torturador) es Martínez Dorr", insistió Froilán. El abogado querellante Horacio Coutaz aclaró al Tribunal que la carta anónima que había recibido Aguirre no era la única, con lo cual deslizó que otros sobres fueron a parar a otras manos. El presidente del Tribunal, Roberto López Arango dispuso que se extrainga fotocopias del anónimo y se distribuyan entre las partes. La defensa no se opuso, y por lo tanto quedó incorporada como prueba en el juicio una lista enviada por correo, con un remitente falso, en la figuran varios represores, pero falta uno.

Dos sobrevivientes testimonian por HILDA CARDOZO


Un ensañamiento pocas veces visto

La compañera de Ramón Verón, testigo en la causa Amelong, está desaparecida. Dos sobrevivientes del centro de detención cordobés relataron ayer haber compartido cautivero con ella. "Nunca vimos a una persona en tan mal estado", señalaron.

Por José Maggi

Dos sobrevivientes del centro clandestino cordobés conocido como La Perla, declararon ayer en la causa Guerrieri-Amelong, y relataron haber compartido su cautivero con Hilda Cardozo, la compañera desaparecida de Ramón Verón, testigo en la causa. Hilda estuvo detenida en la Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu, pero fue llevada a la ESMA, y después a La Perla, donde llegó con signos de haber sido torturada. Ambos testigos remarcaron que "nunca habían visto una persona en tan mal estado, su cuerpo todo llagado: tenía sus pechos quemados con cigarrillos y hasta tenía heridas de puntazos en su vientre", relató a Rosario/12 Carmen Pérez Sosa.

"Los dos dijeron haber estado detenidos en La Perla en momentos en que es traída Hilda Cardozo a este CCD. Detallaron en qué condiciones se encuentran con Cardozo agregando que la misma estaba muy mal, incluso Pérez Sosa dijo que a pesar de que ellos habían sido torturados se horrorizaron de ver en el estado en que se encontraba Hilda", señaló Daniela Asinari, abogada patrocinante.

Los testigos relataron "que se evidenciaba en el cuerpo de Hilda por las lastimaduras que tenía un ensañamiento pocas veces visto". Además, Pérez Sosa declaró que "Hilda pudo decirles que los métodos de tortura que aplicaron en ella estando en Fábrica Militar no fueron tan aberrantes como en La Perla".

Según Pérez Sosa y "Toto" López, Hilda habría llegado a La Perla a mediados de junio de 1978 y estuvo allí hasta los primeros días de julio. "Hubo como tres momentos en que a Hilda la van a buscar a La Perla y en las dos primeras la vuelven a dejar y fue la tercera vez que la llevan y ya no volvió", coincidieron los testigos.

Luego declaró Guillermo Repetto, quien fue empleado jerárquico de la Fábrica Militar durante la dictadura. "En ese tiempo como director de Fábrica Militar estaba Jordana Testoni y en enero del 78 un pedacito de lo que era el predio de Fábrica se limita y muchos dejaron de tener acceso", narró.

Por último declaró Viviana Rivero hija del querellante Juan Rivero . quien recordó "los hechos vividos en la casa el día que lo secuestran a Juan". "Estábamos jugando con mi hermano y de pronto irrumpen en la casa muchas personas que se quedan por varias horas hasta que llegó mi padre que estaba trabajando. Todos estaban armados", declaró la testigo.

"Luego estas personas continuó permanecieron en el domicilio dos días después de habérselo llevado". Rivero indicó que "las mismas personas siguieron merodeando la casa durante unos quince días, evidentemente esperando a alguien más".

"Durante ese tiempo, unos quince días no pudimos regresar a nuestra casa y cuando volvimos vimos que nos habían robado una cantidad importante de cosas y habían destrozado todo", indicó la hija del querellante.

"En la puerta de la casa había quedado personas vestidas con el color de traje militar (verde) y otros vestidos de azul", recordó Viviana que en esa época era una nena de siete años.

Cabe recordar que en la audiencia se elevó por parte de la fiscalía y la querella un pedido al Tribunal Oral Federal Nº 1 para que la inspección en la ex Fábrica Militar de Armas se haga en "forma desdoblada. Es decir, que la parte querellante ingrese sin la presencia del imputado Daniel Amelong, quien solicitó asistir a la misma.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Sobrevivientes señalaron a un ex preso común como parte de la patota

Lago Castro, un colaborador

El Tribunal Oral pidió informes sobre un detenido que, según lo dicho por once testigos, fue llevado desde Coronda para colaborar con el grupo de tareas. Interrogó, hizo simulacros de fusilamiento y también participó en las torturas.

Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

El Tribunal Oral que juzga a los represores santafesinos pidió informes al Servicio Penitenciario de la provincia sobre un ex preso común, José Ricardo Lago Castro, que once testigos en el juicio señalaron como un colaborador del grupo de tareas que operaba en la comisaría 4ª y tres de ellos acusaron por simulacros de fusilamiento. El nombre de Lago Castro comenzó a escucharse desde el primer día de las testimoniales cuando dos ex detenidos políticos, Orlando Barquín y Francisco Klaric, lo sindicaron como un colaboracionista de la represión ilegal. Lo llamativo es que la mayoría de los testigos lo llamaron "Castrolago", cuando en realidad es Lago Castro, nacido en Bilbao, España, el 19 de octubre de 1943. Quizás la confusión se debe a que los represores solían llamarlo "teniente Castro".

El pedido de informes fue remitido a solicitud de la defensora oficial Judith Funes, quien junto a su colega Adriana Gastaldi comparte la defensa de dos imputados en la causa: el ex jefe de la comisaría 4ª, Mario Facino y al ex oficial de Inteligencia de la Policía santafesina, Eduardo Ramos.

Lago Castro estaba preso en la cárcel de Coronda cuando pasó a disposición del Area 212 en dos oportunidades. La primera: entre el 12 de agosto y el 2 de setiembre de 1976. Y la segunda: desde el 4 de noviembre de 1976 hasta el 14 de setiembre de 1977. Su segundo pase a disposición del Ejército fue ordenado por el oficial de operaciones del Area 212, teniente coronel Carlos Adalberto Rodríguez Carranza, el 4 de noviembre de 1976. El traslado se concretó al día siguiente, a cargo del entonces jefe de la Oficina de Coordinación del Area 212, Julio Alberto Villalba. Y casi un año después, el 14 de setiembre de 1977, Lago Castro volvió a la cárcel de Coronda, pero esta vez en otro traslado al mando del segundo coordinador del Area 212, Juan Calixto Perizzotti, quien ya había reemplazado a Villalba a mediados de enero de 1977 y hoy es uno de los seis imputados en el juicio.

Barquín, Klaric y María Cecilia Mazzetti acusaron a Lago Castro por simulacros de fusilamiento en la seccional 4ª, un centro de interrogatorios y torturas de la represión. "Un día escuchamos disparos cerca de la comisaría. Y apareció un preso común, Lago Castro, que colaboraba con los represores, con una ametralladora. Nos grita que nos pongamos contra la pared que se acababa nuestra vida. Le dije a Klaric con mucho miedo: 'Me parece que nos matan'. Como pasaron unos minutos nos animamos a darnos vuelta y no había nadie. Creía que nos mataban", dijo Barquín en el juicio. Klaric coincidió con el relato. "Lago Castro era un preso que había pasado a colaborar con la patota. Andaba suelto y armado. Nos hacía simulacros de fusilamiento con ametralladoras. Nos decía: 'Los voy a hacer cagar'".

Mazzetti padeció varios traslados, entre ellos uno de la Guardia de Infantería a la comisaría 4ª. "Me hacen poner en el patio contra la pared y le dicen a alguien: 'Hacete cargo, esto es tuyo, ocupate vos'. Veo que un hombre se acerca con un arma y empieza a gatillarme en la cabeza. Hasta que le dicen: 'Castrolago volvé a tu celda, basta'. Era un preso que estaba ahí, no sé si jugando", recordó Cecilia ante el Tribunal.

Otros testigos que apuntaron a Lago Castro fueron Mariano Millán Medina, Carlos Chiarulli, Carlos Raviolo, Carlos Pacheco, Roberto Cepeda, Luis Baffico, Rafael Bugna y el periodista José Luis Pagés.

Millán Medina lo recordó como un preso común "medio rapadito que habían traído de la cárcel de Coronda. Los compañeros me decían que tuviera cuidado, que no le digamos nada, porque salía de noche con la patota". Mientras que Chiarrulli lo calificó como un "informante", con quien tuvo que compartir una celda durante varios días y no dejó de interrogarlo. Antes de llegar a la comisaría 4ª, Chiarulli había sido torturado en un centro clandestino conocido como "La Casita". "Yo tenía serios problemas de movilidad por la picana eléctrica. Había quedado muy dañado. Me arrastraba más de lo que caminaba y este hombre (Lago Castro) me seguía interrogando". Hasta que después lo ubicaron en otra celda con más presos políticos.

Raviolo dijo que conoció a Lago Castro cuando le sacaron la capucha y lo pusieron en una celda grande junto con Pacheco y Chiarulli. "Nos dijo que había estado en la cárcel de Coronda y no sé por qué problema lo llevaron a la 4ª", explicó. Pacheco agregó que el soplón les había dicho que él también "era un preso político, pero que en realidad era un preso común llamado (José) Ricardo Lago Castro".

Según Cepeda, Lago Castro "colaboraba como uno más en el grupo de tareas". Mientras que Rafael Bugna recordó que "en la jaula de la comisaría 4ª había cuatro presos comunes que estaban allí por colaborar con los presos políticos de la cárcel de Coronda. Uno de ellos era de apellido Lago Castro, que se la pasó arengando: '¡Viva el Che! ¡Viva Cuba!'".

El periodista José Luis Pagés también mencionó a Lago Castro hace dos semanas cuando declaró en el juicio y el Tribunal Oral le preguntó sobre los integrantes del grupo de tareas. "Uno era un presidiario que se hacía decir 'capitán', se vestía como tal, interrogaba y picaneaba", respondió.

viernes, 6 de noviembre de 2009

Cecilia Nazabal, figura clave en el juicio a los represores

Cecilia, madre y compañera

Afectada por una enfermedad pulmonar, el jueves a la noche murió la esposa de Dussex, quien está desaparecido. Su investigación de lo ocurrido en Quinta de Funes fue clave para sentar a los represores de Rosario en el banquillo de los acusados.

Por José Maggi

Cecilia Nazábal tenía 60 años y una mezcla de variadas complicaciones en su salud que terminaron con su vida la noche del jueves, mientras luchaba por ella en la sala de terapia intensiva del Hospital Español. El mismo donde varios amigos llegaron para dar sangre convocados por los medios de prensa. Fue entonces que muchos empezaron a tomar conciencia de la gravedad de la salud de Cecilia. Pero no la mató el asma, ni siquiera el coctel de complicaciones: el cuerpo de Cecilia había soportado el enorme dolor de la pérdida de su compañero, Fernando Dante Dussex, con quien tuvo a su hijo Fer, militante de HIJOS, y bastón indiscutido en cada una de las audiencias de los juicios por terrorismo de estado que alcanzó ver en sus inicios. Allí estuvo Cecilia cada vez que sus pulmones se lo permitieron, regalando sonrisas, y sin quejarse jamás, por el clima, el tiempo o la incomodidad de estar apiñados en una sala apenas un poco más grande que una cabina telefónica. Cecilia fue velada ayer en cochería Bassi.

En cada cuarto intermedio salía entre abrazos y se sentaba en el hall luminoso del tribunal, siempre rodeada por gestos de ternura. En las audiencias era grandilocuente y su voz retumbaba en el silencio solemne de las audiencias. Pero nadie atinaba a decir una palabra: ella era una de las que más había luchado porque este juicio se realizara. Y gracias a su tozudez, llego a ver a los cinco represores sentados en el banquillo de los acusados. Así soportó el testimonio sobre el secuestro de su esposo, y también tuvo que soportar la vincha de Juan Daniel Amelong pidiendo "legalidad", y hasta las preguntas retorcidas de su defensor. Hasta que un día se aflojó, y se fue relajando tal vez confiada en que había llegado el momento.

Junto a la actual diputada provincial Alicia Gutiérrez, Cecilia investigó lo ocurrido en el centro clandestino de detención Quinta de Funes, y batallaron incansablemente ante la Justicia. Cecilia no pudo declarar en su momento porque estaba internada en terapia intensiva. "Una pieza fundamental de esta causa, mi compañera y amiga, está luchando por su vida. Estas son las secuelas de la impunidad", recordó Gutiérrez con la voz quebrada, cuando le tocó declarar.

En tren a Rosairo. En la capital santafesina se enamoró del Alemán, o Kiki como lo llamaban a Fernando Dante Dussex. Se casaron el 10 de abril de 1976 en la Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús donde el Párroco era el Padre Zanello. "Ya había sido el golpe militar y no era tiempo para encontrarnos y festejar con los compañeros entrañables, sólo algunos a lo lejos y la familia", escribió de puño y letra Cecilia el 10 de agosto de 2009.

El 22 de agosto de 1976 se vinieron a Rosario en tren. Fernando estuvo en la secretaría de Prensa de Montoneros. "Al principio vivíamos en un hotel, y luego en pensiones de las que nos mudábamos cuando alguien que las conocía, caía. Trabajó poco tiempo en un negocio que vendía repuestos de autos y autos usados. Yo estaba embarazada, esperábamos nuestro primer hijo. El 1º de mayo nos mudamos a una casa en Pasco al 7300, un barrio en la zona oeste de Rosario, muy pobre. Teníamos muy buena relación con los vecinos, participábamos de reuniones donde nos organizábamos para realizar actividades que mejoraran la calidad de vida: desmalezamientos, zanjeos, extensión de caños de agua para aumentar el número de canillas públicas, construcción de refugios para que esperaran los que iban a trabajar a los talleres ferroviarios de Pérez. Pero este entusiasmo que compartíamos con la gente se transformaba cuando cotidianamente los vecinos nos comentaban: 'destruyeron una casa a dos cuadras y se llevaron a la pareja que vivía ahí'. Los diarios mostraban esta realidad que era cada día más desesperante: el campo popular retrocedía a pasos agigantados", escribió Cecilia.

Esa mujer. Ayer muchos la recordaron, como el concejal Juan Rivero: "Hemos perdido una compañera y una mujer invalorable", recordando que junto a Alicia Gutiérrez "fueron y son bellísimamante testarudas para juzgar a los genocidas y trabajaron incansablemente" con respecto a la causa Quinta De Funes. "Perdimos a una de ellas y nos embarga el dolor", señaló el querellante en las causas a los represores de la última dictadura militar.

"Junto a Cecilia y muchos compañeros logramos poner en el lugar de juzgamiento a los represores. Ella por su amor a la vida y a la justicia fue inclaudicable en eso. Tuvo la dicha de verlos allí sentados para ser juzgados y hoy lamentablemente ya no esta con nosotros. Seguiremos adelante con los juicios por la verdad, la justicia y la memoria y Cecilia nos acompañará siempre como tantos otros compañeros que hoy no están con nosotros. La lucha de ellos y de todos nosotros no será en vano y la patria por la que tanto soñamos en algún momento se hará realidad", concluyó el edil.

Un pilar, un sostén. Pero el recordatorio más emotivo lo hizo Juane Baso, militante de HIJOS, quien la definió como "una luchadora incasable por la verdad, la justicia y la memoria de los desaparecidos, una referente indiscutible para los militantes de HIJOS, que encontramos en ella a una madre en todas sus dimensiones, una maestra que nos enseñó a continuar la lucha por el juicio y castigo y una compañera de militancia".

"Como madre de Fer, nuestro cumpa de HIJOS, ha sido para nosotros un pilar, un sostén y una guía en todos estos años de lucha en los que aprendimos junto a ella cómo transitar este camino de construcción de la justicia. Cecilia fue memoria viviente de los hechos cometidos por los asesinos de la dictadura en Rosario. Dedicó su vida a la búsqueda de la verdad de lo que pasó con nuestros desaparecidos, a denunciar con nombre y apellidos a los responsables de las torturas, secuestros, asesinatos, desapariciones, robos de bebés y el saqueo a nuestro pueblo cometidos por los terroristas de estado. Fue también contención para muchas familias de compañeros con quienes construyó lazos y contactos afectivos que fueron fundamentales a la hora de conseguir testigos para esta etapa de juicios orales. Su aporte de información, investigación y vínculos con sobrevivientes y familiares a la causa que hoy transcurre en los tribunales federales de Rosario es invaluable", remarcó el militante de HIJOS.

"Nos demostró que la persistencia en la lucha da sus frutos a pesar de los miles de obstáculos que los personeros de la impunidad nos presentaron. Dejó el cuerpo y el alma en la lucha por el Juicio y Castigo a los genocidas, y alcanzó a ver cinco de los asesinos de la dictadura sentados en el banquillo de los acusados. Fue una fuente permanente de generación de vida. Proyecto y construyó proyectos bellísimos y luminosos como el jardín de niños La Nube, una experiencia pedagógica única en la ciudad", enfatizó Basso.

"'La pérdida de tantos compañeros y el esfuerzo de tantos otros no puede ser en vano y alguna vez tendremos la Patria Justa, Libre y Soberana por la que luchamos y con la que soñamos', nos dijo Ceci alguna vez sintetizando en unas pocas palabras el sentido de nuestra lucha", recordó Juane.

"Fue demasiadas cosas para los compañeros de esta agrupación como para reflejarlo en unas pocas y rápidas líneas. Madre y Compañera son dos palabras gigantes que se acercan bastante a lo que significará siempre para nosotros", concluyó el militante de HIJOS.