Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

martes, 21 de marzo de 2017

A 41 años del último golpe cívico militar Nombres recuperados

La Facultad e Humanidades de la UNR publicará los datos de los archivos de desaparecidos enterrados como NN en el Cementerio La Piedad que un grupo de investigadores recuperó.
 
Por Stefanía Sahakian*

Los cuerpos fueron separados de sus nombres. Sus rostros fueron enterrados sin identidad, sin reconocimiento. Durante años, la única condición de aquellos cuerpos era la de desaparecidos (aún es la de muchos) y sólo podían estar presentes en los familiares, en los amigos que intentaron sostener con sus propios cuerpos aquellos nombres. Con una guillotina de tinta, los verdugos de la última dictadura separaron a los cuerpos de sus nombres: los escribían NN. Pero lo que no imaginaron es que algunos años después, esas dos letras, jugarían en las fantasías de los que sobrevivieron como infinitas posibilidades para devolverles el rostro a los cuerpos enterrados.

Marcela Valdata es antropóloga y docente de la Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y fue quien lideró la investigación que trabajó con los archivos de inhumación del cementerio La Piedad, ingresados como NN o con nombre y apellido pero registrados como "muertes violentas". El proyecto comenzó hace unos diez años y hoy está finalizando con la digitalización de todos los datos que recuperaron, con el objetivo de hacerlos accesibles a toda la comunidad, en la Facultad de Humanidades y Artes.

Estos archivos que el equipo de Valdata rescató e investigó, permitieron que se realizaran exhumaciones de algunas fosas del cementerio, en las que se encontraron cuerpos enterrados en la dictadura como NN y fueron restituidos a sus familiares.

"En el 2004 empezamos a juntar todas las fuentes posibles de documentación: por un lado, las notas periodísticas de esos años, relevamos todo lo que estaba en la hemeroteca para reconstruir lo que aparecía como enfrentamientos o muertes violentas, sin ningún tipo de causa -explica Valdata-. Por otro lado, teníamos las declaraciones de la CONADEP y algunos testimonios sueltos de sepultureros. Entonces, cruzamos estos datos con la documentación que encontramos en La Piedad en torno a la inhumaciones como NN".

En ese momento, el Equipo Argentino de Antropología Forense había descartado a La Piedad como un espacio en donde podía haber cuerpos sin identificar, daban por hecho que todo había sido pasado a osario. Sin embargo, a partir de los relatos de algunos sepultureros del cementerio, aquellos rostros velados, sin nombre, seguían siendo una posibilidad para un equipo de investigación de seis personas -en el que participaban estudiantes de Antropología de la UNR y estudiantes de Museología,  dirigidos por la docente Marcela Valdata-, que decidió indagar en los archivos porque creían que los cuerpos podían estar allí todavía. "Nos derivaron a un depósito lleno de papeles y era terrible porque había muchos ácaros y se había caído el techo, así que todas las cosas estaban ahí abajo, en muy mal estado", cuenta Marcela.  Encontraron desde libros escritos con pluma en papel biblia, hasta una carta de renuncia de uno de los empleados del cementerio al que obligaron a irse durante el proceso, por su militancia. El hombre no había podido jubilarse porque esta carta no había sido registrada y no querían computarle esos años, así que su aparición fue una buena noticia para él.

Los documentos estaban muy sucios y corroídos por las ratas, por lo que dos de las integrantes del equipo que estudiaban Museología, Natalia Urquiza y Jorgelina Almeida, hicieron una limpieza, clasificación y escaneo para que el material físico no se manipulara más y quedara como un archivo de resguardo.

Hoy están finalizando con la digitalización de todos los datos recuperados, que van del año 1977 a 1983. Este proyecto está radicado en el Centro de Estudios Interdisciplinarios de Arqueología de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR y el objetivo es publicarlos en esta unidad académica. Se podrá acceder a los datos cronológicamente, por años o por meses y se podrá buscar por Nombre y apellido o por NN. En cada categoría se accederá a toda la información del documento escaneado. El Museo de la Memoria y el cementerio La Piedad contarán también con una copia de estos archivos digitales.

Valdata cree importante "pensar a la Universidad como un actor fundamental en la reconstrucción histórica de ese momento. Además, desde la cuestión educativa puede llegar a existir una línea de investigación que quizás nosotros no hayamos visto o que no fue tomada aún, por ejemplo, no hay aún ningún análisis estadístico de edad, ocupación, etc., en torno a lo que está ahí documentado".

 

Los huesos siguen hablando

"Después de mucho trabajo, tuvimos un dato que era 99% certero y conseguimos a un familiar que estaba dispuesto a escuchar la situación, así que lo presentamos", relata Valdata. El caso fue el del militante entrerriano Eduardo Germano, "El Mencho". Tenía 18 años cuando fue asesinado en diciembre del '76 por un grupo liderado por Agustín Feced, que hizo explotar su cuerpo dentro de un barril metálico. En los diarios dijeron que fue un "enfrentamiento frustrado". La familia no imaginaba que algún día iba a poder tener sus restos porque lo que decían los medios era terrible.

El hermano del Mencho inició la querella y ésta accionó todas las exhumaciones que siguieron por parte del Equipo Argentino de Antropología Forense. Esa Navidad, la familia de Eduardo Germano se reunió e hicieron todos juntos un simulacro de enterratorio en La Piedad. Llevaron flores, lloraron, lo despidieron. Hicieron un ritual de inhumación suponiendo que ese lugar que Marcela y su equipo les señalaban había sido el de él. "La familia logró simbolizar ese entierro y eso era lo más importante para nosotros, era lo único que nos interesaba, devolverle a las familias sus historias", dice la antropóloga de la UNR y agrega: "Uno de los hermanos nos decía que no importaba si cuando exhumaran, el cuerpo de Eduardo no estaba ahí, que para ellos ese había sido su lugar y le daban validez a nuestra reconstrucción".

Finalmente, se hizo la exhumación y encontraron en la fosa al Mencho. Lamentablemente, sus padres y uno de sus hermanos fallecieron antes de que les restituyeran el cuerpo, pero otro de sus hermanos, Gustavo Germano, recibió el cuerpo y lo enterró en Entre Ríos.

Las exhumaciones continuaron y pudieron identificar a muchos de los registrados como NN en La Piedad. En palabras de Valdata, el trabajo de investigación que realizaron fue "súper minucioso y serio, y estábamos en lo cierto. Al principio eran muchos frentes abiertos y teníamos muchas dudas, no sabíamos si todos los datos nos iban a conducir a algo y la verdad es que cuando lo cerramos fue importantísimo".

Marcela recuerda entre todas las historias a "una madre que reconoció a su hijo porque él había tenido una operación de corazón. En la fosa encontró nada más que los huesos, pero pudo reconocerlo porque tenía todas las costillas atadas con broches de acero y supo que era él. Los huesos siguen hablando".

 

Los sin nombre

Las iniciales N.N. en español se leen como "Ningún Nombre" y en inglés como "No Name", pero en nuestro país dicen mucho más. N.N. quiere decir que los asesinos de la última dictadura le temían a los nombres. Como si acaso sospecharan que sólo los nombres fueran aquello que les daba identidad a los miles de chicos que asesinaron durante ese infierno, como si creyeran que los nombres fueran contagiosos de alguna idea, de alguna personalidad.

La relación que los investigadores tuvieron con las personas que no eran de rango en el cementerio fue importante para continuar con el trabajo. Los sepultureros de La Piedad fueron actores fundamentales en esta historia: "Nos parecía raro que ellos, que habían estado trabajando durante la dictadura, no nos negaran que los cuerpos estuviesen ahí, por eso insistimos en la búsqueda", resalta Valdata y agrega que "poco a poco empezaron a confiar en nosotros y a señalarnos cuáles eran las fosas que no habían tenido movilidad en esos años. Suponemos que los ellos mismos evitaban el movimiento para resguardarlas y que pudieran quedar allí para investigaciones futuras. Creo que fue tan doloroso para ellos, que empezaron a abrirnos puertas, porque la franja etárea de los chicos fallecidos que llevaban podía ser la de los hijos de los sepultureros".

Ellos, los encargados de sepultar los cuerpos, empezaron a desenterrar historias. Contaban que había madrugadas en las que llegaban los militares en un camión del ejército lleno de ataúdes. Y a veces sin ataúdes. Mientras los sepultureros hacían su trabajo, bajo amenaza y algunos con pocos recursos simbólicos para conocer completamente lo que sucedía, los uniformados apuntaban a los cadáveres que se iban cubriendo de tierra. "No dejaban de apuntarles con las armas hasta que los cuerpos quedaran completamente tapados, como si tuviesen miedo de que resucitaran", dice Marcela recordando el relato de los sepultureros.

Los militares temían que aquellos cuerpos despertaran, hablaran, los enfrentaran. Los dejaron abandonados, mutilados, bajo la tierra y sin nombre, sin rostro. Pero en contra de lo que planearon, hoy sus nombres resucitan y sobreviven gracias a los miles de testimonios recolectados por algunos cazadores de rostros desaparecidos, que lograron devolverles a los nombres sus cuerpos. Aquellos cuerpos que permanecían ocultos bajo una tierra muda, vieja y sucia, de la que no imaginaron que podrían volver a brotar nuevas historias.

*Integrante de la Dirección de Comunicación de la Ciencia de la UNR

jueves, 2 de marzo de 2017

Zitelli : Un sacerdote a juicio por crímenes de lesa humanidad

Trece expolicías de Santa Fe y el sacerdote católico Eugenio Zitelli, quien fue capellán de la fuerza de seguridad durante la última dictadura argentina, comenzarán a ser juzgados por crímenes de lesa humanidad el 16 de marzo de 2017 en Rosario, en una causa por 155 casos de violaciones a los derechos humanos.

Según informa la Agencia Latinoamericana de Información (ALAI), se trata de la causa denominada “Feced III”, que constituye el tercer tramo de una amplia investigación sobre los crímenes de la dictadura en el centro clandestino de detenciones que funcionó en el Servicio de Informaciones (SI) de la Jefatura de Policía de Rosario.

En el proceso, que llevará adelante el Tribunal Oral Federal 2 de esta ciudad santafesina, se investigarán los delitos de homicidio, privación ilegal libertad, torturas, abuso sexual y asociación ilícita, cometidos en perjuicio de 155 víctimas.

El tribunal está integrado por los jueces Lilia Graciela Carnero (Entre Ríos), Francisco Miño (Santa Fe) y Carlos Villafuerte Ruzo (San Nicolás). Los tres jueces que integran originalmente el TOF2 de Rosario se excusaron de participar de este juicio oral puesto que lo hicieron en los tramos anteriores, Feced I y II.

Los imputados que llegarán a juicio son los expolicías santafesinos Carlos Ulpiano Altamirano, Eduardo Dugour, Julio Fermoselle, Héctor Gianola, Daniel González, Ramón Ibarra y José Rubén Lo Fiego. También están acusados Mario Alfredo Marcote, Lucio César Nast, Ovidio Olazagoitía, José Carlos Scortechini, Ernesto Vallejo, Ramón Vergara y Eugenio Zitelli.

Sólo tres de los imputados no fueron juzgados y condenados en los anteriores debates orales de la causa “Feced”: los policías “Beto” Gianola y “Lagarto” González; y el sacerdote Eugenio Zitelli.

Gianola y González estaban prófugos cuando se celebraron los juicios anteriores, mientras que Zitelli interpuso numerosos recursos que demoraron la llegada de su causa a juicio oral.

“Es el tramo más grande de la causa Feced en cuanto a la cantidad de víctimas y de acusados”, dijo el fiscal de causas de lesa humanidad de Rosario, Adolfo Villate.

Explicó que de los 155 casos que se ventilarán en el debate oral “80 son casos nuevos, es decir que no han sido juzgados anteriormente”.

Según Villate, “es un juicio que se calcula que va a durar un año y medio o dos” y que cuenta con unos 300 testigos ofrecidos por las partes.

El fiscal destacó que este tramo de “Feced” tendrá como dato saliente que por primera vez “se va a juzgar la responsabilidad del excapellán del Servicio de Informaciones de la Policía de Rosario”.

Los acusados participaron, según la acusación, del circuito represivo que tuvo como eje el SI, el mayor centro clandestino de detenciones del sur de la provincia de Santa Fe que funcionó en la ochava de San Lorenzo y Dorrego, en pleno centro de Rosario.

En ese edificio, que hoy ocupa la sede local de la Gobernación santafesina, funcionó la Jefatura de Policía de Rosario.

Se calcula que por allí pasaron unos 2000 detenidos-desaparecidos durante los primeros años de la última dictadura, y fue “levantado” en 1978, a raíz del asesinato de un militante argentino y dos ciudadanos peruanos.

sábado, 4 de febrero de 2017

Se inician nuevos juicios por crímenes de lesa humanidad

Comienza el jucio por crímenes en “La Casita”
En Santa Fé, el ex juez Víctor Hermes Brusa y cuatro ex policías provinciales están acusados de secuestros, torturas y un homicidio

Un nuevo juicio por crímenes de lesa humanidad comenzará en febrero, tras la feria judicial, mientras que otros seis continuarán en todo el país, en uno más -ya concluido- se dará lectura a los fundamentos de la sentencia y, siempre en el segundo mes del año, en otra causa elevada a juicio se realizará la audiencia preliminar.

Los juicios en curso -en su mayoría en la etapa de los alegatos- se reanudarán este miércoles, en tanto un día después, en Santa Fe, comenzará el juzgamiento de los imputados por delitos cometidos en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio conocido como “La Casita”.

También, aunque aún sin fecha ni horario confirmados, en el reinicio de la actividad judicial serán retomadas las audiencias, en la localidad mendocina de San Rafael, del juicio en el que están acusados 26 represores, entre ellos el ex capitán del Ejército Luis Alberto Stuhldreher, ex intendente de facto de esa ciudad.

Por su parte, el Tribunal Oral Federal 2 porteño reanudará este miércoles el tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 352 víctimas entre 1976 y 1979 en el circuito que conformaban los centros clandestinos Atlético, Banco y Olimpo (ABO), dependiente del Cuerpo I de Ejército.

Brusa y otros

El jueves 2, ante el Tribunal Oral Federal de Santa Fe y con la intervención del fiscal general Martín Suárez Faisal, se iniciará el proceso oral y público pospuesto en septiembre último en el se juzgará al ex juez Víctor Hermes Brusa y a cuatro ex policías provinciales.

Los hechos imputados comprenden los secuestros y torturas de 13 personas que pasaron por el centro clandestino de detención “La Casita”, en las afuera de la ciudad de Santa Fe y el homicidio del responsable zonal de Montoneros, el desaparecido Emilio Feresín.

También este jueves continuará en Mendoza el juicio conocido como “Causas unificadas” por delitos cometidos en centros clandestinos de detención dependientes de la Fuerza Aérea, por los que deberán responder 24 acusados.

Caballero II

En tanto, el viernes continuará en el Chaco el juicio de la causa “Caballero II” o “Caballero Residual”, en el que se juzga a once represores, entre militares y policías, por delitos de lesa humanidad cometidos en la ex Brigada de Investigaciones de Resistencia.

El lunes 6, el martes y el miércoles de la semana siguiente continuará en Bahía Blanca el cuarto juicio por delitos de lesa humanidad, tercer tramo de la investigación de crímenes cometidos en jurisdicción del V Cuerpo del Ejército durante la última dictadura.

Se trata de la causa número 930 denominada “González Chipont, Julio Guillermo y otros sobre privación ilegal de la libertad”, en la que se encuentran imputadas 39 personas por delitos cometidos en perjuicio de 103 víctimas.

El mismo día, lunes 6 de febrero, el Tribunal Oral Federal 2 de La Plata dará a conocer los fundamentos del veredicto dictado el 29 de diciembre último, por el que fueron condenados a prisión perpetua seis ex policías federales que en octubre de 1976, durante operaciones represivas, participaron de homicidios y secuestros de militantes políticos en esa ciudad.

Multicondenado

En tanto, el próximo 9 de febrero comenzarán los alegatos de las querellas en el juicio por la denominada causa “Colegio Militar”, un nuevo proceso contra otro multicondenado, el genocida Santiago Omar Riveros. Se estima que esta causa llegará a sentencia alrededor del 7 de marzo.

A esos procesos orales se sumará el próximo 13 de febrero la audiencia preliminar del segundo juicio con 18 acusados por crímenes cometidos en la Subzona 14 del terrorismo estatal en La Pampa, que tramitará ante el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa

viernes, 30 de diciembre de 2016

GENOCIDAS AL COUNTRY 2 (Campo de Mayo)

Comunicado de Prensa APDH Rosario

La APDH solicitó a los dos tribunales orales de Rosario que ordenen la inmediata remisión del genocida Jorge Alberto Fariña a una cárcel común.
 
El ex integrante del destacamento de inteligencia 121 dos veces condenado en las causas conocidas como Gerrieri 1 y 2, uno de los principales imputados en la causa Klotzman, se encuentra alojado en el pretendido penal de Campo de Mayo.

En efecto, la APDH había solicitado a los jueces federales que impidan los traslados a Campo de Mayo, y en ese marco fuimos notificados de que el represor se encuentra cómodamente alojado en las casas  de descanso de ese predio castrense.

El ahora pretendido penal fue cerrado por la falta de infraestructura para neutralizar el peligro de fuga que conlleva alojar a los detenidos por los delitos más graves del ordenamiento jurídico en un inmueble no preparado al efecto.

Una fuga de Fariña pondría en riesgo la causa Klotzman, donde por primera vez se juzgará la vinculación del destacamento de inteligencia con la policía federal en el despliegue de la represión ilegal en nuestra zona, donde él es el principal imputado.

La causa está pronta al juicio oral y entendemos imprescindible que inmediatamente se asegure su realización alojando a Fariña en una cárcel común e impidiendo que cualquier otro represor sea alojado en el penal ilegal de Campo de Mayo.

Ese fue nuestro pedido esta mañana y esperamos una pronta resolución judicial en ese sentido.

NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS

APDH REGIONAL ROSARIO
Norma Ríos, Presidenta
Rosario, 29 de dic/2016

lunes, 5 de diciembre de 2016

Rosario:“Los juicios tienen un nivel restitutivo”

Una mujer de 39 años que fue secuestrada junto a sus padres durante la última dictadura, cuando apenas tenía seis meses, declaró este jueves en el juicio por delitos de lesa humanidad “Guerrieri III” y expresó que si bien el proceso oral no le devuelve a su padre desaparecido sí “tiene un nivel restitutivo”.

Una mujer de 39 años que fue secuestrada junto a sus padres durante la última dictadura, cuando apenas tenía seis meses, declaró este jueves en el juicio por delitos de lesa humanidad “Guerrieri III” y expresó que si bien el proceso oral no le devuelve a su padre desaparecido sí “tiene un nivel restitutivo”.

“Por más que yo haya perdido y me hayan quitado la posibilidad de tener a mi papá, esto, si bien no me lo devuelve, tiene un nivel restitutivo”, dijo Mariana Victoria Flores ante el Tribunal Oral Federal 1 (TOF1) de Rosario. Y apuntó a la dimensión social de los juicios: “Porque por fin esto dejó de pasarme a mí y empezó a pasarle a la sociedad”.

Flores fue secuestrada cuando solo tenía seis meses junto a su madre Laura Ester Repetti –quien también declaró en la audiencia de este jueves– y su padre Daniel Flores, que permanece desaparecido. El matrimonio era de origen cristiano y su creencia religiosa los movió a la militancia política de los años 70, contó hoy Repetti.

El 7 de junio de 1977 los tres fueron secuestrados por una patota de civil a la salida de un cine y conducidos al centro clandestino de detenciones “La Calamita”, ubicado en Granadero Baigorria, según pudo reconstruir con el tiempo Laura Repetti.

Su hija Mariana declaró que lo que conoce de su cautiverio “es por el relato de mi mamá”, puesto que no se posee memoria de lo ocurrido. “Hace poco yo pensé que una de las diferencias entre mi mamá y yo es que a mi mamá a los veintipico le sucedió algo”, le dijo al tribunal.

Y siguió: “A mí no me sucedió nada, a mí me constituye, yo no soy sólo eso, pero no soy sin eso”. “Para mi estar acá –dijo- es algo que desee toda la vida, yo lo único que deseaba es que los que eran responsables sean responsables”.

Flores contó que su infancia y adolescencia transcurrieron durante “muchos años de silencio” y que “la desaparición de mi papá acarreó la muerte de mi familia paterna”. Narró que hace poco tiempo una mujer que va al comercio que ella posee le contó que era prima de su papá, dato que había mantenido oculto a pesar de conocerla.

“Recién hace dos semanas que esa mujer me dijo llorando que era la prima de mi papá y me habló de él. Los juicios, las palabras dichas acá, traspasan y empieza a pasar algo”, consideró .

Los hijos y el marido de una desaparecida de Quinta de Funes declararon en Guerrieri 3

Recuerdos de la madre que hizo falta

Guillermo Sabino y María Celeste Martínez Reyna dieron testimonio por primera vez en un juicio oral y público. Contaron lo que pudieron recontruir del secuestro de María Adela Reyna Lloveras, una de las militantes ultimada en La Intermedia.

María Celeste y Guillermo Martínez junto a su padre, que también declaró ayer en el juicio. (Fuente: Alberto Gentilcore)
María Celeste y Guillermo Martínez junto a su padre, que también declaró ayer en el juicio.
(Foto: Alberto Gentilcore) - Por: Sonia Tessa

La mayor parte de las personas que estuvieron cautivas en el centro clandestino de detención La Calamita y sobrevivieron relatan que la encargada de cocinar era otra detenida, María. Esa mujer es una de las desaparecidas que pasó por el circuito Quinta de Funes-Escuela Magnasco y La Intermedia. Ayer, María Adela Reyna Lloveras llegó a la audiencia de la causa Guerrieri 3 en la voz de sus hijos Guillermo Sabino y María Celeste Martínez Reyna. "Toda mi vida he intentado reconstruir la historia de mi madre por partes... Y también hay un poco de... culpa de hurgar en la memoria y no recordar nada. A veces mi hermano me cuenta algo, pero yo no me acuerdo de ella. Voy reconstruyendo por las cosas que me cuentan, siempre cosas lindas, por las fotos. Me ha hecho mucha falta todo el tiempo", dijo María Celeste, con una voz suave, ante el Tribunal Oral Federal número 1. Tenía tres años cuando secuestraron a María, en octubre de 1976 (creen que el día 16), en una cita envenenada en capital Federal, según testimonios que Guillermo pudo recoger de uno de los compañeros de su madre. "Exactamente no recuerdo la última vez que la vi, que compartí con ella. Tengo muchos recuerdos de ella, siempre he hecho un esfuerzo memorístico para ver cuándo fue la última vez que me abrazó y no... Sí tengo recuerdos muy vívidos, muy fuertes, muchos", dijo Guillermo, que tuvo a su madre hasta los cinco años.

En la audiencia de ayer también declaró quien era el marido de María Adela, Guillermo Benito Martínez Agüero, hoy de 71 años, que cayó preso en Mendoza en octubre de 1974. Esa caída determinó que María debiera salir de la ciudad para militar en un lugar más seguro, y la organización Montoneros la destinó a Rosario. Los tres testigos de ayer declararon por primera vez en un juicio oral.

Martínez Agüero contó lo que pudo reconstruir del secuestro de su esposa, y recordó que "María Adela militó con mucho compromiso, entrega, sinceridad". Al finalizar su testimonio, les dijo a los integrantes del Tribunal: "No me gusta usar el término del horror, prefiero el homenaje, prefiero el término de la epopeya, porque fue épico lo que hicieron. Esta declaración tiene que ser un homenaje a esos compañeros que no están". Y también pidió que los juicios por delitos de lesa humanidad sean "una política de estado, no de gobierno". En la audiencia de ayer, además de Eduardo Costanzo y Juan Amelong, los únicos dos imputados que están siempre presentes, estuvo Rodolfo Isach, quien amplió su declaración indagatoria con un texto incomprensible que leyó para referirse a lo ocurrido como "una guerra civil". Es su derecho, como acusado, expresar lo que desee en el momento del juicio que elija, sin juramento de decir verdad. Otros imputados, como los militares Oscar Guerrieri, Jorge Fariña, Marino González y los Personal Civil de Inteligencia Juan Cabrera y Walter Pagano siguieron la audiencia por videoconferencia. Armando Pelliza y Ariel López estaban en una sala contigua hasta que el Tribunal defina su situación.

En esta causa se juzgan los delitos de lesa humanidad cometidos contra 47 víctimas, de las cuales 24 están desaparecidas. El fiscal Adolfo Villatte lleva adelante la acusación, las querellas están representadas por Nadia Schujman, de Hijos y Santiago Bereciartúa, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, y el Tribunal es presidido por José María Escobar Cello, junto a María Ivón Vella y Luciano Lauría.

Además de su testimonio, María Celeste aportó también documentación de su abuela materna, la mamá de María Adela. "Tengo notas escritas por ella de las cosas que iba diciendo la gente, de lo que tenía que hacer", relató la mujer de 43 años. Su madre de crianza, una prima hermana de María Adela, fue también para María Celeste un nexo con la historia de su madre, a quien quería mucho. Y fue la mujer que la crío, María Carlota, quien guardó cada papel y cada foto que remitiera a María Adela. "Quizás porque soy más grande, quizás porque soy madre, pero al ver esos papeles, representan la desesperación de una madre buscando a su hija. Con los llamados anónimos que le hacían, mi abuela materna manoteaba una receta del médico y escribía. Eso es muy impactante", dijo sobre la carpeta que ayer aportó a la causa. "Quizás ahora puedo entender no sólo el dolor que una vive, sino el dolor de otros", expresó. Cuando terminó su testimonio, se acercó al estrado del Tribunal y les explicó qué era cada papel. "Mi mamá de crianza guardaba absolutamente todo, las fotos, la ropa de mi mamá...", contó sobre el legado que llevó a la Justicia.

Anteayer, el Tribunal inspeccionó la Escuela Magnasco, el centro clandestino de detención (CCD) donde los prisioneros de la Quinta de Funes fueron llevados después del fracaso de la Operación México, y la llamada de un periodista mexicano que los obligó a desmantelar ese CCD. Allí estuvieron pocos días, porque luego los trasladaron a la Intermedia. El dato novedoso de esta inspección es que por primera vez pudieron acceder al entrepiso descripto por el único sobreviviente de ese circuito, Jaime Dri, quien contó que desde una ventana que se destapó accidentalmente pudo ver el nombre de la calle donde estaban, y describió una escalera pequeña, como también lo hizo Costanzo, el imputado que relató la muerte de los prisioneros en La Intermedia.

lunes, 21 de noviembre de 2016

"Algunas consideraciones sobre Operación México, la película"

Comunicado de los hijos de Tucho y Raquel

Ante el estreno de la película “Operación México, un pacto de amor”, nos encontramos con la necesidad de dejar sentada nuestra postura crítica con respecto a un producto de la industria cinematográfica que pretende relatar la historia de nuestros padres Tulio Valenzuela (Tucho) y Raquel Negro (María Amarilla), y de los compañeros con quienes militaron en la Columna Rosario en la agrupación Peronista Montoneros.

El triller del director Leonardo Bechini, que cuenta con los papeles protagónicos de Luciano Cáceres, Ximena Fassi y Ludovico Di Santo, se basa en la novela “Operación México, Tucho o lo irrevocable de la Pasión” escrita por Rafael Bielsa en el 2014. Aunque el primer intento de abordar esta historia desde el género de no ficción se pueda atribuir a Miguel Bonasso con “Recuerdo de la Muerte” (1984). Ambas obras recogen los testimonios de Jaime Dri, el único sobreviviente del circuito represivo (Calamita, Quinta de Funes, Escuela Magnasco y La Intermedia) por el que pasaron todos los integrantes de la Columna Rosario, incluidos Tulio y Raquel. Hoy, todos ellos excepto Jaime Dri, se encuentran desaparecidos como consecuencia de uno de los más atroces genocidios que sufrió nuestro país. Casi treinta y nueve años después, seguimos buscando al hijo mellizo de Tulio y Raquel, nuestro hermano, nacido en cautiverio en el Hospital Militar de Paraná y dado de alta con vida del Instituto Privado de Pediatría, el 27 de marzo de 1978.

Antes que nada queremos reconocer y agradecer la disposición que tuvieron los actores, quienes una semana antes del rodaje, intentaron extender un puente entre industria-familia. Sin embargo, no podemos dejar de cuestionar el abordaje que realiza la película para relatar la modalidad represiva que se desarrolló en el Centro Clandestino de Detención Quinta de Funes.
Como hijos de Tucho y María y también como militantes de derechos humanos, hicimos las observaciones tras la lectura del guión. Sostuvimos una larga charla explicando la importancia de que la película incorporara una mirada más compleja sobre la experiencia concentracionaria de la Quinta de Funes. Este centro clandestino de detención no funcionó con la modalidad de torturas y tormentos que se desplegaban en la gran mayoría, sino que operó bajo un régimen represivo y perverso diferente que pretendía que los detenidos modificaran sus identidades políticas, plegándose a la propuesta de Galtieri de conformar un partido con cuadros revolucionarios “recuperados” y militares con futuros fines eleccionarios. La película tampoco empleó esfuerzos para explicar que los militantes de la Columna Rosario habían atravesado otros centros clandestinos de detención en donde sí habían sufrido la maquinaria del horror traducida en torturas inhumanas y en el hecho de tener a sus familias vigiladas y amenazadas.

Cabe destacar, que esta lógica binaria de mártires y delatores fue superada ampliamente gracias a un corpus de producciones jurídicas y sociológicas que se tradujeron en definiciones que desde el derecho planteó que el detenido que “entra víctima, sale como víctima” de un centro clandestino de detención.
Entendemos perfectamente que en una película no puede contarse todo, pero es nuestro deber expresar nuestro desacuerdo. El hecho de que el triller retome la división binaria del mundo conlleva una doble peligrosidad.

La primera, se relaciona al contexto de estreno de la película, un escenario nacional reaccionario en donde la discusión por la violación a los derechos humanos ha tenido un fuerte retroceso. Hoy, vuelven a discutirse cuestiones en torno a la cantidad de desaparecidos o se reavivan miradas fundadas en la teoría de los dos demonios.

La segunda, es que un relato tan simplificador puede llegar a arrasar con el sentido más enaltecido de aquella época y es que la lucha siempre es colectiva. Ejemplo que podemos ver en la lucha de las Madres, Abuelas, colectivos de exdetenidos y en compañeros de H.I.J.O.S.

Hacerse cargo de una herencia nunca es fácil ni puede realizarse de manera completa. De hecho es imposible llenar toda la mochila con pedazos de historias de generaciones más viejas. Todas las personas elegimos en cierta manera (aunque con diferentes márgenes de libertad) con lo que nos vamos a quedar, aquellas memorias que van a formar parte de nuestra identidad y que serán transmitidas a las futuras generaciones conformando una identidad colectiva, que por supuesto nunca es acabada.

Como argentinos heredamos un legado histórico-político complejo. Una historia densa, muchas veces abrumadora, incómoda de asimilar, pero rica en experiencias de luchas colectivas. Esta parte del legado es la que elegimos. Ser hijos de una generación que fue capaz de dedicar su vida para transformar la realidad, comprometida totalmente con su tiempo.

Sabrina Gullino Valenzuela Negro, Sebastián Álvarez Negro y Matías Valenzuela Espinosa
Hijos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela

Adhieren: HIJOS ROSARIO"