Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

sábado, 4 de febrero de 2017

Se inician nuevos juicios por crímenes de lesa humanidad

Comienza el jucio por crímenes en “La Casita”
En Santa Fé, el ex juez Víctor Hermes Brusa y cuatro ex policías provinciales están acusados de secuestros, torturas y un homicidio

Un nuevo juicio por crímenes de lesa humanidad comenzará en febrero, tras la feria judicial, mientras que otros seis continuarán en todo el país, en uno más -ya concluido- se dará lectura a los fundamentos de la sentencia y, siempre en el segundo mes del año, en otra causa elevada a juicio se realizará la audiencia preliminar.

Los juicios en curso -en su mayoría en la etapa de los alegatos- se reanudarán este miércoles, en tanto un día después, en Santa Fe, comenzará el juzgamiento de los imputados por delitos cometidos en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio conocido como “La Casita”.

También, aunque aún sin fecha ni horario confirmados, en el reinicio de la actividad judicial serán retomadas las audiencias, en la localidad mendocina de San Rafael, del juicio en el que están acusados 26 represores, entre ellos el ex capitán del Ejército Luis Alberto Stuhldreher, ex intendente de facto de esa ciudad.

Por su parte, el Tribunal Oral Federal 2 porteño reanudará este miércoles el tercer juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos contra 352 víctimas entre 1976 y 1979 en el circuito que conformaban los centros clandestinos Atlético, Banco y Olimpo (ABO), dependiente del Cuerpo I de Ejército.

Brusa y otros

El jueves 2, ante el Tribunal Oral Federal de Santa Fe y con la intervención del fiscal general Martín Suárez Faisal, se iniciará el proceso oral y público pospuesto en septiembre último en el se juzgará al ex juez Víctor Hermes Brusa y a cuatro ex policías provinciales.

Los hechos imputados comprenden los secuestros y torturas de 13 personas que pasaron por el centro clandestino de detención “La Casita”, en las afuera de la ciudad de Santa Fe y el homicidio del responsable zonal de Montoneros, el desaparecido Emilio Feresín.

También este jueves continuará en Mendoza el juicio conocido como “Causas unificadas” por delitos cometidos en centros clandestinos de detención dependientes de la Fuerza Aérea, por los que deberán responder 24 acusados.

Caballero II

En tanto, el viernes continuará en el Chaco el juicio de la causa “Caballero II” o “Caballero Residual”, en el que se juzga a once represores, entre militares y policías, por delitos de lesa humanidad cometidos en la ex Brigada de Investigaciones de Resistencia.

El lunes 6, el martes y el miércoles de la semana siguiente continuará en Bahía Blanca el cuarto juicio por delitos de lesa humanidad, tercer tramo de la investigación de crímenes cometidos en jurisdicción del V Cuerpo del Ejército durante la última dictadura.

Se trata de la causa número 930 denominada “González Chipont, Julio Guillermo y otros sobre privación ilegal de la libertad”, en la que se encuentran imputadas 39 personas por delitos cometidos en perjuicio de 103 víctimas.

El mismo día, lunes 6 de febrero, el Tribunal Oral Federal 2 de La Plata dará a conocer los fundamentos del veredicto dictado el 29 de diciembre último, por el que fueron condenados a prisión perpetua seis ex policías federales que en octubre de 1976, durante operaciones represivas, participaron de homicidios y secuestros de militantes políticos en esa ciudad.

Multicondenado

En tanto, el próximo 9 de febrero comenzarán los alegatos de las querellas en el juicio por la denominada causa “Colegio Militar”, un nuevo proceso contra otro multicondenado, el genocida Santiago Omar Riveros. Se estima que esta causa llegará a sentencia alrededor del 7 de marzo.

A esos procesos orales se sumará el próximo 13 de febrero la audiencia preliminar del segundo juicio con 18 acusados por crímenes cometidos en la Subzona 14 del terrorismo estatal en La Pampa, que tramitará ante el Tribunal Oral Federal de Santa Rosa

viernes, 30 de diciembre de 2016

GENOCIDAS AL COUNTRY 2 (Campo de Mayo)

Comunicado de Prensa APDH Rosario

La APDH solicitó a los dos tribunales orales de Rosario que ordenen la inmediata remisión del genocida Jorge Alberto Fariña a una cárcel común.
 
El ex integrante del destacamento de inteligencia 121 dos veces condenado en las causas conocidas como Gerrieri 1 y 2, uno de los principales imputados en la causa Klotzman, se encuentra alojado en el pretendido penal de Campo de Mayo.

En efecto, la APDH había solicitado a los jueces federales que impidan los traslados a Campo de Mayo, y en ese marco fuimos notificados de que el represor se encuentra cómodamente alojado en las casas  de descanso de ese predio castrense.

El ahora pretendido penal fue cerrado por la falta de infraestructura para neutralizar el peligro de fuga que conlleva alojar a los detenidos por los delitos más graves del ordenamiento jurídico en un inmueble no preparado al efecto.

Una fuga de Fariña pondría en riesgo la causa Klotzman, donde por primera vez se juzgará la vinculación del destacamento de inteligencia con la policía federal en el despliegue de la represión ilegal en nuestra zona, donde él es el principal imputado.

La causa está pronta al juicio oral y entendemos imprescindible que inmediatamente se asegure su realización alojando a Fariña en una cárcel común e impidiendo que cualquier otro represor sea alojado en el penal ilegal de Campo de Mayo.

Ese fue nuestro pedido esta mañana y esperamos una pronta resolución judicial en ese sentido.

NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS

APDH REGIONAL ROSARIO
Norma Ríos, Presidenta
Rosario, 29 de dic/2016

lunes, 5 de diciembre de 2016

Rosario:“Los juicios tienen un nivel restitutivo”

Una mujer de 39 años que fue secuestrada junto a sus padres durante la última dictadura, cuando apenas tenía seis meses, declaró este jueves en el juicio por delitos de lesa humanidad “Guerrieri III” y expresó que si bien el proceso oral no le devuelve a su padre desaparecido sí “tiene un nivel restitutivo”.

Una mujer de 39 años que fue secuestrada junto a sus padres durante la última dictadura, cuando apenas tenía seis meses, declaró este jueves en el juicio por delitos de lesa humanidad “Guerrieri III” y expresó que si bien el proceso oral no le devuelve a su padre desaparecido sí “tiene un nivel restitutivo”.

“Por más que yo haya perdido y me hayan quitado la posibilidad de tener a mi papá, esto, si bien no me lo devuelve, tiene un nivel restitutivo”, dijo Mariana Victoria Flores ante el Tribunal Oral Federal 1 (TOF1) de Rosario. Y apuntó a la dimensión social de los juicios: “Porque por fin esto dejó de pasarme a mí y empezó a pasarle a la sociedad”.

Flores fue secuestrada cuando solo tenía seis meses junto a su madre Laura Ester Repetti –quien también declaró en la audiencia de este jueves– y su padre Daniel Flores, que permanece desaparecido. El matrimonio era de origen cristiano y su creencia religiosa los movió a la militancia política de los años 70, contó hoy Repetti.

El 7 de junio de 1977 los tres fueron secuestrados por una patota de civil a la salida de un cine y conducidos al centro clandestino de detenciones “La Calamita”, ubicado en Granadero Baigorria, según pudo reconstruir con el tiempo Laura Repetti.

Su hija Mariana declaró que lo que conoce de su cautiverio “es por el relato de mi mamá”, puesto que no se posee memoria de lo ocurrido. “Hace poco yo pensé que una de las diferencias entre mi mamá y yo es que a mi mamá a los veintipico le sucedió algo”, le dijo al tribunal.

Y siguió: “A mí no me sucedió nada, a mí me constituye, yo no soy sólo eso, pero no soy sin eso”. “Para mi estar acá –dijo- es algo que desee toda la vida, yo lo único que deseaba es que los que eran responsables sean responsables”.

Flores contó que su infancia y adolescencia transcurrieron durante “muchos años de silencio” y que “la desaparición de mi papá acarreó la muerte de mi familia paterna”. Narró que hace poco tiempo una mujer que va al comercio que ella posee le contó que era prima de su papá, dato que había mantenido oculto a pesar de conocerla.

“Recién hace dos semanas que esa mujer me dijo llorando que era la prima de mi papá y me habló de él. Los juicios, las palabras dichas acá, traspasan y empieza a pasar algo”, consideró .

Los hijos y el marido de una desaparecida de Quinta de Funes declararon en Guerrieri 3

Recuerdos de la madre que hizo falta

Guillermo Sabino y María Celeste Martínez Reyna dieron testimonio por primera vez en un juicio oral y público. Contaron lo que pudieron recontruir del secuestro de María Adela Reyna Lloveras, una de las militantes ultimada en La Intermedia.

María Celeste y Guillermo Martínez junto a su padre, que también declaró ayer en el juicio. (Fuente: Alberto Gentilcore)
María Celeste y Guillermo Martínez junto a su padre, que también declaró ayer en el juicio.
(Foto: Alberto Gentilcore) - Por: Sonia Tessa

La mayor parte de las personas que estuvieron cautivas en el centro clandestino de detención La Calamita y sobrevivieron relatan que la encargada de cocinar era otra detenida, María. Esa mujer es una de las desaparecidas que pasó por el circuito Quinta de Funes-Escuela Magnasco y La Intermedia. Ayer, María Adela Reyna Lloveras llegó a la audiencia de la causa Guerrieri 3 en la voz de sus hijos Guillermo Sabino y María Celeste Martínez Reyna. "Toda mi vida he intentado reconstruir la historia de mi madre por partes... Y también hay un poco de... culpa de hurgar en la memoria y no recordar nada. A veces mi hermano me cuenta algo, pero yo no me acuerdo de ella. Voy reconstruyendo por las cosas que me cuentan, siempre cosas lindas, por las fotos. Me ha hecho mucha falta todo el tiempo", dijo María Celeste, con una voz suave, ante el Tribunal Oral Federal número 1. Tenía tres años cuando secuestraron a María, en octubre de 1976 (creen que el día 16), en una cita envenenada en capital Federal, según testimonios que Guillermo pudo recoger de uno de los compañeros de su madre. "Exactamente no recuerdo la última vez que la vi, que compartí con ella. Tengo muchos recuerdos de ella, siempre he hecho un esfuerzo memorístico para ver cuándo fue la última vez que me abrazó y no... Sí tengo recuerdos muy vívidos, muy fuertes, muchos", dijo Guillermo, que tuvo a su madre hasta los cinco años.

En la audiencia de ayer también declaró quien era el marido de María Adela, Guillermo Benito Martínez Agüero, hoy de 71 años, que cayó preso en Mendoza en octubre de 1974. Esa caída determinó que María debiera salir de la ciudad para militar en un lugar más seguro, y la organización Montoneros la destinó a Rosario. Los tres testigos de ayer declararon por primera vez en un juicio oral.

Martínez Agüero contó lo que pudo reconstruir del secuestro de su esposa, y recordó que "María Adela militó con mucho compromiso, entrega, sinceridad". Al finalizar su testimonio, les dijo a los integrantes del Tribunal: "No me gusta usar el término del horror, prefiero el homenaje, prefiero el término de la epopeya, porque fue épico lo que hicieron. Esta declaración tiene que ser un homenaje a esos compañeros que no están". Y también pidió que los juicios por delitos de lesa humanidad sean "una política de estado, no de gobierno". En la audiencia de ayer, además de Eduardo Costanzo y Juan Amelong, los únicos dos imputados que están siempre presentes, estuvo Rodolfo Isach, quien amplió su declaración indagatoria con un texto incomprensible que leyó para referirse a lo ocurrido como "una guerra civil". Es su derecho, como acusado, expresar lo que desee en el momento del juicio que elija, sin juramento de decir verdad. Otros imputados, como los militares Oscar Guerrieri, Jorge Fariña, Marino González y los Personal Civil de Inteligencia Juan Cabrera y Walter Pagano siguieron la audiencia por videoconferencia. Armando Pelliza y Ariel López estaban en una sala contigua hasta que el Tribunal defina su situación.

En esta causa se juzgan los delitos de lesa humanidad cometidos contra 47 víctimas, de las cuales 24 están desaparecidas. El fiscal Adolfo Villatte lleva adelante la acusación, las querellas están representadas por Nadia Schujman, de Hijos y Santiago Bereciartúa, de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, y el Tribunal es presidido por José María Escobar Cello, junto a María Ivón Vella y Luciano Lauría.

Además de su testimonio, María Celeste aportó también documentación de su abuela materna, la mamá de María Adela. "Tengo notas escritas por ella de las cosas que iba diciendo la gente, de lo que tenía que hacer", relató la mujer de 43 años. Su madre de crianza, una prima hermana de María Adela, fue también para María Celeste un nexo con la historia de su madre, a quien quería mucho. Y fue la mujer que la crío, María Carlota, quien guardó cada papel y cada foto que remitiera a María Adela. "Quizás porque soy más grande, quizás porque soy madre, pero al ver esos papeles, representan la desesperación de una madre buscando a su hija. Con los llamados anónimos que le hacían, mi abuela materna manoteaba una receta del médico y escribía. Eso es muy impactante", dijo sobre la carpeta que ayer aportó a la causa. "Quizás ahora puedo entender no sólo el dolor que una vive, sino el dolor de otros", expresó. Cuando terminó su testimonio, se acercó al estrado del Tribunal y les explicó qué era cada papel. "Mi mamá de crianza guardaba absolutamente todo, las fotos, la ropa de mi mamá...", contó sobre el legado que llevó a la Justicia.

Anteayer, el Tribunal inspeccionó la Escuela Magnasco, el centro clandestino de detención (CCD) donde los prisioneros de la Quinta de Funes fueron llevados después del fracaso de la Operación México, y la llamada de un periodista mexicano que los obligó a desmantelar ese CCD. Allí estuvieron pocos días, porque luego los trasladaron a la Intermedia. El dato novedoso de esta inspección es que por primera vez pudieron acceder al entrepiso descripto por el único sobreviviente de ese circuito, Jaime Dri, quien contó que desde una ventana que se destapó accidentalmente pudo ver el nombre de la calle donde estaban, y describió una escalera pequeña, como también lo hizo Costanzo, el imputado que relató la muerte de los prisioneros en La Intermedia.

lunes, 21 de noviembre de 2016

"Algunas consideraciones sobre Operación México, la película"

Comunicado de los hijos de Tucho y Raquel

Ante el estreno de la película “Operación México, un pacto de amor”, nos encontramos con la necesidad de dejar sentada nuestra postura crítica con respecto a un producto de la industria cinematográfica que pretende relatar la historia de nuestros padres Tulio Valenzuela (Tucho) y Raquel Negro (María Amarilla), y de los compañeros con quienes militaron en la Columna Rosario en la agrupación Peronista Montoneros.

El triller del director Leonardo Bechini, que cuenta con los papeles protagónicos de Luciano Cáceres, Ximena Fassi y Ludovico Di Santo, se basa en la novela “Operación México, Tucho o lo irrevocable de la Pasión” escrita por Rafael Bielsa en el 2014. Aunque el primer intento de abordar esta historia desde el género de no ficción se pueda atribuir a Miguel Bonasso con “Recuerdo de la Muerte” (1984). Ambas obras recogen los testimonios de Jaime Dri, el único sobreviviente del circuito represivo (Calamita, Quinta de Funes, Escuela Magnasco y La Intermedia) por el que pasaron todos los integrantes de la Columna Rosario, incluidos Tulio y Raquel. Hoy, todos ellos excepto Jaime Dri, se encuentran desaparecidos como consecuencia de uno de los más atroces genocidios que sufrió nuestro país. Casi treinta y nueve años después, seguimos buscando al hijo mellizo de Tulio y Raquel, nuestro hermano, nacido en cautiverio en el Hospital Militar de Paraná y dado de alta con vida del Instituto Privado de Pediatría, el 27 de marzo de 1978.

Antes que nada queremos reconocer y agradecer la disposición que tuvieron los actores, quienes una semana antes del rodaje, intentaron extender un puente entre industria-familia. Sin embargo, no podemos dejar de cuestionar el abordaje que realiza la película para relatar la modalidad represiva que se desarrolló en el Centro Clandestino de Detención Quinta de Funes.
Como hijos de Tucho y María y también como militantes de derechos humanos, hicimos las observaciones tras la lectura del guión. Sostuvimos una larga charla explicando la importancia de que la película incorporara una mirada más compleja sobre la experiencia concentracionaria de la Quinta de Funes. Este centro clandestino de detención no funcionó con la modalidad de torturas y tormentos que se desplegaban en la gran mayoría, sino que operó bajo un régimen represivo y perverso diferente que pretendía que los detenidos modificaran sus identidades políticas, plegándose a la propuesta de Galtieri de conformar un partido con cuadros revolucionarios “recuperados” y militares con futuros fines eleccionarios. La película tampoco empleó esfuerzos para explicar que los militantes de la Columna Rosario habían atravesado otros centros clandestinos de detención en donde sí habían sufrido la maquinaria del horror traducida en torturas inhumanas y en el hecho de tener a sus familias vigiladas y amenazadas.

Cabe destacar, que esta lógica binaria de mártires y delatores fue superada ampliamente gracias a un corpus de producciones jurídicas y sociológicas que se tradujeron en definiciones que desde el derecho planteó que el detenido que “entra víctima, sale como víctima” de un centro clandestino de detención.
Entendemos perfectamente que en una película no puede contarse todo, pero es nuestro deber expresar nuestro desacuerdo. El hecho de que el triller retome la división binaria del mundo conlleva una doble peligrosidad.

La primera, se relaciona al contexto de estreno de la película, un escenario nacional reaccionario en donde la discusión por la violación a los derechos humanos ha tenido un fuerte retroceso. Hoy, vuelven a discutirse cuestiones en torno a la cantidad de desaparecidos o se reavivan miradas fundadas en la teoría de los dos demonios.

La segunda, es que un relato tan simplificador puede llegar a arrasar con el sentido más enaltecido de aquella época y es que la lucha siempre es colectiva. Ejemplo que podemos ver en la lucha de las Madres, Abuelas, colectivos de exdetenidos y en compañeros de H.I.J.O.S.

Hacerse cargo de una herencia nunca es fácil ni puede realizarse de manera completa. De hecho es imposible llenar toda la mochila con pedazos de historias de generaciones más viejas. Todas las personas elegimos en cierta manera (aunque con diferentes márgenes de libertad) con lo que nos vamos a quedar, aquellas memorias que van a formar parte de nuestra identidad y que serán transmitidas a las futuras generaciones conformando una identidad colectiva, que por supuesto nunca es acabada.

Como argentinos heredamos un legado histórico-político complejo. Una historia densa, muchas veces abrumadora, incómoda de asimilar, pero rica en experiencias de luchas colectivas. Esta parte del legado es la que elegimos. Ser hijos de una generación que fue capaz de dedicar su vida para transformar la realidad, comprometida totalmente con su tiempo.

Sabrina Gullino Valenzuela Negro, Sebastián Álvarez Negro y Matías Valenzuela Espinosa
Hijos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela

Adhieren: HIJOS ROSARIO"

Declaró Sabrina Gullino, hija de Negro y Valenzuela, en la causa Guerrieri 3

"Busco a mi hermano y ellos están ahí"
 
La hija de Raquel Negro, cuya desaparición se juzga en este proceso, relató el proceso de reconstrucción de su identidad, y la búsqueda de su hermano mellizo. También declaró Jaime Dri, sobreviviente del centro clandestino Quinta de Funes.
Por: Sonia Tessa

Bastó que el fiscal Adolfo Villatte le preguntara a Sabrina Gullino Valenzuela Negro si algún familiar suyo había sido víctima de terrorismo de estado para que esta mujer de 38 años desplegara su historia, que conoció recién en diciembre de 2008. Sabrina es hija de Tulio Valenzuela y Raquel Negro, nació en cautiverio el 2 o el 3 de marzo de 1978 en el Hospital Militar de Paraná, junto a un hermano mellizo que es "un desaparecido con vida que estamos buscando". Mirando al Tribunal, dijo: "Es muy impresionante que yo esté declarando acá por cuarta vez y los responsables, que saben donde está el Melli, están ahí, pero ahí. Es muy impresionante, yo estoy buscando nada más y nada menos que a un hermano mellizo, y ellos están ahí, y sabemos que saben dónde está el Melli, a quién se lo dieron por lo menos". En este juicio, la causa Guerrieri 3, que juzga los delitos de lesa humanidad cometidos contra 47 víctimas, de las cuales 24 están desaparecidas, se investiga la desaparición de la madre de Sabrina, Raquel Negro. Ayer también declaró Jaime Dri, sobreviviente del centro clandestino de detención Quinta de Funes y testigo clave en las causas que juzgan a la patota del Destacamento de Inteligencia 121.

La última vez que vio a "María" (así le decían los compañeros a Raquel) planearon fugarse juntos, ella le dijo que la esperara, que con la panza no podía hacerlo. Se la llevaron a Paraná, y la trajeron de vuelta en un baúl, desnuda, con una bolsa de nylon en la cabeza, según el testimonio de Eduardo Costanzo al periodista de Rosario/12 José Maggi. "Eso es una muestra del ensañe de los represores con las mujeres", subrayó Sabrina.

Un error de comunicación con Gendarmería impidió que Juan Amelong participara personalmente de la audiencia, así que la miró por televisión desde el penal de Marcos Paz, junto a Jorge Fariña. Desde la cárcel de Ezeiza, también por videoconferencia, escucharon Rodolfo Isach y Walter Pagano. Desde su lugar de detención en Bouwer, Córdoba, la siguió Juan Cabrera, y desde Santa Fe, Marino González. En cambio, Oscar Guerrieri, en prisión domiciliaria, lo hizo desde los tribunales de Comodoro Py. En una sala contigua estuvieron Ariel López y Armando Pelliza, a la espera de que el Tribunal defina sus pedidos para no asistir. El único presente ayer fue Costanzo.

    "Preferí venir y no que vieran el video, porque declarar es hacer honor a este acto de justicia".


"El 2 de enero de 1978 fueron secuestrados mis papás biológicos junto a mi hermano Sebastián Alvarez. En la tienda Los Gallegos de Mar del Plata los llevaron a Tulio y Sebastián, y a dos cuadras, a Raquel, que estaba embarazada de mellizos", relató la mujer, quien se crió con su familia adoptiva. Sabrina se había puesto en contacto con Abuelas de Plaza de Mayo de Rosario la misma semana que le llegó una citación del juzgado federal de Paraná para comparecer. Así supo que había sido abandonada en el Hogar del Huérfano de Rosario, el 27 de marzo de 1978. Esa línea de investigación se abrió para Abuelas a partir de una declaración de Costanzo, quien dijo que Pagano y Amelong habían dejado a la beba en la puerta de "un convento".

Sabrina detalló minuciosamente lo que pudo reconstruir de su historia, gracias al impulso de Guillermo "Mencho" Germano y Sebastián Alvarez en la causa por la sustitución de su identidad, y también al testimonio de enfermeras del Hospital Militar y el Instituto Privado de Pediatría, donde fueron trasladados los mellizos pocos días después de nacer. Sabrina ingresó como Soledad López el 4 de marzo, y su hermano, como NN López, el 10 de marzo. El 27 tuvieron el alta los dos, pero el rastro del bebé hasta ahora está perdido.

Cada testimonio en estos juicios tiene un sentido, es como una pieza en el rompecabezas de la memoria colectiva. En este caso, para Sabrina, era importante participar en el proceso por la responsabilidad de los asesinos de su "mamá Raquel". "Las veces anteriores que declaré, no había sido mamá y no había atravesado un parto", dijo Sabrina, quien subrayó más de una vez "pensaba en una situación de tanta vejación, de tanto maltrato, en el momento de mayor vulnerabilidad y tambien de mayor potencia de una mujer y pensaba en no poderlo hacer en la absoluta libertad que merece ese estado, sino en una situación de secuestro, de tormentos".

En Sabrina, su propia experiencia de maternidad fue también una puesta en dimensión de la vivencia de su madre. "Quería hacer el comentario de lo que me imagino que pudo haber sido para ella ser secuestrada con dos bebés en la panza, y con el bebé chiquito que era Seba", dijo Sabrina. En el público, Sebastián -que tenía un año al momento del secuestro- escuchaba a su hermana.

Sabrina subrayó también que "la cúpula militar y los represores tenían especial ensañamiento con las militantes revolucionarias porque no sólo transgredían el sistema político sino también el rol socialmente atribuido a las mujeres de la maternidad y lo doméstico". Las calificó como "doblemente transgresoras".

Por eso, la declaración de ayer era distinta. "Yo quería traerla a Raquel, sobre todo, en este testimonio. Me imagino todo lo que habrá pasado de saber que la iban a matar. Pero no se imaginó que se iban a robar a sus bebés. Porque le dijo a una de las enfermeras, qué va a hacer mi mamá Emelina con tres bebés", dijo Sabrina.

Raquel había acordado con su compañero Tulio que iban a simular colaboración pero que él denunciaría el plan del jefe del II Cuerpo de Ejército, Leopoldo Galtieri, al llegar a México con el declamado objetivo de matar a la cúpula de Montoneros. Raquel sabía que quedaba de rehén. Antes, habían logrado que Sebastián fuera llevado con sus abuelos maternos.

"Preferí venir y no que vieran el video, porque declarar es hacer honor y contribuir a este acto de justicia. Quizás 38 años para la vida de una persona son muchos, pero para la vida de un país es muy poco, y qué importante es que se estén desarrollando estos juicios", dijo Sabrina, que llegó al Tribunal con su pequeña hija y rodeada de compañeros y compañeras.

Y agregó: "En homenaje a Raquel, a sus compañeros, y a las mujeres que pasaron por esos centros clandestinos de detención, y por la responsabilidad de este tribunal para juzgar la responsabilidad de estos genocidos, porque hay delitos que se siguen cometiendo, y es que hoy no esté el Melli, y que mi hija no pueda conocerlo".

martes, 15 de noviembre de 2016

La memoria que va emergiendo

Tres militantes desaparecidos fueron identificados en el cementerio de San Lorenzo

Habían sido enterrados como NN en abril de 1975 en el cementerio de San Lorenzo, fueron identificadas por la Fiscalía de crímenes de lesa humanidad de Rosario. El último de los identificados es Horacio Víctor O'Kelly. Tenía 19 años.

Las huellas dactiloscópicas de tres militantes políticos enterrados como NN en abril de 1975 en el cementerio de San Lorenzo, fueron identificadas por la Fiscalía de crímenes de lesa humanidad de Rosario. "Dos de esas huellas, tomadas en 1975 como correspondientes a NN pertenecen a víctimas en cuyos casos se logró, también, la identificación de sus restos por parte del Equipo Argentino de Antropología Forense", informó la Fiscalía a cargo de Adolfo Villate. Se trata de Alberto Isidoro Losada y Pablo Martín Sandoval Luque. "En este último caso señaló la unidad fiscal a través de un comunicado sus restos se restituyeron a sus hermanos el 5 de agosto pasado". Según se informó ahora, "la tercera identificación dactiloscópica se corresponde con quien en vida fuera Horacio Víctor O'Kelly, de 19 años, quien había nacido el 24 de octubre de 1955 en la provincia de Córdoba, cuya identificación por ADN no pudo aún realizarse".

Los hechos que lo tuvieron como víctima fueron denunciados por su madre y recogidos, oportunamente, en el Legajo CONADEP Nº6504 como víctima de "desaparición forzada", informó la Fiscalía.

Las huellas dactiloscópicas que ahora permitieron la identificación de los militantes asesinados por la policía, habían sido tomadas en una causa instruída por la Justicia Militar para investigar el intento de copamiento del Batallón de Arsenales 121 "San Lorenzo" en la localidad de Fray Luis Beltrán.

El expediente de la Justicia Militar se instruyó en abril 1975 que ahora es utilizado en una causa donde se investigan enterramientos clandestinos durante el terrorismo de Estado en San Lorenzo, señaló la Fiscalía.

De acuerdo a la investigación del Ministerio Público Fiscal, las huellas fueron tomadas a los tres cadáveres que, según las noticias periodísticas de la época, habrían sido ejecutados el 14 de abril de 1975 por efectivos de la policía de San Lorenzo en la localidad de Roldán.

Días después fueron llevados al "Juzgado de Campaña" montado en el Batallón de Arsenales 121 por el juez Alberto Salvador Casals, a cargo en ese entonces del Juzgado de Instrucción Militar Nº 50 del Comando del Segundo Cuerpo del Ejército.

El juez "ordenó rápidamente sus inhumaciones sin realizarles autopsias ni examen alguno, solo tomando las huellas dactiloscópicas de los mismos", indica el comunicado.

Agrega que los restos de los tres NN fueron inhumados el 17 de abril de 1975 aproximadamente a las 19.00 en el cementerio de San Lorenzo, "horario inusual para dicha tarea".

La causa donde fueron concretadas estas identificaciones tramitaba ante el Juzgado Federal Nº4 de Rosario y en el año 2012 fue delegada en la Unidad de Derechos Humanos de Rosario a cargo de Villate, que desde entonces dirige la investigación.

"Los trabajos periciales fueron realizados por el perito Pedro Augusto Sala, dactilóscopo del Departamento Científico Pericial de la Prefectura Naval Argentina", concluye el comunicado.

Ya a mediados de este año la Unidad Fiscal de Rosario que interviene en los procesos por crímenes contra la humanidad había informado que fueron identificados los restos de Pablo Martín Sandoval Luque, desaparecido desde abril de 1975, en una tumba sin identificación del Cementerio Municipal de la ciudad de San Lorenzo.

Al momento de su desaparición, Pablo Sandoval tenía 21 años. Había nacido el 17 de mayo de 1953 en la provincia de Córdoba y se encontraba residiendo en la zona de Rosario, donde estudiaba Medicina y militaba en el PRT ERP.

El cuerpo de Sandoval Luque estaba sepultado en el "Sector I adultos", en tierra, y había sido inhumado el 17 de abril de 1975.

La causa donde fue concretada la identificación tramitaba ante el Juzgado Federal Nº4 de Rosario y en el año 2012 fue delegada en la Unidad DD.HH. de Rosario, que desde entonces dirige la investigación.

Los trabajos periciales fueron realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y los estudios genéticos posteriores fueron concretados por el Laboratorio de Genética del EAAF en Córdoba, en el marco de la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas.

En tanto, el caso Losada ya había sido adelantado por Rosario/12 en febrero de 2006 con la firma de Alicia Simeoni. Alberto Isidoro Losada tenía 22 años cuando desapareció. No hay testimonios de su paso por un centro clandestino de detención. Había nacido el 25 de febrero de 1953. Su padre Americo, había llegado por entonces a Rosario a tratar de dar con los restos de su hijo. La ultima vez que lo vio fue el 22 de marzo de 1975, fecha en que Alberto Isidoro se fue de la casa en Córdoba y se supone que vino a Rosario en su condición de militante del ERP/PRT. Las bandas parapoliciales allanaron su casa dos días después y tuvieron encerrado al padre con el resto de su familia. De ahí en más nunca volvieron a verlo. Una llamada telefónica dio cuenta de que lo habían matado el 15 de mayo de 1975 y al día siguiente, el 16 ya estaba en Rosario para comenzar el largo camino que lo iba a llevar al Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, a dependencias policiales y judiciales sin encontrar respuesta.

Cabe remarcar que el primero de los restos identificados, fue encontrado en el sector noreste del cementerio de la ciudad de San Lorenzo, un lugar que quedó relacionado desde diciembre de 2002 con la denuncia de una mujer que dio cuenta de la posible existencia de lo que en ese momento se pensó que era una fosa común con enterramientos clandestinos.

Este diario reprodujo otro testimonio en su edición del 6 de abril de 2003, el de una mujer anciana, familiar de la primera que contó lo que vio en la necrópolis sanlorencina: camiones militares y hombres con uniforme militar descargando grandes bolsas de nylon. Esa denuncia y la existencia de tumbas en las que se habría enterrado a víctimas del terrorismo de estado tomó estado público por este diario.