Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

martes, 28 de diciembre de 2010

Seguridad en riesgo

La Liga Argentina por los Derechos del Hombre y Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas denunciaron ayer que "la seguridad de los testigos y querellantes y el derecho a garantizar la realización de las audiencias orales en la causa Díaz Bessone, se ve puesta nuevamente en riesgo". Es que el Tribunal Oral ll compuesto por Beatriz Caballero de Barabani, Jorge Venegas Echagüe y Otmar Paulucci -que rechazó los pedidos de detención de los imputados en la causa- resolvió frente a la feria judicial de enero que Ruben Lofiego, Mario Marcote, Carlos Scortecchini, Ramon Vergara y Ricardo Chomicki "sólo deban presentarse a firmar semanalmente ante el Patronato de Liberados de la Provincia de Santa Fe". "Pese a la gravedad y a la importancia de esta decisión, hasta la fecha el Tribunal no ha notificado a las partes querellantes, dejando aún más expuestas a las víctimas que valientemente dan su testimonio audiencia tras audiencia", dice el texto firmado por Elida Luna, Héctor Medina, Lilian Echegoy y Gabriela Durruty entre otros.

Ambas organzaciones exigen "la inmediata detención de Lofiego, Marcote, Vergara, Scortechini y Chomiki, y la notificación a las querellas cada vez que la situación de libertad varíe, como mínima medida de seguridad".

El texto del comunicado conjunto señala:

"El 31 de mayo del 2009 denunciamos que la sala ll de la Cámara de Casación Penal concedía la libertad a conocidos represores, torturadores y asesinos que cumplían nefastas funciones en el Servicio de Informaciones de la policía de la Provincia de Sta Fe, donde funcionara el centro clandestino de secuestro, tortura y desaparición, lugar por el que pasaron más de dos mil compañeros. Nuevamente -como lo hicimos durante todos estos años- reiterábamos que nos resultaba inadmisible la conclusión de la Cámara, al equiparar mecánicamente los criterios jurídicos aplicables a los delitos comunes con los casos de delitos de lesa humanidad".

"Sosteníamos -y lo hacemos hoy- que las excarcelaciones de Lofiego alias "el Ciego" o "Dr Menguele", Marcote alias "el Cura", Vergara alias "el Sargento" o "Pelado", entre otros pone en riesgo permanente a una sociedad y especialmente a los particulares damnificados como los testigos querellantes y familiares de los compañeros desaparecidos, además de la gravedad de marcar precedente histórico de impunidad".

"Pedíamos a la Corte Suprema que garantizara justicia y devolviera a estos represores a la cárcel, luego de haber gozado de más de treinta años de una impunidad. Y no fuimos escuchados".

"Así comenzaron los juicios con los asesinos viviendo tranquilamente en sus casas, teniendo que presentarse los días de audiencias en el tribunal, aunque más de una vez hemos debido soportar que no estén en la sala con la excusa de algún malestar. A veces simplemente pedían estar en la habitación contigua, y su pedido era tenido en cuenta aunque exigiáramos que debían estar en la sala".

"Esto nos lleva a otra reflexión: evidentemente el grado de perversión en los represores está unido a su cobardía. Y hoy tal vez como corolario de un año que termina, con un claro mensaje del comportamiento de los jueces que llevan adelante los juicios en Rosario, debemos volver a denunciar, desde Familiares y Liga Argentina, que la seguridad de los testigos y querellantes y el derecho a garantizar la realización de las audiencias orales en la causa Diaz Bessone, se ve puesta nuevamente en riesgo".

"No podemos menos que denunciar este nuevo atropello a la justicia, esa justicia compuesta por hombres y mujeres que deben estar a la altura histórica que nos toca vivir, juzgando y condenando a quienes se consideraron dueños de la vida y de la muerte de miles de argentinos".

lunes, 20 de diciembre de 2010

Gustavo Pon era su nombre

Esta enterrado en el predio militar Campo de San Pedro

Era un joven maestro de Gualeguaychú, que fue secuestrado en Rosario y trasladado al centro clandestino La Calamita. El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó el cuerpo, que estaba enterrado en Laguna Paiva.

El Equipo Argentino de Antropología Forense identificó al segundo desaparecido, entre los ocho cuerpos enterrados en el predio militar Campo San Pedro, cercano a Laguna Paiva. Se trata de Gustavo Pon, un joven maestro oriundo de Gualeguaychú, Entre Ríos. El hallazgo fue notificado por los tribunales federales de Santa Fe. La víctima había sido secuestrada en Rosario y hasta hace tres días formaba parte de uno de los tres grupos de personas desaparecidas que pasaron por el centro clandestino de detención La Calamita, en Granadero Baigorria.

Hasta el momento se sospecha que los restos de las personas que formaban parte de las dos primeras tandas de un total de 27 detenidos habrían sido arrojadas al mar, según declaró Eduardo "Tucu" Costanzo, mientras que al tercer grupo, en el que se encontraba Pon, fue enterrado en el campo del Ejército en Laguna Paiva, más precisamente en San Pedro.

El primero de los cuerpos desenterrados en Campo San Pedro pertenece a María Esther Ravelo, una no vidente que fue secuestrada el 17 de setiembre de 1977 de su casa de Santiago 2815.

Daniel Pon, hermano de Gustavo lo recordó: "Gustavo fue un militante que se incorporó a la actividad política a partir de su compromiso cristiano con una profunda convicción. A los 13 años, decidió desarrollar la carrera sacerdotal, la cual abandonó a los 22 años, cuando tuvo la certeza que no podría ejercer el sacerdocio con coherencia". Daniel agregó que su hermano reiteró esta actitud "con su decisión de quedarse en el país pese a los ruegos de nuestra madre, que fue a visitarlo en la clandestinidad".

domingo, 19 de diciembre de 2010

Castellanos, el memorioso

La Casa de Derechos Humanos revela su principal informante

El hombre que fue cuidador del campo San Pedro, del Ejército, fue fundamental para que se descubriera el lugar de exterminio y se hallara la fosa común con ocho cuerpos. Había pedido que su nombre se reservara hasta su muerte.
Por Juan Carlos Tizziani
Desde Santa Fe

La pregunta ronda en la Casa de Derechos de Santa Fe, donde una pesquisa de años descubrió el centro de exterminio que operó en el campo militar San Pedro, en las cercanías de Laguna Paiva, durante la dictadura. Y la respuesta ofrece el nombre de un baqueano que por primera vez se revela en público: Carlos Jesús Castellanos, el cuidador del campo que conservó los secretos del terrorismo de estado durante treinta años, aportó datos sobre los enterramientos clandestinos ya 1985, sufrió las consecuencias y ratificó su testimonio, en 2006. El hallazgo de una fosa común con ocho cuerpos en junio de este año, uno de ellos ya identificado: María Esther Ravelo, desaparecida en Rosario en 1977, confirmó su relato. "Acá el verdadero héroe es Castellanos", dijo uno de los investigadores.

Rosario/12 accedió la semana pasada a documentos y fotos de la investigación que los organismos de derechos humanos de Santa Fe -Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y el Movimiento Ecuménico hicieron en soledad durante años. La trama comienza a reconstruirse con un testigo clave: Castellanos, pero con el compromiso de no revelar su nombre hasta después de su muerte. "Siempre hubo un acuerdo para preservar su identidad, que cumplimos a rajatabla. Y si hoy, lo revelamos es porque la familia aceptó que lo hagamos", agregó otro de los investigadores.

Sin el testimonio de este hombre del interior, sencillo y digno, las fosas clandestinas de San Pedro nunca se hubieran descubierto. "Su aporte a la memoria, a la verdad y a la justicia es inestimable. Acá, el verdadero héroe es Castellanos", comentaron los militantes de la Casa de Derechos Humanos. "El fue el hombre que preservó e insistió con la verdad dos veces. La primera vez, en 1985 y eso le costó que lo echaran del campo como a un perro", explicaron.

¿Cómo fue eso?

En 1985, Castellanos aportó datos sobre lo que había visto en el campo San Pedro, durante la dictadura. No fue una denuncia porque la Conadep ya había terminado su trabajo. Pero los militares se enteraron y lo echaron pocos días después. Hay que ubicarse en la época, los integrantes de la Conadep se movían una cuadra y estaban bajo seguimiento de los militares. Por ejemplo, cuando fueron a la ciudad de Reconquista a recibir testimonios y denuncias, los siguieron vehículos de la Fuerza Aérea y automóviles sin identificación.

Y después, ¿aceptó testimoniar ante la Casa de Derechos Humanos?

Así es. Fue el 2 de setiembre de 2006 (en un testimonio luego incorporado a la causa judicial), cuando decidió volver al campo San Pedro, junto con el equipo de investigación de la Casa de Derechos Humanos. Y marcó los lugares donde podrían estar las fosas clandestinas. El habló de dos fosas. Eso es lo que nosotros tenemos documentado y con fecha.

¿Hay algún croquis?


Un mapa de los posibles enterramientos. Castellanos volvió a entrar al campo casi 30 años después, cuando las modificaciones del terreno que se habían producido eran muy profundas. Había muchos cambios: nuevos desmontes, nuevos alambrados, una zona de siembra más amplia. En fin, un montón de cosas que lo podían guiar en la orientación ya estaban muy cambiadas. Y le costaba recorrer el campo a pie porque antes, en 1977, lo recorría a caballo y no era lo mismo.

"Sin embargo, fue muy preciso en la indicación de las fosas clandestinas", comentó un investigador. "Marcó una línea norte sur y le erró por muy poco. Sobre la línea de coordenadas norte sur que él ubicó, la precisión es asombrosa: le erró por 331 metros. Y ya la transformación que había tenido el campo era muy grande", agregó.

"Castellanos había sido el arrendatario del campo, era un pequeño productor con una posición política. Leía mucho el Martín Fierro. Y no fue fácil ganarle la confianza, porque él se había sentido abandonado en 1985, cuando el Ejército lo echó como un perro y ni siquiera lo dejó sacar sus pertenencias, perdió todo. Cuando lo echaron del campo, lo llevaron hasta la tranquera y le dijeron: 'Acá no entra más'. Aparte, ¿quién era Castellanos contra el Ejército Argentino en 1985? Quedó desamparado. Después, costó mucho encontrarlo en un pueblito cerca de La Paz, en Entre Ríos. Y en esto tuvo mucho que ver la gente de Laguna Paiva".

Y después, tuvieron que convencerlo que diera su testimonio.

Sí. Cuando fuimos al campo estaba al límite de sus fuerzas, ya estaba enfermo. Murió en 2008. Pero tenemos la certeza de que todo lo que hizo fue a conciencia. Era una persona que no olvidó esto durante más de 30 años. Y su familia tuvo mucho que ver. Por eso decimos que el verdadero héroe es Castellanos, de los muchos que hubo en esa época que mantuvieron una actitud digna. Castellanos se podía haber callado la boca como lo hicieron muchos. Si uno le pregunta a cualquiera de los dueños de campos linderos a San Pedro, todos miran para otro lado. Ninguno dijo: esta boca es mía. Y eso se ve en la causa, el juez citó a declarar a los propietarios de los campos linderos y nadie sabe nada. Castellanos dijo todo lo que vio y no le costó asociar los operativos del Ejército con el rumor que corría en Laguna Paiva y en toda la zona sobre lo que los militares hacían en San Pedro. No le costó asociar lo que había escuchado con lo que después vio en el campo.

EL RELATO DEL TESTIGO - El camino de la cal
Desde Santa Fe

Los ocho cuerpos hallados en la fosa clandestina del campo San Pedro estaban cubiertos de cal: el elemento clave que guió la búsqueda y llamó la atención a Carlos Jesús Castellanos, en 1977. "Un día, a media mañana llegó un grupo del Ejército. Por experiencia, logro distinguir entre ellos a algunos que pertenecían a Inteligencia. Yo sabía que cuando venían los de Inteligencia, me tenía que retirar. Días atrás habían descargado gran cantidad de bolsas de cal, cosa que me había llamado la atención. Las habían apilado en una de las habitaciones de lo que era el casco antiguo del campo", relató el baqueano.

"A mí me traen a Santa Fe, al Distrito Militar. Y en estas situaciones, yo sabía también que no iba a poder volver al campo, por lo menos en tres o cuatro días, así que aprovecho para volver a mis pagos y ver a mi familia".

"Cuando vuelvo al campo, veo que ya no estaban las bolsas de cal apiladas en la pieza. Uno como baqueano que siempre fue, conocía cada rincón, cada huella, cada hondonada del campo porque diariamente lo recorría a pie o a caballo para arreglar un alambrado, buscar un animal o hacer cualquiera de las tantas tareas que uno desarrolla normalmente para mantener un campo", afirmó.

"Era común encontrar pozos y excavaciones. Era un campo de maniobras del Ejército, así que era normal que cavaran trincheras o casamatas, pero nunca se tomaban el trabajo de taparlas, quedaban así nomás, al descubierto. Pero esta vez, lo que me llama la atención es que los habían vuelto a tapar con tierra. Si bien no había rastros de la cal en los alrededores de la fosa, yo había escuchado que era una práctica común en estos casos el uso de la cal. Y desde que yo llegué al campo, en el vecindario se hablaba de que ocurrían estas cosas en el campo de San Pedro", recordó Castellanos.

La Casa de Derechos Humanos recibió el testimonio de Castellanos el 2 de setiembre de 2006, formalizó la denuncia ante el juez federal Nº2, Francisco Miño, el 19 de marzo de 2007 y después acompañó el relato del testigo de cargo.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Llamado personal del hijo de la luz

Serrat le habló por teléfono a la sobreviviente Stella Hernández

El cantautor se comunicó con la testigo, que declaró en la causa Díaz Bessone el mismo día que él actuaba en Rosario. Ella recordó cómo sus canciones ayudaron a los detenidos a sobrevivir. Enterado del testimonio, el catalán la llamó.
 Por Jose Maggi

"Hola, habla Joan Manuel Serrat", escuchó ayer en su celular Stella Hernández, y sólo atinó a llorar. El cantante que escucha desde los 12 años, el autor de las canciones que la ayudaron a sobrevivir en el centro clandestino de detención Servicio de Informaciones, la llamó conmovido por un correo electrónico que ella le mandó el 30 de noviembre pasado. Ese día, Stella declaró en la causa Díaz Bessone y recordó cómo confortaba a otros detenidos con canciones del Nano. Después, le escribió un correo electrónico a Claudio, el productor del catalán. La coincidencia cósmica era mucha: el mismo día del primero de sus dos recitales en la ciudad, ella declaró en la ex causa Feced. "Mi nombre es Stella Hernández, soy de Rosario. El motivo por el que te escribo es para que le transmitas a Joan Manuel Serrat que el día en que cantó en mi ciudad, declaré en la causa por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura en la causa Feced. Y contarle que en mi declaración testimonial como ex presa política lo recordé. Fui secuestrada el 11 de enero de 1977, a los 19 años, en la cárcel clandestina donde estuve, cuando se podía -porque los guardias estaban en sus deleznables ocupaciones- cantaba sus canciones. Canté muchas, muchas veces Para la libertad. Era para un compañero muy torturado a quien lo afeitaba otro, porque tenía sus manos insensibles por los tormentos. El se emocionaba con Miguel Hernández. Quiero decirle a Serrat que él también formó parte de nuestra inmensa capacidad y amor para sobrevivir, lo que nos permitió llegar hoy íntegras al reclamo de justicia". Su testimonio llegó al cantautor catalán que ayer la llamó, conmovido por su relato.

Cuando Stella Hernández lo escuchó ayer, del otro lado del teléfono, la ganó la emoción. "Eran las palabras del trovador que nos ayudó a sobrevivir. Después de mi testimonio en Tribunales en la Causa Feced donde recordé que cantaba sus canciones, las que nos ayudaron a soportar el horror, le escribí a su productor un email para que le agredeciera por su presencia luminosa en medio de la nada", recuerda aún emocionada Stella. Y el milagro se produjo. Aunque Stella no quería hacerlo público, el entusiasmo de compañeros y amigos que la vieron conmovida hizo que la comunicación trascendiera rápidamente.

"Serrat me dijo que estaba muy conmovido, que sabía que las canciones ayudan en muchas circunstancias difíciles, pero que era muy fuerte leerlo de una sobreviviente. Que me llamaba porque quería escuchar mi voz. Y yo ya no podía de la emoción de escuchar su voz. Le dije que desde los doce años seguía sus canciones, que las conocía a todas, y que las cantaba siempre, una y otra vez, para las compañeras de la cárcel. Que mi testimonio terminó con la alegría porque la vida es una experiencia maravillosa y él formó parte de esa alegría".

En verdad Stella -secretaria gremial del Sindicato de Prensa de Rosario- dijo al cerrar su hora y media de relato sobre el horror del Servicio de Informaciones, que "a pesar de todo no pudieron, que la vida es más fuerte, que la vida es una experiencia maravillosa".

En el email que le envió al productor, le explicaba que "pretendía decirle gracias al catalán: gracias, gracias, una y mil veces".

En el mismo texto, Stella también confesó: "Mi hijo de 25 años, quien por primera vez escuchó los padecimientos de su madre en forma completa frente a un tribunal oral, me preparó una bandera que decía: 'Para la libertad, sangro, lucho, pervivo...'. Sin saberlo, todo se unía en este comienzo reparador. Las compañeras presas me agradecían por sus canciones, hoy quiero que lo sepa: Serrat está presente en este juicio histórico. Ojalá algún día pueda decírselo personalmente", confesba Stella en el texto enviado al productor del show local del Nano. Y ayer se hizo realidad.

"Me pudo, me puede la emoción. Sigo recordando ese momento, con un Serrat también conmovido, y ahora me pueden las lágrimas ante tanta humanidad. Un desborde de bondad de un grande que nos ayuda a todos a seguir en esta difícil pero repadora instancia de Justicia", atinó ayer a decir Stella frente a sus amigos

martes, 14 de diciembre de 2010

En nombre propio y de su hermana

Su declaración tuvo dos puntos centrales: la desaparición de su gemela y su cuñado y sus días de cautiverio en el SI.
Por Sonia Tessa

Casi al final de su declaración, a Ana María Moro le preguntaron por Mario Alfredo Marcote, alias El Cura. "Lo conozco perfectamente, es ese señor que está acá atrás", dijo y se dio vuelta para señalar a uno de los acusados de la causa Díaz Bessone, el que siempre asiste con un saco lila. "No le puedo decir señor a ese asesino", remató. En el Servicio de Informaciones, Ana escuchó a Ricardo Chomicky participar en la tortura hacia un joven. La testigo declaró ayer en nombre propio así como el de su hermana gemela, Miriam y su cuñado, Roberto de Vicenzo, desaparecidos el 27 de septiembre de 1976, cuyos homicidios forman parte del juicio. Ana fue secuestrada el 21 de mayo de 1977 y retenida ilegalmente durante 11 días. Su declaración tuvo dos puntos centrales: la desaparición de Miriam y Roberto; así como los días de su propio secuestro, donde pudo ver a los represores y se enteró de que su gemela y su cuñado habían sido asesinados. Contó de los hábeas corpus denegados en los fueros federal y provincial, tras la desaparición, y dijo que el juez federal Pedro Barta negó conocer el paradero de Miriam, al mismo tiempo que firmaba el expediente de su cadáver NN enterrado en el cementerio de Casilda pocos días después del secuestro. Otra intervención del magistrado le hubiera ahorrado a la familia años de incertidumbre. Hubo un momento en el que todos, la testigo y el público, lloraron: cuando Ana contó cómo debió explicarle a sus sobrinos (Darío tenía un año y Gustavo siete meses en el momento de la desaparición) que los padres estaban muertos.

Ana Moro fue secuestrada junto a su esposo, Juan Carlos Cheroni. El sábado 21 de mayo de 1977, entre las 13 y las 14, Juan Carlos estaba en la vereda de su casa, en Vera Mujica 1281, arreglando una moto. Ella estaba embarazada de cinco meses. Llegaron dos autos con hombres de civil, le pegaron a él y le preguntaban por su hermano Hugo. Juan no les dijo donde vivía. La familia tenía suficiente sufrimiento con dos desaparecidos.

La patota buscaba a Hugo Cheroni, por su actividad gremial (ver aparte), y estaban dispuestos a dejarla a Ana en su casa, pero alguno de los efectivos reconoció el rostro. "Ella es hermana de una montonera que está presa, la llevamos", dijo el represor. Ana y Miriam eran gemelas idénticas. Ana fue llevada a la Jefatura junto a su esposo. Allí se encontró con Hugo y su mujer, Stella Poroto. Los cuatro declararon ayer. Hugo estuvo detenido dos años, primero en el Servicio de Informaciones y luego en Coronda. Ana, Stella y Juan Carlos fueron liberados 11 días después. Todos escucharon las torturas en la sala contigua al sector circular donde estuvieron alojados las primeras 24 horas.

En la sala circular, pudieron escuchar con nitidez cuando uno de los torturadores le gritaba a un chico con tonada cordobesa: "Si no hablás, te reviento el ojo con esta birome". Después supieron que era Chomicky. Más tarde, sintieron que los represores cargaban un peso muerto. "Sale un féretro", dijo la misma voz. Una mujer que después identificaron como Nidia Folch (entonces novia de Chomicky, y hoy prófuga en esta causa) limpiaba la sangre del piso. Cuando estaban en el entrepiso, Chomicky subió a verlas. Ana contó ayer que el civil colaborador les dijo: "Nosotros estamos empeñados en la lucha contra la subversión". Para Ana, esa frase fue crucial. "Dijo nosotros, no dijo ellos", subrayó ayer frente al Tribunal.

En el Servicio de Informaciones, Ana pudo hablar con José El Pollo Baravalle (colaborador, se suicidó en 2008). El Pollo era muy amigo de De Vicenzo. Le dijo a Ana que tanto su cuñado como Miriam habían sido asesinados. A De Vicenzo lo llevaron al SI, lo torturaron y luego lo mataron. Miriam no estuvo en ese centro clandestino de detención.

Cuando los liberaron, vieron a Marcote en un Citroen celeste. Cuando llegaron a su casa, encontraron todo desmantelado. Después, los vecinos les contaron que el saqueo lo habían hecho a bordo de un Citroen celeste. "Marcote, además de torturador, asesino y violador era un ratero de poca monta, porque las cosas que teníamos no eran de gran valor", dijo la testigo.

Al salir en libertad, Ana y Juan Carlos debieron informar la noticia fatal. Un día, el más grande de los hijos, Darío, iba caminando por la calle con su tía Ana, y vio pasar un camión. Empezó a decir "papá, papá", ya que el último día que lo vio se habían mudado, en un camión. Ana tuvo que explicarle que papá ya no volvería. El nene lloraba. Cuando contó eso, ayer, Ana volvió a llorar. En la sala, el público también.

Ana y su madre se contactaron con María Rosa White, una de las primeras Madres de Plaza de Mayo de Rosario. Empezaron a militar en Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, en plena dictadura. Ayer, Ana tuvo un reconocimiento hacia el equipo jurídico que armó las denuncias de la causa Feced, especialmente a su responsable, Delia Rodríguez Araya, a quien nombró más de una vez.

En los primeros años de la democracia, Ana fue a Casilda, donde reconoció a su hermana en el expediente de un NN, con 11 balazos. Miriam tenía 24 años y estaba embarazada de cuatro meses. El cuerpo había sido trasladado a un osario, así que no podrá ser recuperado. "Ni siquiera nos dejaron enterrar a nuestros muertos", dijo ayer.

Sobre de Vicenzo contó que este año sus restos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, y los despidieron en el Movimiento Evita. Lo recordó como una persona extraordinaria. Pidió justicia por su hermana, por su cuñado y por los 30 mil desaparecidos. Las dos salas estaban repletas de personas que la ovacionaron.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Acto en la UNR para rendir homenaje a Oscar Bouvier

La identificación que derrotó a los genocidas
Por Sonia Tessa

El acto empezó con el himno nacional en la sede de Gobierno de la Universidad Nacional de Rosario. Mientras, de pie, la sala repleta vibraba con la visión en una pantalla de fotos de Oscar Bouvier, desaparecido el 27 de septiembre de 1976, cuyos restos fueron identificados el 5 de noviembre pasado. Las imágenes del militante de la Juventud Peronista con sus amigos, sus compañeros, con su esposa Marita Prieto, así como sus dibujos, distintos documentos le dieron otra carnadura al conmovedor texto que leyó su hijo, Pedro. "Las palabras del dictador Videla sobre la falta de entidad del 'desaparecido, no está muerto ni vivo, está desaparecido', se derrumban con la aparición de cada uno de los restos de nuestros seres queridos que son encontrados y con ellos su identidad. Apareció Oscar y creo que es un momento histórico clave para que aparezca, hemos conseguido borrar las palabras del dictador, del genocida, del asesino, Oscar ha vuelto", dijo Pedro, militante de Hijos, que recibió una ovación del público.

El acto fue encabezado por Pedro, por su madre, el vicerrector de la UNR, Eduardo Seminara, que fue compañero de militancia del Gusano, como le decían, y de Enrique Barés, secretario académico de la UNR y primo de Oscar. Antes del acto, Marita relató lo difícil que le resultó recuperar los recuerdos durante todos estos años. "La desaparición es mucho peor que la muerte", dijo la compañera de Oscar. Una de las fotos que se vieron ayer la mostraban, sonriente, con su flamante esposo, en la puerta del Registro Civil. Una imagen luminosa, con los colores saturados típicos de las fotografías tomadas en los años 70. "Muchos de los que tenemos más años participamos de la alegría que tenía el Gusano para encarar la vida", recordó ayer Seminara. Oscar Bouvier hubiera cumplido 55 años el mismo día que se identificaron sus restos, el 5 de noviembre pasado.

Por eso, su hijo dijo ayer que "la noticia de la identificación de Oscar fue muy fuerte para nosotros, es una mezcla de alegría, tristeza, angustia, y otros sentimientos que provocan una situación como ésta, pero sobre todo lo sentimos como una victoria de los que luchamos contra la impunidad, el silencio, la mentira, la ignorancia, la indiferencia, los prejuicios, el individualismo y la complicidad de tantos que apoyaron, encubrieron y justificaron tantos crímenes atroces".

Pedro recordó también a sus abuelos Alfredo y María Aurelia, que murieron sin vivir lo que calificó como un "reencuentro". El joven dijo también: "Es una nueva etapa en la que debemos reconstruir lo sucedido, armar el rompecabezas de esta historia, transitar nuevas búsquedas de verdad y justicia. Oscar ha dejado su huella por donde nosotros caminamos".

Miradas para construir la memoria

Se emitirá el segundo capítulo de la serie de 4 producidos por la provincia sobre la causa Guerrieri.
Por Edgardo Pérez Castillo

Los días del juicio, el ciclo producido desde Señal Santa Fe que mañana a las 20 pre-estrenará uno de sus cuatro capítulos en El Cairo, tiene un peso histórico consistente. Por un lado, resguarda lo acontecido durante el primer juicio oral y público por delitos de lesa humanidad realizado en los Tribunales Federales de Rosario entre el 31 de agosto de 2009 y el 15 de abril de 2010. Por otra parte, pone al alcance del público general imágenes inéditas de un hecho con connotaciones sociales y políticas únicas para la historia argentina. Bajo la dirección de Pablo Romano, el ciclo es una de las realizaciones llevadas adelante por la Secretaría de Producciones e Industrias Culturales del Ministerio de Innovación y Cultura.

En ese sentido, fue Romano quien resaltó: "Esto se pudo hacer porque hubo una voluntad muy fuerte de Cecilia Vallina (NdR: directora provincial de Producciones e Industrias Culturales). Hablando con ella pensamos que se tenía que hacer algo con los juicios, y se dio una sinergia. El proyecto surgió con la idea de volver a hacerse preguntas con respecto a lo que implicó el exterminio, lo que implica la memoria, lo que implican los archivos, qué categoría se le dan a los archivos, qué puesta en valor se le puede dar a la palabra de los sobrevivientes. Y creo que una de las primeras cosas que nos propusimos fue no hacer documentales para los convencidos, hacer un trabajo para volver a hacerse preguntas y no para encontrar respuestas. Para que la gente se siga preguntando con respecto a uno de los tantos exterminios que sufrimos como argentinos, que somos parte de éso y ver cómo lo elaboramos, cómo lo volvemos a pensar. Ver qué imágenes construimos para hablar de éso".

El proceso judicial, su marco, los protagonistas directos e indirectos, todo conllevó a la obtención de una gran cantidad de material que, a partir del guión realizado por Romano y Federico Actis (con la colaboración de Vanina Cánepa, además productora junto a Gabriel Zuzek), fue amoldado al formato de cuatro capítulos de una hora de duración. "En todo caso hay dos tareas de recorte --explicó el director--. Una durante el rodaje en sí, que es una tarea casi intuitiva de ver, en base a la experiencia propia de cada uno, qué puede funcionar en la narración. Y jugársela por ciertos sujetos, ciertas situaciones. Después está el recorte posterior, que es cuando uno ve todo el material y empieza a ver por dónde viene la historia. Este rodaje se planteó de manera muy inmediata: cuando empezamos a filmar el juicio ya estaba en marcha, entonces en esa inmediatez hay un trabajo de rescatar el espíritu de época, la intuición de ver qué situaciones podían funcionar, buscar sujetos que fueran interesantes porque tienen muchas aristas".

Cada capítulo gira alrededor de determinados personajes o situaciones. El primero se concentra en las implicancias del juicio oral y público, e incluye entrevistas al juez Otmar Paulucci, el secretario Osvaldo Facciano, la fiscal Mabel Colalongo, periodistas y militantes de Derechos Humanos. El segundo --que se proyectará mañana a las 20, gratis, en la sala de Santa Fe 1120-- tiene como protagonista a Ramón Aquiles Verón, sobreviviente del centro clandestino Fábrica de Armas Domingo Matheu. El tercer envío tiene como personaje central al represor Eduardo "Tucu" Constanzo, sumando la palabra de periodistas como José Maggi y Juane Basso. El cuarto está dedicado a la nieta recuperada Sabrina Gullino.

"Si bien está eso, constantemente se hace referencia al proceso judicial, al momento del juicio que está transcurriendo --distinguió Romano--. Cada capítulo va hacia atrás y hacia adelante en el tiempo y, a su vez, cada uno termina en un momento determinado del juicio. El cuarto capítulo termina con la sentencia".

Con la coordinación general de Cecilia Vallina, la producción periodística a cargo de Cánepa y Zuzek y la dirección de Romano, el capítulo que mañana se emitirá en el cine público contó además con el trabajo de imagen de Romano, Arturo Marinho y Florencia Castagnani, y la dirección de sonido de Fernando Romero.

martes, 7 de diciembre de 2010

Juicios a Genocidas en Rosario

UNA MÍNIMA VISION SOBRE CAUSA DIAZ BESSONE
Un nuevo juicio a los genocidas del Terrorismo de Estado, se está llevando a cabo en la ciudad de Rosario, la causa Díaz  Bessone, ex Feced, que comenzara con los testimonios tomados allá por el año 84 en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. (al pie va parcial de informe que agradecemos a H.I.J.O.S.)

 Mucho camino hemos recorrido en poco más de un año, desde que comenzaran los Juicios de Lesa Humanidad: hoy podemos entrar con las insignias de las organizaciones y lo que es mucho más importante, con las fotos de nuestros compañeros desaparecidos. Una pelea diaria que no fue corta ni fácil, saldada a nuestro favor con la intervención de la Fiscalía (Dr. Stara) y una decisión oportuna, por lo candente de la situación, de los jueces Dra. Barabani y  Dr. Paulucci con el voto negativo del Dr. Venegas Echagüe.

Continuamos, no obstante, teniendo que entregar fotocopias y con una demora de varios días para tener las acreditaciones. En otros lugares del país se entra en el momento con DNI  (…”no soy quien le entregará datos a la SIDE”…, nos comentó un inteligente juez mendocino)

Los periodistas tiene cada vez más dificultades  para entrar a la Sala de Audiencias, carecen de todo privilegio, hacen horas de espera, lo cual no ayuda a que vayan o tengan ganas de cubrir el juicio. Mucho menos el periodismo alternativo, que suele ser trabajo voluntario o sin salario.

Una nueva medida, totalmente inapropiada, es que dejan entrar al público cuando ya están declarando o los jueces impartiendo sus decisiones. Así, nos perdemos gran parte de los testimonios, al comienzo de la audiencia o después de un receso: no escuchamos ni  la decisión de dejar entrar las fotos, o nos enteramos por los abogados que dicen los represores (ej.: Marcote el 1º de diciembre)

Algunos compañeros se han plantado y no comenzaron a hablar hasta que entraron todos y todas, pero son los menos: no se les puede pedir más en ese tremendo momento.

Ni hablar lo que genera el ruido de la puerta (habría que arreglarla), las voces, etc., ya que todo el tramite de identificación y paso por detectores se hace pegado a la Sala (el último control, hay otros antes)

Dicha Sala, pese a ser tan pequeña, tiene reservados cinco lugares para el poder judicial, que jamás han sido cubiertos. Evidentemente un juicio de Lesa Humanidad no le importa al conjunto del  Poder Judicial rosarino. Comprensible tal vez, por las veces que se nombra a la Dra Cozidoy como cómplice, que trabaja en otro juzgado federal, a pocos metros. Espacios que quedan vacíos, con gente afuera sin poder entrar. Y uno donde se sienta un gendarme.

 En tanto, muchas/os esperamos horas, a veces con un sol calcinante, con frío o con lluvia,  buscando un poquito de sombra, frente a doble enrejado, para poder estar allí, junto a aquellos/as compañeros/as que tienen el increíble coraje de rememorar el horror con detalles, con toda precisión, entereza y firmeza  que impida PENSAR QUE ESTAN MINTIENDO. Ya que párrafo aparte merecen los abogados defensores de los asesinos, que se ponen la camiseta hasta sus últimas consecuencias. Baste como ejemplo lo dicho por el defensor oficial Silvio Galarza Azzoni a un testigo que terminaba de contar sus torturas:..”le voy a hacer un interrogatorio!”…. Una provocación increíble frente a la pasividad  de los jueces.

Siguen siendo los sobrevivientes, sus familiares y compañeros/as, los que se llevan la peor parte. Díaz Bessone, Lofiego y Scortechini, se escudan en la legalidad que les permite no estar en la Sala para no dar la cara, mientras se escuchan testimonios aterradores de lo pasado, que aún permanece, como dijo un testigo…”en el miedo que aún tengo””…. “a la noche me despierto, a las 3, 4 de la mañana y me levanto a ver si no me vienen a buscar”….u otra…”me violaron… y ahora tengo miedo de que se crucen con mi hija adolescente en la calle…porque están libres…”

Eso no les impide reivindicar su lucha, sus compañeros/as desaparecidos/as, sus historias de resistencias y hacer saber que continúan luchando por justicia, y así lo harán hasta que todos los genocidas tengan cárcel común, perpetua  y efectiva.

Un testimonio muy especial, del cual rescatamos una frase ineludible para las nuevas generaciones de militantes: “Quiero decir una cosa. En el SI todos los secuestrados tuvimos el mismo grado de no libertad, lo que no tuvimos fue las mismas actitudes ética y morales, porque aun quienes dieron datos en la tortura luego se sumaron a las denuncias. Hay un límite en la vida, hay que hacerse cargo de lo que se elige, hubo compañeros que heroicamente en la picana no dieron ni los apodos”. Sra María Inés Luchetti de Bettanin (Nené)

 Esas nuevas generaciones que se van acercando con infinidad de propuestas, actividades, para llevar a cabo día tras día, nos abre las puertas de las facultades, donde damos cantidad de charlas, invitamos a los juicios, en definitiva, hacemos lo que estamos seguros serán estos Juicios : Una escuela de ética, de principios, de coraje , de lucha, de memorias, de verdades nunca dichas, de donde jamás se sale igual a como entraste, la sala de audiencias es la mejor escuela que podemos darle a nuestros jóvenes, y ese es un compromiso de muchos /as QUE:

NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS
APDH ROSARIO

 Datos :
La Causa lleva el nombre de “Díaz Bessone”, apellido del imputado de mayor rango entre los seis acusados. Con anterioridad se conocía como “Feced”. Fue elevada parcialmente, la carátula en el Tribunal Oral Federal Nº 2 , Rosario, es: “DIAZ BESSONE Ramón Genaro, LO FIEGO José Rubén, MARCOTE Mario Alfredo, VERGARA Ramón Rito, SCORTECHINI José Carlos Antonio y CHOMICKY Ricardo Miguel (ex Feced) S/ homicidio, violación y torturas” expediente Nº 120/08.

Se trata de una “elevación parcial a juicio oral” ya que a partir 21 de julio del corriente año sólo se juzgan parte de los ilícitos que se investigaron en la etapa de la “Instrucción”, es decir, quedan aún pendientes hechos delictivos que tuvieron por víctimas a otras personas, y por responsables a estos mismos imputados y a otros más.

Este juicio permitirá -como lo están haciendo los diferentes procesos en desarrollo a lo largo y ancho del país por estos días-, conocer la verdad de lo ocurrido durante el golpe cívico militar inaugurado el 24 de marzo de 1976 y los graves delitos de lesa humanidad cometidos por ese gobierno ilegal e ilegítimo que secuestró, torturó y expulsó al exilio a cientos de miles de argentinas y argentinos, asesinó y desapareció a 30.000, y se robó más de 500 hijos de estos últimos nacidos en cautiverio.

Se juzgarán los delitos de lesa humanidad cometidos en el mayor Centro Clandestino de detención de la dictadura en Santa Fe: el Servicio de Informaciones (SI) de la ex Jefatura de Policía de Rosario (ubicado en San Lorenzo y Dorrego), que dirigió el Comandante de Gendarmería Agustín Feced.

Los acusados : DIAZ BESSONE, Ramón Genaro (Oficial superior (R) - ex Comandante del II Cuerpo de Ejército) LO FIEGO José Rubén (Oficial Principal de la Policía de Santa Fe) MARCOTE Mario Alfredo (Oficial de la Policía de Santa Fe) VERGARA Ramón Rito (Suboficial de la Policía de Santa Fe) SCORTECHINI José Carlos Antonio (Comisario principal de la Policía de Santa Fe) CHOMICKY Ricardo Miguel (Civil) .Todos están en libertad, por decisión de Cámara de Casación, salvo Díaz Bessone.

Sobrevivientes: En este primer juicio contra responsables de los delitos cometidos en el SI, se juzgan crímenes de lesa humanidad cometidos contra 91 personas que sufrieron secuestro, privación ilegítima de la libertad y torturas, de las cuales 17 de ellas fueron desaparecidas y asesinadas. En este juicio se ventilará sólo una pequeña porción del total de los crímenes perpetrados en el SI: el 5%.
Rosario, 2 de diciembre 2010

ASAMBLEA PERMANENTE POR LOS DERECHOS HUMANOS DE ROSARIO
NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS
 www.apdhrosario.com.ar

"¿Dónde está mi hermana?"

Por José Maggi

Mirta Castellini, sobreviviente del Servicio de Informaciones, declaró ayer en la causa Díaz Bessone, en un emotivo testimonio que completó con un pedido: "Vine porque quiero aportar los nombres de los compañeros que vi, para que las familias puedan tener una orientación, un cierre a un capítulo como quisiera tenerlo yo con mi hermana y con mi cuñado (desaparecidos). Quiero decirle especialmente a Chomicky que dice que fue reducido al servilismo, que ésta ha sido su oportunidad para decirnos donde están los compañeros, pero no lo hace, dice que está arrepentido pero no lo demuestra. El eligió hace 33 años y sigue estando del mismo lado. No sé con que cara todos ellos miran a sus hijos, a sus familias. O sí sé, porque yo tenía de compañera de trabajo a la hermana de Gustavo Bueno (un miembro de la inteligencia militar exiliado en Brasil) y un día, cuando se enteró de mi historia, vino y me pidió perdón". Al retirarse de la sala, sacó la foto de su hermana y se la mostró a Chomicky. "Ella es mi hermana, decime dónde está", lo espetó. Chomicky sonrió y dijo "no la conozco".

Castellini fue secuestrada el 23 de marzo de 1977 en un operativo del que participaron Mario Marcote, José Scortechini, Ricardo Chomicky, José Lofiego y otros tantos que no pudo identificar. "Me llevaron al SI, me sacaron la ropa, a los empujones, me acostaron en una camilla, me ataron de manos y pies y comenzaron la sesión de torturas. Tengo marcas en la pierna derecha, de las sogas que se me iban incrustando cuando pegaba saltos por la corriente", describió Mirta.

En esa situación escuchó la voz de una mujer "que después supe era Nilda Folch (la Polaca, que era novia de Chomicky y está prófuga en esta causa), que me tiraba agua y preguntaba si seguía tirándome".

Según relató la sobreviviente, en el SI estuvo en la rotonda. "Después en la Favela, con Gloria Fernández (Manola), que sigue desaparecida. Era el 5 o el 6 de abril, era un lugar chiquito, un entrepiso, donde se escuchaban los pasos del Pollo Baravalle que iba y venía. Me piden que me saque el pañuelo y se lo dé a Gloria. Como a las dos horas, vuelven con palas, muy excitados, y el Cura me devuelve el pañuelo y dice que Gloria estaba en la alcaidía". La habían asesinado.

Según recordó Mirta, "la voz del Cura, que era finita, la tengo muy presente. Era alto, delgado, con una camisa siempre abierta, el cabello partido para un costado. También escuchábamos a Carlitos Gómez, que según me dijo Gloria le decía que la iba a matar porque ella era de su barrio y lo había marcado. Se escuchaba al Cady, a Nilda Folch, a Graciela Porta que dormía con su bebé" recordó Castellini.

Entre los represores también recordó a "la Pirincha Peralta, el Sargento Vergara, Managua Vallejos, Costeleta, Archi Scortecchini, que siempre andaba a los saltos con las armas en la mano y nos daba la impresión que estaba drogado. Lo tengo muy presente porque el me sacó y me llevó a tribunales y después porque junto con Marcote me van a visitar a la cárcel de Devoto". Hizo descripciones muy precisas de cada integrante de la patota.

"Tengo claros algunas voces, algunos rasgos. Tal es así que estando en libertad, un día, por avenida Pellegrini, escucho una voz. Lo identifico, era Managua: era grandote, muy bruto, tenía 3 hijos. Sé que Darío era flaco, petiso, morocho, de buen trato aparentemente. El Sargento era grandote, usaba peluquín, muy desagradale. Portillo era chiquito. El Ciego, que tenía conocimientos de medicina, tenía un ensañamiento muy especial con las zonas genitales y los pezones. Era gordito, de lentes gruesos".

Pero el primero en declarar por la mañana fue Benito Espinoza, quien fue secuestrado el 19 de marzo de 1977 junto a su mujer Francisca Van Bove, sus pequeñas hijas y una conocida de la familia que se alojaba en el domicilio, Gloria Fernández.

Espinoza terminó su relato diciendo "Por qué pasaron tantos años? Por que demoraron tanto la justicia? Nosotros recibimos palizas, fuimos torturados y asesinados y ellos estaban de lo más bien afuera. Yo quiero que se haga justicia, sobre todo por las mujeres, se han ensañado con las mujeres, las han torturado, las han deshonrado".

Los hermanos Gollan en el SI

El calvario del Largui

Por Sonia Tessa

Daniel Gollán había ido a dormir a la casa de su hermano Juan José, en el Fonavi de Grandoli y Gutiérrez, el 27 de julio de 1976. Estaba en calzoncillos a la madrugada, cuando la patota irrumpió en el hogar. Preguntaban por Gustavo, el hermano menor, pero una voz conocida les dijo que Daniel también "estaba en la joda". Era estudiante de medicina, militaba en la Juventud Universitaria Peronista, tenía 21 años. La primera impresión fue escuchar que lo mandaba al frente Horacio el Mancha Tartaglia, militante de la UES y un invitado habitual en su casa materna, donde se quedaba a dormir y comer varias veces por semana. Los efectivos se llevaron a los dos hermanos que encontraron y, luego de una discusión, dejaron en la casa a la esposa de Juan José con su beba. Al llegar al Servicio de Informaciones, Daniel escuchó otra voz sorprendentemente conocida. "Llegó Larguirucho", dijo José el Pollo Baravalle, otro militante que había pasado a colaborar con las fuerzas represivas.

Gollán recibió golpes, lo tiraron al aire entre varios, para dejarlo caer con su peso muerto al piso. El dolor era indecible. "Este va a la parrilla", dijo la persona que luego pudo identificar como José Rubén El Ciego Lofiego, y comenzó la picana eléctrica en todo el cuerpo, en los genitales, en los dientes. Cuando terminó la primera sesión de torturas, Gollán se acercó a una canilla para tomar agua, con la esperanza de morir de un paro cardíaco. Quería "terminar con todo eso". No lo logró.

Por debajo de la venda, vio una de las ventanas de la jefatura, y quiso escapar pero tampoco pudo. Después del intento de fuga, recibió una "furibunda" paliza y lo dejaron tirado en el baño, con la cabeza al lado del inodoro. El personal del SI le orinaba encima. Volvió a ser torturado. Además de aplicarle corriente eléctrica, lo quemaron con cigarrillos, le hicieron el submarino seco y coronaron las torturas con un empalamiento.

Después de unas horas, vio llegar a una persona con uniforme militar, que sólo pudo ver por debajo de la venda. Sintió que hablaban de él, que el militar daba indicaciones de castigarlo, pero no matarlo. Después, Lofiego lo increpó: "Así que vos sos sobrino del general Alcides López Aufranc. Por culpa de generales cobardes como esos tuvimos que llegar a esto", le dijo el Ciego, mientras le pegaba. Como su tío había hecho una gestión por la vida de los hermanos Gollán, Lofiego le bajó la venda y le dijo que lo mirara bien, que ellos iban a quedarse en el poder por mil años. Gollán describió ayer a Lofiego como un hombre gordo, de tez blanca, que usaba anteojos muy gruesos, y el pelo tirado hacia atrás. Después de ese episodio, la tortura menguó.

Entre los represores, también recordó al cura (Mario Alfredo Marcote), a quien nunca pudo ver. Formaba parte de las sesiones de tortura. Mencionó a Kuryaki, Tu Sam (Carlos Brunato) y la Pirincha (César Peralta).

Después de cinco días de castigos lo llevaron al entrepiso, donde escuchaba los gritos de las otras personas torturadas. "A los 15 días me llevaron a bañar por primera vez, con agua helada, en el sótano", contó ayer. Volvió al entrepiso por varios días, hasta que logró estar al lado de su hermano Juan José, liberado el 24 de agosto, el día de su cumpleaños.

Daniel fue llevado al sótano y por primera vez le sacaron la venda. Lo mantuvieron allí por 20 días, y luego lo llevaron a la cárcel de Rosario, donde estuvo en una celda de castigo varios días, junto a otros seis presos. Un mes después, lo llevaron a Coronda, donde también sufrió castigos constantes. "El régimen carcelario se fue poniendo cada vez más restrictivo, vivía castigado", rememoró ayer. Su madre, que lo escuchaba desde el público, se habrá sentido orgullosa cuando él contó que ella "había hecho bastante lío. Mi madre es de hacer lío cuando pelea por causas justas". Después de otro año detenido en Caseros, Gollán logró la opción y se fue a Alemania. Se recibió de médico.

"Luego de todo esto, hemos continuado con la vida y la militancia, no sólo en los derechos humanos, sino también por la justicia social", dijo ayer para terminar su declaración, que había pronunciado con entereza. Trabaja en hospitales públicos. "Quiero hoy rendir un homenaje al presidente argentino que logró que esto fuera realidad, a Néstor Kirchner. No sólo esto, sino que volviéramos a tener esperanza", dijo con la voz quebrada por la emoción el testigo, a quien sus compañeros le dicen el Largui, un apodo que se explica al verlo tan alto, flaco y erguido.

Después fue el turno de su hermano Juan José, a quien los represores le dijeron que era "el único bueno de los tres hermanos". Cuando fue liberado, le costó conseguir trabajo. "Pertenezco a una generación fuera de serie, con mucho coraje, que quiso cambiar la historia de este país", dijo ayer Juan José, quien consideró "increíble estar contando esta historia, pensé que nunca se iba a hacer justicia".

Tomasa, con el dolor a flor de piel

Por Sonia Tessa

La primera testigo de ayer, Tomasa Verdún, relató los delitos que sufrió hace más de 30 años con el dolor a flor de piel, y terminó con una súplica. "Señores jueces, por favor, que esto no vuelva a pasar, por favor", les dijo a los integrantes del Tribunal Federal Oral. Secuestrada el 9 de febrero de 1977, en su casa, estuvo retenida ilegalmente en el Servicio de Informaciones, donde fue torturada, sin saber donde estaban sus hijos de 7, 6 y 5 años. Incluso, los integrantes de la patota le decían que los tenían ahí, y ella enloquecía del miedo. Ayer, esta mujer de pelo largo, enrulado, se paró frente a los magistrados, se levantó el pantalón claro que tenía puesto, y mostró las cicatrices que la tortura le dejó en los tobillos. "Se veía hasta los huesos, era todo negro. Por lo menos, ahora puedo mostrarlo", dijo mientras señalaba sus piernas. Verdún tenía 30 años y colaboraba con la Juventud Peronista, en festivales barriales, asistencia social y manifestaciones. "No maté, no robé, no hice nada. Eramos una familia trabajadora que luchábamos por nuestros hijos", le dijo ayer al Tribunal.

Con una lógica implacable, expresó: "Yo me pregunto, después de 30 años, volver a todo esto. Y en aquel momento nadie hizo nada". Entre los torturadores, recordó a José "El Ciego" Lofiego. Después de una semana, la trasladaron a la Alcaidía, aunque ya le habían hablado de "un error" en su captura. Aún así, estuvo detenida hasta junio. Tenía infecciones producto de la tortura que debían ser curadas. El integrante del TOF Otmar Paulucci le preguntó si había sabido de violaciones en el SI. "En ese momento estaban Juani (Bettanín, madre de Leonardo, asesinado el 2 de enero de 1977) y Stella. Estaban muy mal porque fueron violadas".

Verdún detalló su detención, que fue en la casa donde vivía con su mamá, su marido y sus tres hijos pequeños. Contó que los chicos fueron puestos contra la pared, con las manos arriba, y que gritaban porque no entendían qué pasaba. Que su madre se descompuso y luego enfermó. Que su esposo y ella fueron secuestrados. En algún momento de la tortura -que recordó como un contínuo de varios días sólo interrumpido por intervalos le dijeron que su marido era la otra persona que gritaba. No volvió a verlo y pensó que había desaparecido, pero hace poco tiempo supo que estaba vivo. Sólo que nunca más se acercó a sus hijos. Una y otra vez, Tomasa se refirió con dolor a lo que hicieron con su vida.

La testigo no sólo recordó su propio sufrimiento, sino cómo vio torturar a un chico, que no identificó, al que quemaban con agua caliente. "Lo que me pasó no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo", dijo Verdún. Recordó que los represores la torturaron en busca de información y, como ella no tenía ningún dato, decían entre ellos que se hacía la pícara, e intensificaban los tormentos. En ese punto, refirió un horror que se repite: "Cuando terminaban de torturar, siempre traían comida, festejaban. Para ellos era una alegría grande, mientras había gritos de desesperación y tanto dolor". Sobre los represores, la mujer le preguntó al Tribunal, y se preguntó: "¿Cómo le miran la cara a la esposa, a los hijos después de hacer esto, después de matar a una persona inocente?". También recordó cómo la patota hablaba de los bienes que habían sustraído de las casas que allanaban.

El segundo testigo de la mañana fue Daniel Bas y Mansilla, que tenía 19 años y era militante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). El 21 de febrero de 1977 fue secuestrado en la casa de su tía materna, donde vivía. Cuando llegó al SI, el primero que le hizo preguntas fue Ricardo Chomicky, a quien conocía de la UES, que lo interrogó sobre personas conocidas. Con él estuvo a cara descubierta. Después vinieron cuatro días interminables de torturas, con su ex compañero de militancia como veedor de su veracidad. En algún momento que no puede recordar, lo vendaron. Fue en el SI, en dos oportunidades, donde vio a Analía Minetti y Daniel Farías, desaparecidos. "Estaban como estábamos la mayoría, y Analía particularmente muy golpeada y torturada", dijo Bas y Mansilla frente al Tribunal, al tiempo que subrayó que "era una característica del SI, el ensañamiento con las mujeres".

Carmen Lucero tenía 16 años cuando fue secuestrada por Feced

"Se siente que el cuerpo se te seca"
La hija del histórico dirigente del PJ relató ayer las sesiones de tortura que comandaban Feced y el Ciego Lofiego.
Por José Maggi

Carmen Lucero tenía 16 años cuando fue secuestrada por un grupo de tareas que la llevó al sótano del Servicio de Informaciones, para hacerle pagar entre otras cosas, ser hija de Juan el Chancho Lucero, un mítico dirigente peronista que se enfrentó con la policía, luego de descubrir que habían sido hombres de esa fuerza los que habían torturado y asesinado a Angel "Tacuarita" Brandazza. Su testimonio fue claro, contundente y focalizado en sus compañeras y compañeros de encierro, y hacia sus verdugos, y las diferentes formas de la tortura. Carmen no pronunció ayer la palabra violación, aunque tampoco hizo falta: por ejemplo relató que estando atada a la camilla de torturas mientras era picaneada, el Ciego Lofiego le arrancaba con sus manos el vello púbico.

Al cierre de su testimonio, Carmen tuvo lugar para un pequeño acto de desahogo: en medio de los aplausos por su reconocimiento público a Néstor y Cristina Kirchner por su política de derechos humanos, miró a los tres imputados que aceptaron quedarse en la sala (Mario Marcote, Ramón Vergara y Ricardo Chomicky) y les espetó en la cara": Hijos de puta".

Carmen fue secuestrada el 22 febrero de 1977 siendo militante de la Unión de Estudiantes Secundarios, aunque aclaró que es no había sido la primera vez que la represión estatal golpeó a su familia; a su padre, el ex diputado provincial Lucero, le habían volado su auto y tiroteado su domicilio tras el caso Brandazza. El "Chancho" estuvo secuestrado un mes, y luego permaneció preso en Coronda.

Carmen relató que luego de su secuestro fue trasladada al Servicio de Informaciones, donde fue duramente torturada. "En un momento escucho la voz de la Polaca Folch, lo que fue un golpe terrible ya que éramos compañeras de militancia en la UES en el Superior de Comercio. No supe hasta ese momento que ella y el Cady estaban colaborando, que torturaban, que salían a buscar compañeros. Recuerdo a la Polaca diciéndome 'hija de puta empezá a hablar porque sabés muy bien que yo te conozco'", dijo recordando los dichos de Nilda Folch (prófuga de la justicia) y el Cady Chomicki (imputado en la causa).

Recordó otro episodio que también los involucraba: "Ella y el Cady participaban de los interrogatorios, en una oportunidad a él lo mandaron para que me haga hablar y me agarró a las piñas".

Inmediatamente vino la sesión de tortura con picana eléctrica en la que participaban el Ciego Lofiego, el Cura Marcote, entre otros. "Se siente como que el cuerpo se te secó, el cuerpo hirviendo", relató.

Carmen señaló el especial ensañamiento que tenía el jefe de al policía Agustín Feced con su familia quien personalmente le aplicó una picana de mano en su cara en varias ocasiones. "Una vez me hicieron sacar el camisón, la bombacha y me ataron a la camilla de torturas, mientras Feced gritaba barbaridades de mi padre, y me aplicaba una picana de mano. Me decía que no me podía matar en ese momento, pero juró que algún dia iba a matarme junto a mi padre". Para completar la tortura, Feced le decía que la iban a bajar a un pabellón "con presos comunes que no habían visto una mujer en mucho tiempo".

En su testimonio fue recurrente la mención del "Tony" (Daniel Farías). "En una oportunidad lo tiraron arriba mío, y pude sentir todo su cuerpo lastimado, pudo tocar sus heridas. Lo habían torturado terriblemente". Y agregó "durante el encierro pudimos charlar, nos pasábamos nombres y direcciones y nos prometimos que el que saliera primero iba a ir a visitar a la familia". Farías permanece hoy desaparecido.

Otro de los nombres recordados por Carmen fue el de Analía Minetti: "La Flaca era un sol, tenía 21 años, era muy alegre, con muchas ganas de vivir. La última vez que la vi fue por el Pollo Baravalle que me avisó que la habían traído. Le sangraba el oído". La madrugada del 24 marzo de 1977 Carmen escuchó cuando se la llevaron a Minetti y a Farías.

"Cuando le pregunté al Infante -un hombre que siempre estaba vestido de negro, era grandote, canoso, y nos traía la comida- me dijo 'quedáte tranquila. Van a estar mejor adonde los llevaron". El 12 de octubre de 1977 Carmen fue liberada y partió hacia el exilio junto a su padre. También declararon Francisca Van Bove y María Isabel Crosetti, secuestradas ambas en marzo de 1977.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Comunicado de prensa del Espacio Juicio y Castigo Rosario-Cordón Industrial


Desde el Espacio Juicio y Castigo Rosario- Cordón Industrial, queremos expresar nuestra profunda preocupación sobre las condiciones en las que se están desarrollando las audiencias en la causa "Díaz Bessone", en la que se juzgan  delitos de Lesa Humanidad cometidos durante el Terrorismo de Estado.
Tal como lo hemos expresado anteriormente, e incluso en reuniones con representantes del Poder Judicial Federal, existen  excesivas demoras en el ingreso del público a la sala de audiencias,  por lo que los familiares deben ingresar una vez que el testimonio ya comenzó. Los testigos se enfrentan a sus torturadores y deben relatar experiencias de horror y es indispensable el acompañamiento de sus familiares, compañeros, organizaciones, y del publico.
Consideramos una situación sumamente violenta el hecho de que un testigo pueda "chocarse", (como ya  sucedió) con uno de los represores en el patio del tribunal, en el pasillo, o el baño. Ya demasiado grave es el hecho de que criminales de lesa humanidad se encuentren en libertad por decisión de la Cámara de Casación Penal. 
Asimismo, durante la pasada semana,  el día en que dio su testimonio, entre otros compañeros, una miembro de la conducción del Sindicato de Prensa, llamativamente el tribunal endureció
 las medidas de control de ingreso del público, duplicó el personal y el vallado, restingió el ingreso en grupos de cuatro personas por vez, y se demoró la acreditación mucho mas que ya venimos soportando.
Decimos llamativamente, porque llevamos 8 meses de la causa Guerrieri-Amelong, con la sala de audiencias colmada, con gran cantidad de compañeros haciendo el "aguante" en la puerta del Tribunal Federal, con un gran acto de mas de 10.000 personas el día de la sentencia. Llevamos cuatro meses de audiencias en esta causa y todo esto se desarrollo con total "normalidad".
 Los genocidas, torturadores, violadores apropiadores y ladrones son los imputados en esta causa, los familiares, militantes, testigos, querellantes, organizaciones de derechos humanos, hemos luchado durante mas de 34 años para conseguir estos juicios, no queremos más demoras.
Hemos solicitado una entrevista a la Secretaria del Tribunal Oral Nº 2 de Rosario, para expresar todas estas preocupaciones y esperamos obtener una pronta respuesta.


Rosario, 4 de diciembre de 2010.

La causa de Silvia Suppo pasa al fuero federal

Para investigar mejor

La medida fue pedida por los hijos de la sobreviviente del terrorismo de estado asesinada el 29 de marzo. Un testigo de identidad reservada vinculó a represores.
 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

La Cámara Penal de Rafaela hizo lugar al pedido de la querella para que el juez de Instrucción Nº2, Alejandro Mognaschi, decline su competencia en la investigación del asesinato de Silvia Suppo y la causa pase al fuero federal, donde un testigo de identidad reservada vinculó el crimen con un imputado por delitos de lesa humanidad. "La Cámara falló a favor nuestro", dijo a Rosario/12, la abogada Lucila Puyol, quien representa a los hijos de Silvia, Andrés y Marina Destéfani, junto a sus colegas Paula Condrac y Guillermo Munné. La resolución fue conocida por Andrés y Marina el sábado a la mañana, después de haber estado el viernes en Buenos Aires, donde se entrevistaron con el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, en la Casa Rosada y luego con el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, Luis Alén, quienes ratificaron su apoyo al pedido de la familia Suppo para que el caso sea investigado como un hecho de lesa humanidad y no como un delito común.

Por el homicidio de Suppo, el 29 de marzo último, el juez Mognaschi procesó a dos trapitos: Rodrigo Sosa, de 19 años y su primo, Rodolfo Cóceres, de 22, quienes confesaron su participación en el homicidio y negaron cualquier connotación política. En los primeros días de setiembre, un testigo de identidad reservada declaró ante el juez federal de Santa Fe, Reinaldo Rodríguez y vinculó el crimen con un imputado por delitos de lesa humanidad. Sin embargo, el magistrado ante un pedido de la entonces fiscal Cinthia Gómez ordenó desglosar el testimonio de la causa que investiga el martirio de Suppo, en 1977, y lo remitió en sobre cerrado a su colega de Rafaela.

Posteriormente, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación se presentó como querellante en la causa que instruye Mognaschi, pero éste rechazó el planteo. Y también desestimó un pedido de inhibitoria de la querella para que decline su competencia y remita el expediente al fuero federal. Los abogados querellantes apelaron entonces la resolución del juez, pero éste la volvió a rechazar, por lo que tuvieron que recurrir en queja ante la Cámara Penal de Rafaela.

La Cámara adoptó dos resoluciones, primero, hizo lugar a la queja al considerar que la apelación había sido mal denegada por Mognaschi. Y esta semana, admitió el pedido de declinatoria del juez, por lo que ahora Moghaschi deberá desprenderse del expediente y enviárselo al juez Rodríguez.

Pero la situación aún es más compleja. En setiembre, al ordenar el desglose del testimonio de identidad reservada, el juez Rodríguez consideró que no era competente para entender en el caso. Los abogados querellantes apelaron esa resolución ante la Cámara Federal de Rosario, que hace dos días resolvió avocarse al asunto en un plenario de las dos salas. Así que es probable que hasta que la Cámara de Rosario no resuelva, Rodríguez no avanzará en la investigación del asesinato de Suppo. La otra hipótesis es si la Cámara de Rosario ratifica la incompetencia de Rodríguez, con lo cual el conflicto deberá ser resuelto por el tribunal superior común: la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Ayer, Andrés Destéfani ponderó el fallo de la Cámara Penal de Rafaela. "Estamos contentos, es lo que veníamos reclamando", dijo en un diálogo con Rosario/12. "La Cámara tuvo la buena actitud de garantizarnos a todos que el crimen se investigue en el ámbito que tiene que ser, que es la justicia federal, el ámbito que está diseñado y cuenta con los recursos para investigar este tipo de causas. La señal que dio la Cámara de Rafaela es buena. Ahora, habrá que seguir luchando por lo que viene de acá en adelante", agregó.

Andrés y Marina recibieron la noticia el sábado a la mañana porque el viernes habían estado en Buenos Aires, donde el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, los recibió en la Casa Rosada y luego se entrevistaron con el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación, Luis Alén. En las audiencias fueron acompañados por el responsable de la Unidad de Intervención y Victimología del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, Alberto Linares. "El jefe de Gabinete renovó su compromiso y su preocupación por la causa porque tiene la misma idea que nosotros, que debía pasar a la justicia federal. Y comprometió todos los recursos que se puedan aportar desde el Estado para llegar a una investigación lo más profunda posible", comentó Andrés.

"Incluso, el jefe de Gabinete nos ratificó todo el apoyo de la presidenta de la República, Cristina Fernández de Kirchner, quien no pudo recibirnos porque estaba reunida con el presidente de México, pero nos transmitió sus palabras: que renovaba todo su apoyo y que el gobierno estaba dispuesto a ofrecer todo lo que estuviera a su alcance para que la causa avance", agregó.

Más tarde, los hijos de Silvia fueron recibidos por el subsecretario de Derechos Humanos de la Nación. "Fue una reunión bastante extensa, donde le planteamos algunos puntos concretos de la causa y algunas cuestiones que nos preocupan. El doctor Alén también nos dijo lo mismo, que debía intervenir la justicia federal y se comprometió a seguir apoyando y trabajar al lado nuestro para lograr el esclarecimiento del caso", concluyó Andrés.

Identifican restos de los enterramientos en un predio militar

Era el cuerpo de María Esther

Lo comprobó el Equipo Argentino de Antropología Forense en Campo San Pedro, en Santa Fe, hasta el momento el único predio militar donde se hallaron enterramientos clandestinos. El cuerpo pertenece a una no vidente secuestrada en 1977 en Rosario.
Por José Maggi

Uno de los ocho cuerpos desenterrados en Campo San Pedro -el predio militar donde trabaja desde hace seis meses el Equipo Argentino de Antropología Forense-, pertenece a María Esther Ravelo, una no vidente que fue secuestrada el 17 de setiembre de 1977 junto a su esposo Etelvino Vega del domicilio de calle Santiago 2815. La Casita los ciegos, como es conocida hoy en el barrio está a escasos metros de la vivienda donde cumple arresto domiciliario Eduardo "Tucu" Costanzo, quien denunciara ante la justicia y revelara a este cronista que "la cieguita fue una de las 27 personas que luego de ser secuestradas en el centro clandestino de detención La Calamita, fue trasladada a una chalet de Monje y asesinada, y después enterrada en un campo cercano a Laguna Paiva". Esto prueba el circuito represivo, y convierte el caso en el primero en todo el país donde la justicia pudo comprobar enterramientos clandestinos en un predio militar.

Costanzo también había dicho ante la justicia que "la disposición final de los 27 detenidos se hizo en Monje con inyecciones letales, que se la colocó Armando Pelliza (detendio) y Juan Carlos Bossi (quien sigue libre) quien según Costanzo " le ponía la corbatita (una delgada goma utilizada para extraer sangre) para que mueran asfixiados".

"Entre los veintisiete que llevaron a Monje para matar estaba la Cieguita de la otra cuadra de mi casa, de la calle Santiago. A ellos los mataron en Monje y según me contó Hugo Cardozo antes de morir de cáncer cuando vino a mi casa hace ocho meses atrás, a los veintisiete los enterraron en una campo cerca de Laguna Paiva en Santa Fe. Con todo eso la fiscal (Griselda) Tessio le pidió al juez ( Germán) Sutter Schneider que me hiciera declarar con el juez de Santa Fe y no hizo nada", habia dicho Costanzo ante la justicia y ante Rosario/12 en setiembre de 2009.

En realidad la historia se había empezado a escribir mucho antes en setiembre de 1977. En al Conadep en el Legajo N 3223 "Alejandra Fernández Ravelo, domiciliada en la ciudad de Santa Fe, denunció la desaparición de su hija María Esther Ravelo de Vega, que entonces vivía con su marido y un hijito de corta edad en la ciudad de Rosario"

Allí dejó sentado que "el día 15 de setiembre de 1977 mi hija me llamó por teléfono pidiéndome que viajara a Rosario a buscar a su hijito (mi nieto) porque el esposo se encontraba enfermo. Según convine con ella, tres días después llegué a la casa de un familiar nuestro, Agustín Simonsini, donde encontré a mi nieto que había sido dejado por unas personas jóvenes que viajaban en un automóvil Renault 4 blanco; mi hija vivía en una casa ubicada en la calle Santiago NI 2815 de Rosario de la que era propietaria y funcionaba allí un negocio de sodería del que también mi hija era titular; cuando pasé por allí el día que fui a buscar a mi nieto vi que en un camión del Ejército estaban cargando todos los bienes muebles de mi hija sin que yo pudiera hacer nada para impedirlo. Al cabo de un tiempo volví al lugar pero la sodería estaba cerrada; por una ventana me atendió un hombre y alcancé a ver en el interior una máquina de escribir y una mesa; ese hombre me dijo que la propiedad ahora pertenecía al gobierno porque anteriormente había pertenecido a unos subversivos. Una vecina me contó también que en la casa habían encontrado muerta a una persona de sexo masculino pero que no era mi yerno. Mi hija y mi yerno eran no videntes".

Según Costanzo relato ante la justicia "Francisco Scilabra estuvo en el asesinato de 27 personas en Monje, en un chalet priedad de Ricardo Rodríguez, alias Patilla. dueño de una wiskería del centro de Rosario, Rilke II. Cabrera, alias "el Barba". Juan Daniel Amelong, y Jorge Fariña. "Es uno de los que debe dar cuenta de todos los desaparecidos de La Calamita y La Intermedia y es quien ordenó traer a la Ciega y un chico de diez años que lo termina entregando el Barba Cabrera. Y también Pascual Guerrieri".

El hallazgo de Campos San Pedro se produjo el 9 de junio de 2010. El 27 de junio el juez federal Nº 2 de Santa Fe, Francisco Miño, constató que en la fosa común descubierta por el Equipo Argentino de Antropología Forense en el campo San Pedro, a 40 kilómetros de Santa Fe, había restos de ocho personas, seis de ellas con las marcas del terror: "lesiones en el cráneo compatibles con heridas producidas por armas de fuego". Y ordenó la exhumación de los cuerpos y su traslado al laboratorio de los peritos forenses, en Buenos Aires, para que se realicen los estudios genéticos que permitan identificar a los desaparecidos. Fuentes seguras consultadas por Rosario/12, revelaron que se trata de restos de cinco hombres y tres mujeres jóvenes, uno de ellos apareció con "un objeto de metal en la mano izquierda que podría ser un anillo" y otro tenía "una pieza dentaria de acrílico y metal", que podrían orientar las investigaciones.

La fosa común fue encontrada el miércoles 9 de junio, en un sector agreste del campo San Pedro, de propiedad del Ejército, ubicado en la zona de Campo Andino, a 15 kilómetros de Laguna Paiva. La opinión pública se anotició del descubrimiento casi una semana después, el martes 15. Y el viernes 18, el juez Miño realizó la inspección judicial en el lugar junto al secretario penal del Juzgado, Mateo Busaniche y autorizó a los forenses a concluir "las tareas de exhumación, registro, embalaje y posterior traslado de los restos" al laboratorio del Equipo de Antropología, en Buenos Aires.

La causa que instruye el juez Miño se inició en abril de 2007 por una denuncia de la Casa de Derechos Humanos de Santa Fe, que agrupa a las Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Aunque ya en 1984, la Conadep se había hecho eco de comentarios de vecinos y conocedores de la zona.