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jueves, 13 de octubre de 2011

Zitelli se quedó sin altar

El ex capellán sigue viviendo en Casilda

"Quiero que respete mi libertad y mi posición", dijo el ex capellán durante la dictadura militar al ser consultado sobre la investigación judicial por su participación en el ex centro clandestino de detención de la policía.

 Por José Maggi

La designación de un nuevo sacerdote en Casilda, provocó suspicacias sobre el destino del hombre fuerte de la curia local monseñor Eugenio Zitelli, quien es investigado por su participación en la última dictadura como capellán de la policía rosarina. El 2 de octubre el arzobispo rosarino José Luis Mollaghan designó como párroco de la Parroquia San Pedro a Adolfo Eduardo Segovia, lo que disparó las especulaciones, luego de la acusación que el fiscal federal Gonzalo Stara hiciera tras recopilar una importante cantidad de testimonios en su contra, que lo vieron en el Servicio de Informaciones, de San Lorenzo y Dorrego, con los que le pidió al juez federal Marcelo Bailaque, que lo cite a declarar.

Este cronista se comunicó ayer a las 20 con la parroquia. Este es el diálogo que mantuvo con Zitelli.

--Quería consultarlo sobre la investigación que está llevando adelante la justicia federal de Rosario.

--Yo en este momento estoy llamado a un silencio total, así que lamento mucho no poder satisfacerlo, tengo esa orientación y la quiero cumplir al pie de la letra. Perdóneme si se siente molesto, porque no es un rechazo al periodismo sino una posición personal que tengo en este momento.

--¿Usted se va a ir de Casilda, porque trascendió que hay un nuevo sacerdote en su parroquia?

--Le estoy diciendo que no le voy a hacer ninguna declaración...

--¿Pero usted ha sido cambiado en su cargo, hay otro sacerdote en su lugar?

--Yo estoy en Casilda. Nada más que eso le estoy diciendo así que...

--¿No va a eludir la acción de la justicia?

--Le estoy diciendo que no voy a hacer ninguna declaración, entonces quiero que me comprenda, que respete mi libertad y mi posición. Bueno discúlpeme esa es mi posición terminante. Muchas gracias- expresó Zitelli y cortó la comunicación.

Las especulaciones se dispararon luego que el presbítero Carlos Romagnoli se despidiera de Casilda, a finales de setiembre, al lado del propio Mollaghan, y en su lugar asumió, solo una semana después, Segovia. Es que Zitelli ya había renunciado al cargo de administrador parroquial en mayo de este año "debido a su edad", y quedó, en su rol de monseñor honorífico, cargo con el que había sido beneficiado por el Vaticano en 1999.

Zitelli fue capellán de la Unidad Regional II de la Policía de Rosario desde 1964 hasta 1983 y estuvo presente en diversas sesiones de torturas. Participó en misas, confesiones y entrevistas con los detenidos del Servicio de Informaciones, por lo que fue una pieza más central del mecanismo represivo existente en Rosario. Avaló la tortura como método para obtener información política.

Cuando en un campo de concentración, una desaparecida le denunció las torturas y las violaciones, afirmó: "Que usen la picana está bien porque estamos en guerra y es un método para obtener información política. Pero la violación atañe a la moral y nos prometieron que eso no iba a pasar".

En 1999 el ex arzobispo de Rosario, Eugenio Mirás, reconoció la labor de Zitelli, otorgándole el título de monseñor honorífico, que gestionó ante el Vaticano. En 2000 declaró: "Toda guerra es salvaje, no hay vuelta de hoja, así que uno no viene a justificar que ha habido excesos, claro que ha habido excesos, pero aquí había habido un proceso ideológico que ha querido copar el país y no ha ido por vía democrática".

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