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martes, 19 de abril de 2011

Causa Díaz Bessone : continúan contundentes testimonios

"No vas a abrir la boca"

Esa fue la condición que le impusieron cuando lo jubilaron. Sin embargo, ayer dijo en el juicio que en el Comando Radioléctrico "secuestraban gente y la hacían desaparecer".
Por José Maggi

Un ex policía; un sobreviviente del Servicio de Informaciones que identificó con nombre y apellido a sus torturadores como "El Ciego" Lofiego y "Caramelo" Altamirano; la hija de un emblemático dirigente de SMATA -que escapó dos veces de las garras de sus captores- y también víctima del SI, fueron tres de los testimonios que se escucharon ayer en el marco de la causa Díaz Bessone en los tribunales federales de Oroño al 900.

En primer término declaró Héctor Roldán, quien se desempeñó como policía en los talleres del Comando Radioléctrico de la Jefatura de Policía desde el 76 al 84. Lo primero que señaló es que en ese lugar "secuestraban gente, la torturaban y la hacían desaparecer a través del móvil 238 de Bomberos, bajaban los cuerpos por la escalera y los tiraban al móvil".

El ex policía que trabajó como electricista de autos relató que en una oportunidad, un oficial le llevó un coche robado para que lo repare: "Di Mazo me trae un Chevy cero kilómetro, me dice que lo mire a ver si tenía algún problema. Le pregunté entonces si lo había comprado, y me dijo: 'venía por Callao, había una vieja en el semáforo, la bajé de un cuetazo y me lo traje'".

Roldán señaló además que pudo ver en una ocasión que subieron a "cuatro muchachos al Servicio de Informaciones y que al rato se escucharon gritos y disparos". De estos hechos hizo la denuncia en 1984, al igual que sobre La Calamita, motivo por el cual fue obligado a jubilarse. "El doctor Vidal, que era médico de policía, me dijo 'te vamos a jubilar como corresponde pero de ahora en más no vas a abrir la boca'".

Por la tarde declaró Marcos Alcides Olivera quien fue secuestrado el 11 de enero de 1977 de su domicilio y llevado al Servicio de Informaciones tras un simulacro de fusilamiento. Al ser interrogado por el fiscal de la causa Gonzalo Stara, brindó datos del aparato represivo: "Cada persona cumplía un rol. Había uno que hablaba, otro que tenía función de ablande, otro pegaba, otro se encargaba de la picana. El que se encargaba del ablande era Carlos Altamirano, después le reconocí la voz. Lo conocí porque era de mi barrio".

Respecto de los imputados en esta causa mencionó: "El que me picaneaba era Lofiego, le decían el Ciego y era el experto en picanas. Andaba con un maletín, adentro tenía una picana portátil". En otro tramo señaló a Ricardo Chomicki: "Estuve 45 minutos atado a la parrilla, me dejaron y al rato vinieron dos personas que me empiezan a tirar agua. Hablaban entre ellos, era una chica. Con el tiempo supe que le decían la Polaca, creo que Nilda Folch y el Cady Chomicki. Me decían que para pasarla bien tenía que decir todo lo que yo supiera, ella me echaba el agua y el me pasaba la picana".

En tanto sobre Ramón Vergara manifestó: "Este señor bajaba amigablemente y sacaba su arma, la ponía sobre la mesa, y me obligaba a jugar a las cartas con él y que si le ganábamos nos volaba la tapa de los sesos. No es verdad que ahí abajo se terminaba la tortura, la tortura seguía, era tortura psíquica porque se veía como se movían los fluorescentes y se escuchaba el grito de los compañeros".

Olivera también dijo que fue interrogado por un juez militar y torturado por éste. Luego le dijeron que podía tratarse del Mayor Soria. La voz de este juez es la misma que lo interrogó estando ya preso en la cárcel de Coronda: "Me empiezan a torturar este señor y otra persona más, me daban con dos picanas. Después me dejan de picanear y me preguntan si era muy doloroso, le contesto que sí, me dicen 'te vamos a pintar las uñas' y empezaron a meterme agujas en las uñas, salía sangre...".

Recordó entre los compañeros de cautiverio a Marisol Pérez, a quien llamaban continuamente para torturarla y quien permanece desaparecida, a Roberto "Zapato" Luna, también desaparecido, a Elba Juana Ferraro de Bettanín y a su nuera María Inés Luchetti de Bettanín.

Finalizó la jornada el testimonio de Beatriz Ifran, hija de Ernesto de los Santos Ifran. Tanto Beatriz como su padre y su marido Fernando Salvador Moffa fueron secuestrados y estuvieron en el Servicio de Informaciones. "Ellos podrían estar acá contando sus vivencias, fueron torturados, denigrados, no están acá para defenderse. Vengo por ellos y por todos los que no pudieron defenderse porque murieron", señaló.

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