Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

miércoles, 8 de junio de 2011

Testimonios de una policía que se dió vuelta y de Héctor Medina

JUICIO DÍAZ BESSONE
Una mujer ex policía, declaró en el juicio contra la patota de la dictadura que comandó Agustín Feced y blanqueó nombres y apellidos de los represores que actuaron en el antiguo Servicio de Informaciones de la Policía.

La ex oficial Mirta Beatríz Gallardo, quien revistió en la Alcaldía de mujeres de la Jefatura de policía de Rosario, deschavó el 24 de abril, ante el Tribunal Oral Federal (TOF) 2, los nombres y las atrocidades de los integrantes de la patota de Feced. La mujer policía, recordó que trabajó en la Alcaldía de mujeres en la Jefatura de Policía tiempo después del golpe en 1976, hasta entrado el año 1977, y que “antes había trabajado para Juan José Seichuck en Seguridad Personal de la policía provincial”, donde conoció a José Lo Fiego (imputado en este juicio), y Carlos Altamirano (alias Caramelo, procesado en otra parte del mismo expediente).

La testigo consignó que en la Alcaldía en la parte del subsuelo “había sólo subversivas”, a las que traían personal de la policía, de la federal, o de otras fuerzas. Gallardo refirió que todas sabían que los hombres que las traían portaban “credenciales truchas”, y que bajo esos documentos falsos “quedaban registrados en libros de guardia de la Alcaldía”, aunque reconoció que ella conocía sus nombres verdaderos.


La policía retirada ‒que hace unos años recibió un diploma como “policía distinguida” por el Concejo Municipal de Rosario‒, recordó un episodio vivido en la Jefatura que le valió una detención, un posterior traslado y que se ganara el apodo de “la montonera” entre los hombres de la patota de Feced.


“Un día cuatro hombres que decían que eran de la Federal, en mayo del 76 creo, traen a una mujer en un colchón, muy joven, muy bonita. Cuando me acerco veo que ese está muriendo. Le dije «vos estás mal». Ellos contestan «lo que pasa que uno de los nuevos, el boludo, le dio agua después que la trabajamos»”. La testigo explicó que “trabajar” era la manera de decir que le habían aplicado picana.


Gallardo contó que en ese momento ella dijo que “no la iba a recibir, que se iba a morir, que no se va a hacer responsable, que se la lleven”. Y comentó que los que la traían le dijeron que la tenía que recibir, ya que era “una orden del comandante”(Feced). “Yo les pedí entonces que la manden por escrito”,relató Gallardo.


Al rato la llama Corrales, que era el secretario personal de Feced, su mano derecha, describió la testigo y agregó: “Me llama la atención que Corrales no esté detenido, porque manejaba todo, era terrible con los detenidos y con el personal”.


La testigo continuó con el relato del episodio e indicó que finalmente a la mujer no la ingresan en la Alcaldía, y que cuando volvió al otro día a su trabajo no la dejaron entrar, le dijeron que quedaba arrestada por 15 días, y que iba a cumplir el arresto en su casa, pero que primero tenía que ir a la Alcaldía de tribunales.


Gallardo declaró que ahí la detuvieron y como conocía al guardia, pidió ir al baño y se escapó para hablar con el (en ese momento) juez de faltas, Jorge Eldo Juárez, a quien conocía porque había trabajado con él. “Le conté lo que me pasó llorando y muy asustada. Juárez me dijo que se iba a ocupar que me quede tranquila, y a las horas me liberan”.


La ex policía explicó que después de eso la trasladaron dentro de la fuerza a la localidad de Melincué. Pero que desde ese entonces la empiezan a agredir y que le decían cosas como “acá llega la montonera”. También recordó que en un momento amenazaron a su familia, al decirle que le iban a poner una bomba en la casa.


La testigo comentó que luego siguió sufriendo traslados; Vera, Reconquista y otros lugares, hasta que fue cesanteada en el año 1980. Contó además que recién fue reincorporada a la policía en el año 1987.


Gallardo afirmó que en la Jefatuta, “cuando había un procedimiento o traían detenidos, sonaba un silbato, y eso quería decir que nadie podía salir”. Y recordó que un día, que no aguantó la curiosidad se asomó al SI, “vio varios cuerpos colgados”. “No es buena la comparación ‒dijo la testigo‒, pero estaban como se cuelgan las reses de las vacas, parecían estar sin vida. Yo me fui corriendo, estaba descompuesta, mis compañeras me preguntaron que me pasaba y yo no les podía decir, porque me mataban”.


Gallardo recordó además que mientras estuvo hubo dos bebés en la Alcaldía. “A la nena la sacaban una hora por día al sol. Hasta que un día llegué y no estaban más”, señaló.


La testigo brindó varios nombres de los integrantes de la patota entre los que mencionó a “ La Pirincha, Antigiovani, Lo Fiego, Marcote, Altamirano, Nast, Corrales”, y luego acotó: “un grupo pesadito”.


Testimonio Chinche


También declaró este lunes el integrante de Familiares de desaparecidos y dirigente del gremio de los trabajadores telefónicos, Héctor “Chinche” Medina.


Medina, quien fue detenido político y estuvo en numerosas cárceles de la dictadura, ofreció su testimonio para ilustrar el trabajo que despeño Familiares a principios de la democracia, y para dar cuenta de lo que sus compañeros presos de Coronda le relataron de lo que ocurría por aquellos años en el SI.


En ese sentido Medina ‒cuyo hermano Oscar está desparecido‒ recordó a varios de sus compañeros de prisión que venían del SI, como “Ramos, Tossi, Vivono, Seminara”, y relató hechos que ellos le comentaron, que fueron coincidentes con los testimonios que dichas personas ‒también testigos de este juicio‒ ofrecieron oportunamente.


Al cierre de su testimonio, Medina recordó los episodios sufridos por Silvia Suppo (la testigo de la causa Brusa, asesinada el año pasado en Rafaela) y el más reciente de Víctor Martínez (quien estuvo desaparecido dos días la pasada semana), y reclamó en nombre de la asociación de ex presos que todos los testigos vengan a declarar, que no se dejen amedrentar”.


Datos del juicio


En bulevar Oroño al 900 están sentados en el banquillo de los acusados al ex comandante del Segundo Cuerpo del Ejército, Ramón Genaro Díaz Bessone; a los ex policías rosarinos José Rubén Lo Fiego, Ramón Rito Vergara, Mario Alfredo Marcote y José Carlos Scortechini; y al civil Ricardo Miguel Chomicky.


Los delitos por los que están procesados son privación ilegítima de la libertad, homicidios y tormentos en múltiples casos, mientras que todos están acusados por asociación ilícita.


Los imputados formaron parte del aparto represivo que operó entre 1976 y 1979 en el entonces Servicio de Informaciones (SI) de la policía rosarina, el centro clandestino de detenciones más importante del sur de la provincia de Santa Fe.


Según declaraciones de un ex militar que actuó durante la represión ilegal, por ese lugar pasaron al menos 1.800 detenidos-desaparecidos.


El SI funcionó en la ochava de Dorrego y San Lorenzo, en pleno centro de esta ciudad, en un viejo edificio donde estuvo durante años la Jefatura de Policía de Rosario y que ahora alberga a la sede local de la Gobernación.


Esta parte de la causa Díaz Bessone que fue elevada a juicio oral, tiene 91 víctimas del terrorismo de Estado y más de 160 testigos que aportarán sus relatos sobre lo ocurrido en el SI durante el primer año de la última dictadura.


El TOF 2 está integrado por los jueces Otmar Paulucci, Beatriz Caballero de Varaban y Jorge Venegas Echagüe, mientras que el equipo fiscal que lleva adelante la acusación está conformado por Gonzalo Stara y Mario Gambacorta.

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