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sábado, 5 de octubre de 2013

La amenaza de Guerrieri

"No es tonto, si creyó intimidarme, elegía el tema equivocado", subrayó cuando una de las vocales del Tribunal, que juzga a represores del II Cuerpo de Ejército, le pidió precisiones sobre el llamado telefónico que le hizo el condenado a prisión perpetua.

 Por Sonia Tessa

El general retirado Martín Balza declaró ayer por videoconferencia desde Costa Rica, durante casi dos horas, en la causa Porra, también conocida como Guerrieri II. Contó que recibió una amenaza del militar que da nombre a la causa, Pascual Oscar Guerrieri, que fue compañero suyo de promoción en 1955. "Guerrieri no es tonto, nunca fue tonto. Si creyó intimidarme, elegía el tema equivocado", subrayó cuando una de las vocales del Tribunal, Lilia Carnero, le pidió precisiones. La comunicación telefónica --recibida por el menor de los hijos varones de Balza-- fue en cercanía de las fiestas de fin de año, no pudo recordar si en 2006 o en 2007. Supieron que se trataba de él porque quedó registrado el número telefónico, y por los datos que brindó. Guerrieri ya cumplía prisión preventiva --hoy tiene condena a prisión perpetua-- pero recibió autorización judicial para pasar esas fiestas en su casa. "Si pensaba coaccionarme, Guerrieri es inteligente, no lo iba a lograr. Fue una tontería", afirmó Balza.

El jefe del Ejército desde 1991 a 1999 se refirió a su documento institucional conocido como "autocrítica", difundido el 25 de abril de 1995 en el programa Tiempo Nuevo. Y reiteró --como lo hizo entonces y en los libros que publicó después-- que "ningún militar está obligado a cumplir una orden que implique la comisión de un delito. Nadie puede decir que lo obligaron a matar, violar o robar". El actual embajador argentino en Costa Rica consideró: "No es que cualquier orden pueda cumplirse". Volvió a su concepto de "desobediencia debida" y recordó que "gracias a la desobediencia de Belgrano hoy la frontera norte del país no está en la provincia de Corrientes sino en Jujuy y Salta".

Además, Balza subrayó que la represión ilegal "no fue una guerra", por decisión de las autoridades de las fuerzas armadas, que eligieron desconocer el estatus beligerante a las fuerzas insurgentes para no someterse a la Convención de Ginebra, suscripta por Argentina en 1949.

En su larga exposición, Balza admitió que desconoce lo ocurrido en el Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, donde se cometieron los delitos de lesa humanidad que se juzgan en el Tribunal Oral Federal número 1, pero definió que el terrorismo de Estado se hizo con una "feudalización de las fuerzas armadas", al tiempo que señaló la inusitada preponderancia del área de Inteligencia, que definió como una "elite criminal". "Básicamente montada por Inteligencia, que fue alimentada por años con las doctrinas francesa y de Seguridad Nacional", agregó.

Ante una pregunta de Carnero, Balza consideró que "todos los golpes de nuestro país han sido cívicos militares, con la participación de una sociedad civil con pocas convicciones democráticas", y recordó el bombardeo de la Plaza de Mayo en junio de 1955.

En la audiencia de ayer declararon también Oscar Pedro Pidustwa y Jaskel Shapiro, por la desaparición de Fernando Tito Messiez, el 22 de agosto de 1977, en la puerta de la imprenta La Manija, frente a la Facultad de Humanidades.

Sólo Carlos Sfulcini y Juan Amelong, dos de los doce represores que están siendo juzgados, participaron de la audiencia de ayer. Sfulcini pidió ampliar su indagatoria ya que Jaime Dri, el jueves, lo había mencionado como "Carlitos o Pancuca". El ex Personal Civil de Inteligencia del Ejército desmintió que usara ese alias. En realidad, la mala definición de la imagen pudo jugarle una mala pasada al único sobreviviente de la Quinta de Funes. Sfulcini rememoró que Dri lo había descripto como un hombre más joven que él, sin instrucción, que "sólo pensaba en la Turca, la mujer con la que iba a casarse". "Para esa época, llevaba cinco años de recibido de abogado, tenía más de 30 años y estaba casado desde mayo de 1974 con mi actual esposa, Mabel Gimeno, que no es turca ni tiene cara de turca", dijo el represor. Sfulcini formó parte del grupo de tareas, pero su apodo no era Carlitos. Según testimonios de otros sobrevivientes e investigaciones de organismos de derechos humanos, ese alias pertenece a Carlos Isach.

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