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sábado, 26 de abril de 2014

“El peor castigo que tienen es vernos vivos”

(Argenpress - Redacción Rosario) Foto: Manuel Costa.

Con la declaración de tres testigos y la ampliación de indagatoria de uno de los diez acusados continuaron este jueves, en el Tribunal Oral Federal 2 (TOF2) de Rosario, las audiencias del juicio por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura en la causa denominada “Feced II”. “Esto es justicia, esto es tener paciencia y esperar, el peor castigo que tienen (los acusados) es vernos vivos y que no nos destruyeron”, planteó una de las sobrevivientes.

En el juicio se ventilan los casos de 40 víctimas del terrorismo de Estado que pasaron por el centro clandestino de detenciones que funcionó en el Servicio de Informaciones (SI) de la Policía de Rosario, el principal campo de concentración del sur santafesino.

La sobreviviente Ester García Bernal relató ante el Tribunal su secuestro ocurrido el 17 de agosto de 1977 junto a su pareja, su hija de tres años y un grupo de personas que estaba en su casa.

La testigo identificó a varias de las víctimas con las que compartió cautiverio en el SI y a algunos de los diez ex policías santafesinos acusados en el juicio. “Me llevan a una pieza, estoy con mi hija en brazos, y es un momento muy difícil porque mi hija se agarra a mí, y ellos la tiraban, y el momento difícil es cuando yo tuve que soltarla de mí, la llevan por mucho tiempo no se a dónde y después de 34 años habló y me dijo adónde se la llevaron”, contó.

También dio testimonio de las torturas recibidas al recordar que “me amenazan de llevarme a la parrilla”. “Era de metal, me sacan la ropa, me ponen un trapo en la boca, me acuestan en la camilla, me atan, me ponen una especie de pinza al costado del cuerpo y me torturan”, dijo.

García Bernal agregó que “primero empiezan con picana de 120, y luego piden la de 225, por mucho tiempo, yo pienso ocho horas aproximadamente, me torturan en diferentes partes del cuerpo”.

La sobreviviente del SI dio detalles del traslado a otro lugar, posiblemente el centro clandestino “La Calamita”, y la visita a un Médicio tras una infección que sufrió en la tortura.

También precisó nombres de otros detenidos-desaparecidos que vio en el SI y el de los torturadores que le aplicaron tormentos.

“A nosotros nos costó mucho sobrevivir a la propia vida”, dijo, y recordó que tras dar testimonio en 1984 “fueron pasando cosas, el indulto, la Obediencia Debida”.

“Por eso –abundó– agradezco tanto el poder estar acá, cuando creíamos que ya no iba a haber juicios. Buscamos justicia, no venganza”.

Además, la testigo puntualizó “vivir todos los días pensando en esto era imposible” por lo que, dijo, “traté de guardarlo en un lugar de la memoria”.

“Esto es justicia, esto es tener paciencia y esperar, el peor castigo que tienen (los acusados) es vernos vivos y que no nos destruyeron. ¿De qué vale la vida de estos hombres después de lo que nos hicieron? No le tengo lástima a estos tipos, ellos destruyeron mucho, pero la memoria no la destruyeron, está viva”, concluyó García Bernal.

En la audiencia de este jueves ante el TOF2 de Rosario, integrado por los jueces Noemí Berros, Roberto López Arango e Ivón Vella, también prestaron testimonio la abogada Olga Cabrera Hansen, víctima del terrorismo de Estado e integrante de la CONADEP Rosario; y el sobreviviente del SI Alberto Chiartano.

Finalmente, amplió su declaración indagatoria el ex policía Carlos Ulpiano Altamirano, quien negó las acusaciones en su contra y dijo que el apodo de “Caramelo”, con el que lo conocieron las víctimas, correspondía en realidad al apellido un efectivo “de Prefectura”.

En el juicio están imputados, además de Altamirano, los ex policías Eduardo Dugour, Ernesto Vallejo, Pedro Travagliente, Ovidio Olazagoitía, Julio Héctor Fermoselle, Ramón Telmo Ibarra, Lucio César Nast, Ricardo José Torres y José Rubén Lo Fiego.

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