Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

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viernes, 5 de julio de 2019

Genocida Perizzotti murió en su casa !!!

Murió el represor santafesino Juan Calixto Perizzotti
Tenía 82 años y purgaba condena a perpetua por delitos de lesa humanidad. Sin embargo, gozaba de prisión domiciliaria por su avanzada edad.

El nombre de Juan Calixto Perizzotti se reiteró en los últimos años en casi todos los expedientes de causas federales por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura en Santa Fe. El represor, de 82 años, falleció este jueves mientras cumplía prisión domiciliaria.

Perizzotti fue comisario, ex jefe de la Guardia de Infantería Reforzada (GIR) durante los años de plomo. En 2016 fue condenado a prisión perpetua en la llamada “Causa acumulada” o “Megacausa” ventilada en el Tribunal Oral Federal (TOF) de Santa Fe. Fue el primer juicio en la ciudad capital donde se juzgó la apropiación y supresión de identidad de una menor de edad (María Carolina Guallane / Paula Cortassa), y en el cual Abuelas de Plaza de Mayo actuó como querellante.

En aquel momento, Perizzotti lo encontró culpable de los delitos de “homicidio agravado por alevosía, por el concurso premeditado de dos o más personas y para procurar la impunidad en perjuicio de diez personas; homicidio en perjuicio de otras cinco personas más; privación ilegítima de la libertad agravada por el uso de violencia contra cinco personas; tormentos agravados por tratarse de perseguidos políticos; tormentos simple; sustracción, retención y ocultamiento de un menor de 10 años y alteración del estado civil de un menor de 10 años, en perjuicio de María Carolina Guallane/Paula Cortassa”.

También contaba con una condena en la causa por delitos de lesa humanidad contra Silvia Suppo y otros cinco militantes rafaelinos. Suppo había sido secuestrada, torturada, violada y forzada a abortar por parte de sus propios abusadores mientras estaba detenida en la GIR

Al por entonces jefe de la GIR se lo acusó de ser “coautor de privación ilegítima de la libertad agravada, por haberse cometido utilizando ilegalmente sus caracteres de funcionario público y por haberse cometido con violencia y amenazas”. También “aplicación de tormentos”.

Perizzotti falleció este jueves en su domicilio, donde cumplía la pena impuesta por el TOF.

domingo, 31 de marzo de 2019

A nueve años del crimen político de Silvia Suppo sigue en pie la exigencia de justicia

GENOCIDIO E IMPUNIDAD

El 29 de marzo de 2010 la ex detenida desaparecida y testigo clave en juicios de lesa humanidad, fue asesinada en su local comercial de Rafaela, Santa Fe. Su familia y organismos de derechos humanos luchan por que se sepa la verdad.

Constanza Villanueva
Abogada del CeProDH
Celina Tidoni
Abogada del CeProDH Rosario

El 29 de Marzo de 2016, frente al negocio donde trabajaba Silvia, sus hijos Marina y Andrés Destefani, colocaron una baldosa que decía: “Aquí soñó y vivió Silvia Suppo, militante peronista testigo en causas de lesa humanidad. Aquí fue asesinada el 29 de marzo de 2010. Verdad y Justicia. Baldosas por la Memoria”.

En cada lucha y movilización por el aniversario del Golpe cívico militar, Jorge Julio López y Silvia Suppo están presentes en el grito de decenas de miles que exigen memoria, verdad y justicia. Tienen en común haber sido sobrevivientes del terrorismo de Estado y que sus testimonios fueron claves para enjuiciar a genocidas. Pero no pudieron presenciar las tardías condenas.

Silvia Suppo fue asesinada en la mañana del 29 de marzo de 2010 en su local comercial de Rafaela (Santa Fe). Era militante política, víctima de delitos de lesa humanidad y testigo clave en los juicios a los represores de la última dictadura en esa provincia.

A pocas horas de los hechos, el gobierno provincial de Hermes Binner declaró que el asesinato de Silvia había sido consecuencia de un robo común, garantizando un manto de silencio e impunidad.

Sus hijos continúan exigiendo que se investigue el móvil político del crimen de Silvia y reclamando que se condene a los policías que participaron en la “investigación” por la cantidad de irregularidades y delitos cometidos durante la instrucción como torturas y ocultamiento de pruebas.

Fallo histórico: los delitos sexuales son de lesa humanidad
Meses antes ser asesinada, Silvia había declarado como testigo en el juicio que concluyó con el primer exjuez federal de la Argentina condenado por crímenes de lesa humanidad, Víctor Brusa. El mismo fue funcionario judicial durante la dictadura y luego, ya en el período constitucional, promovido a juez. Durante el proceso, Silvia manifestó sentirse hostigada e intimidada en diversas ocasiones.

Suppo fue secuestrada a los 18 años el 24 de mayo de 1977, horas antes habían secuestrado a su hermano y en enero a su compañero Reynaldo Hattemer en la puerta de una Iglesia. La trasladaron primero a la seccional 4° de la Policía en Santa Fe y de ahí al centro clandestino de detención “La Casita”.

En ese lugar, Silvia fue torturada y violada en varias ocasiones, luego fue derivada a la Guardia de Infantería Reforzada como presa legal y, al constatar su embarazo, le practicaron un aborto en un consultorio privado. Su carcelera era María Eva Aebi quien se hizo pasar por la hermana y el genocida Farina, como su marido.

Silvia tenía que volver a declarar en la “Megacausa Rafaela” que valientemente impulsó. Sus hijos Marina y Andrés Destéfani continuaron la querella representados por el equipo jurídico de HIJOS Santa Fe, en el juicio a los ex policías María Eva Aebi -ex sargenta primera-, Ricardo Ferreyra -comisario inspector retirado-, Juan Perizzotti -comisario mayor retirado- y Oscar Farina -comisario inspector retirado- por delitos de lesa humanidad cometidos a siete víctimas.

El 8 de octubre de 2018, finalmente el Tribunal Oral Federal de Santa Fe, en un inédito fallo en la provincia, condenó a los acusados del secuestro de Jorge Destéfani, Hugo Suppo, Ricardo Díaz y Graciela Rabellino, quienes sobrevivieron; de la desaparición forzada de Reinaldo Alberto Hattemer y del asesinato de Rubén Luis Carignano. Respecto a Silvia, se los condenó por Privación Ilegal de la Libertad, tormentos agravados por ser la víctima perseguida política, violaciones reiteradas (3 hechos) y aborto forzado, siendo considerado como un delito autónomo dentro de los crímenes del terrorismo de Estado.

Marina, hija de Silvia, expresó a este diario: “La condena para nosotros es un triunfo porque lo veníamos trabajando como querellantes en la causa y fue fundamental en ese sentido el asesoramiento y el testimonio que recibimos de parte de Susana Chiarotti que es abogada y militante feminista muy importante,y Lucila Puyol que es una referente feminista de la provincia”.

La visibilización de la violencia específica contra las mujeres en los Centros Clandestinos de Detención, es producto de una gran tarea llevada adelante gracias a la lucha de los organismos de derechos humanos, abogadas y abogados querellantes contra los genocidas e investigadoras. Pero sobre todo, a las sobrevivientes que lo contaron como es el caso de Silvia Suppo.

En el juicio al genocida Miguel Osvaldo Etchecolatz, la abogada y diputada porteña Myriam Bregman, querellante en varias de estas causas, señaló que “la violencia sexual implementada como parte del terrorismo de Estado” también debía considerarse como constitutiva de ese plan, que orquestaron las grandes patronales nacionales y extranjeras, los civiles y militares del último golpe de 1976. Pese a ello, recién en 2010 se consiguió que esos crímenes fueran reconocidos como tales en un puñado de casos, lo que muestra hasta qué grado se perpetúa desde el Estado la violencia machista.

El Poder Judicial tardó más de 20 años en incorporar muchos de estos testimonios e inscribirlos como delitos de lesa humanidad. La Iglesia Católica, hizo su voto de silencio. Y muchos de los 400 hijos e hijas apropiados, continúan sin tener derecho a su identidad.

A nueve años, exigimos justicia por Silvia, reafirmamos el compromiso inquebrantable de pelear cada día por el juicio y castigo, en cárcel común y efectiva, para todos los genocidas y mantener la lucha en las calles para que el Estado entregue los archivos de la represión en su totalidad.

martes, 11 de septiembre de 2018

Violación, embarazo y aborto impuesto: el ciclo de tortura que se juzga en Rafaela

Segunda audiencia en la Megacausa que analiza el caso de Silvia Suppo, a la que los represores le impusieron un aborto después de violarla y embarazarla durante el cautiverio

Redacción Canal Abierto | Se desarrolla en la ciudad de Rafaela la segunda audiencia de la Megacausa por delitos contra la humanidad cometidos en el noroeste santafesino durante el terrorismo de Estado.

Se trata del primer juicio por violaciones a los derechos humanos en el que se juzga la figura de aborto forzado como crimen de lesa. Es el caso de Silvia Suppo, ex detenida desaparecida en el Centro Clandestino La Casita, sobreviviente del genocidio, asesinada en 2010.

El proceso comenzó el pasado jueves y se extenderá hasta mediados de octubre.

Silvia Suppo, 2009
Los imputados son cuatro ex policías: los comisarios Ricardo Ferreyra y Juan Calixto Perizzotti, la sargenta María Eva Aevi y el oficial Oscar Adolfo Farina.

El abogado querellante Guillermo Munne, explica a Canal Abierto que “abarca la mayor parte de los crímenes de la última genocida cívico-militar-eclesiástica y, en este caso con más fuerza que nunca, patriarcal, cometidos en la zona”

El calvario de Silvia Suppo se incorpora mediante entrevistas periodísticas, un documental, testimoniales suyas en la etapa de instrucción, testimonios de familiares y compañeros, y a través de su declaración en el juicio de 2009, en el que relató los tormentos, las violaciones y el aborto al que la forzaron los represores.

“Se destaca el carácter misógino y patriarcal de esta dictadura retrógrada y reaccionaria en todas las dimensiones políticas, culturales y sociales, en los hechos que es que se juzgan: las violaciones contra Silvia y el aborto impuesto por el embarazo producto de esas violaciones, cuando fue secuestrada a los 17 años de edad”, aclara el abogado, que junto a Lucila Puyol encabezan la acusación.


Primera audiencia Megacausa Rafaela
Entre otros hechos, Ferreyra está acusado por los delitos sexuales. La interrupción del embarazo fue organizada por Perizzotti con la participación de Aebi y Farina. El hijo de Perizzotti, que es abogado y defiende a su padre, es reconocido militante anti-derechos contra el aborto legal, seguro y gratuito.

El 29 de marzo de 2010 Suppo fue asesinada en su negocio de nueve puñaladas en un hecho que su familia y las organizaciones de derechos humanos denunciaron como una venganza y un intento de amedrentar a la militancia por los derechos humanos. En 2015 el Tribunal Federal de Santa Fe condenó a Rodolfo Cóceres y Rodrigo Sosa, auto-implicados en el crimen, a prisión perpetua, como “coautores del delito de homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía y para procurar impunidad”.

En este juicio su voz la alzan sus hijos, Marina y Andrés Destéfani y su cuñada, Rita Destéfani.

Munne asegura que “con el asesinato buscaron acallar para siempre las denuncias de Silvia, pero no lo lograron, porque sus hijos mantuvieron esa lucha. Ella fue la denunciante inicial de esta causa, empezó con la denuncia de la desaparición de quien era su novio en el año 1977, Reinaldo Hattemer. Toda esa historia enorme de militancia de amor de valentía es la que llega a juicio en la mega causa”.

Silvia Suppo “es un emblema de todas las mujeres, de lo que es mantener la memoria siempre”, la reivindica Guillermo Munne

En la Megacausa Rafaela además se juzgan los casos del secuestro y desaparición de Reinaldo Hattemer, en la iglesia Sagrado Corazón de Rafaela, durante el casamiento de su hermano menor, Oscar Hattemer. Silvia Suppo era entonces novia de Reinaldo –que sigue desaparecido- y madrina de la boda; el homicidio de Rubén Carignano en la comisaría 4ª de Santa Fe; el secuestro del hermano de Silvia, Hugo Suppo, y de Jorge Destéfani, quien luego sería su esposo, en La Casita; secuestro y torturas de Graciela Rabellino y su compañero Ricardo Díaz, en el mismo circuito represivo.

domingo, 8 de febrero de 2015

Nuevos testimonios en el juicio por la muerte de Silvia Suppo, incluido un albañil a quien torturaron

La noche anterior al crimen

El Tribunal Oral de Santa Fe reanudó el juicio por el asesinato de Suppo. Una testigo dijo que Silvia padeció un seguimiento poco antes del asesinato que la dejó "asustada". Además la policía nunca preservó la escena del lugar.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

El Tribunal Oral de Santa Fe reanudó el juicio por el asesinato de Silvia Suppo. Dos de los testigos que declararon ayer ofrecidos por su familia -su yerno, Germán Heck y la ex novia de su hijo, Estefanía Orellano-, ratificaron ante los jueces que la policía de Rafaela nunca preservó la escena del crimen, donde Silvia sufrió nueve puñaladas que le costaron la vida. Heck dijo que uno de los médicos que asistió a su suegra se sorprendió por el "grado de ensañamiento" del ataque y lo atribuyó a un victimario que "no está en sus cabales" o "alguien que sabe lo que hace, porque no es fácil atravesar el pecho o las costillas de una persona". Estefanía reveló otro hecho inquietante: un seguimiento que sufrió Silvia poco antes de que la mataran, cuando salió a caminar a la noche con una amiga y padeció el acoso de un vehículo utilitario Kangoo que la dejó "asustada". Los dos hijos de Suppo, Marina y Andrés Destéfani, ya habían relatado incidentes similares, entre ellos otro seguimiento a Andrés, cuando salió de su casa al amanecer, rumbo a su trabajo, el mismo día que asesinaron a su mamá.

El juicio a los dos imputados por el homicidio, Rodrigo Sosa y su primo, Rodolfo Cóceres, se reanudó ayer con la declaración de seis testigos. La última, fue la madre de Cóceres, María Rosa Sánchez, que entregó a su hijo y a su sobrino a la policía a las 48 horas del crimen, el 31 de marzo de 2010. La noche anterior, hubo un allanamiento en su casa en Santa Fe, en el barrio San Agustín, que duró "casi toda la noche". "¿Cómo toda la noche", le preguntó la abogada querellante, Lucila Puyol.

Sí, toda la noche- respondió Sánchez. El procedimiento se inició a la una de la madrugada y se extendió hasta las seis. "Nos rompieron todo", dijo la mujer. La Policía buscaba a Sosa y Cóceres y al día siguiente, cuando regresaron a la casa, ella los entregó en la comisaría 7ª.

La audiencia comenzó con los testimonios de Heck y Orellano, que relataron las horas siguientes tras el ataque a Silvia. Estefanía fue la primera que se enteró. Ella trabaja en el servicio de emergencias de Rafaela, donde una compañera recibió la llamada que pedía una ambulancia para una "persona mal herida" en el negocio de Suppo.

Los dos testigos coincidieron que la policía nunca preservó la escena del crimen. Y cuando llegaron (juntos con Andrés y Marina Destéfani) "había mucha gente adentro del negocio" y ninguna "faja de seguridad", apuntó Orellano. "Un policía nos dijo que buscáramos el cuchillo. Lo buscamos. Y después nos dijo que podíamos limpiar, pero un amigo de Silvia nos advirtió que no tocáramos nada", agregó.

La presidenta del Tribunal, María Ivón Vella, le preguntó por qué la policía le pidió que limpiaran la escena. "Nos dijo que ya habían hecho su trabajo" en la búsqueda de supuestas huellas y rastros contestó Estefania.

En otro tramo de su relato, Estefanía dijo que Silvia estaba "asustada" por un hecho que había ocurrido poco antes de aquel 29 de marzo de 2010: "Me dijo que una nochecita había salido a caminar con una amiga y la había seguido una camioneta Kangoo, desde donde le dijeron cosas".

¿Le dijo si había visto movimientos extraños o sospechosos en el negocio? ¿O si había recibido amenazas? -le preguntó Puyol.

Lo más cercano fue lo de la Kangoo. Estaba asustada -repitió. En su testimonio en la instrucción, Estefanía dijo que Suppo "trató de meterse en algún lugar o doblar de forma tal que la Kangoo no la pudiera seguir, pero no sabía de quién se trataba".

EN EL JUICIO POR EL ASESINATO DE SILVIA SUPPO, UN ALBAñIL CONTO QUE LO TORTURARON
"Querían que me hiciera cargo de algo"

La policía provincial de Rafaela allanó de manera irregular la casa del joven, hoy de 23 años. Le pegaron, le quebraron el tabique y le hicieron el submarino seco para que confesara el crimen de la testigo de causas de lesa humanidad.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

Un albañil de 23 años, Juan Ramón Vázquez, a quien le allanaron la casa en un barrio de Rafaela y estuvo preso cuatro horas tras el asesinato de Silvia Suppo, el 29 de marzo de 2010, denunció ante el Tribunal Oral de Santa Fe que fue torturado durante su detención en la Policía de Rafaela, donde le marcaron el rostro a golpes, le quebraron el tabique de la nariz y hasta le pusieron una bolsa de nylon en la cabeza. Todo, con el supuesto objetivo de involucrarlo en la causa. "Me pegaron. Querían que me hiciera cargo de algo que no hice. Y después, me largaron", reveló Vázquez al declarar esta semana como testigo en el juicio a los dos imputados por el homicidio, Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres.

La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que es parte querellante, pedirá al Tribunal que ordene investigar las torturas que sufrió Vázquez en el momento de su detención, según adelantó la abogada Lucía Tejera a Rosario/12. "Lo vamos a plantear en el alegato. Vamos a señalar todas las cuestiones que se han ventilado en las audiencias sobre el proceder de la policía de la provincia, que no preservó la escena del crimen y el papel que cumplió en los allanamientos y en la investigación", agregó.

Vázquez está detenido por otro hecho que no tiene nada que ver con el caso y esta semana lo llevaron a declarar ante el Tribunal. "¿Puedo decir algo?", preguntó apenas se sentó ante los jueces. "No", lo frenó la presidenta del Tribunal, María Ivón Vella, quien le dijo que había sido llamado como testigo y, primero, debía responder las preguntas de las partes.

- ¿Conoce el hecho que se investiga en esta causa? - le preguntó la abogada querellante, Lucila Puyol.

- No. No sé por qué me trajeron acá - protestó Vázquez. La jueza Vella le explicó entonces que era el juicio por el homicidio de Suppo y había sido convocado a pedido de la querella. En las horas siguientes del crimen, la Policía de Rafaela comenzó una escalada de allanamientos en barrios populares, entre ellos Barranquitas y 2 de Abril (donde vivían Sosa y Cóceres). Y como Vázquez cayó en la redada y estuvo detenido cuatro horas, lo citaron como testigo.

Puyol le preguntó si vivía en Barranquitas y si su casa había sido allanada el 29 de marzo de 2010.

- Sí - contestó Vázquez.

- ¿Le mostraron la orden de allanamiento?

- No.

--¿Fue arrestado?

- Sí. Me llevaron por averiguación de antecedentes.

- ¿Le preguntaron sobre este hecho?

- Sí. Querían que me hiciera cargo de algo que no hice - dijo. Y relató la secuencia del apriete: lo detuvieron por "averiguación de antecedentes", después lo acusaron de "un robo" y luego le dijeron que "él había robado en el negocio" de Suppo. "Yo no sabía que estaba muerta", dijo Vázquez. En esas cuatro horas, "me pegaron, me quebraron el tabique, me pusieron una bolsa (de nylon) en la cabeza", denunció. Lo dejaron libre a las 10 de la noche, con una constancia de que "era totalmente ajeno al hecho".

- ¿Hizo la denuncia?

- No - dijo el testigo. En el expediente, Vázquez declaró dos veces: el 29 de marzo de 2010 ante el jefe de Investigaciones, Horacio Maidana y el oficial Cristian Nagel y al día siguiente, ante el juez de la causa, Alejandro Mognaschi, pero no mencionó las torturas. "¿Quién va a denunciar a la policía?", se justificó en el juicio.

En la investigación del asesinato de Silvia operaron dos grupos: la brigada de Investigaciones a cargo de Maidana, a quien secundaba Nagel y el jefe de la seccional 1ª de Rafaela, Dante Giménez, que tenía como "secretario de actuaciones", al hoy comisario Carlos Alberto Flores. Los cuatro declararon en el juicio. Rosario/12 ya informó que Flores está preso desde en mayo de 2014 cuando era el jefe de la comisaría de Frontera por supuesta "tentativa de homicidio" y "lesiones gravísimas" en tres hechos, entre ellos el del chico que la Policía de San Francisco encontró atado con cintas a un palo que le atravesaba la espalda en cruz y le cubrían parte del rostro.

La última pregunta a Vázquez se la hizo la presidenta del Tribunal. "¿Qué quería decirnos cuando llegó?", le planteó la doctora Vella. Vázquez rezongó por la forma en que lo habían trasladado desde la cárcel de Coronda a la audiencia. "Yo pensaba que me llevaban a Rafaela, no a Santa Fe". Más tarde, la abogada Tejera se hizo eco de la queja y advirtió sobre una supuesta "notificación irregular", pero el Tribunal rechazó el planteo y dijo que el trámite se cumplió con "normalidad". "Quédese tranquila, doctora, se cumplieron todas las normas legales", le contestó el juez José María Escobar Cello.


martes, 30 de diciembre de 2014

Silvia Suppo : sus hijos relataron las profusas irregularidades en la investigación policial.

Declararon en la causa por el crimen de su madre "A los únicos que investigaron fue a nosotros, las víctimas", dijeron los hijos de Silvia Suppo

Andrés y Marina Destéfani relataron las profusas irregularidades en la investigación policial.
Andrés Destéfani pudo hablar con su mamá, Silvia Suppo, cuando la llevaban al quirófano del hospital de Rafaela tras las nueve puñaladas que le costaron la vida. Fue un momento. Le preguntó si la habían robado y ella le contestó: "¿Cómo me robaron?". El ignoraba que serían las últimas palabras de Silvia y el rostro de sorpresa, su última imagen, que guardó en la memoria. Andrés y su hermana, Marina Destéfani, declararon ante el Tribunal Oral de Santa Fe que juzga a los imputados por el crimen, Rodrigo Sosa y su primo Rodolfo Cóceres. Los hijos de Suppo relataron el espanto del 29 de marzo de 2010, hace ya cuatro años y su demanda de justicia, pero también las "irregularidades" de la investigación, los manejos de la policía, las escuchas secretas a la familia y hasta un acoso telefónico. "Los únicos investigados fuimos nosotros", dijo Marina al revelar que en la causa se desgrabaron los diálogos con sus abogados y funcionarios del programa nacional Verdad y Justicia. "Los únicos escuchados e investigados fuimos las víctimas", denunció. "¿Y cómo siguió su vida?", le preguntó la querellante Lucila Puyol. "Con mucho miedo y tensión", contestó. Sosa y Cóceres son juzgados por supuesto "homicidio agravado" en ocasión de robo. La hipótesis del crimen político está varada en primera instancia, con dos imputados a los que la Cámara Federal de Rosario les dictó la "falta de mérito".

Silvia fue testigo en la causa Brusa, que terminó en diciembre de 2009 con condenas de entre 19 y 23 años de prisión para cinco genocidas santafesinos. Era la primera por delitos de lesa humanidad en la provincia de Santa Fe.

Andrés dijo que ese lunes se levantó temprano. Cruzó a Silvia antes del desayuno y se fue a trabajar. La casa está al lado del negocio de los Destéfani, con una puerta que los comunica. Intentó apagar las luces del local, pero las dejó encendidas porque frente a la vidriera había un "hombre alto, robusto, pelado", que miraba hacia adentro. Salió a la calle. El hombre empezó a caminar atrás de él, un buen trecho, hasta que se cruzó de vereda, da cuenta Rosario/12.

*La carrera desesperada. Eran casi las diez, cuando Andrés recibió un llamado para que volviera al negocio de su madre porque habían pedido una ambulancia. Corrió. Y cuando llegó, la ambulancia partía hacia el hospital. "El local estaba lleno de gente", les dijo a los jueces. Y recordó lo que había visto en la parte posterior del negocio. Un cuadro del asalto: el charco de sangre, los zapatos de su mamá desparramados, los anteojos rotos y el cristal suelto, con salpicaduras rojas. "Mi mamá fue atacada en el fondo del negocio", interpretó. Andrés dijo que la policía nunca preservó la escena. "Nos pidieron que buscáramos los cuchillos" y después "nos dijeron: 'Si quieren limpiar, limpien'". Ellos no limpiaron.

Marina se enteró del ataque por un llamado de Andrés. Y al llegar, la impactó el desorden, la confusión. "Había vecinos pisando la sangre y con mi cuñada, Estefanía Orellano, tratamos de sacarlos afuera". Un policía nos pedía que "buscáramos el arma, que el cuchillo debía estar por allí". Y se revolvió todo. "La Policía nos dijo que limpiáramos".

¿Qué medidas de seguridad se adoptaron para preservar la escena? le preguntó otro de sus abogados, Guillermo Munné.

- Ninguna - contestó Marina. Y explicó que las cosas que supuestamente se llevaron Sosa y Cóceres no tenían valor de reventa. "Eran objetos de plata muy identificables". "Había cosas de más valor que no se llevaron". Silvia ahorraba en euros porque tenía previsto un viaje a Europa para visitar a su hermano, Hugo Suppo, que también va a declarar en el juicio, en febrero.

La fiscal de la causa y hoy jueza de Rafaela, Cristina Fortunato, recién apareció al día siguiente. "Teníamos derecho a que estuviera en ese momento", se quejó Marina.

- ¿Por qué usted dice: 'la fiscal'? preguntó el fiscal Martín Suárez Faisal

- Porque después nos enteramos que era la doctora Fortunato -dijo Marina. Y siguió: "Mamá tenía muchas heridas" y "muy precisas". "Las nueve puñaladas eran indicios de algo muy extraño".

*El otro suplicio. "La policía nos pidió los números de teléfonos de la familia y se los dimos. Al poco tiempo, comenzamos a recibir llamadas extrañas, solicitando servicios sexuales", relató Marina. El acoso lo sufrió ella y su cuñada. Después, Andrés comentó que eran "llamadas de Rafaela, Buenos Aires y de Santa Fe". Y hasta "tres o cuatro ocasiones en distintas noches".

"Los únicos teléfonos investigados fueron los nuestros", apuntó Marina. Las escuchas a la familia se agregaron a la causa. "Los únicos que fuimos investigados y escuchados fuimos las víctimas". Y entre esas desgrabaciones, había diálogos con sus abogados o funcionarios del programa Verdad y Justicia. En esa etapa, el juez de Rafaela, Alejandro Mognaschi, llegó a rechazar como querellante a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que hoy es parte en el juicio.

Andrés dijo que el juez ordenó a la policía investigar el origen de las llamadas, pero sin resultados. "Una era de un hotel de Rafaela, donde había una lista con teléfonos y el de Estefanía se agregó a mano. Se le preguntó al hotel de qué habitación habían realizado la llamada y contestaron que no sabían porque el conmutador estaba roto".

*El video oculto. La trama de las filmaciones de la terminal de ómnibus de Rafaela volvió a salir en el juicio. El hecho ocurrió en las 48 horas siguientes del asesinato. Uno de los responsables de la empresa, Hernán Gunzinger - que está citado a declarar- dijo que entregó el CD al ex subjefe de Policía de Rafaela, Leandro Amaya, pero no le hizo firmar ningún papel. Amaya negó haberlo recibido y el video recién se incorporó a la causa, cuando Gunzinger entregó una segunda copia al juez Mognaschi, tres meses después, en junio de 2010.

Marina recordó el episodio en el juicio y dijo que en video se pueden ver a Sosa y Cóceres (antes de fugarse a Santa Fe, donde fueron detenidos) junto a otras dos personas: la hermana de Sosa, Marcela, con un bebé en brazos y "un hombre de pelo corto, de unos 40 años. Ese hombre nunca se identificó". Denunciamos el hecho "ante Asuntos Internos, pero no se hizo nada".

"La policía se manejaba de manera irregular con nosotros. Venían a las horas más imprevistas, incluso a la noche, para que reconociéramos algo o intentar que firmáramos algo", comentó Marina

*El hombre de afuera. Cuando declaró Andrés, el fiscal le preguntó sobre ese hombre que había visto al salir de su casa, el 29 de marzo, y lo siguió en el trayecto a su trabajo. "¿Lo volvió a ver?", le planteó Suárez Faisal.

- Sí - contestó Andrés. Lo ví dos veces, en un auto Megane blanco. Lo ví en dos ocasiones en la calle, en Rafaela.

- ¿Conoce a los imputados?

- Sí, a Sosa - respondió- . Porque cuidaba y lavaba autos en la cuadra del negocio de Silvia y a la vuelta de la esquina, frente a un restaurante. "Era un habitual de la zona, lo conocía toda la cuadra", dijo. Por eso, Andrés cree que "la intención de matarla estaba desde el primer momento porque si ella sobrevivía lo iba a reconocer", concluyó

viernes, 19 de diciembre de 2014

Silvia Suppo: con un cuestionado tribunal se inicia el juicio por su asesinato

Silvia Suppo, cuyo testimonio fue clave para condenar por delitos de lesa humanidad al ex juez Brusa, fue asesinada en su comercio en marzo del 2010. Binner, en ese entonces gobernador de la provincia de Santa Fe, quiso correr la versión de que fue asesinada en ocasión de robo.
 
El Tribunal Oral Federal de Santa Fe iniciará hoy el juicio por el asesinato de Silvia Suppo, ex detenida-desaparecida durante la última dictadura cívico militar, que fue ultimada a puñaladas hace cuatro años en la ciudad de Rafaela.
 
El cuestionado tribunal está integrado por María Ivón Vella, José María Escobar Cello y Luciano Lauría, que juzgará a los imputados Rodolfo Valentino Cóceres, de 26 años, y Rodrigo Ismael Sosa, de 22, quienes en el proceso de instrucción de la causa confesaron el crimen. El juez Lauría fue rechazado por todos los organismos de Derechos Humanos y por la querella compuesta por la familia de Suppo por ser confeso amigo de Víctor Hermes Brusa, condenado gracias al testimonio de Silvia.

Durante estos años el Espacio Verdad y Justicia por Silvia Suppo y numerosos organismos de Derechos Humanos y organizaciones de izquierda reclamaron que el crimen fuera investigado por la justicia federal por tratarse de un crimen con motivos políticos. Silvia aporto testimonios claves para enjuiciar al ex juez Brusa y a los responsables de los crímenes genocidas de la zona de Rafaela. Ella junto a otras sobrevivientes fueron las primeras en poner de relieve los métodos específicos de tortura a los que eran sometidas las mujeres. Sin embargo cuando Silvia es asesinada el gobierno de Binner y los funcionarios políticos de Rafaela se apresuraron a decir que fue un hecho de “inseguridad”, un homicidio en el marco de un robo. La Corte Suprema de Justicia de la Nación dictaminó que la causa sea investigada por la justicia federal.

En un comunicado difundido en las redes sociales por el Espacio Verdad y Justicia por Silvia Suppo e HIJOS Santa Fe denuncian que “En contradicción a lo resuelto dos veces antes, el tribunal ahora acepta el expediente que no tiene ninguna medida investigativa (…) y decide imponer el juicio oral con sólo dos de los imputados. (…) la parcialidad del joven camarista Lauría comienza a mostrar los dientes. Una medida probatoria básica como es la reconstrucción del hecho, es negada por el tribunal con el argumento de superabundancia de pruebas y testigos. En el expediente que la policía de Rafaela armó, que es a lo único a lo que se ha dado valor, no existe ningún testigo del hecho. No hay, en las distintas pericias realizadas, huellas, pelos, rastros que indiquen la forma de cómo mataron a Silvia.”
El Espacio Verdad y Justicia por Silvia Suppo convoca a las 8:30 del día de hoy a concentrarse en la esquina de Primera Junta y San Jerónimo de la ciudad de Santa Fe para reclamar justicia.

lunes, 10 de marzo de 2014

Un documental cuenta la historia de los asesinados y desaparecidos de Rafaela

Clavado en la memoria de una ciudad

El trabajo se presentó el año pasado cuando se inauguró también una plazoleta con baldozones que recuerdan a las 18 personas, hombres y mujeres, que nacidos en esa ciudad fueron víctimas fatales en la última dictadura militar.

 Por Leo Ricciardino

Por primera vez la ciudad de Rafaela decidió plasmar en un trabajo de investigación y en un documental; las historias de vida de las dieciocho personas que nacidas en esa ciudad de la provincia, fueron víctimas fatales de la dictadura. Cinco mujeres y 13 hombres. La mayoría están desaparecidos y nada se sabe de ellos. Otros familiares sí pudieron recuperar los cuerpos de sus seres queridos. El trabajo se hizo fundamentalmente en base al testimonio de familiares, amigos y compañeros de militancia de los '70, y apunta fundamentalmente a establecer que además del compromiso por el que perdieron sus vidas, también eran novios, amantes, hijos, madres y sobre todo personas con un gran sentido de solidaridad para con los demás. El Espacio de la Memoria de Rafaela presentó el trabajo durante la inauguración de una plazoleta de la memoria donde quedaron colocados los baldozones con los datos de cada una de las víctimas.

Dip-Espacio de Fábula Producciones se encargó de la realización del DVD que contó con el auspicio familiares, amigos y compañeros; además del actual ministro de Defensa Agustín Rossi, la diputada de la Ciudad de Buenos Aires Delia Bisutti, el senador provincial Alcides Calvo, la diputada provincial Alicia Gutiérrez y el diputado provincial del peronismo Roberto Mirabella. "Después del eclipse", recorre las vidas y las circunstancias que llevaron a la muerte a Analía Arriola, Raúl Bru, Rubén Carignano, Conrado Ceretti, Osvaldo Colombo, Reinaldo Hattemer, José Manfredi, Cecilia Marfortt de Trod, Jorge Trod, Carlos Morel, Ricardo Nicolini, Yolanda Ponti, María Guadalupe Porporato, José Rossi, Luis Ricciardino, Juan Sinigaglia, Raúl Tettamanti y Zulema Williner.

En el ralato del documental José "El Pelado" Villarreal oficia de narrador y da contexto a la militancia de esa época. Empieza diciendo que él nació "en el `45, toda mi vida fui un laburante peronista y viví en Rafaela. Esta ciudad es riquísima en la historia del peronismo. Siempre estuvo presente con muchas proscripciones y persecuciones". Y cuenta que "nosotros empezamos a repartir la fichas de afiliación cerca del 73 y en esa época empieza también a funcionar, con muchos pibes la AES (Asociación de Estudiantes Secundarios)".

Villarreal cuenta que en esa asociación estaban "`El Topo' Ricciardino que era del Colegio Nacional, el `Flaco' Raviolo que era del Comercial y el `Mono' Lorenzetti (nada menos que el actual presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación) que era de los Maristas. También La `Yoli' Ponti que era de las Monjas y la 'Colito' Pot que era del Normal. Eran un colectivo de estudiantes secundarios y estuvieron al principio ligados a lo que fueron las huelgas de los maestros de aquel tiempo. Y nosotros veníamos de la parte del peronismo más institucional", rememora.

Algunas historias

* Raúl Oscar Tetamantti (asesinado el 23 de noviembre de 1973)

"El militaba en el ERP, yo no estaba de acuerdo, le decía que no se meta con las armas, que teníamos que tener paciencia, que las cosas alguna vez tenían que cambiar. Ese fue mi planteo", dice Luis Tetamantti, hermano mayor. Sabe que su hermano estaba "repartiendo unos volantes, fue en Rosario, hubo un enfrentamiento dicen y lo liquidaron en el auto. De un tiro en la frente en Uriburu y Entre Ríos".

* Zulema Williner (fusilada el 24 o 25 de septiembre de 1975).

"Tita empezó a estudiar en la facultad católica en Santa Fe, profesorado de Historia. Ahí empezó a conocer gente que militaba y empieza a pensar distinto. Se casó con Alcides Godano, que también fue un militante de Montoneros. La última cita que hicimos me dice 'yo me voy a ausentar más o menos dos años'. Pero después convinan un encuentro con mi otra hermana y mi vieja entre Santa Fe y Rosario y Zulema nunca llega", recuerda su hermano Abelardo Williner. La habían asesinado a la altura de Timbúes el día anterior. "Ella sabía perfectamente dónde estaba y qué le podía pasar. Ella dentro de su militancia fue una persona muy respetada y sus compañeros confían mucho en ella. Eso es bueno, eso es lindo pero a nosotros como familia, fue un hecho que nos marcó para toda la vida. Aunque parezca doloroso yo hubiera preferido que la mataran en un enfrentamiento y no que la asesinaran como a un perro como sucedió", dice visiblemente emocionada su hermana María Teresa.

* José "Pepe" Manfredi (Desparecido desde el 9 de diciembre de 1975).


"Fue un amor a primera vista, tuvimos dos hijos. Vivíamos en Santa Fe, en el Pasaje Quiroga. Esa tarde yo estaba en la vereda y enfrente vivía una chica cuyo padre era un alto jefe de la Policía. Varios autos cierran la calle y ella creyó que era un grupo guerrillero que venía a secuestrar a su padre pero en realidad era un grupo de tareas que venía a llevarse a mi marido. El no estaba, revisan toda la casa y yo al día siguiente me voy a Rafaela. Esa noche, me entero de que habían puesto una bomba en nuestra casa en Santa Fe", dice la esposa Lina Medina. A Pepe Manfredi lo terminan secuestrado en una estación de servicio Isaura de 25 de diciembre e Irigoyen Freyre en Santa Fe.

*Luis "El Colo" Ricciardino (Desparecido el 27 de abril de 1976 en Córdoba).

"Aparte de ser mi hermano mayor fue mi maestro", dice César que también fue militante político y estuvo detenido durante la dictadura. El más chico de los Ricciardino, Javier, apunta que Luis "tenía una vida social muy ligada a la iglesia. Su adolescencia fue iglesia y estudio". César recuerda que Luis "vino a Rafaela con su novia, comimos en casa y tuvimos una fuerte discusión política acerca de cómo veíamos el momento político. Y ese fue el último recuerdo físico que tengo de mi hermano".

Por su parte, su esposa Cintia Visciglio cuenta que "estábamos en la JUP, se decía que podía pasar algo grave y que teníamos que retirarnos a Córdoba. Y teníamos que casarnos. Y lo hiciemos, fuimos al registro civil a buscar una fecha de casamiento e irónicamente nos dan el 23 de marzo de 1976, un día antes del golpe. Yo ya estaba embarazada (de su hijo Pablo) y Luis consiguió trabajo en una obra en construcción. Se clavó un clavo en el pie y fue a atenderse a un hospital en Córdoba, de ahí desapareció, nunca más lo ví. Yo me vuelvo a Santa Fe para tener a mi bebé y me detienen en mayo de 1976. Rompo bolsa y me llevan al hospital Cullen, custodiada. Así nació Pablo", recuerda.

* Reynaldo Hattemer (Secuestrado el 25 de enero de 1977 en Rafaela. Desaparecido).


En 1975 vivía en Santa Fe y era delegado metalúrgico. Militaba en la juventud peronista junto a Silvia Suppo, su compañera que sería asesinada en 2010 en un confuso hecho policial. La pareja tenía planificado casarse unos días después del enlace entre Oscar Hattemer y Patricia, pero eso nunca sucedió. Reynaldo Hattemer fue secuestrado el 25 de enero de 1977 en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de Rafaela, el día que se casaba su hermano. Una patota lo capturó a la salida de la ceremonia religiosa. Nunca más se supo de él.

* Carlos Alberto "Caco" Morel. (Fusilado el 17 de febrero de 1977).


"Nos conocíamos del club Independiente, en las tertulias para el viaje de quinto nos ponemos de novios. El se recibió el Comercial y se fue a Rosario a estudiar Medicina. El 14 de febrero de 1977 fue la ultima vez que lo vieron con vida. Se encontró en un bar con el Gordo Gianitto, que era su compañero de departamento, también estaba la novia del gordo y otra compañera más. Lo vieron muy nervioso, muy asustado. Les dijo que hacía una cosa más y se iba. Pero una semana después, luego de una intensa búsqueda lo encontraron sin vida en una morgue de Rosario. Caco fue uno de los seis estudiantes de Medicina fusilados en pasaje Marchena al 500, entre Vera Mujica y San Lorenzo. Habían estado detenido en El Pozo, los trasladaban y el camión paró en el citado pasaje. Un hombre les ordena que se bajen y corran, que el que llegaba a la esquina se salvaba. Corrieron, pero nadie se salvó. Los mataron a todos", recuerda María del Carmen Villarreal, novia y compañera. Un placa los recuerda hoy en la facultad de Medicina de Rosario.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Ratifican que las violaciones fueron parte del plan sistemático de la dictadura

Silvia Suppo detalló las violaciones que sufrió en cautiverio.

Por Juan Carlos Tizziani-Desde Santa Fe


La Cámara Federal de Rosario ratificó que las violaciones sexuales en centros clandestinos son delitos de lesa humanidad y parte del plan criminal de la dictadura. Lo resolvió en un acuerdo plenario que confirmó el procesamiento de dos imputados por el martirio de Silvia Suppo, en mayo de 1977, cuando fue secuestrada a los 18 años, violada por tres represores en "La Casita", un chupadero en las afueras de Santa Fe donde operaba el Ejército y obligada a abortar dos meses después. Se trata de un teniente coronel, Jorge Roberto Diab (ex subjefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122) y de un comisario, Ricardo Silvio Ramón Ferreyra (ex jefe de la comisaría 4), a quienes la Cámara consideró "partícipes necesarios" del delito de "violación sexual agravada en grado reiterado (tres hechos)". Silvia murió asesinada en marzo de 2010, tres meses después de declarar en el juicio que condenó a 21 años de prisión al ex juez federal Victor Brusa y a su grupo de tareas.

La Cámara consideró a Diab y Ferreyra "partícipes necesarios" en las violaciones a Suppo por el "aporte esencial" que hicieron para consumar los delitos. "Ferreyra al entregarla directamente a quienes operaban en La Casita sabiendo lo que allí le ocurriría a la víctima y Diab porque como segundo jefe del Destacamento de Inteligencia colaboró con los hechos, impartiendo directivas, aportando los medios materiales y garantizando el anonimato y la impunidad de sus subordinados". Todo, "en cumplimiento del plan (sistemático)" y con "la intención de que Suppo les diera la información de su interés, la torturaron y violaron", dice el fallo.

La causa investiga la represión ilegal a militantes de la Juventud Peronista de Rafaela ordenada por el ex jefe del Area 212, coronel Juan Orlando Rolón, ya fallecido. Es la desaparición de Reinaldo Hattemer, el asesinato de Rubén Carignano y el secuestro y torturas a Silvia Suppo, su hermano Hugo Suppo, Jorge Destéfani, Ricardo Díaz y Graciela Ravellino. Hattemer fue secuestrado en las puertas de una iglesia de Rafaela el día que se casó su hermano, 25 de enero de 1977, a las 11 de la mañana y a la vista de su familia y decenas de invitados que participaban en la ceremonia; está desaparecido desde entonces. Carignano cayó el 23 de mayo de 1977 y fue asesinado en la comisaría 4?, donde intentaron enmascarar el crimen con un simulacro de suicidio. Los hermanos Suppo y Destéfani fueron detenidos al día siguiente, el 24 de mayo y los esposos Díaz y Ravellino, el 31 de mayo de 1977.

En junio de 2012, el juez federal de Santa Fe Reinaldo Rodríguez procesó a cinco imputados en la causa: al coronel Diab (por los "homicidios" de Hattemer y Carignano), al comisario Ferreyra (por el "homicidio" de Carignano) y a ambos, por la "privación ilegítima de la libertad agravada" y "tormentos agravados" de los siete militantes de la JP. Y reprochó a otros tres policías: el comisario Juan Calixto Perizzotti, la sargento María Eva Aebi y al comisario Oscar Farina, el "aborto" de Silvia Suppo, pero bajo la figura de "tormento agravado". Perizzotti era coordinador del Area 212 del Ejército (alcaide del centro clandestino que funcionó en la Guardia de Infantería Reforzada) y Aebi su mano derecha; los dos fueron condenados a 22 y 19 años de prisión en el juicio a Brusa.

El 4 de febrero de este año, la Cámara confirmó los procesamientos de Diab, Ferreyra, Perizzotti y Aebi, pero a los dos primeros los eximió de las "violaciones" a Silvia porque el juez Rodríguez no les había imputado los tres hechos en las indagatorias y benefició con una falta de mérito a Farina por falta de pruebas.

En abril, el fiscal Walter Rodríguez pidió la ampliación de indagatoria de Diab y Ferreyra por "el delito de violación reiterada" de Suppo. "La violencia sexual fue parte del terrorismo de Estado", señaló el dictamen. Y el 3 de mayo, el juez Rodríguez los procesó por esos cargos.

Ahora, la Cámara confirmó la ampliación de imputaciones a Diab y Ferreyra por el ataque sexual a Suppo. En el primer voto, el camarista Edgardo Bello recordó el suplicio de Silvia, desde su secuestro en Rafaela el 23 de mayo, el traslado a la comisaría 4? de Santa Fe, la noche del 26 cuando la llevan a "La Casita" y el regreso a la 4?. "Ella aclaró que sus violadores 'no emitieron palabra alguna y que sus gritos no se escuchaban por la mordaza que tenía en la boca'. Lo dicho se encuentra probado con las testimoniales en la causa, la declaración de la propia víctima y la prueba agregada al expediente", agregó el fallo.

En el segundo voto, el camarista Carlos Carrillo -al que adhirió la mayoría de sus colegas- dijo que ni Diab ni Ferreyra objetaron "los tres hechos de violación sufridos por Suppo". "Ella fue ilegalmente detenida por las fuerzas conjuntas que dependían del Area 212 (al mando de Rolón), con especial intervención del Destacamento de Inteligencia Militar 122 y de la comisaría 4? de Santa Fe, de los que Diab y Ferrerya eran segundo jefe y titular, respectivamente".

"Después de uno o dos días en la dependencia policial, la llevaron al centro clandestino conocido como 'La Casita' (que funcionaba en la órbita del Destacamento de Inteligencia), lugar donde la interrogaron bajo tormentos y la violaron en tres ocasiones, para devolverla a la comisaría, donde siguió cautiva. Ese procedimiento no es más que la manera establecida por el plan sistemático aplicado desde las más altas esferas del gobierno militar (que la Corte Suprema tuvo por probado en el llamado Juicio a las Juntas), que se caracterizaba por la aprehensión ilegal de los sospechosos, su interrogatorio mediante tortura para obtener información y su mantenimiento en cautiverio muchas veces clandestino o su eliminación".

"En ese contexto, todas las razones dadas para considerar acreditado que Diab y Ferreyra fueron probables partícipes necesarios de los delitos de privación ilegítima de la libertad y tormentos en perjuicio de Suppo, permiten también asignarles la misma responsabilidad por las violaciones (...) para quebrar su resistencia y obtener la información que de ella se buscaba?, explicó la Cámara.

Por lo tanto, Diab y Ferreyra deben responder como "partícipes necesarios" en las violaciones a Suppo por "el aporte esencial" que hicieron para consumar los hechos. "Ferreyra, al entregarla a quienes operaban en La Casita sabiendo lo que allí le ocurriría a la víctima y Diab porque como segundo jefe del Destacamento colaboró con los hechos, impartiendo directivas, aportando los medios materiales y garantizando el anonimato y la impunidad de sus subordinados", concluyó.http://www.amprovincia.com.ar/noticias/17699-estamos-cansados-de-ver-la-manipulacion-de-la-memoria/

viernes, 17 de agosto de 2012

Anularon las salidas transitorias de tres condenados en Sanra Fé

Brusa y Cía sin privilegios

Casación revocó las salidas transitorias del ex juez, Ramos y Aevi porque un Tribunal de Santa Fe no informó al Ministerio Público Fiscal el resultado "de las diligencias que apuntaban a mejorar los lazos familiares y sociales" de los condenados.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

La Cámara Nacional de Casación Penal hizo lugar a un planteo del fiscal general Martín Suárez Faisal y revocó las salidas transitorias del ex juez Víctor Brusa y de otros dos integrantes de la patota de la represión: el ex policía Eduardo "Curro" Ramos y la ex carcelera María Eva Aebi. Es otro fallo unánime de la Sala II -integrada por los camaristas Alejandro Slokar, Pedro David y Angela Ledesma﷓, la misma que hace tres meses, el 18 de mayo, ratificó la sentencia que pesa sobre los tres represores. En diciembre de 2009, Brusa había sido condenado a 21 años de cárcel, Ramos a 23 y Aebi a 19 años, pero en diciembre de 2011, el mismo Tribunal Oral de Santa Fe que los mandó a prisión -integrado por dos conjueces﷓, los benefició con "un régimen de salidas transitorias para afianzar y mejorar los lazos familiares y sociales". Ocho meses después, Casación anuló aquel fallo y ordenó dictar otro, pero ya sin los dos conjueces Andrea Creus y Carlos Renna, que fueron separados de la causa. "El juez no sólo necesita convencerse a sí mismo, sino también a los litigantes y a la sociedad, de la justicia de una decisión, pues una sentencia arbitraria implícitamente, ocasiona un desprestigio al Estado mismo", advirtió la Cámara.

Brusa fue el primer juez del país condenado por delitos de lesa humanidad. Y el primero en la provincia, beneficiado con salidas transitorias (dos cada quince días) por el mismo Tribunal que lo mandó a prisión. Un privilegio que compartió con Ramos y Aebi durante ocho meses, desde el 29 de diciembre de 2011, cuando los tres pasaron el fin de año en casa. Los beneficios de Brusa y compañía provocaron una conmoción entre sus denunciantes, que lo consideraron una "desmesura" y hasta una "arbitrariedad", aún cuando uno de los requisitos que debían cumplir era "no relacionarse con personas relacionadas con el delito cometido y/o sus víctimas".

El fiscal Suárez Faisal impugnó las salidas de Brusa, Ramos y Aebi con varios argumentos. Uno resultó clave. Sostuvo que el Tribunal integrado por el juez de Paraná, Roberto López Arango y los conjueces Creus y Renna "se limitó a requerir la opinión del Ministerio Público Fiscal respecto del primigenio pedido del defensor oficial", luego ordenó "distintas actuaciones" y por último concedió las salidas transitorias, pero sin "correr vista sobre el resultado de esas nuevas diligencias al Ministerio Público".

Un olvido que fulminó el fallo de las salidas transitorias. "Una omisión que es causal de nulidad", sostuvo la Cámara. Porque "el Ministerio Público Fiscal, es parte necesaria del incidente" y al "no poder argumentar" sobre el trámite, el "tribunal tampoco pudo escuchar esas razones". "Esta omisión deviene en causal de nulidad del pronunciamiento recurrido", máxime cuando el doctor Suárez Faisal cuestionó "los extremos fácticos" que esgrimió el Tribunal para beneficiar a los represores.

Por lo tanto, "la resolución impugnada no cumple con el parámetro legales, pues a la hora de evaluar la procedencia de las salidas transitorias se limita a afirmar dogmáticamente: 'Brusa ha cumplido el requisito temporal del art. 17, inc. I.a) de la ley 24.660, y reúne también las demás condiciones establecidas por los incisos II, III, y IV de la citada normativa'". Un fundamento en clave, indescifrable para el común, que la Cámara retrucó: "Es en los considerandos donde el juez no sólo necesita convencerse a sí mismo, sino también a los litigantes y a la sociedad, de la justicia de la decisión, pues una sentencia arbitraria implícitamente, ocasiona un desprestigio al Estado mismo".

Y luego cita un fallo de la Corte Suprema de Justicia, "según el cual una de las pautas más seguras para verificar si la inteligencia de una disposición es racional y congruente con el resto del sistema del cual forma parte, es la consideración de sus consecuencias, análisis que en la resolución recurrida aparece soslayado".

"La Corte ha entendido históricamente que la misión judicial no se agota con la sola consideración indeliberada de la letra de la ley. En primer término porque, sin mengua de ella, es ineludible función de los jueces, en cuanto órganos de aplicación del ordenamiento jurídico vigente, determinar la versión, técnicamente elaborada, de la norma aplicable al caso, tarea a que esta Corte se ha referido aludiendo al establecimiento del sentido jurídico de la ley como distinto de su acepción semántica o vulgar, y como resultado de una interpretación sistemática y razonable. Y también porque los jueces son, en cuanto ministros de la ley, servidores del derecho para la realización de la justicia, que puede alcanzarse con resoluciones positivamente valiosas, derivadas razonablemente del ordenamiento jurídico vigente".

La Cámara recordó no sólo quién es Brusa ("la particular naturaleza de los hechos que se le atribuyeron y el alto grado de verisimilitud" derivó en la confirmación de la condena) sino también un criterio de la Corte ("la necesidad de evitar decisiones que pongan en riesgo la responsabilidad internacional del Estado argentino ante la obligación de juzgar y sancionar a responsables por delitos de lesa humanidad").

Y por lo tanto, la obligación del Tribunal Oral de un "mayor celo en el trámite y en el análisis sobre la viabilidad de las salidas transitorias, pues pesa sobre los magistrados un especial deber de cuidado para neutralizar toda responsabilidad de fuga o entorpecimiento de la investigación".

domingo, 20 de mayo de 2012

Detenido por el aborto forzoso de Silvia Suppo durante la dictadura

Se trata del ex policía Oscar Farina, quien quedó detenido en el marco de la causa en la que se investiga el secuestro de militantes políticos en la década del ’70, entre ellos Suppo, fallecida hace dos años.
 
 Farina está imputado de ser quien la llevó a una clínica de nuestra ciudad para que se le practicara un aborto luego de que quedara embarazada por una violación que sufrió durante su detención.

Lucila Puyol, abogada de los hijos de Silvia Suppo y de la Agrupación Hijos, confirmó por LT10 la detención y los hechos relatados por la víctima que implican a Farina y otros represores.

Puyol, relató que “Suppo fue violada por tres hombres, luego ella pide un médico y le realizan unos análisis. Perizzotti le dice que estaba embarazada y que a ese error había que repararlo. Entonces, la guardia cárcel María Eva Aevi, que recordemos ya está condenada, junto a Farina la llevan a una clínica privada donde se le practica el aborto forzoso”.

Es en este marco, según indicó Puyol, “la imputación que tiene Farina”.

sábado, 7 de abril de 2012

La mujer silenciada. Silvia Suppo

Silvia Suppo - 1959-2010

 Por Sonia Tessa

Cuando Sara y Rita, amiga y cuñada de Silvia Suppo, llegaron al hospital de Rafaela, en la mañana del 29 de marzo de 2010, el médico forense les preguntó a qué se dedicaba la víctima, aún con vida, sorprendido por el ensañamiento de las nueve puñaladas en el cuerpo. En cuanto le dijeron que había sido presa política, el profesional las esquivó. En Rafaela, ciudad de cien mil habitantes orgullosa de su pujanza económica, orden y limpieza, no hubo nunca un asesinato en ocasión de robo de esas características. Silvia estaba atendiendo su local Todo Cuero y vivía en la parte de atrás. Tras su asesinato, faltaron muy poco dinero y alguna mercadería. Ella era algo más que una presa política: fue testigo en la causa Brusa, había declarado con lujo de detalles sobre su cautiverio y había podido verles la cara a todos los represores en el centro clandestino de detención de Santa Fe La Casita, adonde la llevaron tras realizarle un aborto para reparar “el error” de un embarazo producto de violaciones de los torturadores. Silvia fue secuestrada el 24 de mayo de 1977, tenía 18 años. El de 2002, para Silvia, fue un fin de año ambiguo: el 21 de diciembre había podido escuchar las fuertes condenas contra el ex juez federal Víctor Brusa, Juan Calixto Perizotti, María Eva Aebi, Eduardo Ramos, Héctor Colombini y Mario Facino. Pero esas fiestas fueron también las primeras sin su compañero de vida, Jorge Destéfani, con quien se casó cuando él salió de Coronda, cinco años después del secuestro que compartieron, en las primeras horas, sin saberlo. A Destéfani, el Corcho, lo habían puesto en el baúl del auto en el que también llevaron a Silvia y su hermano Hugo desde Rafaela a Santa Fe. El murió en 2009 de un cáncer, unos tres meses antes de la crucial declaración de Silvia en los Tribunales santafesinos.

Ese mismo año había nacido Juana, la hija de Marina. La niña cumplió un año pocos días antes del asesinato de una abuela a quien Marina describe así: “chocha”. Chocha por esa niña que el jueves 29 de marzo participó de la marcha por el esclarecimiento del asesinato de su abuela, llevando orgullosa su rostro en una pechera.

Marina y Andrés son, ahora, los que llevan la antorcha de la justicia para señalar una y otra vez que no se trató de un crimen común –como se les dice para diferenciarlo de los políticos–, que no hay pruebas concluyentes contra Rodolfo Cóceres y Rodrigo Sosa, dos jóvenes marginales que fueron procesados sin poder describir fehacientemente la escena del crimen. Desde el principio, tanto el juez provincial Alejandro Mognaschi como el juez federal Reynaldo Rodríguez se negaron a investigar la hipótesis política. Ni siquiera la resolución de la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que se agote esa posibilidad los impulsó a avanzar en la declaración de un testigo de identidad reservada que acusó directamente a dos presos de la cárcel de Las Flores como autores materiales, en relación directa con Brusa, como instigador. El juez desestimó esa declaración y sobreseyó a los acusados por el testigo, sin aceptar ninguna de las medidas pedidas por la querella, que representan Lucila Puyol y Guillermo Munné. El 21 de marzo pasado estos abogados, acompañados por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, apelaron el sobreseimiento ante la Cámara de Apelaciones de Rosario.

Las irregularidades en la investigación son muchas: la escena del crimen fue mancillada (según el testigo protegido, hubo un policía asignado especialmente para hacerlo) a tal punto que no se pudo identificar restos de ADN. Los supuestos asesinos confesos dijeron que habían llevado a Silvia, ya herida, desde el negocio (todo vidriado, en el centro de la ciudad, a las 9 de la mañana, un horario de plena actividad) hasta la casa, en el fondo, pero no había rastros de sangre de ese traslado.

De lo que sí quedan rastros es de la tarea silenciosa que Silvia –entre tantas cosas, enfermera– hizo en su ciudad durante muchos años. Aquella militante de la Juventud Peronista dejó sembrada la semilla que germinó en sus hijos, pero también en el Espacio Verdad y Justicia por Silvia Suppo. Mientras no se sepa exactamente cómo la mataron, quiénes y por qué, su muerte seguirá siendo tan política como lo fue su vida.

jueves, 29 de marzo de 2012

A dos años del asesinato de Silvia Suppo

"Queremos Justicia, saber la verdad"

Esa fue la consigna que se cantó en la marcha de anoche en la ciudad donde mataron de nueve puñaladas a Suppo, testigo clave en el juicio a los represores santafesinos. El Espacio Verdad y Justicia denunció las irregularidades judiciales.

Desde Rafaela

Encabezado por Madres de la Plaza de Mayo de la ciudad de Santa Fe, el acto para pedir el esclarecimiento del asesinato político de Silvia Suppo, convocó anoche a centenares de personas, a dos años de las nueve puñaladas certeras que recibió la testigo clave de la causa Brusa en la mañana del 29 de marzo de 2010, en un comercio de una calle céntrica de Rafaela. Los hijos de Silvia, Andrés y Marina Destéfani, encabezaron la marcha junto a amigas, la integrante de la Asociación de Ex Detenidos y Desaparecidos Políticos, Nilda Eloy, así como Hijos y la Casa de Derechos Humanos de Santa Fe. El Espacio Verdad y Justicia por Silvia Suppo elaboró un documento en el que denunciaron las "sospechosas casualidades que se sucedieron" en la investigación. Distintos manifestantes lo leyeron anoche, en la plaza 25 de mayo de la ciudad, después de marchar por el bulevar Santa Fe ida y vuelta desde esa plaza hasta la Jefatura de Policía, donde Silvia estuvo secuestrada en la noche del 24 de mayo de 1977, antes de ser llevada al centro clandestino de detención La Casita en Santa Fe, para ser torturada y violada. Que Silvia haya sido una de las pocas sobrevivientes que pudo verles la cara a los represores santafesinos de la primera causa por delitos de lesa humanidad que se desarrolló en la provincia, es un dato que subrayaron varios manifestantes de la compacta cuadra de marcha.

"Queremos Justicia por Silvia, queremos saber la verdad. Rodríguez ponete las pilas no esperamos más", cantaron los manifestantes durante la marcha, con el ritmo de Vasos vacíos, de Los Cadillacs. La apelación es al juez federal santafesino Reynaldo Rodríguez, que sobreseyó a los dos acusados por un testigo de identidad reservada de haber sido los verdaderos autores materiales del asesinato, instigado desde el pabellón de lesa humanidad de la cárcel de Las Flores.

El miércoles 21 de marzo los abogados de los hijos de Silvia, Lucila Puyol y Guillermo Munné, junto a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, se presentaron ante la Cámara de Apelaciones de Rosario para apelar el sobreseimiento, argumentar que el juez Rodríguez nunca desarrolló la investigación seria que le ordenaron tribunales superiores como la propia Corte Suprema de Justicia de la Nación. "Tuvimos la audiencia en la Cámara, que ahora tiene la decisión en sus manos. El juez nunca hizo lugar a las medidas de investigación que pedimos, pero esperamos que la fiscalía nos acompañe", expresó Puyol.

En el acto, Munné planteó que el asesinato tuvo "como objetivo acallar a una militante como Silvia Suppo, una referente de la memoria de Rafaela". Pidió que "se designen en la causa a la Policía Aeroportuaria y al espacio Verdad y Justicia para investigar sin los vicios de fuerzas criminalizadas como las policías provincial y federal".

Marina subrayó que "fue evidente la decisión del juez Rodríguez de sacarse la causa de encima". Al final de la lectura del documento, fue la encargada de nombrar a los 18 desaparecidos de Rafaela, al grito de "presentes".

El espacio Verdad y Justicia afirmó que "a pesar de las evidentes irregularidades en el accionar policial que venimos denunciando públicamente y en el departamento de Asuntos Internos de la Policía de Santa Fe ningún funcionario policial fue citado a declarar ni apercibido".

La enumeración de "sospechosas casualidades" incluye "el grado de ensañamiento que no se corresponde con un homicidio en ocasión de robo". También subrayaron que "los autoimplicados declaran que luego de atacarla, la arrastran por más de 12 metros. Es dudoso que no haya huellas, ni desorden, ni rastros de sangre en dicho trayecto". La larga lista de irregularidades incluye que "el accionar de la policía fue desprolijo, ineficaz y dudoso: realizó el peritaje en el lugar del crimen en ausencia de la Fiscal y sin proteger la escena, no encontró huellas, no dio con testigos que reconocieran a los imputados, y citó ilegalmente a declarar en la comisaría a uno de los remiseros cuando debía hacerlo frente al juez. A lo que se suma que no se encontraron rastros de sangre en los cuchillos ni en la ropa de los imputados. Por otro lado, la policía no entregó a la justicia el video de las filmaciones que la concesionaria de la terminal de ómnibus le entregó a pocas horas de la salida de la ciudad de los supuestos autores".

Otro punto de la investigación es que "todavía falta ubicar a un remisero, el que los acusados dicen haber llamado luego de cometer el hecho". Con esta enumeración, el Espacio subraya su certeza sobre el carácter político del asesinato. "No tenemos ninguna duda de que Silvia fue asesinada por su carácter de testigo clave en las causas", expresó Eloy, compañera y querellante de la causa por la desaparición de Jorge Julio López, que llegó desde La Plata para acompañar la manifestación.

Casi al final, se leyó la adhesión del diputado nacional por el Frente para la Victoria, Agustín Rossi, quien recordó el compromiso de la presidenta Cristina Fernández con el esclarecimiento del crimen.

La Murga La Memoriosa, con Olga Moyano y Amparo Palombo a la cabeza, anticipó el final con Fuiste, un tema que hicieron especialmente para Luis Patti. "Fuiste patota, fuiste apropiador, fuiste asesino, fuiste violador, todo eso fuiste, pero perdiste". "Brusa, fuiste", gritó Moyano en el final en referencia al ex juez federal santafesino y despertó los aplausos. La Murga Estación Esperanza, en cambio, hizo su tema dedicado a Silvia. "Que no se cansen mis compas, que no se cansen de luchar. Es Silvia quien va adelante, marcando el camino, va".

miércoles, 21 de marzo de 2012

UN 24 MAS CERCA DE LA JUSTICIA.

Nuevos procesamientos en la mega causa Feced

Celebramos que el  juez Bailaque determinó el procesamiento de:
Jorge Rafael Videla, Ricardo Enrique Corrales,Alfredo Sotera, José Rubén Lo Fiego, Mario Alfredo Marcote; José Carlos Antonio Scortechini; Ramón Rito Vergara; Carlos Ulpiano Altamirano; Lucio César Nast; Julio Héctor Fermoselle; Ramón Telmo Alcides Ibarra; Ovidio Marcelo Olazagoitía, Diego Portillo,  Ernesto Vallejo y  Eduardo “Picha” Dugour, ampliando y profundizando las responsabiidades por los delitos cometidos contra nuestros/as compañeros/as en el ex Servicio de Informaciones de la Policía de la dictadura.

El juez profundiza la acusación, tanto en relación a los autores materiales como en las responsabilidades de los jefes militares, como los casos de Alfredo Sotera y Jorge Videla, todos ellos por los delitos de privación ilegítima de la libertad, aplicación de tormentos y homicidios cometidos entre muchos otros contra:

Daniel Gorosito, Marta Bertolino, Oscar Manzur, Liliana Gómez, Laura Ferrer Varela, Alfredo Vivono, José Aloisio, todos los compañeros de la masacre de los Surgentes, Pedro Galeano, Osvaldo Vermeulen, Azucena Solana,María Inés Luchetti de Bettanín, Marisol Pérez, Carmes Lucero, Ana María Ferrari, Jorge Palombo, Carlos Pérez Rizzo, Pepe Berra, Mirta Castelini, y las lista sigue.

También procesan a Mario Marcote por el delito de abuso sexual contra Stella Maris Hernández.

Además, luego de tantos años de lucha, procesa a Eugenio Segundo Zitelli, ex capellán de Feced, por la comisión de privaciones ilegales de la libertad y por integrar la asociación ilícita que solo nuestra región durante el genocidio perpetrado en nuestro país.

Desde las organizaciones que representamos celebramos esta decisión, esperando que sea solo el comienzo del trazado de un camino que despeje las responsabilidades que sin dudas le cupieron a los jerarcas de la iglesia católica, co – autores del genocidio argentino.

Le pedimos en 2010 al fiscal Stara que presentara en nuestro nombre la acusación, y finalmente, casi dos años después, la justicia procesa al genocida Zitelli.

Honremos A nuestros compañeros a 36 años del golpe genocida. Llenemos el 24 el monumento y el 26 el Bv Oroño para escuchar la condena en la causa Diaz Bessone

No hay futuro sin justicia.

FAMILIARES DE DESAPARECIDOS Y DETENIDOS POR RAZONES POLITICAS
LIGA ARGENTINA POR LOS DERECHOS DEL HOMBRE ROSARIO
ASAMBLEA PERMANENTE POR LOS DERECHOS HUMANOS DE ROSARIO (APDH Rosario)
UMANO DE CASILDA

martes, 6 de marzo de 2012

El juicio a Díaz Bessone y la patota de Feced, entra en su etapa final

La larga causa que empezó en 1984

Ayer se reanudaron las audiencias. Sólo resta el derecho de los imputados a decir las últimas palabras y luego, la fecha del veredicto, justo en el mes que se recuerda el golpe militar del 76. Hoy se sabrá si Díaz Bessone expone desde su casa.

 Por Sonia Tessa

El Tribunal Oral Federal número 2 reanudó ayer las audiencias de la causa Díaz Bessone, tras la confirmación dada por los peritos oficiales del Cuerpo Médico Forense de la Nación sobre la capacidad del principal imputado, Ramón Genaro Díaz Bessone, ex comandante del Segundo Cuerpo de Ejército, de comprender el juicio al que está siendo sometido. Fue una audiencia fructífera, que dejó el proceso a un paso del final. De hecho, sólo resta el derecho de los imputados a decir las últimas palabras y luego, la fecha del veredicto. Ayer, el defensor de Díaz Bessone, Gonzalo Miño, hizo un breve alegato, en el que eludió tratar cada una de las acusaciones por privación ilegítima de la libertad, torturas, homicidios calificados y asociación ilícita que pesan sobre su defendido contra 51 víctimas. Por el contrario, se amparó en un discurso político sustentado en la teoría de los dos demonios.

Miño subrayó su convicción de que "la suerte está echada", por eso prefirió adherir a los argumentos de los defensores de los otros acusados, los policías José Lofiego, Mario Marcote, José Scortecchini, Ramón Vergara y el civil Ricardo Chomicki. En algunos casos, esos argumentos se amparaban en la obediencia debida y el control operacional de la policía de parte del Ejército, pero eso no fue un obstáculo para Miño, que repitió los argumentos del dictador Jorge Rafael Videla, al afirmar que los procesos penales en marcha son "políticos", y que "sin la presión del Consejo de la Magistratura y sin órdenes presidenciales estos juicios hubieran sido otra cosa". Cuando el abogado terminó su alegato, se escucharon algunos abucheos del público y el presidente del Tribunal, Jorge Venegas Echagüe, los paró con una frase que pareció dirigida también a Miño: "Este Tribunal va a defender a ultranza el derecho de las partes".

Desde octubre pasado, Miño despliega una estrategia defensista para dilatar el proceso, que incluyó la dispensa de alegar en más de una oportunidad porque, según arguyó, la salud de su defendido le impedía darle órdenes para estructurar una defensa. El Tribunal llegó a apercibirlo para haga su exposición, pero Miño se amparó en cuestiones de salud.

Sin embargo, el lunes el Tribunal Oral, que completan Beatriz Baravani de Caballero y Otmar Paulucci interrogó a los peritos oficiales. Los integrantes del Cuerpo Médico Forense afirmaron que Díaz Bessone estaba en condiciones de seguir siendo sometido a juicio, aunque no pueda permanecer en la sala de audiencias, por eso lo sigue desde su casa. Justamente, Venegas Echagüe adelantó que hoy el Tribunal determinará la forma en que Díaz Bessone pueda ejercer su derecho a la última palabra.

Lo que siguió fueron una serie de pasos formales del proceso: la respuesta a los pedidos de nulidades de los defensores de los represores por parte del fiscal Gonzalo Stara y las querellas, las réplicas a los alegatos y las dúplicas de los defensores.

Entre las nulidades más técnicas, que respondió Stara basado en jurisprudencia, hubo una discusión de auténtico interés público y masivo: la respuesta del Ministerio Público Fiscal al pedido de Gritzko Gadea para que su defendido, José Rubén Lofiego, acusado de homicidio calificado, privación ilegítima de la libertad, tormentos y asociación ilícita, continúe sin cumplir prisión efectiva más allá del veredicto, al considerar que la sentencia no estará firme hasta que se expida la Cámara de Casación Penal. "El Tribunal sí tiene competencias para ordenar la inmediata detención al momento de dictar sentencia", expresó Stara.

Otro punto "novedoso" de réplica estuvo a cargo de Daniela Asinari, representante de la Liga Argentina por los Derechos Humanos y Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas. Asinari respondió al defensor Nicolás Foppiani, quien había relativizado los testimonios de las víctimas sobrevivientes como "falsos recuerdos y percepciones creadas" en contacto con otras víctimas y los organismos de derechos humanos. Asinari afirmó: "A los sobrevivientes les debemos la posibilidad de conocer la dinámica del genocidio y el funcionamiento de los centros clandestinos de detención", mientras que los organismos de derechos humanos, con su permanente lucha contra la impunidad, merecen el "reconocimiento internacional". Foppiani se limitó a decir que su defensa "respetó el carácter de víctima de los testigos y no incurrió en victimización".

A la salida de la audiencia, el clima era de satisfacción y hasta cierta incredulidad: la causa que se inició bajo el nombre de Feced en enero de 1984, por la que tanto bregaron víctimas y familiares durante 28 años, por cuya instancia oral pasaron más de 100 testigos desde el 10 de julio de 2010, en la que se investigan delitos de lesa humanidad contra 91 víctimas, que tiene entre los imputados a importantes integrantes de la patota del ex interventor de la policía rosarina Agustín Feced está llegando a su fin, justo en el mes que se cumplen 36 años del golpe del 24 de marzo.