Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

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martes, 11 de septiembre de 2018

Violación, embarazo y aborto impuesto: el ciclo de tortura que se juzga en Rafaela

Segunda audiencia en la Megacausa que analiza el caso de Silvia Suppo, a la que los represores le impusieron un aborto después de violarla y embarazarla durante el cautiverio

Redacción Canal Abierto | Se desarrolla en la ciudad de Rafaela la segunda audiencia de la Megacausa por delitos contra la humanidad cometidos en el noroeste santafesino durante el terrorismo de Estado.

Se trata del primer juicio por violaciones a los derechos humanos en el que se juzga la figura de aborto forzado como crimen de lesa. Es el caso de Silvia Suppo, ex detenida desaparecida en el Centro Clandestino La Casita, sobreviviente del genocidio, asesinada en 2010.

El proceso comenzó el pasado jueves y se extenderá hasta mediados de octubre.

Silvia Suppo, 2009
Los imputados son cuatro ex policías: los comisarios Ricardo Ferreyra y Juan Calixto Perizzotti, la sargenta María Eva Aevi y el oficial Oscar Adolfo Farina.

El abogado querellante Guillermo Munne, explica a Canal Abierto que “abarca la mayor parte de los crímenes de la última genocida cívico-militar-eclesiástica y, en este caso con más fuerza que nunca, patriarcal, cometidos en la zona”

El calvario de Silvia Suppo se incorpora mediante entrevistas periodísticas, un documental, testimoniales suyas en la etapa de instrucción, testimonios de familiares y compañeros, y a través de su declaración en el juicio de 2009, en el que relató los tormentos, las violaciones y el aborto al que la forzaron los represores.

“Se destaca el carácter misógino y patriarcal de esta dictadura retrógrada y reaccionaria en todas las dimensiones políticas, culturales y sociales, en los hechos que es que se juzgan: las violaciones contra Silvia y el aborto impuesto por el embarazo producto de esas violaciones, cuando fue secuestrada a los 17 años de edad”, aclara el abogado, que junto a Lucila Puyol encabezan la acusación.


Primera audiencia Megacausa Rafaela
Entre otros hechos, Ferreyra está acusado por los delitos sexuales. La interrupción del embarazo fue organizada por Perizzotti con la participación de Aebi y Farina. El hijo de Perizzotti, que es abogado y defiende a su padre, es reconocido militante anti-derechos contra el aborto legal, seguro y gratuito.

El 29 de marzo de 2010 Suppo fue asesinada en su negocio de nueve puñaladas en un hecho que su familia y las organizaciones de derechos humanos denunciaron como una venganza y un intento de amedrentar a la militancia por los derechos humanos. En 2015 el Tribunal Federal de Santa Fe condenó a Rodolfo Cóceres y Rodrigo Sosa, auto-implicados en el crimen, a prisión perpetua, como “coautores del delito de homicidio agravado por haber sido cometido con alevosía y para procurar impunidad”.

En este juicio su voz la alzan sus hijos, Marina y Andrés Destéfani y su cuñada, Rita Destéfani.

Munne asegura que “con el asesinato buscaron acallar para siempre las denuncias de Silvia, pero no lo lograron, porque sus hijos mantuvieron esa lucha. Ella fue la denunciante inicial de esta causa, empezó con la denuncia de la desaparición de quien era su novio en el año 1977, Reinaldo Hattemer. Toda esa historia enorme de militancia de amor de valentía es la que llega a juicio en la mega causa”.

Silvia Suppo “es un emblema de todas las mujeres, de lo que es mantener la memoria siempre”, la reivindica Guillermo Munne

En la Megacausa Rafaela además se juzgan los casos del secuestro y desaparición de Reinaldo Hattemer, en la iglesia Sagrado Corazón de Rafaela, durante el casamiento de su hermano menor, Oscar Hattemer. Silvia Suppo era entonces novia de Reinaldo –que sigue desaparecido- y madrina de la boda; el homicidio de Rubén Carignano en la comisaría 4ª de Santa Fe; el secuestro del hermano de Silvia, Hugo Suppo, y de Jorge Destéfani, quien luego sería su esposo, en La Casita; secuestro y torturas de Graciela Rabellino y su compañero Ricardo Díaz, en el mismo circuito represivo.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Los represores también eran violadores

EDUARDO "CURRO" RAMOS FUE PROCESADO POR VIOLAR A UNA ADOLESCENTE DE LA UES
Los represores también eran violadores

Ramos ya cumple dos condenas unificadas a 24 años de prisión por secuestros, torturas y asociación ilícita. Lo juzgarán por el asesinato de Emilio Feresín y acaban de procesarlo por delitos sexuales contra dos chicas de 16 y 14 años.
 Por Juan Carlos Tizziani
Desde Santa Fe.


Eduardo "Curro" Ramos ya cumple dos condenas unificadas a 24 años de prisión por secuestros, torturas y asociación ilícita. En el próximo juicio de lesa humanidad, lo van a juzgar por el "homicidio" de un dirigente montonero, Emilio Feresín, en marzo de 1977. Y ahora, el juez federal Carlos Vera Barros lo procesó por otros casos que se unificaron tras el juicio al ex juez Víctor Brusa, en 2009: la "violación reiterada" a una militante de 16 años de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y el "abuso deshonesto" a una niña de 14, en julio de 1976. Y la "privación ilegal de la libertad" y "tormentos agravados" a tres militantes de izquierda, en octubre de 1976, en un operativo en el que participaron otros dos represores, Víctor Hugo Cabrera y un ex policía que está prófugo. "La banda del "Curro" Ramos", la llamó uno de sus denunciantes y secretario nacional de la Liga Argentina de por los Derechos Humanos, José Ernesto Schulman.

Vera Barros interviene en la causa porque los dos jueces federales de Santa Fe, Reinaldo Rodríguez y Francisco Miño, se apartaron. Así que la resolución salió después de tres reclamos del fiscal Walter Rodríguez -en abril y agosto de 2014 y febrero de 2015- y un recurso por "retardo de justicia" que la Cámara Federal de Rosario recién resolvió a principios de octubre. La Cámara lo declaró "abstracto", pero recomendó al magistrado que "extreme los recaudos procesales necesarios para evitar este tipo de demoras".

El juez recordó que la niña fue secuestrada junto a su madre, en la casa de sus abuelos, el 16 de julio de 1976. "Estaba por cumplir 14 años". Mientras que la adolescente de la UES cayó en su casa, cerca del casco histórico de Santa Fe, unos días después, el 30 de julio.

Las dos menores relataron los operativos. "Tocaron el timbre", dijo la niña. Y el grupo de tareas copó la casa de sus abuelos. Eran "personas con ropas oscuras que venían desde los techos. Uno de los represores que "después descubrió que era Ramos, le preguntó como se llamaba, la sacó de la casa", la llevó a un vehículo de la Policía y "mientras permanecía boca abajo, vendada y esposada, abusó sexualmente de ella", señaló el juez. "Después, la trasladaron hacia otro lugar que logró identificar como la seccional 1ª, donde la interrogaron en reiteradas oportunidades" y la torturaron con "picana eléctrica", "golpes" y "manoseos".

La militante de la UES "fue violada contra su voluntad y mediante el empleo de la fuerza e intimidación, en dos oportunidades" entre el 30 de julio y los primeros días de agosto de 1976, en la seccional 1ª, por un policía que "se identificó como Gerardo" y que ella "luego pudo saber que era Ramos", explicó el juez. La jovencita había sido secuestrada en su casa por "un operativo de fuerzas conjuntas del Ejército y la Policía de Santa Fe", en el que participó "el imputado Ramos".

La joven de 16 años explicó que una de las formas de torturas era cuando la obligaban a permanecer en "posición de cuclillas" largo tiempo. Ramos se burló de ella en la indagatoria, dijo que "ni Messi puede estar en cuclillas ni una hora" y pidió una "pericia `psiquiátrica" para la víctima, que el juez desestimó.

"Los testimonios" en los juicios de lesa humanidad "son coincidentes" sobre "el modo de operar de los represores santafesinos cuando se trataba de mujeres, especialmente menores de edad: torturas, vejaciones y violación", señaló Vera Barros.

"Las víctimas (...) describieron los hechos en forma objetiva sin ningún juicio de valor. Más allá del lógico dolor al describir hechos tan aberrantes, no se advierte en sus palabras móviles que indiquen que sus testimonios son falaces, sino por el contrario, todo lleva a aseverar que son absolutamente verosímiles", agregó.

"Los testimonios de las víctimas satisfacen el principio de la no contradicción, se presentan verosímiles, concordantes, coherentes, a lo largo del tiempo. No se advierte en ellos animadversión alguna y no obstante el dolor o angustia que revelaron las víctimas, perfectamente perceptible, no evidenciaron animosidad hacia el imputado".

Vera Barros recordó que "era habitual que las mujeres ilegalmente detenidas en los centros clandestinos fuesen sometidas sexualmente por sus captores o guardianes o sufrieron otro tipo de violencia sexual". "Las violaciones y abusos no constituían hechos aislados ni ocasionales, sino que formaban parte de las prácticas ejecutadas dentro de un plan sistemático y generalizado de represión llevado a cabo por las Fuerzas Armadas durante la dictadura".

"Los tormentos padecidos por las mujeres eran específicos, dirigidos contra ellas por su condición de mujer, lo que evidencia una clara intencionalidad discriminatoria", dijo el juez. Y "un caso de violencia sexual emblemático es el de Silvia Suppo", concluyó.

viernes, 19 de diciembre de 2014

Silvia Suppo: con un cuestionado tribunal se inicia el juicio por su asesinato

Silvia Suppo, cuyo testimonio fue clave para condenar por delitos de lesa humanidad al ex juez Brusa, fue asesinada en su comercio en marzo del 2010. Binner, en ese entonces gobernador de la provincia de Santa Fe, quiso correr la versión de que fue asesinada en ocasión de robo.
 
El Tribunal Oral Federal de Santa Fe iniciará hoy el juicio por el asesinato de Silvia Suppo, ex detenida-desaparecida durante la última dictadura cívico militar, que fue ultimada a puñaladas hace cuatro años en la ciudad de Rafaela.
 
El cuestionado tribunal está integrado por María Ivón Vella, José María Escobar Cello y Luciano Lauría, que juzgará a los imputados Rodolfo Valentino Cóceres, de 26 años, y Rodrigo Ismael Sosa, de 22, quienes en el proceso de instrucción de la causa confesaron el crimen. El juez Lauría fue rechazado por todos los organismos de Derechos Humanos y por la querella compuesta por la familia de Suppo por ser confeso amigo de Víctor Hermes Brusa, condenado gracias al testimonio de Silvia.

Durante estos años el Espacio Verdad y Justicia por Silvia Suppo y numerosos organismos de Derechos Humanos y organizaciones de izquierda reclamaron que el crimen fuera investigado por la justicia federal por tratarse de un crimen con motivos políticos. Silvia aporto testimonios claves para enjuiciar al ex juez Brusa y a los responsables de los crímenes genocidas de la zona de Rafaela. Ella junto a otras sobrevivientes fueron las primeras en poner de relieve los métodos específicos de tortura a los que eran sometidas las mujeres. Sin embargo cuando Silvia es asesinada el gobierno de Binner y los funcionarios políticos de Rafaela se apresuraron a decir que fue un hecho de “inseguridad”, un homicidio en el marco de un robo. La Corte Suprema de Justicia de la Nación dictaminó que la causa sea investigada por la justicia federal.

En un comunicado difundido en las redes sociales por el Espacio Verdad y Justicia por Silvia Suppo e HIJOS Santa Fe denuncian que “En contradicción a lo resuelto dos veces antes, el tribunal ahora acepta el expediente que no tiene ninguna medida investigativa (…) y decide imponer el juicio oral con sólo dos de los imputados. (…) la parcialidad del joven camarista Lauría comienza a mostrar los dientes. Una medida probatoria básica como es la reconstrucción del hecho, es negada por el tribunal con el argumento de superabundancia de pruebas y testigos. En el expediente que la policía de Rafaela armó, que es a lo único a lo que se ha dado valor, no existe ningún testigo del hecho. No hay, en las distintas pericias realizadas, huellas, pelos, rastros que indiquen la forma de cómo mataron a Silvia.”
El Espacio Verdad y Justicia por Silvia Suppo convoca a las 8:30 del día de hoy a concentrarse en la esquina de Primera Junta y San Jerónimo de la ciudad de Santa Fe para reclamar justicia.

lunes, 10 de junio de 2013

Tramo final del juicio por delitos de lesa humanidad en Reconquista

A un paso de recibir condena

Comienzan hoy los alegatos de la causa contra siete represores de la patota que operó en la III Brigada Aérea del norte provincial, cuyo jefe era Danilo Sambuelli. Se incluyen secuestros, torturas y delitos sexuales contra dos mujeres.

 Por Juan Carlos Tizziani -  Desde Santa Fe

Comienza hoy el tramo final del juicio a siete represores de la patota que operó en la III Brigada Aérea de Reconquista, acusados por más de 40 casos secuestros y torturas, a los que se agregaron -"por primera vez en la provincia-" los abusos sexuales como delitos de lesa humanidad, entre ellos la violación de una niña de 16 años y su hermana de 23, que estaba embarazada. A partir de las 10, el Tribunal Oral de Santa Fe escuchará los alegatos de los abogados querellantes Lucila Puyol e Iván Bordón y mañana, el de los fiscales Martín Suárez Faisal y Roberto Salum. Las defensas seguirán la semana que viene y el veredicto se conocerá después de la feria de julio. Los siete imputados son dos oficiales de la Fuerza Area: el comodoro Danilo Sambuelli y el mayor Jorge Alberto Benítez y cinco policías: Carlos Nickisch (ex jefe del Departamento Informaciones, el temible D"2), Eduardo Luque, Rubén Molina, Horacio Machuca y Arnaldo Neumann.

La jornada de alegatos de la acusación arrancará hoy con la querella unificada, a cargo de Puyol y Bordón y mañana les tocará a los representantes del Ministerio Público. El Tribunal está integrado por los dos jueces de Santa Fe, José María Escobar Cello y María Ivon Vella y su colega de Rosario, Otmar Paulucci.

Sambuelli y compañía están imputados por "privación ilegítima de la libertad calificada", "tormentos agravados" y "vejámenes" en un universo de casos que oscila entre 10 y 40 víctimas, según el acusado. Pero Sambuelli, Nickisch, Machuca y Neumann deben responder también por las "violaciones reiteradas" -﷓como delitos de lesa humanidad-﷓ a dos hermanas; el primero, a una adolescente de 16 años que cumplió los 17 cuando estaba secuestrada en la III Brigada Aérea y los otros tres, a la hermana mayor, de 23.

El juicio comenzó el 19 de noviembre; en Reconquista, es conocido por el número del expediente ("la causa 050") y en Santa Fe, por el apellido del jefe del grupo de tareas ("Sambuelli"), que operó como jefe de Inteligencia de la III Brigada Aérea y después del golpe del 24 de marzo de 1976, asumió como interventor de la Municipalidad de Reconquista. La Unidad Regional IX de Policía, a la que pertenecían los cinco policías imputados, quedó al mando del otro oficial de la Aeronáutica, Benítez.

Uno de los acusadores de Sambuelli fue un militante político, Silvio Iznardo, que cumplió el servicio militar en la III Brigada Aérea a las órdenes del represor un tiempo antes y por lo tanto conocía hasta su timbre de voz. Iznardo sufrió dos secuestros, el primero, en febrero de 1976 y el segundo, un mes después, el 24 de marzo. Cuando lo tenían secuestrado después del golpe, en un hangar de la Brigada Aérea, identificó a su ex jefe. "Escuché una voz conocida que daba las órdenes: 'Lleven a éste para acá, traigan a este otro'. Al pasar cerca de mí lo reconocí. Era Sambuelli, a quien en la desesperación, como había sido soldado bajo su mando, mis padres fueron a verlo y les prometió que se ocuparía de mi situación. Por supuesto, que mis padres nunca se enteraron que Sambuelli era uno de los represores y asesinos. El comandaba el grupo de tareas que operaba en Reconquista".

"Sambuelli era el jefe de Inteligencia de la base aérea, todos los detenidos de esa época pasaban por las manos de él", recordó Iznardo. "También atendía personalmente a los familiares de las víctimas" y de esa manera, "tapaba lo que en realidad nos hacían padecer en las celdas", agregó. "Sambuelli estuvo como mínimo en dos o tres interrogatorios que me hicieron. Lo reconocí perfectamente, por la voz y porque hice el servicio militar bajo su mando durante catorce meses y salí cuatro o cinco meses antes de que me secuestraran", concluyó.

lunes, 4 de marzo de 2013

Testimonio clave en el juicio a la patota de la III Brigada Aérea de Reconquista

"Vine a contar mi verdad y a pedir justicia"

Griselda Pratto relató ante el Tribunal Oral de Santa Fe cómo un grupo de tareas que operó en el norte provincial la convirtió en esclava sexual cuando tenía 16 años. Su declaración marca un punto de inflexión en el juicio.

 Por Juan Carlos Tizziani
Desde Santa Fe

El 17 de marzo, Griselda Pratto cumplirá 53 años. Tenía 16, era una niña, cuando un grupo de tareas la secuestró en Reconquista. Ella no era militante política, sólo estaba en la casa de Luisa, su hermana embarazada, para esperar el parto y ayudarla con sus hijos más chiquitos. Un estruendo la despertó en la madrugada, el 5 de febrero de 1977. La llevaron a los golpes, maniatada y encapuchada, hasta la III Brigada Aérea de Reconquista, un centro clandestino de la dictadura, donde cumplió los 17, convertida en esclava sexual de la patota. "Esta nenita... Podemos jugar con esta nenita", le decían en la sala de tormentos. La dejaron ir recién el 26 de marzo. Fueron 49 días en el terror, en el miedo en su máxima escala. Treinta y seis años después, Griselda pudo declarar ante el Tribunal Oral de Santa Fe que juzga a sus secuestradores y violadores. Los identificó a todos, entre ellos al ex jefe de Inteligencia de la Base Aérea, Danilo Sambuelli y al ex jefe de Informaciones de la Policía santafesina (el tristemente célebre D2), Carlos Nickisch. "Vengo a contar mi verdad y a pedir justicia", les dijo a los jueces. Ellos la escucharon.

El testimonio de Griselda fue directo, descarnado. Un punto de inflexión en el juicio, el primero en la provincia y el segundo en el país que juzga los abusos sexuales y violaciones en centros clandestinos como delitos de lesa humanidad y parte del plan sistemático del terrorismo de estado. Los imputados también la escucharon desde el banquillo: Sambuelli, el mayor Jorge Alberto Benítez y los cinco policías: Nickisch, Arnaldo Neumann, Rubén Molina, Horacio Machuca y Eduardo Luque.

"Entraron a la casa de mi hermana a las patadas -recordó Griselda-. Luisa les preguntó: ' ¿Qué pasa?'. Le contestaron con un puñetazo. Y comenzaron a revisar todo. Debajo de mi cama, Nickisch encontró 20 pesos y le dijo a Neumann: 'Mirá, acá hay plata, tomá'. Y le entregó los 20 pesos. Después, cuando me sacan de la casa, uno le dice a otro: 'Machuca, correte'".

Ya en la Base Aérea, la encerraron en una celda, encapuchada. Entró uno de los guardias, "el cabo Estofaretti. Me dijo que tenía un arma, que eso significaba que tenía el poder. Y me violó. Yo era virgen", relató Griselda. "Al rato, llegó otro guardia que le dijo (a Estofaretti) que tenía un minuto para salir y que mí no me podía tocar nadie porque estaba prohibido".

"Después me volvieron a encapuchar. Me llevan a un lugar cercano, donde había agua en el piso. Y ahí me picanearon en la vagina, en los pechos, en las axilas, mientras me preguntaban qué hacía en Reconquista. Yo les contestaba lo mismo, que vine a ayudar a mi hermana, a cuidar a los chicos. Y más me golpeaban. Me arrastraron de los pelos hacia la celda que no tenía nada, ni colchón", agregó.

"Al cuarto día, a la noche, me llevan en un auto hasta una casa, donde me sacan la capucha y las esposas y me violan. Ellos me decían: 'Sambuelli, Nickisch, Neumann y Estofaretti tienen el poder'. Las violaciones fueron por todos lados. Jugaban con mi cuerpo. Tenía que tomar el semen de cada uno de ellos. Después, me llevaron al baño, donde había materia fecal en el inodoro, me metieron la cabeza dentro del inodoro y me hicieron comer la materia fecal. No podía evitarlo. No tenía más fuerzas. Quería evitar hacer eso, pero no podía. Luego me encapucharon y me llevaron a la Base Aérea".

Griselda se quebró en el llanto. El presidente del Tribunal, José María Escobar Cello, resolvió entonces un cuarto intermedio. La pausa la ayudó a recuperar el habla. "¿Puede continuar?", le preguntó más tarde el juez. "Sí. Vine a contar mi verdad y a pedir justicia", le contestó ella.

Las sesiones de torturas siguieron. Y los simulacros de fusilamiento también. "Me agarraban de los pelos y decían: 'Esta nenita... Podemos jugar con esta nenita'. Yo era su esclava. Ellos tenían el poder, hacían conmigo lo que querían. Nunca me asistieron. Una vez me vino la menstruación y me tuve que envolver con papel de diario. Ya no podía ni hablar. Mi desayuno eran la picana y los golpes. La cena, las violaciones. La última vez me bañaron con semen. Yo escribía en las paredes. Le pedía a Dios que se apiade de mi. Le decía: soy tu hija. Le pedía que tenga misericordia de mí".

"Me destruyeron la vida -dijo Griselda-. A veces tengo pesadillas muy feas. Me casé, pero no de blanco porque me daba vergüenza. Vengo acá con miedo, pensando que me va a pasar lo mismo. No tengo por qué mentir".

"Creía que me iban a matar porque les vi la cara a todos. Después, vino un médico, el doctor Arredondo a curarme, me dijo que hasta que no me quedara ninguna marca no me podía ir. Un día me sacaron sin capucha. Estaba Sambuelli, sentado como un rey. Me dio unas monedas y me dijo: 'Yo soy Sambuelli y no te quiero ver más acá'. Me seguían por todos lados. Nickisch, Neumann, podían violarme donde y cuando quisieran", relató.

- ¿Cómo supo los nombres de los que le hacían eso? -le preguntó uno de los jueces.

- Cuando ellos entraron a la casa se nombraron Nickisch y Neumann, cuando uno le dice al otro: 'Tomá la plata'. Y cuando me violaban, decían: 'Ahora te toca a vos, Sambuelli. Ahora te toca a vos, Nickisch', y ahí me violaban sin capucha. Al cabo Estofaretti lo nombró el guardia de la celda.

- ¿Volvió a ver a Arredondo?

- No, no lo vi nunca más -contestó Griselda.

martes, 20 de noviembre de 2012

Reconquista: El martirio de las víctimas de la patota

Primera audiencia del juicio a Sambuelli y a otros seis represores de Reconquista.

Ayer se leyó el caso de Griselda Pratto, violada y secuestrada a los 16 años. Todos están acusados por "privación ilegítima de la libertad" y "tormentos agravados" entre diez y cuarenta casos. El juicio se extenderá hasta abril próximo.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

Griselda Pratto no era militante política en febrero de 1977. Tenía 16 años cuando un grupo de tareas la secuestró en la casa de su hermana Luisa, en Reconquista. Eran las tres de la madrugada. La llevaron hasta la III Brigada Aérea, un centro clandestino de detención, donde cumplió los 17. Estuvo cautiva más de un mes, como rehén de la dictadura y sometida a la esclavitud sexual de la patota. Ella identificó a sus violadores, entre ellos a Danilo Sambuelli, entonces capitán y jefe de Inteligencia de la Base Aérea y hoy comodoro retirado. "Sambuelli me dijo que él tenía el poder, que podía hacer conmigo lo que quería", dijo Griselda. El suplicio y la amenaza se escucharon ayer en la lectura de la acusación fiscal, en la primera audiencia del juicio a Sambuelli y a otros seis represores de Reconquista, entre ellos su camarada de la Fuerza Aérea, Jorge Alberto Benítez, que operó como interventor de la Unidad Regional 9 de Policía. Se trata del décimo juicio en Santa Fe, pero el primero en la provincia y -el segundo en el país﷓ que juzgará los abusos sexuales y violaciones en centros clandestinos como delitos de lesa humanidad y parte del plan sistemático de la represión. Los otros cinco imputados son policías de Reconquista que integraron el grupo de tareas: Carlos Nickisch (que era el jefe de Informaciones, el tristemente célebre D﷓2), Arnaldo Neuman, Rubén Molina, Horacio Machuca y Eduardo Luque. Todos, están acusados por "privación ilegítima de la libertad" y "tormentos agravados" entre diez y cuarenta casos, pero cuatro de ellos: Sambuelli, Nickisch, Molina y Machuca, deberán responder también por el delito de violación a Griselda y Luisa Pratto.

El Tribunal Oral de Santa Fe (integrado por los jueces José María Escobar Cello, María Ivón Vella y su colega de Rosario, Otmar Paulucci) ya citó a declarar a más de cuarenta víctimas, entre ellas el ex intendente de Reconquista y ex senador de la provincia, Héctor Ocampo. Lo que significa que las audiencias se extenderán posiblemente hasta abril del año que viene.

Ayer, arrancó el debate con la lectura del requerimiento de elevación a juicio del Ministerio Público y de la querella. Hoy, a las 10, comenzarán las indagatorias de los acusados, que continuarán en las próximas dos semanas. Y las primeras testimoniales se escucharán el 4 de diciembre.

La acusación fiscal relató el martirio de las cuarenta víctimas. El clima de la sala pareció cambiar con el caso 33, el de Griselda Pratto. El secuestro fue el 5 de febrero de 1977, a las 3.15, en la casa de su hermana Luisa, que estaba embarazada. Ella había ido a visitarla. "Patearon la puerta, la rompieron", dijo Griselda cuando declaró en la causa. Uno de los secuestradores era Nickisch. "Le pegaron una trompada a mi hermana y la tiraron arriba de la cuna del bebé. Nickisch es el que le pegó". Le ataron las manos, la encapucharon y la subieron a uno de los vehículos del operativo.

"A la mañana siguiente, me desnudan, me ponen picana eléctrica en los pechos, en las axilas, en la vagina y en los pies, con agua en el piso", recordó Griselda. Le preguntaban qué hacía en Reconquista, qué información tenía. "Yo les dije que estaba de visita, para ayudar a mi hermana embarazada. No sabía de qué me hablaban. Y siguieron con la picana, después me empezaron a golpear, eran cinco personas. Me pegaron en la espalda, en el estómago, por todos lados, en los pechos, en la cara, caía al piso y me volvían a levantar y a aplicar picana. Me apuntaban con un arma y gatillaban. Y siempre, las mismas preguntas; después, los golpes, hasta que me arrastraron al mismo lugar donde había estado", sin colchón y encapuchada.

Al cuarto día comenzaron las violaciones. "Me decían que me iban a matar, que mis hermanos estaban muertos. Me ponían el arma en la sien. Fui violada por cuatro personas: Sambuelli, Nickisch, Neuman y el cabo Estofaretti", reveló. El martirio se prolongó "treinta días" hasta que un médico de la III Brigada Aérea, a quien identificó como "el doctor Arredondo" le curó las heridas. "Me dijo que no me iban a tocar más". Le dio jabón y pasta dental y cuando ya "no tenía más marcas" en el cuerpo la dejaron salir. "En un pasillo me encuentro con una mesa, estaba Sambuelli, que me da unas monedas y me dice: 'Tomá, andáte. No te quiero ver más en Reconquista'. Nunca me voy a olvidar, de Sambuelli, de Nickisch, de Neuman, de toda esa gente", agregó.

Cuando le preguntaron por los represores, Griselda contestó: "Sambuelli decía que el tenía el poder, que podía hacer conmigo lo que quería. Estofaretti también. Nickisch también, me paraban en la calle" y describió a Sambuelli como "un gordito, no muy alto, de un metro sesenta, tez blanca, medio pelado".

"La primera vez que me violaron yo estaba encapuchada. Pero en las otra no, ya me sacaban la capucha porque ellos tenían el poder. Creían que si me mostraban la cara me iban a matar, pensaba que iba a morir si los podía ver. A ellos, y al muchacho que se paseaba y me decía que no me podían tocar, que él estaba haciendo el servicio militar, ahí, en la Base Aérea de Reconquista, y que no me podían tocar".