Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

domingo, 28 de junio de 2015

Rosario: perpetuas a cuatro represores del “cinturón rojo del Paraná”



El Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 1 sentenció a prisión perpetua a Manuel Saint Amant, Antonio Bossie, Norberto Ferrero y Daniel Quintana. Fijó penas de 3 a 20 años de cárcel para otros ocho imputados, y absolvió a Guillermo Adrover. La megacausa “Saint Amant” comprobó la persecución política que sufrieron los obreros, estudiantes y militantes de la zona ribereña del Paraná, desde San Nicolás hasta Puerto General San Martín.

Por: Juan Manuel Mannarino-Fotos Leo Vincenti

Una nueva sentencia por delitos de lesa humanidad, en una región del Paraná entre San Nicolás y Rosario, comprobó el accionar represivo de la última dictadura para aniquilar la intensa actividad política, estudiantil, sindical y religiosa en los ‘70.  El Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 1 de Rosario condenó a prisión perpetua a los represores Manuel Saint Amant, Antonio Bossie, Norberto Ferrero y Daniel Quintana. Además, fijó penas de 3 a 20 años de cárcel para otros ocho imputados, y absolvió a Guillermo Adrover. Los fundamentos de la sentencia serán dados a conocer el 7 de septiembre próximo, a las 10.
“El tribunal 
comprobó que todos los hechos traídos a juicio sucedieron y sólo hubo una absolución que apelaremos a Casación. A diferencia de otros juicios, tenemos dos nuevas perpetuas. Este juicio fue ejemplar porque se trataron causas esque taban separadas y eso permitió entender que hubo una actuación orgánica de la represión, entre el Ejército, la Policía Federal y la bonaerense para eliminar la militancia social”, dijo el fiscal Federico Reinares a Infojus Noticias.
La megacausa, caratulada “Saint Amant, Manuel Fernando y otros s/ privación ilegítima de la libertad agravada”, comprobó la persecución política que sufrieron los operarios, obreros, estudiantes y militantes sociales del llamado ‘cinturón rojo del Paraná’, como le solía decir el presidente de facto entre 1971 y 1973, Alejandro Agustín Lanusse, para referirse a la zona ribereña del Paraná, desde San Nicolás hasta Puerto General San Martín, por la importancia de la actividad industrial con empresas como Acindar, Somisa, Jabón Kopp y Celulosa Argentina

lunes, 4 de mayo de 2015

Por culpa de un juez rosarino, el represor Alcides López Aufranc murió impune

Se trata de Marcelo Bailaque, que en 2014 demoró la causa Acindar en la que el ex general estaba a punto de ser procesado por primera vez en 40 años. El magistrado fue denunciado ante el Consejo de la Magistratura por frenar investigaciones de narcos en Santa Fe. Es el mismo que en 2012 concedió prisión domiciliaria al represor De la Torre, a pesar de no superar los 70 años.

El pasado 26 de abril, a raíz de las demoras procesales impuestas por el juez federal de Rosario Marcelo Bailaque, el ex general Alcidez López Aufranc murió impune y sin que nadie pudiera someterlo a juicio debido a su participación activa en el terrorismo de Estado. Pieza fundamental en la represión del Cordobazo, responsable de haber importado la escuela francesa de exterminio practicada en Argelia, y sucesor de Alfredo Martínez de Hoz en la dirección de la metalúrgica Acindar –papel que lo convirtió en símbolo perfecto del maridaje cívico-militar durante el genocidio–, López Aufranc fue un caso paradigmático: en las cuatro décadas que sucedieron al golpe militar nunca fue imputado en causas de lesa humanidad, y ni siquiera llamado a declarar en calidad de testigo.

El año pasado, el juez federal porteño Norberto Oyarbide dispuso indagar y procesar a la ex presidenta Isabel Martínez y a un grupo de ex militares y directivos de Acindar, por el operativo represivo contra sus trabajadores desatado en Villa Constitución en marzo de 1975. El muerto estaba en esa lista. Pero Bailaque, después que la justicia de su provincia no hizo nada durante 40 años para investigar aquello, demostró un sorpresivo interés y presionó para que la causa pasara al fuero santafecino, aduciendo que los delitos se produjeron en ese lugar. Aduciendo una mera formalidad en donde no contó toda la verdad (ver más adelante), lo único que logró el juez fue volver a cero un expediente que estaba avanzado, y permitir que López Aufranc respirara aliviado por haber zafado otra vez. Hasta la semana pasada, en que dejó de respirar para siempre.

"A Bailaque lo enterneció la promesa del genocida de no escaparse".

UN INTELECTUAL DE LA TORTURA. Nacido en 1921, López Aufranc adhirió a los azules en la interna militar posterior al derrocamiento de Juan Perón en 1955, y se convirtió en un estudioso de tácticas y estrategias de represión. Lo impresionó el profesionalismo de los franceses para eliminar argelinos y desarrollar métodos de tortura a opositores políticos, a tal punto que importó esa metodología, que sus pares ensayaron en 1975 y perfeccionaron a partir del golpe del año siguiente. López se hizo experto en métodos de interrogatorio, desaparición de personas, submarino seco y algunas otras materias que lo develaron. Organizó en Buenos Aires el Primer Curso Interamericano de Guerra Contrarrevolucionaria, del que participaron catorce países. "Con la sangre se aprenden muchas cosas", dijo para un documental francés de la investigadora Marie Monique Robin.

Con la llegada del ex general al directorio de Acindar en 1976, la metalúrgica dejó en la calle a 2000 operarios de su planta en la Villa, archivó convenios laborales, prohibió cualquier actividad sindical y monopolizó la producción nacional de metales. Mientras sus camaradas sembraban con cadáveres el territorio, López integró el Consejo Empresario Argentino y el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales. Además, fue consejero de FIEL, director del Instituto para el Desarrollo de Empresarios en la Argentina (IDEA) y presidente de la Cámara Argentina de Comercio.

En estos días, el sitio oficial de la Fundación Konex le rinde tributo, recordando el Premio de Platino con el que homenajeó al genocida en 1988.

HACETE AMIGO DEL JUEZ. A mediados del año pasado, la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, principal querellante en la causa Acindar, ya había denunciado la maniobra de Bailaque como dilatoria, y su pedido, como inconsistente y totalmente extemporáneo. Nunca antes la justicia santafesina se mostró tan ansiosa por saber cómo, con la venia de Isabelita, fuerzas conjuntas de seguridad y matones de las Tres A secuestraron a 300 trabajadores para sofocar los reclamos gremiales conocidos como El Villazo, en una movida que contó con la complicidad de la empresa.

La entrada en escena del magistrado, que pidió la inhibición de Oyarbide, también salvó del procesamiento a directivos muy cercanos a Martínez de Hoz, como Arturo Acevedo –integrante del grupo familiar fundador de la empresa–, Roberto Pellegrini y Pedro Aznárez. En su escrito, el juez porteño sostuvo que el grupo empresario fue clave para que se produjera el operativo, y determinó como directa la responsabilidad de López Aufranc en el hecho. La causa incluye un trabajo realizado por el antropólogo Jorge Winter, donde se sostiene que "los vehículos desde los cuales partieron las balas que mataron a un trabajador portuario y a un vendedor de diarios en abril de 1975 habían tenido libre acceso al camino de INDAPE, firma entonces controlada por el grupo Acindar. Al día siguiente, durante la movilización de los trabajadores de Acindar en contra de esos asesinatos y otras intimidaciones, un helicóptero de la Policía Federal se dedicó a 'marcar' y a hostigar a los manifestantes. Dicho helicóptero había estado estacionado (y desde allí había partido para reprimir a los trabajadores) en el helipuerto de Acindar."

La existencia de un destacamento en el interior de la fábrica fue confirmada por varios testimonios. Uno de ellos es el del ex comisario inspector Carlos Rampoldi: "En el año 1977 ingresé a la Jefatura de la Policía de Villa Constitución en el cargo de comisario inspector a cargo de la División Informaciones. En ese momento, el grupo de Los Pumas ya estaba acantonado en la fábrica Acindar, cumpliendo tareas."

La red para desaparecer, secuestrar y asesinar a los trabajadores se extendió a otras firmas del grupo, como Metcon, Vilber y Marathon. El trabajo sucio lo encabezó un represor de apellido Fischietti, conocido como "Don Chicho", entonces delegado policial en Tucumán y jefe del Area IV de Seguridad Federal en el noroeste.

El expediente demorado por Bailaque, que le dio tiempo al ex general para morirse limpio, sostiene que "se involucra la responsabilidad del Directorio de una empresa como ACINDAR, cuyo presidente en el momento de los hechos era José Alfredo Martínez de Hoz, quien luego de ocurrido el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 pasó a ser el ministro de Economía del gobierno militar que tomó el poder, circunstancia esta que no puede soslayarse, dado que los intereses económicos de ACINDAR, prima facie, no parecen ajenos a la represión que se desata el 20 de marzo de 1975 en Villa Constitución." Y agrega: "Por otra parte, la represión contra los militantes, empleados y delegados gremiales de Villa Constitución, que comenzó en el año 1975, continuó bajo el gobierno militar." Es decir, cuando López Aufranc ya controlaba la empresa. 

Bailaque muestra algunos antecedentes en eso de embarrar canchas. En febrero de 2013 fue denunciado ante el Consejo de la Magistratura por negar medidas procesales en causas de narcotráfico tramitadas en Rosario. La denuncia, basada en quejas de los fiscales federales Juan Murray y Federico Reynares, sostuvo que el accionar de su juzgado contribuía a "la pérdida de pruebas necesarias para poder avanzar en la investigación".

EL EXTERMINIO EN ACINDAR. El 20 de marzo de 1975, un operativo articulado entre las bandas represivas policiales de la Federal y la santafecina, la Guardia Rural "Los Pumas", Prefectura Naval, la Secretaría de Inteligencia del Estado, Gendarmería, matones del Ministerio de Bienestar Social, militares y pistoleros de la Triple A, invadieron Villa Constitución y detuvieron a 300 trabajadores que venían resistiendo persecuciones y despidos masivos. El gobierno de Isabel ordenó reconvertir el Albergue de Solteros de la planta como cárcel clandestina. Una veintena de militantes continúan desaparecidos.

La Iglesia también participó de la cacería. El cura misionado en las localidades de Pavón, Empalme y Theobald, Samuel Martino, festejó la matanza haciendo sonar las campanas de la parroquia San Pablo Apóstol. Y los policías se reservaron la zona de la fábrica y los barrios lindantes. El local de la UOM de la Villa fue clausurado, y la mayor parte de su Comisión Directiva, con Alberto Piccinini a la cabeza, fue detenida. Sólo en la ruta que conecta Villa Constitución con San Nicolás y Rosario, se contabilizaron más de cien vehículos integrantes de los grupos de choque, con un promedio de tres personas en cada uno. Entre otros, del asalto participaron los comisarios Córdoba Caín y Antonio Fischietti; los oficiales Salas, Morales, Muñoz, Mojica y Miranda; los agentes Chamorro y Castillo, del grupo Los Pumas; y algunas bandas policiales encabezadas por Raúl Ranure.

Durante varias semanas de resistencia, las asambleas en la planta llegaron a superar los 3000 trabajadores. Hasta el 19 de mayo de 1975, cuando después de dos meses de huelga, una brutal represión final logró que los manifestantes desocuparan el predio. Los dieciséis miembros de la Comisión Directiva de la UOM local fueron trasladados al penal de Rawson.

Bailaque se hizo el preocupado y en 2014 reclamó la causa para su fuero por entender que la represión se produjo en Santa Fe. Algo cierto, pero no lo más importante. No mencionó, por ejemplo, que  los operativos se originaron en la Ciudad de Buenos Aires, mediante la movilización de fuerzas federales hacia la Villa. Y tampoco un comunicado del Gobierno nacional de la época, reservándvose la custodia de los detenidos. "Desde esta querella –afirmó la Liga en un comunicado–, estamos probando que la asociación ilícita entre funcionarios nacionales, empresarios de Acindar y jerarcas militares no sólo se limitó a los hechos de Villa Constitución, sino que trascendieron a los mismos, puesto que la empresa criminal que emprendieron continuó con su secuencia de secuestros, asesinatos y negocios espurios con posterioridad al 20 de marzo de 1975. Es esta la hipótesis que se debe seguir investigando…  y es al Juzgado Federal Nº 5 a cargo del Dr. Norberto Oyarbide a quien le corresponde entender en esta investigación".
Cuando el magistrado protegió a un pedófilo

En 2011, el juez federal de Rosario, Marcelo Bailaque, procesó al ex coronel José Javier De la Torre, por su responsabilidad en el secuestro, tortura y homicidio de 27 personas, delitos a los que se agregó la sustracción de un bebé nacido en cautiverio, hijo de los detenidos-desaparecidos Cacilia Barral y Ricardo Klotzman. A Bailaque lo enterneció la promesa del genocida de no escaparse, y a pesar de que De la Torre era menor de 70 años, permitió que cumpliera prisión domiciliaria. Y que el militar siguiera alquilando esas lindas casitas que tenía en Capilla del Señor, en la provincia de Buenos Aires para estirar una jubilación que no le alcanzaba.

La estancia del anciano se llama "La Chacra". Se compone de un enorme parque, cabañas, canchas para distintos deportes, pileta de natación, sala de juegos y un gran quincho con parrilla. Ideal, pensó Luis Acosta, que en octubre de 2012 buscaba en Internet un lindo lugar para alquilar, y pasar el fin de semana largo junto a su familia y tres matrimonios amigos.

Sin saber quién era el dueño del predio, el grupo cerró trato, y viajó a Capilla. La última tarde, uno de los hombres vio cómo De la Torre manoseaba a la hijita de Acosta, de nueve años, frente a la casa principal de la propiedad, y fue corriendo a contarle al padre. Cuando Luis increpó furioso al torturador, que revoleaba una biblia mientras negaba el toqueteo, Acosta le advirtió que lo llevaría a la comisaría, y De la Torre lo prepoteó, diciéndole que nadie lo podía sacar de ahí porque cumplía arresto domiciliario. Finalmente, la denuncia fue presentada en la comisaría de Campana, hasta que la Unidad de Asistencia para Causas de Derechos Humanos pidió a Bailaque que revocara la domiciliaria. El juez rechazó el requerimiento: "No hay constancias que acrediten que De la Torre incumplió las disposiciones inherentes al régimen de detención domiciliaria", dijo.

Recién siete meses después, cuando lo tapaban en su escritorio varios reclamos de fiscales y uno de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, el magistrado dispuso que el abusador cumpliera su pena en el Complejo Penitenciario de Buenos Aires. Para Alvaro Baella, encargado por la Secretaría para llevar el caso, el juez "ni siquiera constató que estando (De la Torre) en una zona suburbana, con explotación de cabañas, se garantizara la atención de su salud. Y tampoco resguardó quién iba a llevar adelante el control de esa prisión domiciliaria."
"Nuestro tradicional estilo de vida"

Como responsable del Directorio de Acindar, Alcides López Aufranc firmó de puño y letra una carta dirigida al grupo de accionistas en 1977. "A comienzos de 1976 –arranca el texto–, el país marchaba aceleradamente hacia su desintegración en medio del caos político y económico, e inmerso en una violencia que inicialmente fue fomentada y luego se hizo ingobernable."

"A partir del 24 de marzo de 1976 –agrega–, en que las Fuerzas Armadas, interpretando adecuadamente la gravedad de la situación, asumieron la responsabilidad histórica de tomar el poder para reordenar el país, se opera un cambio sustancial. Se restablece la disciplina laboral, se combate la subversión con toda intensidad y se encaran medidas económicas que permiten afrontar los compromisos de la deuda externa y reducir la inflación. Se limita el gasto público y se aumenta la recaudación impositiva."

Para el genocida, y "pese a los inconvenientes señalados", "es evidente que en la República se respira otro aire, y que la capacidad y decisión de quienes han asumido la responsabilidad histórica de recuperar el país, permite ser optimista sobre el futuro. Cuando se hayan roto esas trabas al progreso y desaparezca la subversión, la Argentina iniciará un despegue acelerado, alcanzando en pocos años niveles de progreso y bienestar tales, que harán difícil recordar lo que fue nuestro pasado reciente."

López Aufranc finaliza: "No deseo terminar esta carta a los accionistas sin rendir un homenaje a los hombres que han dado su vida en la lucha contra la subversión y en defensa de nuestro tradicional estilo de vida, y a todos aquellos que han abandonado su tranquilidad e intereses personales para entregarse de lleno a la noble tarea de reorganizar y recuperar nuestra querida patria."

Daniel Enzetti

martes, 10 de marzo de 2015

Rosario :Identifican los restos de cuatro desaparecidos, secuestrados durante la dictadura

En un cementerio sin Piedad

Tres de los cuerpos fueron inhumados como NN y uno con nombre falso. Se trata de los militantes Miguel Angel Rubinich, Irma Edith Parra Yakin, Jorge Luis Ruffa y Carlos Racagni, del que dio cuenta Rosario/12 en su edición del domingo.

Tendrán donde descansar. Miguel Angel Rubinich, desaparecido en octubre de 1976; Irma Edith Parra Yakin, desaparecida el 4 de noviembre de ese año; Jorge Luis Ruffa, secuestrado el 28 de febrero de 1977 y visto por última vez en el centro clandestino de detención La Calamita y Carlos Raúl Racagni, que murió en un supuesto enfrentamiento con fuerzas de seguridad el 20 de octubre de 1976 podrán ser visitados por sus familiares. La Unidad Fiscal de Rosario que interviene en los procesos por crímenes de lesa humanidad informó que los restos de estas cuatro personas desaparecidas fueron identificadas por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Habían sido inhumadas en el cementerio La Piedad, tres de ellos como NN y el restante con un nombre falso: Juan José Martínez era Racagni, como informó Rosario/12 en su edición del domingo.

La pesquisa fue delegada en 2011 por el Juzgado Federal Nº 4 de Rosario en la Unidad Fiscal. En el marco de la investigación, durante aquél año se exploraron más de 120 sepulturas correspondientes a inhumaciones de NN y en una etapa posterior algunas de restos inhumados con nombre y apellido. La identificación de los restos del militante puntano Jorge Luis Ruffa, secuestrado el 28 febrero de 1977 y asesinado el 17 de marzo del mismo año por la dictadura había sido dada a conocer horas antes por sus hermanos, Raúl y Ricardo Ruffa, en una conferencia de prensa. Estuvieron acompañados por miembros de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), familiares y amigos de víctimas, oriundas de San Luis.

El abogado de la APDH, Norberto Forestí, enmarcó la noticia en un "sentimiento de dolor y emoción al que no podemos llamar alegría". "Esta aparición no es una concesión sino que se trató de arrancarle a quienes le quitaron la vida, el cómo, dónde, y porqué lo mataron". Raúl Ruffa se refirió el proceso por el que debió transitar la familia una vez que les avisaron que Jorge Luis había desparecido de su domicilio, luego de un operativo militar en la calle 1º de Mayo al 3223 de la ciudad de Rosario e hizo una semblanza de su hermano, al que definió como "apasionado, extraordinariamente solidario y desapegado de lo material".

La noticia del descubrimiento de los restos les llegó un día antes del aniversario de su secuestro y a 38 años de su asesinato. La fosa del cementerio donde encontraron "parte del cuerpo de Jorge Luis, era un enterramiento común, que contaba con 200 cadáveres aproximadamente, enterrados en 7 u 8 capas, según el momento de la muerte", explicó Raúl. "Identificarlo no fue fácil porque luego del fusilamiento, su cuerpo fue calcinado en un auto. Los datos que los forenses armaron, con una paciencia de hormiga, tenían como antecedente el testimonio de la esposa de un detenido que fue dejada en libertad, y lo asentado en el cementerio", recordó.

viernes, 20 de febrero de 2015

El juicio por el crimen de Silvia Suppo suma dudas sobre la investigación

Con más puntos oscuros que claridad

Un amigo de la familia Suppo, Víctor Isaía, relató que horas después del homicidio, se hizo una razzia en un barrio donde él trabajaba, en la que llevaron a varios jóvenes. Uno de ellos estuvo detenido más tiempo de lo que consta en el acta.

 Por Juan Carlos Tizziani - Desde Santa Fe

Los puntos oscuros en la investigación del asesinato de Silvia Suppo volvieron a quedar a la vista en el juicio a los dos acusados por el crimen, Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres. Un amigo de la familia de la víctima, el psicólogo Víctor Isaía, relató ante el Tribunal Oral de Santa Fe que horas después del homicidio la Policía de Rafaela realizó una "razzia" - como la llamó- en búsqueda de sospechosos en el barrio Barranquitas, donde cayeron "entre siete y diez jóvenes de 18 a 20 años", entre ellos Emiliano "Bebo" Rodríguez, que luego quedó libre, pero que a su criterio "estuvo más tiempo preso" del que consta en el expediente. "Lo que recuerdo es que estuvo detenido más tiempo", dijo Isaías. Y reveló otra situación llamativa: un procedimiento policial en el que la hermana de Sosa, Mariana, entregó a la brigada que investigaba el caso Suppo un monedero negro y dos monedas extranjeras que Cóceres había dejado en su casa y la testigo que firmó el acta de secuestro es la "madre de Rodríguez". Isaías descubrió el hecho al comparar el domicilio de la testigo que avaló la entrega del monedero porque "es el mismo" que figura en el acta de allanamiento y detención de Rodríguez, en calle Entre Ríos al 600. "Hay cosas que no nos cierran", planteó Isaía. Rodríguez es uno de los dos imputados en la causa que investiga la hipótesis del crimen político que se desglosó del "asesinato en ocasión de robo" y a quien la Cámara Federal de Rosario le dictó la "falta de mérito".

Isaía es amigo de los Suppo desde hace 15 años. Cuando mataron a Silvia, el 29 de marzo de 2010, trabajaba en un espacio de la Municipalidad de Rafaela, en el barrio Barranquitas. El crimen provocó "una conmoción en Rafaela", relató ante los jueces. "Entré en un shock. No me esperaba algo así. Y empezamos a atar cabos sueltos, porque era raro que mataran a Silvia de nueve puñaladas, un hecho de tanta violencia", "un asesinato tan sangriento", dijo.

Pocos días después, el 2 de abril, se realizó una marcha en demanda de justicia en la que "participaron miles de personas". "La consigna era: ¿robo o asesinato político?", recordó. Sin embargo, la "investigación estuvo cerrada desde el primer momento" en la hipótesis del "homicidio en ocasión de robo". "La cerraron antes de que se investigara la otra pista", comentó.

Ante ese hecho, Isaía acompañó a los hijos de Suppo, Marina y Andrés Destéfani, en la lectura y el análisis de la causa judicial. Y así descubrieron "inconsistencias en la investigación, que nos hace pensar en otros móviles. Hay cosas que no nos cierran", afirmó. "Buscamos la verdad y justicia, que este caso se esclarezca".

En esa línea, Isaía dijo que en las horas siguiente del crimen, la Policía realizó una "razzia" en el barrio Barranquitas, donde uno de los detenidos fue "Bebo" Rodríguez. "Lo que recuerdo es que estuvo más tiempo preso. Lo que figura en el expediente, no coincide con la fecha en que lo liberaron".

Y fue allí cuando mencionó otro hecho. Un procedimiento policial en el que Mariana Sosa - hermana de Rodrigo- entregó a la policía un "monedero tipo sobre" color negro, vacío, y dos monedas extranjeras: una de dos euros y otra de 50 centavos ecuatorianos que Cóceres había dejado en su casa y "no pertenecen a ninguna persona de su familia". El acta de secuestro tiene la firma de una testigo, María Elsa Zapata, que es "la madre de Rodríguez", dijo Isaía, que descubrió la coincidencia porque el domicilio de Zapata "es el mismo" que se allanó y detuvo a Rodríguez. Las dos actuaciones se realizaron el mismo 29 de marzo, aunque el allanamiento fue después de las 20.

El abogado querellante Guillemo Munné le preguntó por qué consideraba que la detención de Rodríguez no coincidía con lo que consta en la causa. "Cuando fui a trabajar al barrio Barranquitas, me cuentan que habían levantado a un motón de pibes que liberaron al día siguiente. Pero a 'Bebo' lo tienen detenido más tiempos. Las actas dicen que lo liberaron el mismo día, pero no se condice con lo que yo vi y conozco porque trabajaba en el barrio", respondió Isaía.

La presidenta del Tribunal María Ivón Vella le preguntó cómo conoció a 'Bebo' Rodríguez.

- Yo trabajaba en un salón de la Municipalidad, en Barranquitas. La casa del Bebo está a 30 metros. Conocí a muchas familias como los Rodríguez - contestó Isaía. Y volvió a plantear que la fecha en que liberaron a Rodríguez no coincide con su recuerdo. "El acta dice que lo liberaron el 30 de marzo y para mi fue después. Estuvo detenido más tiempo. Hay una persona que lo ve en el lugar (a la vuelta del negocio de Suppo), una testigo que lo identifica".

El defensor oficial Martín Gesino le preguntó por lo detenidos en la "razzia" en Barranquitas. "¿Recuerda los nombres y la cantidad?

- Entre siete y diez pibes: el 'Bebo', 'Toti', 'Caio' y unos cuantos más. Entre siete y diez pibes de 18 a 20 años - dijo Isaía

- ¿Vio reflejada esas detenciones en el expediente?

- No recuerdo.

- ¿Sabe por qué la Policía hizo la razzia?

- Es una zona de tres manzanas donde yo trabajaba y se llevaron los pibes.

- ¿En ese barrio vivían los imputados Sosa y Cóceres?

--No. Es la otra punta de la ciudad. Barranquitas está en el norte y el barrio 2 de Abril (donde vivían Sosa y Cóceres) en el extremo sur - concluyó Isaía.

martes, 17 de febrero de 2015

Para la hija de Silvia Suppo, la reconstrucción del crimen "destaparía muchas cosas"

Según la querellante es sorprendente que no haya aún ningún policía imputado
 
La hija de Sivia Suppo, militante social y ex presa política de la dictadura que fue asesinada en la ciudad de Rafaela el 29 de marzo de 2010, Marina Destéfani, sostuvo hoy que "una reconstrucción del hecho es la piedra en el zapato, porque allí se destaparían muchas cosas", refiriéndose al juicio que investiga el crimen, cuya marcha criticó. "Se podría apreciar cómo se van luego de matarla, cuántas son las puñaladas y, sobre todo, cuándo quedó en claro que uno de los dos cuchillos encontrados no fue utilizado (para asesinarla); o el famoso remisero que los llevó a la salida y al que nunca se lo encontró", declaró Destéfani a Télam.

La hija de Silvia Suppo formuló estas declaraciones luego de la audiencia de esta mañana ante el Tribunal Oral Federal de Santa Fe integrado por los jueces María Ivón Vella, José María Escobar Cello y Luciano Lauría.

"Inspecciones oculares ya se hicieron un montón, pero puede ser importante la presencia de los jueces (en la reconstrucción) ya que pueden tomar dimensiones de muchas cosas" dijo Destéfani, y añadió que, "a pesar de la negativa de los imputados, se puede hacer con actores"

La hija de Suppo deploró "toda la prueba que se nos fue negada en este juicio" y afirmó que "se viene actuando de manera tal que no aclara cosas. Nunca se abrió una causa por encubrimiento o que se investigue en Asuntos Internos de la Policía".

"Nos sorprende que no haya ningún policía imputado" dijo, y apuntó que hay "un grado total de impunidad. Nadie se acuerda de nada, el día del crimen todos trabajaron de choferes, según declararon".

Silvia Suppo fue apuñalada en su comercio del centro de Rafaela el 29 de marzo de 2010, poco después de declarar en el juicio que condenó al ex juez federal Víctor Brusa a 21 años de prisión por los delitos de privación ilegítima de la libertad, vejaciones, apremios ilegales, coacción y tormentos ocurridos tras su secuestro.

Su caso, en otro escenario, presenta cierta semejanza con el del desaparecido Julio Jorge López, desaparecido luego de atestiguar en juicio contra el genocida bonaerense Miguel Etchecolatz.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Juicio por asesinato de Silvia Suppo: rechazan la reconstrucción

El Tribunal rechazó la reconstrucción del crimen ante la negativa de los propios imputados. Una médica y perito de la querella reveló que uno de los cuchillos secuestrados en la causa no es el arma homicida. Los dos estaban limpios sin material genético.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

El Tribunal Oral de Santa Fe rechazó ayer la reconstrucción del asesinato de Silvia Suppo tras el testimonio de una perito de la querella que reveló que uno de los cuchillos secuestrados en la causa no es el arma homicida y planteó dudas sobre el otro porque en ninguno de los dos se encontraron restos genéticos de la víctima. La médica María Dolores Perassolo declaró en la tercera semana del juicio para explicar los resultados de las autopsias que se realizaron en el cuerpo: la primera en Santa Fe, el 30 de marzo de 2010, al día siguiente del crimen y la segunda, varios meses después, que tampoco logró aclarar puntos oscuros.

El gran interrogante era si los dos cuchillos hallados por la Policía de Rafaela -uno de cocina con mango de madera tipo Tramontina y otro con hoja de doble filo de diez centímetros- eran compatibles con las heridas. Perassolo descartó al primero. "Un cuchillo de esas características no participó", dijo. Y expresó dudas sobre el otro porque "los dos estaban absolutamente limpios", sin material genético y "eso es muy difícil de lograr". "Hay que saber limpiarlos para que no quede ADN en la superficie", agregó.

En el ataque, Suppo sufrió nueve puñaladas, tres de ellas letales, pero no tenía heridas defensivas ni escoriaciones en manos y brazos. No había material genético debajo de las uñas. "Ella no se defendió", dijo Perassolo. Y explicó que Silvia recibió también un golpe en el parietal derecho con "una objeto rígido", con lo cual planteó la hipótesis de que quedó inerte y la apuñalaron sin resistencia. "Las heridas no se corresponden con una lucha. Es posible que hubiera quedado inconciente. La golpearon y la apuñalaron o la apuñalaron y ella se cayó", dijo Perassollo. "Por eso, sería importante la reconstrucción del hecho", entendió.

De las nueve puñaladas que recibió Suppo, tres fueron muy certeras: en el corazón, uno de los pulmones y el abdomen, que le provocaron una hemorragia general que le costó la vida. Intentaron reanimarla, pero llegó al quirófano casi sin signos vitales y con un paro cardiorespiratorio. "Nos llamó la atención el ensañamiento y la precisión con que se lesionaron órganos vitales. Evidentemente, los que la atacaron sabían lo que hacían", afirmó Perassolo. "No es fácil colapsar un pulmón y atravesar de una puñalada la parrilla toráxica", remarcó.

Uno de los abogados querellantes, Guillermo Munné, le preguntó si el resultado de las autopsias podía determinar la altura del atacante. Perassolo le respondió que para eso sería necesaria "una reconstrucción del hecho, se analizó la ropa de la víctima y de los atacantes y no se obtuvo nada".

Munné y su colega Lucila Puyol ya habían pedido la reconstrucción del crimen al juez de Rafaela, Alejandro Mognaschi, pero los imputados, Rodolfo Cóceres y Rodrigo Sosa, se negaron a participar. Después, la solicitaron ante el propio Tribunal Oral que también la rechazó, así que el incidente llegó hasta la Cámara Nacional de Casación Penal. Y ayer, insistieron por tercera vez.

La fiscal Natalia Palacín no acompañó la solicitud de la prueba. "No es necesaria, pero no tenemos objeciones de que se realice", dijo. Mientras que el defensor oficial, Martín Gesino, directamente se opuso y planteó "la negativa de sus defendidos" Cóceres y Sosa a participar en una eventual reconstrucción del hecho.

Tras un cuarto intermedio, el Tribunal rechazó el pedido de los querellantes. "No resulta posible la reconstrucción del hecho, en principio, ante la negativa de los propios imputados", leyó la presidenta del Tribunal, María Ivón Vella. Y sugirió que una alternativa sería "una inspección ocular" del lugar del hecho. "Mantenemos entonces la queja ante la Cámara de Casación", dijo Munné.

El juicio seguirá el viernes y Munné y Puyol ya anticiparon que le pedirán a los jueces que fijen fecha para la inspección ocular del negocio de Suppo, donde la mataron el 29 de marzo de 2010.

domingo, 8 de febrero de 2015

Nuevos testimonios en el juicio por la muerte de Silvia Suppo, incluido un albañil a quien torturaron

La noche anterior al crimen

El Tribunal Oral de Santa Fe reanudó el juicio por el asesinato de Suppo. Una testigo dijo que Silvia padeció un seguimiento poco antes del asesinato que la dejó "asustada". Además la policía nunca preservó la escena del lugar.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

El Tribunal Oral de Santa Fe reanudó el juicio por el asesinato de Silvia Suppo. Dos de los testigos que declararon ayer ofrecidos por su familia -su yerno, Germán Heck y la ex novia de su hijo, Estefanía Orellano-, ratificaron ante los jueces que la policía de Rafaela nunca preservó la escena del crimen, donde Silvia sufrió nueve puñaladas que le costaron la vida. Heck dijo que uno de los médicos que asistió a su suegra se sorprendió por el "grado de ensañamiento" del ataque y lo atribuyó a un victimario que "no está en sus cabales" o "alguien que sabe lo que hace, porque no es fácil atravesar el pecho o las costillas de una persona". Estefanía reveló otro hecho inquietante: un seguimiento que sufrió Silvia poco antes de que la mataran, cuando salió a caminar a la noche con una amiga y padeció el acoso de un vehículo utilitario Kangoo que la dejó "asustada". Los dos hijos de Suppo, Marina y Andrés Destéfani, ya habían relatado incidentes similares, entre ellos otro seguimiento a Andrés, cuando salió de su casa al amanecer, rumbo a su trabajo, el mismo día que asesinaron a su mamá.

El juicio a los dos imputados por el homicidio, Rodrigo Sosa y su primo, Rodolfo Cóceres, se reanudó ayer con la declaración de seis testigos. La última, fue la madre de Cóceres, María Rosa Sánchez, que entregó a su hijo y a su sobrino a la policía a las 48 horas del crimen, el 31 de marzo de 2010. La noche anterior, hubo un allanamiento en su casa en Santa Fe, en el barrio San Agustín, que duró "casi toda la noche". "¿Cómo toda la noche", le preguntó la abogada querellante, Lucila Puyol.

Sí, toda la noche- respondió Sánchez. El procedimiento se inició a la una de la madrugada y se extendió hasta las seis. "Nos rompieron todo", dijo la mujer. La Policía buscaba a Sosa y Cóceres y al día siguiente, cuando regresaron a la casa, ella los entregó en la comisaría 7ª.

La audiencia comenzó con los testimonios de Heck y Orellano, que relataron las horas siguientes tras el ataque a Silvia. Estefanía fue la primera que se enteró. Ella trabaja en el servicio de emergencias de Rafaela, donde una compañera recibió la llamada que pedía una ambulancia para una "persona mal herida" en el negocio de Suppo.

Los dos testigos coincidieron que la policía nunca preservó la escena del crimen. Y cuando llegaron (juntos con Andrés y Marina Destéfani) "había mucha gente adentro del negocio" y ninguna "faja de seguridad", apuntó Orellano. "Un policía nos dijo que buscáramos el cuchillo. Lo buscamos. Y después nos dijo que podíamos limpiar, pero un amigo de Silvia nos advirtió que no tocáramos nada", agregó.

La presidenta del Tribunal, María Ivón Vella, le preguntó por qué la policía le pidió que limpiaran la escena. "Nos dijo que ya habían hecho su trabajo" en la búsqueda de supuestas huellas y rastros contestó Estefania.

En otro tramo de su relato, Estefanía dijo que Silvia estaba "asustada" por un hecho que había ocurrido poco antes de aquel 29 de marzo de 2010: "Me dijo que una nochecita había salido a caminar con una amiga y la había seguido una camioneta Kangoo, desde donde le dijeron cosas".

¿Le dijo si había visto movimientos extraños o sospechosos en el negocio? ¿O si había recibido amenazas? -le preguntó Puyol.

Lo más cercano fue lo de la Kangoo. Estaba asustada -repitió. En su testimonio en la instrucción, Estefanía dijo que Suppo "trató de meterse en algún lugar o doblar de forma tal que la Kangoo no la pudiera seguir, pero no sabía de quién se trataba".

EN EL JUICIO POR EL ASESINATO DE SILVIA SUPPO, UN ALBAñIL CONTO QUE LO TORTURARON
"Querían que me hiciera cargo de algo"

La policía provincial de Rafaela allanó de manera irregular la casa del joven, hoy de 23 años. Le pegaron, le quebraron el tabique y le hicieron el submarino seco para que confesara el crimen de la testigo de causas de lesa humanidad.

 Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

Un albañil de 23 años, Juan Ramón Vázquez, a quien le allanaron la casa en un barrio de Rafaela y estuvo preso cuatro horas tras el asesinato de Silvia Suppo, el 29 de marzo de 2010, denunció ante el Tribunal Oral de Santa Fe que fue torturado durante su detención en la Policía de Rafaela, donde le marcaron el rostro a golpes, le quebraron el tabique de la nariz y hasta le pusieron una bolsa de nylon en la cabeza. Todo, con el supuesto objetivo de involucrarlo en la causa. "Me pegaron. Querían que me hiciera cargo de algo que no hice. Y después, me largaron", reveló Vázquez al declarar esta semana como testigo en el juicio a los dos imputados por el homicidio, Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres.

La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que es parte querellante, pedirá al Tribunal que ordene investigar las torturas que sufrió Vázquez en el momento de su detención, según adelantó la abogada Lucía Tejera a Rosario/12. "Lo vamos a plantear en el alegato. Vamos a señalar todas las cuestiones que se han ventilado en las audiencias sobre el proceder de la policía de la provincia, que no preservó la escena del crimen y el papel que cumplió en los allanamientos y en la investigación", agregó.

Vázquez está detenido por otro hecho que no tiene nada que ver con el caso y esta semana lo llevaron a declarar ante el Tribunal. "¿Puedo decir algo?", preguntó apenas se sentó ante los jueces. "No", lo frenó la presidenta del Tribunal, María Ivón Vella, quien le dijo que había sido llamado como testigo y, primero, debía responder las preguntas de las partes.

- ¿Conoce el hecho que se investiga en esta causa? - le preguntó la abogada querellante, Lucila Puyol.

- No. No sé por qué me trajeron acá - protestó Vázquez. La jueza Vella le explicó entonces que era el juicio por el homicidio de Suppo y había sido convocado a pedido de la querella. En las horas siguientes del crimen, la Policía de Rafaela comenzó una escalada de allanamientos en barrios populares, entre ellos Barranquitas y 2 de Abril (donde vivían Sosa y Cóceres). Y como Vázquez cayó en la redada y estuvo detenido cuatro horas, lo citaron como testigo.

Puyol le preguntó si vivía en Barranquitas y si su casa había sido allanada el 29 de marzo de 2010.

- Sí - contestó Vázquez.

- ¿Le mostraron la orden de allanamiento?

- No.

--¿Fue arrestado?

- Sí. Me llevaron por averiguación de antecedentes.

- ¿Le preguntaron sobre este hecho?

- Sí. Querían que me hiciera cargo de algo que no hice - dijo. Y relató la secuencia del apriete: lo detuvieron por "averiguación de antecedentes", después lo acusaron de "un robo" y luego le dijeron que "él había robado en el negocio" de Suppo. "Yo no sabía que estaba muerta", dijo Vázquez. En esas cuatro horas, "me pegaron, me quebraron el tabique, me pusieron una bolsa (de nylon) en la cabeza", denunció. Lo dejaron libre a las 10 de la noche, con una constancia de que "era totalmente ajeno al hecho".

- ¿Hizo la denuncia?

- No - dijo el testigo. En el expediente, Vázquez declaró dos veces: el 29 de marzo de 2010 ante el jefe de Investigaciones, Horacio Maidana y el oficial Cristian Nagel y al día siguiente, ante el juez de la causa, Alejandro Mognaschi, pero no mencionó las torturas. "¿Quién va a denunciar a la policía?", se justificó en el juicio.

En la investigación del asesinato de Silvia operaron dos grupos: la brigada de Investigaciones a cargo de Maidana, a quien secundaba Nagel y el jefe de la seccional 1ª de Rafaela, Dante Giménez, que tenía como "secretario de actuaciones", al hoy comisario Carlos Alberto Flores. Los cuatro declararon en el juicio. Rosario/12 ya informó que Flores está preso desde en mayo de 2014 cuando era el jefe de la comisaría de Frontera por supuesta "tentativa de homicidio" y "lesiones gravísimas" en tres hechos, entre ellos el del chico que la Policía de San Francisco encontró atado con cintas a un palo que le atravesaba la espalda en cruz y le cubrían parte del rostro.

La última pregunta a Vázquez se la hizo la presidenta del Tribunal. "¿Qué quería decirnos cuando llegó?", le planteó la doctora Vella. Vázquez rezongó por la forma en que lo habían trasladado desde la cárcel de Coronda a la audiencia. "Yo pensaba que me llevaban a Rafaela, no a Santa Fe". Más tarde, la abogada Tejera se hizo eco de la queja y advirtió sobre una supuesta "notificación irregular", pero el Tribunal rechazó el planteo y dijo que el trámite se cumplió con "normalidad". "Quédese tranquila, doctora, se cumplieron todas las normas legales", le contestó el juez José María Escobar Cello.