Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

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domingo, 22 de julio de 2012

Impulsan la investigación de los delitos económicos cometidos contra la Biblioteca Vigil

"Es una deuda con nuestra democracia"

Lo dijo el fiscal federal Stara que ya emitió el dictamen correspondiente. También fueron aceptados como querellantes los ex directivos de ese proyecto cultural que fue desmantelado por la dictadura militar.

 Por Lorena Panzerini

Eran poco más de las dos de la madrugada del 10 de mayo de 1977, cuando Augusto Duri recién llegaba a su casa, después de vender bizcochos en Cañada de Gómez. Era el trabajo que había conseguido tras ser removido de la presidencia de la biblioteca Constancio C. Vigil, por el terrorismo de estado, que buscaba "normalizar" la institución mediante una intervención. Todavía estaba despierto cuando "gente de la Armada" irrumpió en su casa para llevárselo, al igual que en las de otros siete miembros de la comisión directiva. Casa por casa, todos fueron cargados en un camión para terminar en la Jefatura de Policía de Rosario, donde fueron detenidos y torturados, hasta la Navidad de ese año. Treinta y cinco años después, Augusto, su hija Celina ﷓que tenía 11 años cuando fue sometida a interrogatorio por Telmo Alcides Ibarra, integrante de la Patota de Feced, con un arma sobre su escritorio﷓, y los ex directivos Raúl y Antonia Frutos, junto con la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) fueron aceptados como querellantes en la causa que investigará esos delitos de lesa humanidad. La Justicia Federal también apuntará a investigar los delitos económicos, que no tienen antecedentes en la provincia, contra el patrimonio social y cultural de la Vigil. "Vamos a ver reactivada la biblioteca", se esperanzó Augusto, orgulloso.

Pocos días antes que comenzara la feria judicial, el juez Federal Nº 4, Marcelo Bailaque, resolvió tener por parte querellante a los ex directivos de la biblioteca, en la causa Feced. También resolvió aceptar la participación de la APDH, para impulsar la investigación de los hechos que tuvieron como víctimas a los ex directivos y a la hija de uno de ellos.

En tanto, la semana que viene el fiscal de la causa, Gonzalo Stara, impulsará el dictamen para iniciar formalmente la investigación de los delitos económicos cometidos en la ex Biblioteca Popular, que revisten la categoría de delitos de lesa humanidad por su conexión con los hechos de los que fueran víctimas los directivos de la mutual, sobrevivientes del Servicio de Informaciones, enmarcados todos ellos en el plan sistemático de represión ilegal desplegado durante el terrorismo de estado, que incluyó numerosos delitos contra la propiedad que aún no fueron investigados.

La Vigil llegó a constituir su Editorial Biblioteca en el mayor proyecto editorial que funcionó en las décadas del 60 y 70 del siglo pasado en el interior de Argentina. La última dictadura que asoló al país, la intervino el 25 de febrero de 1977. En ese entonces, se desarticuló la organización institucional, se persiguió y secuestró a sus dirigentes, se liquidó el sistema educativo con el cierre de numerosos cursos y escuelas, fueron cesanteados docentes, empleados y obreros, se interrumpieron prestaciones esenciales (guardería, servicio materno﷓infantil), se vendieron sus propiedades, se destruyeron o robaron no menos de 80 mil libros. Hechos que para la APDH y las víctimas constituyeron un "verdadero genocidio cultural" contra el patrimonio de "todos los rosarinos".

En diálogo con Rosario/12, el fiscal Stara señaló: "Solicité al juez Bailque que indague a los miembros de la denominada patota de Feced por los delitos de privación ilegítima de la libertad y aplicación de tormentos agravados cometidos en perjuicio de los ex directivos de Vigil en el ámbito del ex servicio de informaciones, y se encuentra pendiente de resolución". Al mismo tiempo, y en relación a los delitos económicos, indicó: "Propusimos la realización de una pericia contable. La investigación de los hechos que desmantelaran la experiencia de la Biblioteca Popular Constancio Vigil es una deuda de nuestra democracia. Desde la fiscalía investigaremos las responsabilidades que le cupieron a quienes llevaron adelante el desguace de la tan reconocida mutual, emblema de nuestra ciudad".

Según consta en la presentación de octubre pasado ante el fiscal Stara, el 25 de febrero de 1977, una "comisión normalizadora", apoyada por las fuerzas armadas de la policía, ingresó a la sede de la Biblioteca Vigil prohibiendo el acceso a los directivos. En marzo, la Comisión Directiva fue obligada a renunciar y en abril asumió como interventor el Coronel del Ejército retirado Sócrates Alvarado. Dos meses después, comenzó el secuestro de los miembros de la ex comisión directiva.

Tras ser aceptados como parte querellante, la APDH que dirige Norma Ríos en Rosario manifestó su satisfacción. "Como acompañantes de las víctima, nos parece importante que se sepa qué pasó con el patrimonio de la Vigil, luego que los represores se hicieron cargo de los destinos de la biblioteca", señaló Eliana Masegosa, abogada del organismo de Derechos Humanos. En ese sentido, aseguró que el de la dictadura fue "un plan sistemático": "Primero secuestraron a los directivos, después despojaron a la Vigil de todos sus bienes, para luego continuar con la persecución de alumnos, directivos y la quema de libros. No es casualidad lo que planteamos, y eso es lo que queremos demostrar como organismo ante la Justicia".

La APDH se presentó como querellante por ser un organismo de Derechos Humanos habilitado por el artículo 83, con la nueva modificación del Código Procesal Penal de la Nación. En ese sentido, las abogadas de la organización comenzarán con un trabajo de recolección de pruebas para "que haya una labor conjunta con el fiscal y que la ciudad pueda entender qué había en ese lugar de Alem y Gaboto".

El testimonio de Augusto Duri, a 35 años de la intervención de la Biblioteca Popular Constancio C. Vigil, conmueve. A sus 78 años, el sueño de ver reactivada la esquina de Alem y Gaboto con el proyecto educativo que gestó su administración -y que poco después vio destrozado- cobra sentido con la investigación que comenzará la Justicia Federal. "La verdadera víctima de toda esta situación es la biblioteca. Porque nuestros secuestros fueron una excusa para la liquidación. El cese impactante de la educación y de la cuestión cultural de la biblioteca fueron en perjuicio de toda la comunidad", señaló el hombre, que encabeza la única lista para la elección de la nueva comisión directiva, el 30 de julio próximo. "Buscamos que la Vigil vuelva a desarrollar su tarea cultural, educativa y social que en su memento nos prestigió; que llegó a tener 20 mil socios y más de 350 empleados", rememoró. Según indicó, el ministerio de Educación de la dictadura militar le negó a los directivos de la biblioteca el permiso para lanzar la famosa rifa que se vendía en varias provincias del país. "Nos dijeron que no porque nuestra institución representaba un estado, dentro de otro estado". Pese a la situación terrible que le tocó vivir junto a su esposa y también a su padre, Platón Frutos, Augusto sostiene: "Guardo los buenos recuerdos", como si hubieran existido algunos, en medio de "sesiones de picana", por estar acusados de "flamear la bandera roja" en Alem y Gaboto.

miércoles, 4 de julio de 2012

Para comenzar, los acusados detenidos

Los tres militares que están siendo juzgados en este proceso fueron arrestados por el tribunal oral, pero se les concedió la prisión domiciliaria. Ayer comenzaron a leerse los pedidos de elevación a juicio.

 Por Sonia Tessa

Desde Rosario

La caravana de autos llegó ayer a la mañana, poco después de las 9.30, a los bocinazos a los Tribunales federales de Rosario. Algún desprevenido podía pensar que era una fiesta. Había un motivo: comenzó el postergado primer juicio por delitos de lesa humanidad en San Nicolás. Apenas llegaron, los abogados de las querellas sumarían una nueva satisfacción: el Tribunal Oral Federal Número 2 resolvió por la mañana la detención de los tres acusados, Manuel Saint Amant, Antonio Bossie y Jorge Muñoz. El primero ya estaba preso en su casa en otra causa y continuó en ese estado. Los otros dos también fueron derivados a sus domicilios. Saint Amant fue el jefe del Area 132 del Primer Cuerpo de Ejército hasta octubre de 1977, Bossie estuvo a cargo del Batallón de Ingenieros de San Nicolás hasta el 20 de diciembre de 1976 y Muñoz era el jefe de la Policía Federal de esa localidad. Los tres permanecieron sentados inmutables durante toda la jornada de ayer, cuando se leyeron las primeras requisitorias de elevación a juicio por la masacre de la calle Juan B. Justo, en la que mataron a cinco personas, y Manuel Gonçalves Granada, con cinco meses, sobrevivió envuelto en un colchón, dentro de un placard.

En el proceso que llevan adelante los magistrados Omar Digerónimo, Beatriz Caballer de Barabani y Jorge Venegas Echagûe se continuará hoy leyendo las requisitorias. Será el turno de la fiscalía y comenzará con la causa Alvira, por la desaparición de Raquel Rosa y María Cristina Alvira, Horacio Martínez, María Rosa Baronio, Eduardo Reale y María Regina Spotti, que ayer hubiera cumplido 61 años.

Una numerosa columna de San Nicolás, con un afiche que lleva la foto de las víctimas de las causas, fue la primera en llegar a la entrada de la ciudad. Otros manifestantes fueron en un colectivo desde la entrerriana Nogoyá. De allí eran Omar Amestoy, María del Carmen Fettolini y sus hijos María Eugenia, de 5 años, y Fernando, de tres, cuatro de las cinco víctimas de la masacre de la calle Juan B. Justo 676, de San Nicolás, el 19 de noviembre de 1976, en la que también fue asesinada Ana del Carmen Granada, quien atinó a esconder a Manuel Gonçalves Granada, su hijo de cinco meses. Justamente, Manuel, uno de los querellantes, llegó desde Capital Federal, acompañado por su hermano Gastón (el padre de ambos, Gastón Gonçalves, fue desaparecido en Escobar) y gran cantidad de integrantes de Hijos. En el cantero central del bulevar Oroño, las palmeras dieron el marco de la radio abierta convocada por el espacio Juicio y Castigo.

Adentro, en la sala de audiencias, comenzó poco después de las 10 la lectura de las requisitorias de elevación a juicio. Aunque algunas partes –aquellas que despliegan los fundamentos jurídicos de las acusaciones– son difíciles de seguir para los legos, algo quedó claro: los represores sabían que dentro de la casa de Juan B. Justo 676 había tres niños, aunque en una primera declaración Muñoz haya tratado de negarlo. Una de las vecinas de la casa contó ante la Justicia cómo los más de 50 efectivos que llegaron al lugar destruyeron la puerta con una granada y tiraron gases lacrimógenos, les gritaban: “Suelten a los chicos” y “Yegua, soltá a los chicos”. Los nenes fueron refugiados por sus padres en el baño -que no tenía paredes a la calle para que no fueran alcanzados por las balas. No sabían que el ataque incluiría la detonación de una granada de gases lacrimógenos por la claraboya del techo, lo que provocó la muerte por asfixia de Fernando y María Eugenia, de 3 y 5 años. El estado de la casa, según muchos vecinos, fue de destrucción total. Ana del Carmen Granada recibió catorce impactos de bala en el cuerpo.

La primera requisitoria que se leyó correspondió –por orden cronológico de presentación– a la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires, donde ocurrieron los hechos investigados. Esta querella está representada por Carolina Ibáñez, de la agrupación Hijos. Justamente, el secretario de Derechos Humanos de esa provincia, Guido “Kibo” Carlotto, llegó para presenciar el primer día de audiencias. “Nuestra presencia es un apoyo incondicional. Somos querellantes en casi todas las causas. Esta de Gonçalves es muy horrorosa y junta todos los puntos del horror de la dictadura, por la forma en que él sobrevivió, porque fue dado ilegalmente en adopción y porque es una de las muestras más cabales del genocidio”, afirmó Carlotto.

Durante la jornada también llegó a leerse la querella particular de Manuel Gonçalves Granada y Alfredo Amestoy (hermano de Omar), que llevan adelante los abogados Lucas Ciarniello Ibáñez, Alvaro Baella y Ana Oberlin, de la agrupación Hijos, quienes también representan a la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, cuya requisitoria se dio por leída al final de la jornada. Hoy se leerá la de Fiscalía, que integran Adriana Saccone y Juan Murray, antes de comenzar con la causa Alvira, por las desapariciones forzadas de los seis militantes montoneros entre abril y mayo de 1977.

martes, 21 de febrero de 2012

Finalmente se Inicia juicio al ex comisario Martínez Dorr

El 1 de marzo comienza el juicio al ex comisario Roberto José Martínez Dorr

El ex comisario está acusado de secuestro y tortura en perjuicio de Froilán Aguirre en 1976, cuando tenía 17 años y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios. El militante social había sido secuestrado por un grupo de tareas en el interior del Hospital Iturraspe.

El 8 de septiembre de 1976, Froilán Aguirre tenía 17 años y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). Fue secuestrado por un grupo de tareas en el interior del Hospital Iturraspe. Había acordado un encuentro con otro compañero de militancia, Juan Carlos Beto Osuna, cuando los detuvieron.

Ambos fueron trasladados a una casa de campo situada en la zona de San José del Rincón y torturados durante horas. Durante la madrugada, Aguirre fue trasladado a la comisaría 1ª donde pasó 29 días en una celda de un metro cuadrado y fue golpeado sistemáticamente. Su compañero apareció acribillado en Paraná, en lo que se conoció como La Masacre de la Tapera.

Casi 36 años después, a partir del jueves 1 de marzo, Aguirre enfrentará en el Tribunal Oral Federal de Santa Fe, al ex comisario Roberto José Martínez Dorr (64). Más conocido como Morrongo, fue parte del Comando Radioeléctrico de la Unidad Regional I de la Policía de la provincia de Santa Fe, con el cargo de oficial auxiliar, desde septiembre de 1976 hasta diciembre de 1978, y es a quien Aguirre señala como autor de brutales golpizas que recibió mientras estuvo detenido en la comisaría 1ª.

Los jueces que conformarán el tribunal serán María Ivón Vella (como presidenta de la causa), José María Escobar Cello y Roberto López Arango. El ministerio público fiscal estará a cargo del fiscal general Martín Suárez Faisal, y en representación del imputado actuará el defensor oficial, Germán Artola. Del debate participarán 30 testigos y la sentencia está prevista para el 23 de marzo.

La Casita
Aguirre relató por primera vez los tormentos sufridos ante la Conadep, en 1984, pero fue en mayo de 2006 cuando formalizó su denuncia. Aquel 8 de septiembre de 1976, el encuentro con Osuna estaba pautado para las 20. Apenas si alcanzaron a verse, cuando una patota, vestida de civil, armados y encapuchados, los secuestraron y los subieron en diferentes vehículos.

Aguirre fue trasladado en un Dodge 1500 color verde metalizado. Viajó recostado en el piso del auto, cubierto con su propio saco, mientras los policías lo pisaban y pateaban. Frenaron en una casa de campo, situada en la zona de San José del Rincón, que se estima que es La Casita: un centro clandestino de detención, que si bien aún no ha podido ser localizado con exactitud, se cree que se trata del mismo inmueble en el que estuvieron secuestrados otros militantes, entre ellos el matrimonio compuesto por Daniel García y Alba Sánchez.

Debajo de la escalera
A pesar del paso del tiempo, los recuerdos de terror de esa noche fueron imborrables para Aguirre. Fue desnudado a golpes en una habitación pequeña y luego trasladado a otro cuarto preparado para la tortura.

Lo ataron a un sillón metálico quedando reclinado y desde atrás alguien le tapaba la boca con un almohadón. Recibió descargas eléctricas en diferentes partes del cuerpo durante toda la noche, hasta quedar desmayado. Por momentos podía escuchar cómo torturaban a su compañero en la otra habitación.

La noción del tiempo se tornó difusa, pero pudo asegurar que fue esa misma madrugada cuando lo trasladaron de vuelta a la ciudad de Santa Fe, hasta la comisaría 1ª y lo encerraron en una pequeña celda situada debajo de la escalera. Allí permaneció entre dormido y desmayado casi cuatro días. Cuando despertó, continuaba esposado, encapuchado y con los pies atados.

La celda triangular, tenía dimensiones tan pequeñas que no superaban el metro por cada lado. En ese lugar permaneció casi un mes con los pies atados, encapuchado y con las manos esposadas a la espalda, los golpes se repetían todos los días.

“Un día logré sacarme las esposas con un alambre que encontré y escribí, mi nombre, la fecha y mi agrupación política en una de las paredes. Cuando descubrieron la inscripción recibí la peor paliza de todas a manos de quien después pude conocer que se llamaba Roberto José Martínez, alias Morrongo”, relató Aguirre.

 En esa ocasión, Martínez Dorr le azotó la cabeza contra la pared innumerables veces, saltaba sobre sus pies, lo golpeó en todo el cuerpo y también en sus genitales con un llavero. Froilán tenía 17 años y estaba totalmente debilitado y sin posibilidades de defenderse para cubrirse de los golpes. Su contextura física era pequeña “frente a un torturador de más de 100 kilos”, recordó.

Originariamente, la fecha de inicio de este juicio había sido fijada para el 31 de marzo del año pasado. Sin embargo, se suspendió cuando la defensa del imputado pidió la suspensión del juicio a prueba. Un beneficio que fue rechazado por el Tribunal pero llegó a la Cámara de Casación donde estuvo varios meses, hasta que el 28 de diciembre de 2011 rechazó el recurso extraordinario, y recién entonces se pudo volver a fijar audiencia.

Cinco juicios
Martínez Dorr está preso desde el 2008, cuando fue procesado por el juez federal Nº 1, Reinaldo Rodríguez. En agosto del 2010, logró que Casación, tras la negativa del Tribunal Oral Federal de Santa Fe, le concediera la prisión domiciliaria por “una degeneración macular relacionada con la edad”, llamada “maculopatía bilateral” en la cual “cada recaída implica una cicatriz”, habían explicado lo médicos.
 
Y, en marzo del año pasado, intentó una última maniobra para debilitar su persecución y solicitó al Tribunal Oral Federal la “suspensión del juicio a prueba”.

Los jueces también rechazaron la solicitud por considerar que “las violaciones a los derechos humanos” durante la dictadura “resultan de tal gravedad social y trascendencia institucional que no pueden ser objeto del beneficio que se pretende”.

De esta manera, dentro de 20 días, el ex comisario llegará a la sala de audiencias, para ocupar el banquillo de los acusados en el quinto juicio por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, que se tramita en la ciudad de Santa Fe.

martes, 9 de marzo de 2010

Los represores no quieren fotos de los desaparecidos. El Tribunal se los consiente

EXPUSO LA DEFENSORA DEL REPRESOR GUERRIERI

 Por José Maggi

Las defensas de los represores de la causa Amelong-Guerrieri, comenzaron ayer a explicar sus argumentos. El primer turno fue para la defensa del imputado Oscar Pascual Guerrieri, quien integrara el Cuerpo Comando del Destacamento de Inteligencia 121 del II Cuerpo del Ejército durante la dictadura militar con el grado de Teniente Coronel. Apenas comenzó la audiencia, testigos, querellantes, organismos de derechos humanos y público, desplegaron las fotos de los desaparecidos y la jueza Beatríz Caballero de Baravani ordenó desalojar la sala.

Los abogados de oficio que en doble turno se tomaron unas cuatro horas para su alegato no dejaron de "reconocer la repugnancia de los delitos de esta laya, la gravedad de los hechos y el marco histórico en que se produjeron", según dijo Mariana Grasso, abogada de la defensa. No obstante la letrada intentó demostrar que "la prueba de cargo producida durante el juicio no resultaría suficiente para acreditar la responsabilidad de Guerrieri en los hechos por los que se lo acusa".

La defensa solicitó que, "en caso de dictarse una sentencia condenatoria, se mantengan las actuales condiciones de detención de Guerrieri, esto es, prisión domiciliaria, argumentando razones de salud y la avanzada edad del imputado". Grasso intentó relativizar algunos aspectos de la contundente prueba producida durante el proceso, aunque reconoció hechos como "el plan sistemático aplicado durante la dictadura militar".

Grasso apeló al derecho internacional e hizo alusión a varios autores de la biblioteca garantista con la intención de atemperar la pena solicitada por las querellas y la fiscalía. La defensora oficial también se refirió a la cobertura periodística del juicio. "Afecta la garantía de imparcialidad. En todos los casos los justiciables eran tratados con el apelativo de 'genocidas' o 'asesinos'" dijo Grasso.

La abogada del represor apuntó también contra el paso del tiempo como estrategia para debilitar la fortaleza de las declaraciones de los testigos.

Los organismos de derechos humanos y grupos que integran el espacio Juicio y Castigo habían anunciado que "harían presente en el juicio a los desaparecidos". Así cuando comenzó la audiencia desde el público, en medio de cantos y gritos de justicia, desplegaron las fotos de los desaparecidos de la causa y las pegaron sobre las paredes y el blindex que divide el recinto. La jueza de Baravani, que presidía el tribunal, ordenó desalojar la sala. Ya afuera del tribunal, los organismos realizaron una conferencia de prensa y explicaron que "la idea fue que las víctimas ausentes, los compañeros que no están porque sus cuerpos fueron ocultados por los asesinos, que no pueden mirar a la cara a sus verdugos, se tengan que bancar la presencia de los desaparecidos

domingo, 28 de febrero de 2010

LA LISTA COMPLETA DEL PERSONAL DE INTELIGENCIA DEL 76 AL 79

Un secreto revelado

Sus nombres fueron inaccesibles durante más de 20 años, pero un decreto de la presidenta Fernández de Kirchner eliminó las restricciones al acceso a esa información calificada como "secreto de Estado". Rosario/12 accedió al listado y lo reproduce en estas páginas.

Por José Maggi

Los nombres del Personal Civil de Inteligencia (PCI) del Ejército, que actuaron en esta región durante el período más feroz de la dictadura, siempre fueron ocultados al público. Fueron inaccesibles durante más de 20 años, pero tras la reapertura de las causas por terrorismo de estado, fiscales y jueces comenzaron a pedir sus nombres al Ministerio de Defensa. Ante el cúmulo de requerimientos y en base al "derecho de la sociedad a conocer su pasado", la Dirección de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa elaboró y la presidenta Cristina Fernández de Kirchner firmó el decreto 4/2010, que eliminó las restricciones al acceso a la información calificada como "secreto de Estado" entre 1976 y 1983. Rosario/12 accedió al listado de quienes prestaron "servicios" en Rosario, entre 1976 y 1979 (que se reproduce en la tapa del diario), que fue incluido en una de las causas que investiga delitos de lesa humanidad.

Hace ya dos años el represor Eduardo Costanzo identificó ante este cronista a varios de los nombrados en este listado, en una plantilla de fotos que ilustra esta nota.

La lista completa de PCI del Ejército es la siguiente:

* Aguilar, Rubén Alberto, dactilógrafo.
* Alcuri, Rubén Eduardo, agente seguridad.
* Bello, Eduardo Domingo, dactilógrafo.
* Bonfils Sadi, Armando, radioperador.
* Bossi, Juan Carlos Francisco, agente reunión. (Costanzo denunció que participó de los Vuelos de la muerte).
* Brunel, Luis Alberto, programador.
* Bueno, Gustavo Francisco, agente reunión. (Fue uno de los primeros agentes en quebrarse y declarar ante el CELS cómo funcionaba el Destacamento de Inteligencia. Su testimonio es uno los principales para acusar a varios de sus ex camaradas. Reside en Brasil donde declaró ante el TOF Nº 1 de Rosario. "Bueno, conocido por su alias Germán Benegas, era el que manejaba el auto cuando lo secuestraron a Tito Messiez, y el que cava junto a nosotros -dijo Costanzo para enterrarlo a Remo, un militante montonero de San Juan).
* Cabrera, Juan Andrés, agente reunión. (Alias el Barba, está detenido en la causa de Tito Messiez luego de ser identificado pro Costanzo por una fotografía que publicó Rosario/12).
* Caraccia, Ricardo Hugo, fotointérprete.
* Caracotche, Horacio Ernesto, asesor militar.
* Cardozo, Hugo Alberto, agente reunión.
* Cazeneuve, Aldo José, agente reunión.
* Chriesteler, Anita Rosa, agente de seguridad. (Infiltrada en la sección Alumnado de la Universidad Nacional de Rosario, desde donde tenía acceso a toda la información sobre estudiantes).
* Cocimano, Ricardo Luis, radioperador.
* Costanzo, Eduardo Rodolfo, agente reunión. (Actualmente imputado en la causa Guerrieri-Amelong).
* Dalfino, Rafael, auxiliar APY ICIA.
* De Nicola, Alberto Domingo, agente reunión.
* Della Ceca, Juan Carlos, redactor dactilógrafo.
* Demirdjian, Miguel Angel, agente de seguridad.
* Ducca, Ricardo Antonio, agente reunión.
* Edes, Leopoldo Julio, redactor dactilógrafo.
* Favia, Daniel Ricardo, agente reunión.
* Fioretti, Pedro Santos, auxiliar contaduría.
* Frenna, Adriana Ester, agente reunión.
* Fulgueira, Walter José, radioperador.
* García, Jorge Raúl, operador SCD.
* Garella, Oscar Florindo Angel R., dactilógrafo.
* Garella, Ricardo José Eleuterio, conductor motorista.
* Godoy, Osvaldo Joaquín Ramón, programador SCD.
* González Pinto, Hereberto, Actividad Especial ICIA.
* González, Raúl Héctor, auxiliar apoyo ICIA.
* Hernández, Osvaldo Víctor, asesor jurídico.
* Isach, Carlos Gabriel, agente reunión. (Era empleado de la Dirección de Política Ambiental de la Municipalidad de Rosario, hasta que fue descubierto y se fugó. Habría actuado en la Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu).
* Isach, Rodolfo Daniel, agente reunión. (Comisario de la policía rosarina. Investigado además por enriquecimiento ilícito, según Costanzo fue quien asesinó de un tiro en el corazón a los catorce militantes en La Intermedia).
* López, Ariel Antonio, agente seguridad.
* Martínez, Gabriel Alberto, agente reunión.
* Molina, Miguel Angel, agente reunión.
* Montenegro, Osvaldo Jorge, agente seguridad.
* Monti, Alberto, dactilógrafo.
* Morilla, José Elvio, agente reunión.
* Mule, Osvaldo Godofredo, dactilógrafo.
* Navarro, Sergio Oscar, dactilógrafo. (El Tucu dijo que su alias era Bigote: trabajaba dentro del Departamento, en la sección Documentación).
* Nicolás, Sebastián Roberto, agente seguridad.
* Nota, Carlos, dactilógrafo.
* Nucifora, Héctor Pedro, perfograbador.
* Ojeda, Roberto Gaudencio, auxiliar conducción ICIA.
* Orefici, Eduardo Salvador, agente reunión. ("Tito Orefici, era el hermano de quien fuera subjefe de la policía. Era agente de calle").
* Orellana, Victoriano Serafín, agente reunión.
* Osorio, Juan Carlos, agente seguridad.
* Ozcari, Héctor, peón.
* Pagano, Walter Salvador Dionisio, agente reunión. (Es uno de los cinco procesados en la causa a represores de Rosario)
* Paradot, René Aníbal, agente seguridad.
* Pascuali, Humberto Augusto, agente reunión. (Según Costanzo su alias era Pacheco. Era Policía Federal, ferroviario en la Estación Rosario Norte, y agente de inteligencia).
* Peirano, Luis José, agente reunión. (Alias Jacinto).
* Pelliza, Alberto Enrique, agente reunión. (Está procesado en la causa Feced).
* Pérez, Jorge Walter, actividad especial ICIA. (Mas conocido por su doble apellido Pérez Blanco. Analizaba la documentación que le brindaban los agente de calle. La propiedad donde tenían estos ficheros, en Santiago al 1200 fue allanada por la Conadep. La plantilla de fotos que acompaña esta nota es una de las pocas que pudo salvarse, ya que la casi totalidad de la documental fue robada de Tribunales en 1984).
* Pérez, Mónica Feliza, agente reunión.
* Pettorossi, Osvaldo Luis, aux. reg y arch.
* Porra, Ariel Zenón, agente seguridad. (Alias el Puma).
* Rebechi, Eduardo, agente reunión. (Alias Rebora, infiltrado en al Facultad de Derecho).
* Roca, Carlos Eduardo, agente reunión.
* Rock, Hellmut Otto, radioperador.
* Roscoe, Walter Roberto, agente reunión. (Es el que hizo los pasaportes de los cinco dirigentes montoneros que viajaron para la Operación Mexico. Hoy vive en Posadas, Misiones. Se casó con la viuda de un teniente que mataron los Montoneros. Esto es lo denunciado en la ampliación de declaración de Costanzo en la causa Guerrieri).
* Salegas, Oscar Armando, agente censura. Fue preceptor del Superior de Comercio de Rosario, una institución que cuenta con numerosos estudiantes desaparecidos.
* Sciascia, Oscar Raúl, agente censura.
* Scilabra, Francisco José, agente reunión.
* Sfulsini, Carlos Antonio, agente reunión. (Es abogado y miembro de la organización que organiza el Cruce de los Andes a lomo de mula. Está con detención domiciliaria por el caso Messiez).
* Spezzi, Cayetano Julio, peón.
* Spezzi, José, conductor motorista.
* Spezzi, Roberto Salvador, dactilógrafo.
* Tardío, Ricardo Emilio, dactilógrafo.
* Troncoso, José Luis, agente reunión.
* Ubiedo, Adriana Beatriz, analista universitario.
* Valero, Jorge Santiago, dactilógrafo.
* Vázquez, Alfredo, auxiliar personal.
* Vegas, Néstor José, agente seguridad.
* Vernuccio, José María, agente seguridad.
* Vila, Juan Carlos, teletipista.
* Vogliano, Fernando, dactilógrafo.
* Vragnisan, Juan José, agente seguridad.
* Zambelli, Juan Carlos, fotógrafo.
* Zangara, José Felipe, agente reunión.
* Zárate, Alfredo, auxiliar conduccion ICIA.

Cabe remarcar que este listado incluye solo al Personal Civil de Inteligencia que ingresó hasta el último día de 1979, con lo cual la lista de quienes prestaron servicios durante toda la dictadura, hasta el 83, es más amplia y objeto de una próxima investigación.

miércoles, 17 de febrero de 2010

Represor teme que los otros quieran "liquidarlo"

Eduardo Costanzo, uno de los cinco imputados en la causa por delitos de lesa humanidad amplió su indagatoria y dijo que hay un plan para "limpiarlo".

El juicio contra cinco represores acusados de cometer delitos de lesa humanidad en el Gran Rosario durante la última dictadura cerró este miércoles la etapa previa a la lectura de los alegatos —en la que las querellas pedirán cadena perpetua— con la ampliación declaratoria de y Juan Daniel Amelong, dos de los imputados.

Costanzo volvió a denunciar que intentan matarlo para que no continúe aportando pruebas. En este caso apuntó contra la Policía Federal, fuerza que realiza la custodia de su domicilio. “Se está gestando un atentado”, afirmó "El Tucu", quien era un agente civil del grupo de operaciones conocido como "La Patota·.

Según narró, un cabo de apellido Amador, afectado a su custodia domiciliaria, le advirtió que “los jefes quieren matarlo a usted y a mí”. Desde entonces, Costanzo dijo que evita ir al médico porque debe hacerlo con un policía y prefiere automedicarse.

“Tengo miedo que la Federal me haga algo por eso hace tres meses que no voy”, confesó y responsabilizó “al comisario Michetti” y al “subcomisario Machado” por la situación. “A la Federal no la quiero en la puerta de mi casa, hasta acepto que vayan los bomberos... Va a suceder algo”, avisó.

Costanzo justificó sus miedos en supuestas amenazas de parte de los policías, que además las vinculó con un robo a su nuera y su nieta en la puerta de su casa ocurrido a mitad del año pasado. El imputado es el único de los cinco que aportó información para la causa, reconoció los distintos centros clandestinos de detención e inculpó a los otros cuatro acusados en torturas y asesinatos que componen la acusación.

Por eso pidió a las querellas que “no midan a todos con la misma vara” ya que, dijo, si bien él formó parte del grupo, no había ni torturado ni matado. “Soy totalmente inocente, si me envían a la cárcel seré asesinado”, señaló.

Costanzo declaró por la mañana después que el ex teniente Juan Daniel Amelong terminará su largo recorrido de descalificación de los testigos y familiares de víctimas. El ex militar habló todo el lunes –día de reinicio del juicio oral y público que comenzó el año pasado-, el martes a la tarde y concluyó este miércoles.

En esas horas, descalificó a testigos como el ex canciller Rafael Bielsa, la diputada provincial Alicia Gutiérrez o el diputado nacional Miguel Bonasso, cuyo libro “Recuerdo de la muerte” reconstruye el accionar de "La Patota" en la Quinta de Funes y otros centros de clandestino en base al relato de Jaime Dri, único sobreviviente de aquel lugar y también testigo de la causa.

Amelong cuestionó fechas de documentos oficiales, señaló supuestas contradicciones en declaraciones y se permitió sacar cuentas. “Han declarado 107 testigos más Costanzo. De esos me he referido a 40. Sólo hacen alusión directa a una conducta delictiva de mi parte: Dri, Costanzo, Novillo y Arce. A los cuatro les he respondido. Si tengo que seguir preso por una cuestión de apellido no tengo problemas pero que se sepa que no se ha probado nada”, interpretó.

“Amelong acaba totalmente de mentir”, fue lo primero que dijo Costanzo en segundo turno, y reafirmó que tanto ese militar como Oscar Pascual Guerrieri y Jorge Fariña, como el civil Walter Pagano (todos imputados en la causa) participaron del grupo de tareas que desapareció a “más de 75 personas”, dijo.

Para la abogada querellante Daniela Asinari, el intento de Amelong fue “obviamente más que infructuoso” y “todo lo que le escuchamos decir no es más que una mentira, que forma parte de una estrategia defensista para seguir dilatando el proceso y mantener a las víctimas y a la sociedad toda esperando que por fin se haga justicia”.

lunes, 15 de febrero de 2010

El cinismo de un represor

Los abogados querellantes destacaron "la sorna con que se refirió a la mayoría de las víctimas queriendo presentar a todos los testigos como una banda de mentirosos". "Parece que los enjuiciados somos las víctimas", remarcó una sobreviviente.

Por José Maggi
El represor Juan Daniel Amelong amplió ayer su declaración indagatoria, que usó para intentar marcar contradicciones en los testimonios de decenas de víctimas que lo ubicaban en tiempo y espacio en el lugar donde se cometieron los delitos. Con la complacencia en primer término de la presidenta del TOF Beatriz Baravani, Amelong desplegó calificativos sobre sus denunciantes, y hasta llegó a hacer valoraciones morales sobre sus denunciantes. Pero el punto máximo de cinismo lo hizo al negar el robo de bebés durante la dictadura. "Prueba de que no lo hice es que aquí declararon cuatro de ellos", dijo en referencia a Sabrina Gullino, Sebastián Alvarez, Pablo del Rosso y 'Nachito' Laluff. La complacencia de Baravani ante el dislate argumental de Amelong, provocó la reacción de la fiscal Mabel Colalongo, quien fue llamada al orden por la presidencia del TOF que amenazó con sancionarla sin persistía en su actitud. Pero las querellas y el público presente, hicieron el resto: en varias ocasiones los gritos de indignación se escucharon desde el sector del público, que reaccionó también retirándose de la sala. Las críticas hechas a sus denunciantes fueron subiendo de tono, hasta llegar a Carlos Novillo, quien estaba presente en la sala, y que perdió a dos hermanos en la dictadura. Allí se interrumpió durante un largo rato la sesión.
La abogada querellante Ana Figueroa relató que "Amelong hizo una ampliación de su indagatoria que técnicamente pareció más un alegato, siendo un individuo que durante 33 años logró obstaculizar este proceso con éxito y ahora pretende que se abra una nuevo período probatorio cuando se cerró en los primeros meses del 2009. De acuerdo a normas internacionales de derechos humanos, a la Constitución no corresponde hacer lugar a nada de todo lo que este hombre a estado planteando".

La letrada destacó "la sorna con que se refirió a la mayoría de las víctimas queriendo presentar a todos los testigos como una banda de mentirosos. Es realmente absurda la utilización que hizo del método de defensa: Amelong hizo al Tribunal 30 pedidos de oficio de prueba con datos que conocía desde el mismo momento en que leyó el requerimiento de elevación a juicio de esta causa".
La actitud de la presidente del Tribunal fue muy permisiva durante la mañana, aunque por la tarde encauzó el tema como correspondía. Es que al mediodía la abogada Figueroa solicitó en nombre de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación -que representa- un veedor a la Corte Suprema de Justicia, lo que disparó la reacción del tribunal.

Al terminar la jornada, Adriana Arce, querellante en la causa, opinó que "no está garantizada la legalidad en este proceso porque la presidencia del tribunal actuó por fuera del Código Penal. Lo que nos se puede admitir es que un señor que va a hacer uso de una ampliación de indagatoria, es decir de las cosas que considera que no son correctas y lo perjudican, termine hablando sobre cada uno de los testigos, tratando de devaluar sus testimonios a partir de valoraciones éticas, morales y personales, de cada uno de los testimoniantes. Acá están confundidos los roles, parece que los enjuiciados somos las víctimas y no este señor que se ha dado el lujo de defender a otros imputados de otras causas. Y como es abogado a Amelong lo llamaron 'señor' y 'doctor'. Quisiera saber en qué juicio a un reo lo tratan así", disparó Arce.

"La presidenta del tribunal le dice señor a un asesino, y le ha dejado decir lo que ha querido, y nos han faltado el respeto al propio estado y a las víctimas. Y se les ha dicho a los jueces que debían estar agradecidos por estar sentados allí. Esta no es una dictadura, pero aparece que este tribunal no tiene claro que se debe respetar la Constitución, y estos jueces son funcionarios de un estado que permite el avasallamiento de nuestros derechos", sentenció Arce.
"Amelong se dedicó a señalar supuestas contradicciones de los testigos de la causa, fundadas en sus propias anotaciones, que a todas luces son antojadizas y no se ajustan a los testimonios que dieron los sobrevivientes y familiares", explicaron las abogadas de H.I.J.O.S. Ana Oberlin y Nadia Schujman. "Incluso el mismo Amelong reconoció en un momento que eran sus anotaciones, y que en algún casos se puede haber equivocado en lo que escribió", agregaron.

La declaración del imputado estuvo plagada de provocaciones al público y los testigos. La abogada Oberlin tuvo que pedirle al tribunal que le llame la atención a Amelong "cuyas declaraciones estaban rayando el cinismo".
Para Daniela Asinari, abogada querellante, la declaración de Amelong "intentó desvirtuar la declaración de los distintos testigos que pasaron por el juicio, esforzándose en marcar contradicciones que en realidad no hacen mas que reforzar la credibilidad de los testigos".