Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

martes, 29 de junio de 2010

En el lugar donde martirizaron a Alicia López

Por Juan Carlos Tizziani

Cuatro sobrevivientes de la seccional 4ª reconocieron ayer los calabozos tumbas donde vieron por última vez a Alicia López con vida y uno de ellos asegura que la vio bañada en sangre y tapada con una manta. Raúl Pinto, Alejandro Córdoba, José Schulman y Graciela Roselló participaron en un reconocimiento judicial de la comisaría, donde ratificaron ante los jueces del Tribunal Oral Federal que juzga a Mario Facino lo que ya habían dicho en las audiencias. En la calle, esperaba el hijo más chico de Alicia, que tenía dos años cuando desapareció su madre, el 21 de octubre de 1976. Cuando el acto judicial terminó, Luisito Rodríguez se acercó a uno de los jueces, José María Escobar Cello y le pidió ver el lugar donde había martirizado a su madre. Luisito salió impactado. "Lo que vi fue terrible, pero es una forma de decir: 'Yo también estuve con ella, con mi mamá'", le dijo a Rosario/12. A las diez comenzó el reconocimiento que había convocado el Tribunal Oral que juzga a Facino. El ex comisario ya estaba adentro cuando llegaron los testigos que lo acusan de haber comandado el centro de interrogatorios y torturas más feroz de Santa Fe.

Pintos fue el primero que hizo el recorrido hasta las tumbas. Los acompañaron los jueces, los fiscales Martín Suárez Faisal y Patricio Longo, los defensores oficiales y los abogados querellantes. Y también Facino. Pintos aún sufre las secuelas de un ataque de presión que le dificulta caminar, pero explicó cómo hizo para ver a López inerte, tapada con una manta, desde el calabozo de enfrente. La puerta de ella había quedado abierta. Ayer, él se agachó hasta la rendija y trató de mirar desde el mismo lugar. Pero ya no pudo levantarse sólo, por esas viejas secuelas. Quedó inmóvil unos segundos, hasta que el defensor de Facino lo ayudó a incorporarse y se puso de pie, como si fuera una metáfora del tiempo. "Pude reconocer el calabozo donde vi a Alicia. Creo que estaba muerta porque tenía mucha sangre. Para mí la tiraron ahí", dijo Pinto a Rosario/12.

Siguió Córdoba, quien relató a los jueces quiénes eran sus compañeros de cautiverio. El estaba en uno de los calabozos y en los otros: Alicia, Pinto, Juan José Dalino y Schulman en una celda, a la vuelta. "Es un lugar muy difícil de olvidar. Es un cuadrado de un metro y medio y creo que el de Alicia era más chico", recordó. En el reconocimiento, Córdoba volvió ingresar a esa tumba donde sobrevivió 18 días. Pero esta vez lo acompañó la presidenta del Tribunal. Cerraron la puerta y quedaron a oscuras. La jueza Vella se asomó hasta la mirilla y pudo comprobar que podía ver los dos calabozos de enfrente y una parte del patio. La misma vista de 34 años atrás. "Tengo sensaciones muy mezcladas, imposibles de describir. Pero también la tranquilidad que estamos en marcha para recuperar la memoria", afirmó Córdoba.

Roselló salió con los ojos iluminados. "Es muy movilizador volver a este lugar, porque uno tiene que remover los recuerdos del pasado. Pero a pesar del dolor, uno lo hace con ganas y pasión porque lo podemos hacer y otros no. Alicia ya no lo puede hacer. Entonces, creo que vale la pena luchar para que se haga justicia", dijo. Schulman también reconoció la leonera. "Desde la celda donde yo estaba podía ver a Alicia cuando la llevaban al baño y hoy el Tribunal lo pudo confirmar", afirmó.

En la calle esperaba el hijo menor de Alicia López, hasta que terminó la inspección judicial. Primero, salieron los testigos y después Facino, pero no hubo ningún cruce. Luisito Rodríguez se acercó entonces al doctor Escobar Cello y le pidió si lo podía acompañar hasta el lugar donde estuvo secuestrada su madre. El juez le dijo que sí. Y juntos, ingresaron a la comisaría. "Fue un pedido que yo le hice, pero esto no tiene nada que ver con el juicio, solamente quería conocer el lugar donde estuvo mi mamá", dijo Luis. "Lo que vi realmente es terrible y a esta altura, es una forma de decir: 'Bueno, en algún aspecto yo también estuve con ella'".

lunes, 28 de junio de 2010

TESTIMONIO DE EX POLICIA EN EL JUICIO AL EX JEFE DE LA SECCIONAL 4ª, MARIO FACINO

"Le daba de comer a Alicia López"

Gómez estuvo arrestado en la comisaría durante cuatro meses, pero oficiaba como ayudante de cocina. "Yo la vi ahí, en malas condiciones. Muy enferma, muy deteriorada", dijo. Hoy habrá una inspección judicial en el lugar.
   
Por Juan Carlos Tizziani

Un ex policía que declaró ayer en el juicio al ex jefe de la seccional 4ª, Mario Facino, identificó el último lugar donde vio con vida a Alicia López durante la dictadura, a fines de 1976. "Ella estaba en uno de los calabozos. Yo le daba de comer", reveló Raúl Oscar Gómez, quien estuvo arrestado en la comisaría durante cuatro meses, entre agosto y diciembre de 1976, pero oficiaba como ayudante de cocina y repartía la comida. "Yo la vi ahí, en malas condiciones. Muy enferma, muy deteriorada", dijo al señalar uno de los cuatro calabozos a los que otros presos políticos llamaban "tumbas" porque eran ciegos, no tenían luz ni ventilación, apenas una mirilla a la que los guardias solían tapar con cartones.

La semana pasada, varios testigos: Alejandro Córdoba, José Schulman y Graciela Roselló dijeron haber visto con vida a Alicia en la misma celda que señaló Gómez y uno de ellos, Raúl Pinto, aseguró que la vio inerte, bañada en sangre y tapada con una manta por lo que creyó que estaba muerta. Todos ellos, más el ex chofer de la comisaría, Dalmacio Vázquez, y el ex vicepresidente de la Conadep Santa Fe, Juan Carlos Adrover, participarán hoy, a partir de las 10, en una inspección judicial a la comisaría 4ª que convocó el Tribunal Oral Federal que juzga a Facino.

La de ayer era la última audiencia de las testimoniales, pero sólo declararon tres testigos: Gómez, Adrover y la sicóloga Fabiana Rouseaux. Los otros dos que estaban citados: la periodista y poeta Stella Calloni presentó un certificado médico y José Luis García se disculpó porque está en el exterior según informó el abogado de la querella , por lo que podrán declarar después de la feria judicial, el 23 de julio próximo. Y es probable que ese día también Facino diga sus últimas palabras ante el Tribunal. Los alegatos pasaron entonces para el 29 de julio y el veredicto se conocerá en los primeros días de agosto.

Hoy, los jueces del Tribunal: María Ivón Vella, José María Escobar Cello y Ricardo Moisés Vázquez realizarán una inspección judicial a la comisaría 4ª, junto con fiscales, defensores y querellantes, a la que han sido citados siete testigos que declararon en el juicio: Córdoba, Schulman, Roselló, Pinto, los ex policías Gómez y Vázquez y el doctor Adrover.

Gómez relató ayer en el juicio que estuvo arrestado en la comisaría 4¬ durante cuatro meses, entre agosto y diciembre de 1976. Pero no compartía las celdas con los detenidos políticos. El y otros ex policías estaban "alojados" según sus palabras en una oficina desocupada de la seccional, sobre la calle Tucumán y tenían ciertas libertades. "Yo salía a hacer los mandados y ayudaba en la cocina a preparar la comida, que luego repartíamos entre los presos", dijo.

¿Recuerda haber visto a detenidos políticos? le preguntó el fiscal Martín Suárez Faisal.

Sí, estaban en las celdas contestó Gómez. Y mencionó a Schulman. "Recuerdo también a Alicia", agregó Gómez, a quien identificó como "una mujer no muy alta y que estaba en malas condiciones" de salud.

Uno de los abogados de la querella le preguntó entonces si Alicia recibía atención médica. "No, nunca la he visto recibir atención médica", respondió el ex policía.

¿Recuerda en qué lugar estaba Alicia López?

Había cuatro calabozos juntos. Estaba en uno de ellos. Siempre estaba en el mismo lugar. La vi en malas condiciones. Estaba muy enferma, muy deteriorada explicó.

Gómez dijo que había estado bajo arresto en la comisaría 4¬ hasta fines de 1976. "¿Cuándo usted se fue, ella seguía allí?", le preguntaron.

No, ya estaba más. Yo la vi hasta unos días antes que me trasladaran a otra comisaría. Pero ella ya no estaba más. Yo le daba de comer comentó.

Otro de los testigos que dijo haber visto a Alicia en uno de los calabozos de la comisaría 4ª fue Alejandro Córdoba. "Un día taparon la mirilla de la puerta con un cartón. Pero yo pude ver que traían a una persona en brazos, tapada con una manta. La llevaba un policia, sin armas, pero que tenía un cuchillo en la cintura. La dejó a esa persona en el calabozo, pero no salió enseguida, lo que nos llamó la atención. Cuando el policía se fue, la persona que estaba en la celda se pudo incorporar, se asomó y nos dijo quién era, que se llamaba Alicia López y que había sido violada por el policía que la trajo", recordó.

Córdoba situó ese hecho entre el 22 y 23 de octubre de 1976. Alicia había sido secuestrada el 21 de octubre. Y dijo que hablaba con ella cada vez que podía asomarse a la mirilla. "Yo estaba todo el tiempo asomado. Hablaba con otros detenidos: Pablo Nuñez, Alicia, (Juan José) Dalino y con los otros (que estaban en otras celdas más lejanas), Schulman, (Alcides) Schneider y (Eduardo) Almada, a los gritos".

Demasiadas dudas sobre una prueba

DECLARA EL JEFE DE INVESTIGACIONES DE RAFAELA POR UN VIDEO EN LA CAUSA DE SILVIA SUPPO
El subcomisario Horacio Maidana deberá dar explicaciones sobre el CD que el apoderado de la Terminal de ómnibus entregó en la Jefatura, pero que nadie reconoce haber recibido. Un remisero también complicó la pesquisa policial.
Por Juan Carlos Tizziani
Desde Santa Fe

Dos testigos complicaron a la pesquisa policial del asesinato de Silvia Suppo y alimentaron aún más las dudas de la familia de la víctima. Uno es el apoderado de la Nueva Terminal de Rafaela, Hernán Gunzinger, quien aseguró haber entregado un video de los presuntos homicidas 48 horas después del crimen, pero la prueba recién fue incorporada a la causa dos meses más tarde porque el empresario aportó una segunda copia. "Yo me dirigí a la Jefatura de Policía, a Investigaciones y allí entregué el CD a uno de los jefes de apellido Amaya", dijo Gunzinger. Amaya es el subjefe de la Unidad Regional V, quien negó el hecho. El otro testigo es el remisero que transportó a los limpiacoches que se atribuyeron el homicidio hasta la terminal de micros, pero que antes de declarar en la causa judicial tuvo que pasar por la Jefatura de Policía de Rafaela. Mañana, y a pedido de la querella que representa a los hijos de Suppo, está citado a declarar ante el juez Alejandro Mognaschi, el subjefe de Investigaciones, subcomisario Horacio Maidana, a quién le pedirán explicaciones sobre el CD que Gunzinger dice haber entregado en la Jefatura, pero que al parecer nadie recibió.

La confusa situación con el video ya tuvo su resonancia política cuando dos funcionarios del gobierno de Hermes Binner salieron a respaldar la pesquisa policial. "La investigación fue prolija", dijo el ministro de Seguridad, Alvaro Gaviola, a quién "no le consta" que el video hubiera estado poder de sus subordinados a poco del asesinato de Suppo. Y después, un director de la Secretaria de Derechos Humanos, Jorge Pedraza, sumó su elogio a los investigadores y hasta calificó al jefe de Unidad Regional V, comisario Juan Mondino, como "uno de los oficiales jóvenes de la democracia que quieren hacer bien las cosas".

El video de la Nueva Terminal fue filmado por las cámaras de seguridad de la estación de colectivos el 29 de marzo, el día del crimen, cuando los dos imputados, Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres, se fueron de Rafaela en un viaje de línea sin que nadie los moleste.

La querella tuvo noticias de esta filmación dos meses después, el 26 de mayo, cuando la concesionaria de la estación de ómnibus informó al juez Mognaschi que la terminal tiene "un sistema de monitoreo a través de cámaras IP, que está a cargo de la empresa Willtel" y un archivo de imágenes. Pero que ese video ya había sido "entregado a personal policial de investigaciones". La nota está firmada por el responsable de la empresa, Carlos Cassinerio y el apoderado, Hernán Gunzinger.

Gunzinger fue citado a declarar en la causa y ratificó ante el juez lo que la empresa ya le había dicho por escrito. "En su momento, cuando la Policía se hizo presente en la Terminal para tratar de recabar datos sobre estas personas (Sosa y Cóceres), debe haber sido dos días después del hecho, me pidieron las filmaciones de las cámaras que están dispuestas en la Terminal. Ellos ya venían con conocimiento que teníamos ese sistema y yo personalmente retiré un CD con el material fílmico requerido de la empresa Willtel, que se encarga del tema y luego se lo llevé a la Policía. Yo me dirigí a la Jefatura de Policía, a Investigaciones y allí entregué el CD a uno de los jefes de apellido Amaya. En ese momento, yo no le hice firmar ningún recibo ni quedó documentada la entrega del material fílmico. De todas maneras, estas imágenes quedan guardadas", dijo Gunzinger y se comprometió a entregar al Juzgado una segunda copia del "material que oportunamente entregué a la Policía". Y así lo hizo, el 8 de junio.

Gunzinger desvinculó al responsable de la concesionaria, Carlos Cassinerio porque "está en Rafaela una vez por semana" y el encargado de buscar el video en Willtel y después llevarlo "hasta la Jefatura de Policía" fue el propio Gunzinger.

El subjefe de la Unidad Regional V también declaró en la causa y negó haber recibido el video del 29 de marzo que el empresario dice haber dejado en sus manos. "En ningún momento me dieron ningún tipo de filmación. Lo que sí me dio Gunzinger fue una clave para hacer monitoreo y nos dio la página donde debíamos ingresar" por internet, explicó Amaya. Aunque después, ante otra pregunta, dijo que no recordaba si eso había sido antes o después del hecho.

Le preguntaron entonces sobre lo que había dicho Gunzinger, que él fue hasta "la Jefatura de Policía de Rafaela, a Investigaciones" y allí había entregado "el CD a uno de los jefes de apellido Amaya".

Lo que puedo decir, es que él habla que fue a Investigaciones y yo hace seis meses que no estoy allí. El se puede haber confundido. Si me hubiera dado ese video lo hubiera entregado inmediatamente a la gente de Investigaciones, sobre todo por la gravedad del hecho que se investiga -contestó Amaya.

Uno de los abogados querellantes, Guillermo Munné, le preguntó entonces si "podía comentar el motivo por el que se pidió ese video". Y le recordó una reunión que el jefe de la Unidad Regional V, comisario Mondino y el propio Amaya tuvieron con uno de los hijos de Suppo, Andrés Destéfani y el propio Munné, al día siguiente del asesinato de Suppo, el 30 de mayo. "Allí usted manifestó que se iban a pedir esas filmaciones" a la Nueva Terminal -le planteó Munne.

No recuerdo, puede ser. Concretamente, nunca tuve en mis manos ningún video de la terminal de Rafaela, ni lo vi para nada, ni antes ni ahora -se defendió Amaya.

sábado, 26 de junio de 2010

COMPROBACIÓN QUE HABIA AL MENOS OCHO CUERPOS EN LA FOSA COMUN

Con claros signos del terror
El magistrado Francisco Miño ahora ordenó la exhumación y traslado de los restos a Buenos Aires, para que el Equipo Argentino de Antropología Forense pueda trabajar sobre la identidad de los cuerpos hallados en una fosa común.Por Juan Carlos Tizziani
Desde Santa Fe

El juez federal Nº 2 de Santa Fe, Francisco Miño, que investiga enterramientos clandestinos de víctimas del terrorismo de estado en un predio del Ejército ya pudo constatar que en la fosa común descubierta por el Equipo Argentino de Antropología Forense en el campo San Pedro, a 40 kilómetros de Santa Fe, había restos de ocho personas, seis de ellas con las marcas del terror: "lesiones en el cráneo compatibles con heridas producidas por armas de fuego". Y ordenó la exhumación de los cuerpos y su traslado al laboratorio de los peritos forenses, en Buenos Aires, para que se realicen los estudios genéticos que permitan identificar a los desaparecidos. Fuentes seguras consultadas por Rosario/12, revelaron que se trata de restos de cinco hombres y tres mujeres jóvenes, uno de ellos apareció con "un objeto de metal en la mano izquierda que podría ser un anillo" y otro tenía "una pieza dentaria de acrílico y metal", que podrían orientar las investigaciones. El traslado se concretó a mediados de esta semana con custodia de la Gendarmería.

La fosa común fue encontrada el miércoles 9 de junio, en un sector agreste del campo San Pedro, de propiedad del Ejército, ubicado en la zona de Campo Andino, a 15 kilómetros de Laguna Paiva. La opinión pública se anotició del descubrimiento casi una semana después, el martes 15. Y el viernes 18, el juez Miño realizó la inspección judicial en el lugar junto al secretario penal del Juzgado, Mateo Busaniche y autorizó a los forenses a concluir "las tareas de exhumación, registro, embalaje y posterior traslado de los restos" al laboratorio del Equipo de Antropología, en Buenos Aires.

El hallazgo no tiene precedentes en el país. "Es la primera fosa común que se encuentra en jurisdicción militar", dijo el antropólogo Miguel Nieva, quien integra el grupo de investigadores junto a sus colegas, Juan Nóbile y Leonardo Ovando. La primera vez que se hallaron fragmentos humanos en un centro clandestino fue en el "Pozo de Arana", en La Plata, donde estuvo secuestrado Julio López. "Pero esta es la primera vez que se encuentran restos humanos en un predio del Ejército. Se hicieron trabajos en varios lugares del país, se trabajó en La Perla, en el Batallón de Arsenales en Tucumán y en otros lugares, pero es la primera vez que logramos encontrar restos en un predio militar", precisó Nieva.

La causa que instruye el juez Miño se inició en abril de 2007 por una denuncia de la Casa de Derechos Humanos de Santa Fe, que agrupa a las Madres de Plaza de Mayo, Familiares de Desaparecidos y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos. Aunque ya en 1984, la Conadep se había hecho eco de comentarios de vecinos y conocedores de la zona que habían visto movimientos de vehículos militares y sospechaban de enterramientos clandestinos. El campo San Pedro tiene más de 100 hectáreas y era utilizado por el Ejército para maniobras y ejercicios de artillería.

El elemento clave que orientó la pesquisa fue la cal que utilizaron los ejecutores para hacer desaparecer los cuerpos de sus víctimas. Precisamente, los restos encontrados ahora estaban bajo un manto blanco. "Es una fosa común, en cuyo interior se hallaron restos humanos de varias personas cubiertos con cal y evidencia balística asociada a los mismos", dijo el Equipo de Antropología Forense al anunciar el hallazgo. La sepultura no era muy profunda. Los investigadores creen que fue cavada a pala, sin utilizar ninguna máquina retroexcavadora. Es un rectángulo de 2.70 por 1.70. Y a los 80 centímetros de la superficie comenzaron a aparecer los restos de cal que cubrían todo el sector. Una vez retirada la cal, los forenses encontraron los primeros restos humanos ("un miembro inferior"), por lo que a partir de allí comenzaron un trabajo de excavación arqueológica. Y la verdad comenzó a salir a la luz. Hallaron los restos de ocho personas jóvenes. "Cinco hombres y tres mujeres", según fuentes seguras consultadas por Rosario/12.

Los ocho individuos fueron hallados en distintas posiciones, articulados y extendidos: seis estaban "decúbito dorsal", es decir boca arriba y dos "decúbito ventral", boca abajo. Los seis boca arriba tienen "lesiones perimorten en el cráneo compatibles con heridas producidas por arma de fuego", lo que revela que habrían sido ejecutados con el tiro del final. Uno de los cuerpos tenía también "un objeto de metal en la mano izquierda, posiblemente un anillo" y otro, "una prótesis dental de acrílico y metal en el maxilar superior", que podrían orientar las investigaciones forenses. Fueron enterrados a una profundidad variable entre 1.20 y 1.40.

La semana pasada, Nieva informó que también habían encontrado "una vaina servida de arma de fuego asociada con los restos, pero en este caso no es un indicio de relevancia porque era un campo de artillería y hay muchísimos fragmentos de municiones, vainas y proyectiles" que utilizaba el Ejército.

Las fuentes dijeron que en la fosa común no había otras cápsulas de proyectiles, ni restos de ropa. Una indicio de que podrían haber sido ejecutados en otro lado y luego llevados desnudos hasta el destino final. "Posiblemente los hayan matado en otra parte y después los arrojaron a la fosa", interpretó una de las fuentes.

La Casa de Derechos Humanos que impulsó la causa judicial hace tres años valoró la importancia del hallazgo. "Es la prueba de que este campo del Ejército operó como centro de exterminio de víctimas del terrorismo de estado", dijo Milagros Demiryi. Por lo que, ahora la investigación apuntará a precisar si hay más fosas comunes. "Los testimonios dicen que los enterramientos clandestinos con cal se hicieron varias veces. Hay datos cruzados, algunos testigos que hablan de dos hechos y otros de tres hechos. Indudablemente, el campo San Pedro se usó primero como centro de torturas y después pasó a ser centro de exterminio", planteó Jorge Castro.

Ahora, el Equipo de Antropología Forense intentará "identificar los restos encontrados" en San Pedro, pero también continuará con "la "prospección y búsqueda" de otros enterramientos clandestinos porque "aun resta explorar una gran superficie" del campo del Ejército.

jueves, 24 de junio de 2010

Alicia López : desgarradores testimonios

Detrás de las paredes de la 4ª

"Yo creo que estaba muerta", aseguró Raúl Pintos, uno de los testigos que declaró ayer en el juicio al ex jefe de la comisaría, Mario Facino, acusado por el secuestro, torturas y asesinato de la docente y ex militante de las Ligas Agrarias.
   
Por Juan Carlos Tizziani

El Tribunal Oral de Santa Fe escuchó a cuatro sobrevivientes de la dictadura dar testimonio de la agonía de Alicia López en la seccional 4ª y uno de ellos aseguró que la vio en el calabozo de enfrente, inerte, bañada en sangre y cubierta por una manta. "Yo creo que estaba muerta", aseguró Raúl Pintos, uno de los testigos que declaró ayer en el juicio al ex jefe de la comisaría, Mario Facino, acusado por el secuestro, torturas y asesinato de la docente y ex militante de las Ligas Agrarias, entre octubre y noviembre de 1976.

Fueron los testimonios del horror. El miércoles, Alcides Schneider y Alejandro Córdoba, ya habían relatado cómo operaban los grupos de tareas en el centro de torturas e interrogatorios que comandaba Facino, uno de los más brutales del circuito represivo de Santa Fe. Y ayer, siguieron Pintos, José Schulman, Graciela Roselló, Hernán Gurvich y Vilma Cancián. Los siete sobrevivieron al martirio, pero cuatro -Córdoba, Pintos, Schulman y Roselló-, vieron con vida a Alicia López y hablaron con ella detrás de las paredes de la 4ª.

"Yo vi a Alicia en uno de los calabozos de la 4ª. Ella nos dijo cómo se llamaba", afirmó Pintos, un obrero de Reconquista que cayó el 16 de agosto de 1976 y dos semanas después, a principios de setiembre, lo trasladaron a Santa Fe, donde estuvo secuestrado cuatro meses en la comisaría 4ª. Aún sufre las secuelas de un ataque de presión que le provocó una hemiplegia y problemas motrices, pero sus dificultades no le impidieron dar testimonio del destino final de Alicia.

Era una tardecita, a fines del '76. Alicia había sido secuestrada el 21 de octubre. Pintos ya estaba detenido en la 4ª, en un calabozo ciego. La única ventilación era una mirilla que los represores habían tapado con un cartón. Escuchó ruidos del otro lado de la puerta, se agachó y observó por debajo de la rendija. Y allí la vio. Era ella. "Era Alicia, tirada en el suelo, ensangrentada y tapada por una manta. Yo la vi porque habían dejado abierta la puerta de su calabozo", afirmó Pintos. El había guardado esas imágenes en su memoria durante 34 años y ayer pudo repetirlas, cara a cara, ante el Tribunal que juzga a Facino.

¿Usted confirma que vio muerta a Alicia López? le planteó el abogado de la querella.

Yo lo confirmo contestó Pintos.

La defensa de Facino chicaneó con algunas preguntas. "¿Cómo sabe que Alicia López estaba muerta?", quiso saber el defensor oficial Fernando Sánchez. "Yo la vi por debajo de la puerta. Era ella, toda ensangrentada. Estaba en el calabozo de enfrente", insistió Pintos.

Pero ¿qué le hizo pensar que estaba muerta? repitió Sánchez.

Yo la vi.

¿Y por qué usted supone que estaba muerta? se asoció la presidenta del Tribunal, María Ivon Vella.

Porque no se movía contestó Pintos.

El defensor de Facino pidió entonces que leyeran al testigo la declaración que había hecho en la instrucción de la causa, hace dos años, el 30 de julio de 2008, cuando relató el mismo hecho: vio a Alicia López en el calabozo de enfrente, cubierta con una manta. "Yo creí que estaba muerta porque estaba toda ensangrentada", dijo entonces Pintos.

Sí, esa es la palabra exacta reconoció ayer. Y repitió: "Yo creí que estaba muerta porque estaba toda llena de sangre. La pude ver porque dejaron la puerta del calabozo de ella abierta. Al otro día nos sacaron los cartones que tapaban las mirillas y ella ya no estaba. Nunca más la volví a ver", dijo Pintos, quien aceptó haber comentado el hecho a otros detenidos, Córdoba y Schulman.

La presidenta del Tribunal le pidió si podía agregar más detalles. Y Pintos dijo que el cuerpo de Alicia había sido dejado por tres o cuatro personas, a las que no pudo ver desde la rendija. "Dejaron a Alicia tirada en el suelo y se fueron", agregó.

Después, Schulman y Roselló ratificaron ante el Tribunal que también hablaron con Alicia, pared de por medio. Los dos y un compañero de ambos, Hernán Gurvich, cayeron el 12 de octubre de 1976. Schulman estuvo más tiempo en la 4ª, hasta mediados de noviembre. "Ví varias veces a Alicia López, tambalearse y caerse en ese pasillo que había entre los calabozos y el baño. Hablamos atrás de las paredes", dijo. "Alicia había sido violada en una celda de la 4ª y antes en La Casita", un centro clandestino que aún no fue localizado, agregó Schulman.

Graciela Roselló llegó a la 4ª encapuchada. La arrojaron en un calabozo. No sabía dónde estaba, hasta que la destabican y puede ver a otra mujer en el calabozo de enfrente. "Me llamo Alicia. Estamos en la comisaría 4ª", le dijo. Graciela le dijo entonces quién era. Y ella se sorprendió: "¿No me digas que sos la esposa de Schulman? Y gritó: "¡José me debes envidiar porque enfrente mío está tu señora!".

Alicia le contó entonces que era maestra, que militaba en las Ligas Agrarias y que estaba muy débil. Tiempo después, Graciela llegó a la Guardia de Infantería Reforzada, donde preguntó si alguien había visto a Alicia López. "Hay malas noticias", le dijeron. "Alicia fue la que más fuerza me dio. '¡Aguantá, que vamos a salir!', me decía. Y eso es lo que más dolor me provoca: yo pude salir y ella no. Pero no lograron doblegarnos. Por eso, estamos acá, para hablar por los que no pudieron hacerlo", concluyó Roselló.

miércoles, 23 de junio de 2010

Abrazada por el pueblo: Elida López, Madre de la Plaza 25 de mayo

El grito herido que no cesa
Al principio uno quiere volar a través de los años, meterse en esos días con olor a libros ardiendo en las hogueras, para poder entender la valentía, el coraje de ponerse de pie. Élida López nos cuenta de ese tiempo, y nos lleva a Mar del Plata, en 1976. Adrián Sergio López, su hijo, había aprendido a sentir como propio el dolor ajeno desde que un día su padre le reprochó un aparente desinterés por las cosas. Fue su mismo padre quien le advirtió, los primeros días de octubre de 1976, que se cuide, que no regrese a Mar del Plata, que lo estaban buscando. Después no fue fácil ponerse en marcha, recorrer todos los caminos, juntarse con las primeras Madres y organizarse, reunirse en las iglesias, hablar con los amigos de Sergio. Élida fue una de esas primeras Madres marplatenses y después siendo Madre de la plaza en Rosario, desde que fue a esa ciudad  en 1996.

La Madre de la Plaza 25 de mayo, Elida de López, murió ayer por la mañana, a los 88 años. Luchadora incansable por los derechos humanos, trabajó en la recuperación de la identidad de decenas de niños apropiados durante la dictadura militar. Su accionar fue un ejemplo para toda la sociedad en su afán por alcanzar la verdad y la justicia.

EL "ENTREGADOR" DE LA DOCENTE DESAPARECIDA, ALICIA LOPEZ

La cuñada negó que fuera un primo hermano

El nombre del "entregador" de la docente y militante de las Ligas Agrarias desaparecida, Alicia López, que ella identificó la noche de su secuestro en la casa de sus suegros y a la vista de su propia familia, sigue en las penumbras de la impunidad. Su cuñada, María Isabel Rodríguez, negó ayer que un ex agente civil del Ejército ya fallecido, Julio César Padín, hubiera participado en el secuestro de Alicia, el 21 de octubre de 1976. "No, Padín no era ", dijo Rodríguez al declarar en el juicio al ex jefe de la comisaría 4ª, Mario Facino, por la desaparición de su cuñada.

La señora Rodríguez y su hermano y ex esposo de Alicia, Luis Juan Rodríguez, abrieron las testimoniales en el juicio a Facino, que seguirán hoy. Uno de los interrogantes del caso es quién era el "entregador" que Alicia identificó esa noche cuando la fueron a buscar, primero, a la casa de su cuñada, y luego, a la de sus suegros, que estaba a la vuelta, en el barrio Candioti sur. Ella reconoció a uno de los integrantes del grupo de tareas y le reprochó en voz alta: "¿Qué haces vos acá?". Después, uno de los sobrevivientes de la comisaría 4ª, Alejandro Córdoba, dijo que Alicia había reconocido "a un primo que era de los servicios", y no sólo en el secuestro, sino también en las sesiones de torturas en el centro clandestino conocido como "La casita". Padín era primo hermano de Alicia y operaba como Personal Civil de Inteligencia (PCI) en el Destacamento de Inteligencia Militar 122 de Santa Fe. Pero ayer, su cuñada, María Isabel Rodríguez, lavó de toda sospecha a Padín. Uno de los abogados de la querella le preguntó si conocía a Padín y sabía del parentesco con Alicia. "Sí, era primo hermano y lo conocía porque vivía enfrente de mi casa paterna. Pero Padín no era el que la entregó, no era él", contestó la cuñada de Alicia.

Más tarde, el fiscal Martín Suárez Faisal volvió sobre esa línea de investigación que la justicia dejó inconclusa. "¿Usted sabe si Alicia reconoció a alguien en ese grupo (de tareas)", preguntó.

Sí, a uno de ellos le dice: '¿Vos acá? Me lo dijo mi marido (Alan López, ya fallecido, que acompañó a los represores hasta la casa de sus suegros, donde estaba Alicia). Nosotros pensábamos que había sido Padín, pero yo lo ví antes y no era él. De todas formas, se llevaban mal, pudo haber sido, pero no era él contestó la señora Rodríguez.

El fiscal pidió entonces que se le exhiba una fotografía de Padín, que está en su legajo de PCI. La señora de Rodríguez pareció molesta por el pedido. "¿No me va a hacer reconocer una foto ahora que ya pasaron 30 años?", se quejó. Le aclararon que era una foto de la época, mientras la pro secretaria del Tribunal le alcanzaba el expediente con la foto de Padín.

Sí, ese era el primo de Alicia, pero no era el que yo vi. Por lo menos, no lo reconocí. Estaban todos uniformados con camperas, no puedo reconocer al que tuve cara a cara contestó la mujer.

Más tarde, declaró el ex marido de Alicia, Luis Juan Rodríguez, que estaba preso en la cárcel de Rawson cuando secuestraron a su ex mujer, en octubre de 1976. Rodríguez era abogado de las Ligas Agrarias, en el Chaco, lo detuvieron en abril de 1975 y recién recuperó la libertad vigilada en noviembre de 1981. "¿Conoció al primo de Alicia?", le preguntaron.

No, no lo conocía. Era un primo hermano de ella. Pero no teníamos ningún trato. Lo conocía porque vivía a la vuelta de mi casa cuando era soltero. No había ningún tipo de relación contestó Rodríguez. Y después le exhibieron la misma foto del legajo de PCI de Padín que había reconocido su hermana unos minutos antes. "Por el nombre, tiene que haber sido el primo de Alicia", respondió, sin aportar más datos.