Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

martes, 8 de febrero de 2011

El padre, rehén de la patota

EL TESTIMONIO DE RODOLFO FERNANDEZ BRUERA

Rodolfo eludió el secuestro aquella noche, porque su hermano se escapó por los techos de la casa de Laprida 1788 para advertirle del peligro. Pero el padre estuvo 40 días detenido en el Servicio de Informaciones. Falleció hace cinco años.
por Sonia Tessa.

La vida de Rodolfo Fernández Bruera pendió de un hilo en la noche del 1º de julio de 1977. Su padre, José Esteban Fernández, fue el rehén que la patota eligió como anzuelo para obligarlo a entregarse. Rodolfo es hermano de Gonzalo, uno de los testigos del lunes en la causa Díaz Bessone. Rodolfo eludió el secuestro aquella noche, porque su hermano se escapó por los techos para advertirle del peligro. Pero el padre estuvo 40 días detenido en el Servicio de Informaciones. La larga espera de justicia por los delitos de lesa humanidad impidió que José Esteban pudiera testimoniar en primera persona lo vivido en el centro clandestino de detención. Murió hace cinco años. Su hijo ofreció ayer un documento escrito a máquina por el hombre, que tenía 60 años cuando lo secuestraron. En ese manuscrito hizo una minuciosa descripción física del SI, relató las torturas y simulacros de fusilamiento de prisioneros que escuchó, así como la relación con los guardias. Ese escrito pertenece a un hombre azorado con las arbitrariedades cometidas por el estado. Un hombre que vivió 40 días con gran temor de escuchar la voz de su hijo entre los "detenidos" que llevaba la patota al SI. Rodolfo fue el único testigo de la audiencia, que se suspendió al mediodía porque el juez Jorge Venegas Echagüe, uno de los integrantes del tribunal, estaba descompuesto.

Esa noche del 1º de julio de 1977, la patota llegó primero a la casa de los Fernández Bruera, en Laprida 1788, y luego trasladaron a José Esteban a su taller gráfico de Presidente Roca y Catamarca. "Requisaron todo el taller y a partir de ese momento mi padre termina detenido- desaparecido, porque no estaba legalizado, y mi hermano menor queda a cuidado de mi hermana mayor", relató ayer el testigo, que no llegó a su casa esa noche. "Si hubiese llegado a mi casa no estaría hoy aquí. Me venían siguiendo hacía entre 10 y 15 días. Esa noche fue el último vínculo con mi familia", siguió entregando su memoria para que forme parte del proceso judicial.

Al día siguiente, Rodolfo sabía que su padre había sido detenido. La opción de hierro que enfrentaba era entregarse o huir. "La opción primera fue la que traté de manejar. Me contacté con un pariente mío que tenía buena relación con la dictadura del momento y estimaba a mis padres", contó sobre lo vivido en aquellos días de angustia. A las 8 de la mañana, fue a la casa de ese familiar y lo puso al tanto de lo ocurrido. Le dijo que sí, que era militante montonero, trabajaba en prensa y hacía volantes. "Es algo muy peligroso. Esas palabras me hacían cargo de todo, no tenía nada que ocultar, yo siempre fui colaborador porque me costaba mucho asumir la violencia política, eran tiempos violentos pero yo no lo asumía. Hacía volantes, matrices de películas, ayudaba con eso. A partir del 25 de marzo del 76 viene un compañero a hacer algo y digo que sí, ahora sí. Las cosas cambiaron y empiezo a militar", contó ayer sobre su decisión política tras el golpe de estado. "Ellos cambiaron las reglas del juego y yo asumí todas las responsabilidades, por eso dije que asumía todo, que mi padre no tenía nada que ver", dijo frente al Tribunal presidido esta semana por Beatriz Barabani de Caballero. Por lo demás, Rodolfo llevaba una vida a plena luz: "Trabajaba desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde y de ahí me iba a estudiar publicidad, también había estudiado ciencias económicas".

En aquella entrevista, Rodolfo le pidió a su familiar que hiciera "todo lo posible por salvar" a su padre, y afirmó que se entregaría. Esa misma persona le confirmó que su padre era un rehén, que lo querían a él. Y Rodolfo le preguntó si garantizaban su vida. "No", fue la respuesta que recibió. Mientras tanto, ahora sí escondiéndose, Rodolfo mantenía comunicaciones telefónicas con su hermano mayor, que un día le dio una opinión gravitante. Le dijo que se presentara si quería, en Balcarce y Córdoba, en el Comando del Segundo Cuerpo de Ejército, y le dio el nombre de un teniente coronel ante el que debía presentarse. "Eso te lo digo formalmente, pero como hermano te digo que tomes distancia porque te quieren muerto. De papi nos encargamos nosotros". Esas fueron las palabras de Diego, su hermano mayor. Tras la audiencia, Rodolfo habló con Rosario/12 sobre el eterno agradecimiento a su familia.

Otra de las pruebas que el testigo aportó a la causa fue una nota del diario La Capital, publicada el 8 de julio de 1977, en la que se hablaba de un taller con "material extremista". Después de su detención, al padre lo obligaron a firmar que había encontrado su comercio en perfectas condiciones, pero lo habían saqueado y jamás pudo reabrirlo. Aunque José Esteban intentó explicarles a los represores que no se trataba de una imprenta, no hubo forma de que lo entendieran.

"Lo bueno de este relato es que uno lo puede contar, muchos otros no pueden. De esta historia del 76 en adelante vamos a saber el 15 o el 20 por ciento de la verdad. El resto lo perdimos con los desaparecidos y el tiempo que nos llevó replanteando el tratamiento de esta verdad, aquí se consiguió y es un avance de la justicia y para nosotros es importante", dijo Rodolfo en la audiencia. Su testimonio terminó con un agradecimiento por "la oportunidad para relatar un pedazo de esta historia".

Más tarde, cuando se iba del Tribunal acompañado por su familia, su esposa, Gioconda, quiso decir lo suyo: "Después de 30 años, esto está a flor de piel. Uno siente que otra vez están poniendo la piel, el cuerpo. Los ves ahí a ellos, y nos podemos cruzar en cualquier momento en esta ciudad con los acusados".

lunes, 7 de febrero de 2011

"Esperé 33 años y por fin es hoy".

Declaración de Graciela Borda Osella
Feced, su tío  

Graciela Borda Osella es infaltable en la puerta de los Tribunales Federales, cada uno de los días de audiencias por la causa Díaz Bessone. Con paciencia, documenta con fotos los "aguantes", el espacio de acompañamiento a los testigos que sostienen integrantes del Espacio Juicio y Castigo. Después las sube a la red social facebook. Ayer, muy temprano a la madrugada, escribió en su muro: "Esperé 33 años y por fin es hoy". Poco después de las 12, fue su turno para sentarse en el tribunal. Contó que era sobrina del entonces interventor de la policía rosarina, Agustín Feced, ya que el represor era primo hermano de su padre. Graciela estaba embarazada de dos meses cuando fue secuestrada junto a su esposo y Mercedes Sanfilippo, a la que recordó como "una hermana". Cuando fueron a buscarlos a su casa, ella dijo del parentesco con el mandamás del Servicio de Informaciones. Por eso, la llevaron con mejores modales. Una vez en el centro clandestino de información, dijo que estaba embarazada, y le dieron una silla. "La escuchaba a Mercedes que gritaba que nos dejaran tranquilos, que no teníamos nada que ver", relató ayer, para contar que luego la mantuvieron en la rotonda, donde estuvo con su amiga y Cristina Bernal, la otra testigo de ayer. A las pocas horas de estar en el lugar perdió el embarazo.

"A la noche me llevaron a ver a mi tío, que se cansó de hablar mal de mi padre, de decir todo lo que le iba a hacer. Me preguntó por Mercedes y me dijo que cómo me metía con esa gente. Yo le dije: 'Pero tío, cuando fue el golpe la tuviste 48 horas detenida y después la largaste, no me digás que es guerrillera'", relató ayer su surrealista relato con el represor, al que siempre llamó "mi tío".

Feced despotricó contra el padre de la testigo, le dijo que era comunista. "'Tío, si vos te afiliaste con él a la Juventud Comunista'", le dijo Borda Osella. "Yo haciéndome la que no entendía nada. Creo que me creyeron, no sé. Me pasaron a una habitación con mi marido", continuó su relato. Estuvieron detenidos 6 días. Antes de ser liberada, se le acercó un hombre que hablaba como cura, que le decía que su detención había sido un error y que no se lo contara a nadie para no tener más problemas. Casi una amenaza. Sin embargo, ella le dijo que era la primera persona que la trataba bien, y le pidió verle la cara. El hombre le bajó la venda. Según contó ayer la testigo, en 1984 vio una foto del sacerdote Eugenio Zitelli en el diario La Capital, y era "idéntico" a aquel que le habló en el SI.

Junto a su marido, Graciela fue liberada el 25 de agosto a la madrugada. "Teníamos un miedo tremendo, porque habíamos oído hablar de que mataban gente simulando la fuga", relató ayer. Durante mucho tiempo, un represor que había conocido en el SI -"el Picha" la "visitó" en distintos lugares para hablar. Según relató ella ayer, fue él quien le contó que "a (Jorge Luis) Francesio lo habían fusilado en enero en Santa Fe". Francesio está desaparecido desde septiembre de 1977. Aunque Borda Osella no mencionó ayer más que el nombre de pila del represor, se trata de Eduardo Dogour.

Cuando se iba, Graciela se paró frente a los represores que siguen el juicio en la sala -Vergara, Marcote y Ricardo Chomicky y les gritó: "Encantada de verlos acá".

"El sótano era un lugar siniestro"

Esther Bernal, torturada en el SIi, ofreció un testimonio contundente

Fue secuestrada por una patota de 15 represores. "Quiero que
tengas el valor de mirar a quien sobrevivió a tus torturas", le dijo a Marcote -uno de los acusados- y le arrojó un vaso de agua   

 Por Sonia Tessa.

Esther Cristina Bernal viajó desde Misiones, donde vive, para contar de su secuestro y el de su hija de 3 años, el 17 de agosto de 1977. Detalló las torturas que sufrió desde el mismo momento en que le arrancaron a su hija de los brazos, imploró a los jueces que hagan justicia, manifestó su desazón porque los imputados están en libertad y reivindicó su identidad política peronista. Cuando terminó, se paró frente a uno de los imputados, Mario Alfredo Marcote, y lo increpó: "Quiero que me mires, que tengas el valor de mirar a quien sobrevivió a tus torturas". El torturador conocido como "El Cura" se mantuvo imperturbable, sin levantar la vista. Mientras los gendarmes se acercaban a la testigo para cumplir con la orden de desalojarla, Bernal atinó a vaciar el agua del vaso del abogado defensor sobre el cuerpo de Marcote. Más de uno de los presentes en la sala se levantaron a aplaudir la actitud. Por eso, al retomar la audiencia, cuatro personas del público no pudieron reingresar. El relato de Bernal, el primero del día de la reanudación de las audiencias por la causa Díaz Bessone en el Tribunal Federal Oral número 2 fue desgarrador. Tuvo unas palabras para la actual jueza federal Laura Inés Cosidoy, cuyo comportamiento calificó de "macabro" como "defensora oficial entre comillas", cuando ella estaba presa en la cárcel de Devoto.

A Bernal la secuestraron en su casa, junto a su hija. La llevaron al Servicio de Informaciones, y una vez en la sala de torturas, le arrancaron a la niña. "El momento más terrible es cuando tiran de mi hija, que se aferró a mí y yo a ella, hasta que decido soltarla porque la estaban lastimando", relató. También contó que recién hace dos días -cuando hablaron ante la inminente declaración judicial supo qué había vivido su hija durante las horas (entre 24 y 48) que estuvo retenida ilegalmente en el SI. En cambio, Bernal pasó cinco años y medio privada de su libertad.

A secuestrarla fue una patota de más de 15 personas, comandada por el Vasco, apodo de Ovidio Marcelo Olazagoitia. Entre sus torturadores, recordó a "Managua" (Ernesto Vallejo), "El Sargento" (Ramón Rito Vergara, uno de los imputados en la causa), "El Ciego" (José Rubén Lofiego, otro imputado), Marcote, otro que ella mencionó como "Carlitos Baravalle", y que podrían ser dos personas diferentes, así como "el Armero". El jefe de la patota, Feced, presenció la tortura con picana eléctrica y golpes. El objetivo de los tormentos era que firmara una declaración que ya estaba elaborada. Tras la picana, la llevaron a una habitación donde Feced, Lofiego y Marcote la interrogaron a cara descubierta. La alojaron en la rotonda, en el SI. Luego, la llevaron al sótano, al que recordó como "el lugar más siniestro que alguien pueda idear o imaginar". "Estaban los torturadores, bajaban, subían, había gente que estaba colaborando con ellos, como el Pollo (Héctor Baravalle) y la mujer (Graciela Porta). No se sabía quién era quién. Era algo totalmente macabro. De ahí se salía para la visita entre la gente que estaba tirada, escuchábamos cuando se torturaba y también cuando la patota festejaba porque había traído una persona", rememoró Bernal.

Lo que recordó como "el summun" fue el día que "Feced organizó un banquete". Era el 5 o 6 de septiembre, en vísperas del día del montonero. "Bajó al sótano, les pidió a todos los presos que le pidieran bebidas y comidas a los familiares. Iba a hacer una cena para celebrar el triunfo sobre la subversión, y nos obligó a los presos a estar presentes. Dijo que había vencedores y vencidos, que él era el vencedor y nosotros, los presos, los vencidos. Pero faltaba algo más, que iba a coronar su triunfo, y era el fusilamiento de siete compañeros", fue el impactante relato de Bernal. Más tarde, recordó por qué estaba segura de que había sido así: habían llevado a un hombre mayor, por error, que fue testigo de los fusilamientos. En tanto, contó: "Era una rutina tremenda que cada vez que pedían ropa era porque estaban por bañar a alguien porque lo iban a fusilar. Ese día nos pidieron ropa para siete. Nos pidieron que nos retiráramos para bañarlos, que era la rutina de todo fusilamiento. No aparecieron nunca más", siguió la testigo. Entre los desaparecidos de ese día estuvieron Finkelman y Esteban, con quienes Bernal había compartido cautiverio en la rotonda.

En la extensa declaración, la testigo hizo más de una apelación al estado de libertad de los imputados. Les preguntó a los jueces cuántas personas tenían que declarar para condenarlos. También describió la actuación de la actual jueza Cosidoy, al contar que presionaba a sus familiares para que la obligaran a ella -presa en la cárcel de Devoto a firmar un arrepentimiento. Les decía que era la forma de conseguir la libertad, o al menos mejores condiciones de detención. Porque Bernal se negaba a arrepentirse, estuvo "cinco años y medio" sin tocar a su pequeña hija. "Este plan sistemático ilegal tenía otras patas, como la justicia. Una pata muy fuerte era Cosidoy", dijo la testigo.

Cuando habló de los efectos de la represión ilegal sobre su hija, fue un momento especialmente conmovedor. "Me enteré hace dos días adónde estuvo mi hija, porque hace 34 años que mi hija no puede hablar de esto", dijo la testigo, que hizo un largo silencio porque lloraba. "¿Qué les puedo ofrecer para curar las heridas a mi hija y a todos los que sufrieron como ella? Yo creo que este daño tiene que ser evaluado por el Tribunal".

Antes de irse, se acercó a Marcote, le gritó que la mirara a los ojos, y le tiró agua. Norma Ríos, Inés Cozzi y Mónica Garbuglia, que estaban en el público, se pararon a aplaudir. Pablo Alvarez gritó "cagón".

Se reanuda el juicio contra los represores del Servicio de Informaciones

Este lunes 7 de febrero, en los tribunales federales de calle Oroño, se retomará el juicio contra una parte de la patota que operó en el ex Servicio de Informaciones (SI) de la policía de Rosario. El espacio Juicio y Castigo Rosario ‒que nuclea a organismos como Madres, APDH, HIJOS y diversas organizaciones sociales‒ convocó desde las 9 de la mañana a “acompañar a los testigos y sobrevivientes del mayor centro clandestino de detención que funcionó durante la dictadura en la provincia”.
 
Se reanuda el proceso oral y público contra los represores del SI, y Juicio y Castigo, ‒el espacio creado hace ya más de dos años por diversos organismos de derechos humanos y organizaciones sociales, gremiales y estudiantiles, para “organizar actividades de apoyo al juicio”‒, lanzó una nueva convocatoria para “hacer el aguante y acompañar a los testigos, querellantes y sobrevivientes, encargados de aportar las pruebas del horror de lo que fue el genocidio en Rosario”.
 
Desde las 9 de la mañana, el Tribunal Oral federal N°2, integrado por los jueces Jorge Venegas, Beatriz Baravani y Otmar Paulucci, dará inicio a una nueva ronda de testigos, en lo que se estima que será el proceso oral más largo de la historio rosarina.
 
Desde Juicio y Castigo Rosario, anunciaron que al cierre de la audiencia, cerca de las 18, la murga la Memoriosa ‒formada a instancias del espacio e integrada por sobrevivientes, familiares y amigos‒ realizará una breve actuación sobre la peatonal del bulevard.
 
 
La causa
La causa lleva el nombre de “Díaz Bessone”, apellido del imputado de mayor rango entre los seis acusados. Con anterioridad se conocía como “Feced”. Los acusados son Ramón Genaro Díaz Bessone (Oficial superior (R) - ex Comandante del II Cuerpo de Ejército); José Rubén Lofiego(Oficial Principal de la Policía de Santa Fe); Marcote, Mario Alfredo (Oficial de la Policía de Santa Fe); Ramón Rito Vergara (Suboficial de la Policía de Santa Fe), José Carlos Antonio Scortechini (Comisario principal de la Policía de Santa Fe), Ricardo Miguel Chimcky (Civil).
 
Se juzgan los delitos de lesa humanidad cometidos en el mayor Centro Clandestino de detención de la dictadura en Santa Fe: el Servicio de Informaciones (SI) de la ex Jefatura de Policía de Rosario (ubicado en San Lorenzo y Dorrego), que dirigió el Comandante de Gendarmería Agustín Feced.
 
En este primer juicio contra responsables de los delitos cometidos en el SI, se juzgan crímenes de lesa humanidad cometidos contra 94 personas que sufrieron secuestro, privación ilegítima de la libertad y torturas, de las cuales 17 de ellas fueron desaparecidas y asesinadas.
 
Al cierre del juicio alrededor de 160 testigos habrán desfilado por el TOF2. La amplia mayoría de ellos son ex detenidos políticos sobrevivientes del Servicio de Informaciones. En este juicio se ventilará sólo una pequeña porción del total de los crímenes perpetrados en el SI: el 5%.
 
El juicio comenzó el miércoles 21 de julio de 2010. La audiencias se realizan todos los lunes y martes (y miércoles semana por medio) desde las 9.30 en los Tribunales Federales ubicados en Oroño 940.
 
De los seis imputados en la causa, sólo Díaz Bessone está detenido, con prisión domiciliaria. Los cinco restantes, permanecen en libertad por fallos de la Cámara de Casación Penal.
 
Se estima que todavía restan declarar unos setenta testigos, por lo que los organismos de derechos humanos calculan que el proceso se prolongaría hasta mayo, o aún más.

viernes, 4 de febrero de 2011

Identificaron otro cuerpo en fosa clandestina

Estaba en el campo de San Pedro, del ejército argentino 

Identificaron al tercero de los ocho cuerpos descubiertos en una fosa clandestina en el campo San Pedro. Es María Isabel Salinas, una militante de Santa Fe que fue secuestrada en Rosario junto con su esposo, en setiembre de 1977.
Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

El Equipo Argentino de Antropología Forense logró identificar al tercero de los ocho cuerpos descubiertos el 9 de junio del año pasado en una fosa común en el campo San Pedro, de propiedad del Ejército, cerca de Laguna Paiva. Se trata de María Isabel Salinas, oriunda de la ciudad de Santa Fe, pero que militaba en Rosario junto a su esposo, Carlos Alberto Bosso, hasta que ambos fueron secuestrados y desaparecidos, el 17 de setiembre de 1977. En la tumba clandestina, la investigación forense halló los restos de ocho personas cinco hombres y tres mujeres , seis de ellas con disparos en la cabeza. Y hasta ahora, identificó a tres: María Esther Ravelo, Gustavo Adolfo Pon y María Isabel Salinas, por lo que resta devolverle el nombre a cinco más: cuatro hombres y una mujer. Ravelo había sido secuestrada, junto a su marido, Emilio Etelvino Vega, el mismo día que los Bosso: el 17 de setiembre de 1977, en su casa de Santiago 2815, conocida como la Casita de los Ciegos, mientras que Pon cayó en agosto de 1977, también en Rosario.

La investigación de la fosa clandestina del campo San Pedro está a cargo del juez federal Francisco Miño. El informe del EEAF con la identificación de Salinas llegó al tribunal el último día del año pasado, pero el juez recién se anotició el martes último, en el primer día hábil después de la feria judicial, informó el diario electrónico Notife.

Según la denuncia de la Conadep, la fecha de la desaparición de los esposos Salinas y Bosso, es el 17 de setiembre de 1977 (el mismo día que Ravelo y Vega), pero probablemente cayeron algunas semanas antes, porque la pequeña hija del matrimonio, Mariana Bosso, de un año de edad, fue entregada en la ciudad de Santa Fe en agosto de 1977, junto con algunas ropitas y una carta de sus padres.

La niña fue entregada en la casa de un hermano de Bosso, en Santa Fe, por dos hombres de unos 35 años, según denunció Liliana Salinas ante la Conadep, en 1984. "En agosto de 1977 recordó , unos familiares suyos fueron visitados por dos hombres que le hicieron entrega de la pequeña Mariana Bosso, de un año de edad y de una carta firmada por su hermana María Isabel Salinas, donde le manifestaba que 'cuidaran a la nena, que ellos estaban bien y que pronto iban a tener noticias", relató Liliana. "Posteriormente, por la misma fecha, una persona mayor de 50 años, canoso, entregó una (segunda) carta de similares características de la anterior. Y desde entonces, no volvimos a tener noticias de María Isabel Salinas y de Carlos Bosso", agregó.

Una de las cartas se conserva en el legajo de la Conadep, en realidad, está escrita por los dos esposos Salinas y Bosso, como si estuvieran juntos, en el mismo lugar. Y es el último testimonio de ambos. Bosso comienza el relato, dirigido a sus "queridos padres": "Como ustedes saben les dice , a Mariana la queremos mucho, pero creemos que por un tiempo es mejor para ella que esté con ustedes. Luego nos volveremos a encontrar y todo será distinto que hasta ahora y le explicaremos bien todo", escribió Carlos.

La línea de investigación la aportó el ex agente de inteligencia del Ejército, Eduardo Constanzo, quien informó a la justicia y al periodista José Maggi de Rosario/12 sobre el traslado de 27 prisioneros en el centro clandestino La Calamita que fueron asesinados en un campo de Monje y luego sepultados en fosas clandestinas en un campo cercano a Laguna Paiva. Una de las víctimas era "la cieguita", como Constanzo llamó a María Esther Ravelo, la primera identificada en San Pedro.

lunes, 31 de enero de 2011

HIJOS volvió a exigir el esclarecimiento del caso Suppo

 Hoy, después de diez meses, seguimos exigiendo el esclarecimiento del asesinato de Silvia Suppo, seguimos exigiendo una investigación profunda y seria en el ámbito de de la justicia federal, pidió la agrupación HIJOS en un comunicado

A pesar de todas las denuncias que venimos realizando, tanto en los medios como ante asuntos internos de la policía provincial, en relación al mal desempeño de la policía local, evidenciado en la falta de cuidado de la escena del crimen, la omisión de medidas preventivas para evitar la fuga de los asesinos de la ciudad de Rafaela, el ocultamiento de pruebas, como la copia de las filmaciones de la terminal. No se ha tomado ninguna medida de parte de las autoridades competentes (el juez de instrucción o superiores administrativos) para sancionar este tipo de irregularidades y evitar que se reiteren.

Es así que cuando el juez de instrucción llama a declarar a unos de los pocos testigos importantes que aparentemente no es familiar o amigo de los detenidos, la policía lo cita para que antes declare ante ellos.

A la fecha no tenemos conocimiento de que se haya entregado al juzgado de instrucción el acta que allí se confeccionó, ni que se instruyera un sumario al personal policial que cometiera tan grave irregularidad. Lamentamos profundamente que los jóvenes y democráticos agentes intervinientes, como los calificara un funcionario provincial, sigan manteniendo las viejas y antidemocráticas conductas, ignorando la orden de un juez.

A pesar de la confesión de los detenidos, hoy tenemos en la causa elementos que se toman como pruebas que no fueron encontrados en la escena del crimen ni en posesión de los imputados, y que a pesar de haber sido periciados hasta el cansancio por todas las fuerzas posibles (policía de Rafaela y de Santa Fe, y gendarmería nacional) no tienen huellas ni rastros de sangre ni de la víctima ni de los imputados, como es el caso de la ropa y los cuchillos.

Los testigos mas importantes de esta causa son en su mayoría familiares de los detenidos: la mujer, el hermano, la hermana, la cuñada etc., etc.… de estos primos confesos.

A pesar del sin numero de irregularidades y de la ansiedad manifiesta del juez Mognaschi por elevar la causa a juicio oral sin profundizar la investigación, un testigo, que por la gravedad del caso tuvo que adoptar la identidad reservada, dio indicios que no solo vinculan a genocidas como instigadores del asesinato de Silvia, sino que además habló de cómplices, a quienes Mognaschi imputó en una rápida e insólita investigación, para luego dictarles falta de mérito más rápidamente aún.

Desde la querella se le presentó al juez un pedido de apartamiento de la causa para que reconozca su falta de competencia y lo derive a la justicia federal a los fines de investigar en forma real y efectiva las posibles vinculaciones entre el crimen de Silvia Suppo y los genocidas de la última dictadura militar.

Pero el juez provincial no declinó su competencia. Entonces recurrimos a la Cámara de Apelaciones quien dijo que la causa debía investigarse en la justicia federal.

Pero el juez y el fiscal federal consideraron que es la justicia provincial quien debe investigar tal crimen.

Finalmente, al haber un conflicto de competencia, será la Corte Suprema de Justicia de la Nación quien decidirá el destino de la investigación que pueda llevarnos a conocer la verdad de lo sucedido el 29 de marzo de 2010.

Muchas veces sentimos que esta pelea por la verdad y la justicia es desigual y está llena de obstáculos; que creemos avanzar un paso y retrocedemos dos; que creemos encontrar aliados que nos hablan de colaborar con el esclarecimiento y ya dieron por clausurada la investigación.

Esos momentos son muy difíciles de sobrellevar para todos los que estamos inmersos en la causa y muy especialmente para Marina y Andrés Destefani(hijos de Silvia).

Pero sabemos que contamos con uds, con los compañeros y compañeras militantes, con quienes conocieron a Silvia y la quisieron tanto, con quienes nos están dando su apoyo desde distintos espacios.

Y sin duda alguna, cada vez que cabalgamos los perros ladran, -como diría El Quijote- por eso les decimos que más temprano que tarde llegaremos a la verdad.

lunes, 17 de enero de 2011

El ex preso Miguel Cabos recibirá asistencia

La difusión de la historia de Miguel Cabos, el ex preso político que actualmente vive en la plaza Montenegro, abre puertas de taxis para sobrevivir y no cuenta con ninguna contención social, tuvo un fruto inmediato: el Ministerio de Salud de la provincia se comunicó ayer con integrantes de la Asamblea de Ex Presos Políticos para ofrecer asistencia psicológica y también social. "Llamaron del ministerio de Salud para ofrecer todo el tema de asistencia psicológica y psiquiátrica. Para eso, el miércoles vamos a hacer una reunión con Cabos. También nos ofrecieron hacerse cargo del alojamiento para que pueda dejar de vivir en la calle", indicó Héctor Chinche Medina, integrante de la Asamblea que reclama una pensión vitalicia para quienes sufrieron la represión ilegal en carne propia.

"Nos provocó una gran alegría recibir esa propuesta, porque empezamos a ver una salida. Nos veníamos preguntando con los compañeros qué podíamos hacer, más allá de las actitudes solidarias de juntar ropa, o algo de dinero, para ayudarlo con sus gastos", explicó Medina, quien ayer vio por primera vez una luz en el camino. "Tuvimos una respuesta para saber que se le puede dar una readaptación social, la posibilidad de reinsertarse", dijo el militante, ex preso político también, y dirigente del sindicato de telefónicos, SITRATEL.

La propuesta del gobierno provincial es iniciar un trabajo con Cabos que no sea drástico, sino que apunte a conservar su hábitat. La intención de las autoridades es aportar para que pueda alojarse en la misma pensión céntrica a la que va cuando cuenta con algunos pesos para pagarse el alojamiento. La provincia también aportará los medicamentos que requiere Cabos para tratar las secuelas de la represión ilegal. Por un lado, las torturas sufridas en el Servicio de Informaciones y por el otro, las heridas que le produjo la fuga, en octubre de 1976, de un auto en movimiento, un Ford Falcon. En ese vehículo, la patota los llevaba a él y un militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores, Ernesto de los Santos Ifrán, hacia la provincia de Córdoba. A la altura de Cañada de Gómez, y sabiendo que iban hacia una muerte segura, los dos detenidos se tiraron del auto. Ifrán tenía conocimientos de paracaidismo y aviación, y eso le permitió tirarse del auto con mayor certeza. En cambio, Cabos tuvo una herida en la cabeza cuyas secuelas subsisten.

A raíz de la nota de José Maggi, publicada en la edición de ayer de Rosario/12, también del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (ex Esma, en la ciudad de Buenos Aires) y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación se interesaron por la situación de Cabos.

"Historias como la de este compañero nos permiten ver que las consecuencias de la represión subsisten. Y que el estado jamás se hizo cargo de los que quedaron vivos", consideró Medina, quien ejemplificó que "todavía es tabú el tema de los exiliados". Para Medina, "no se midieron las consecuencias del terrorismo de estado en la vida de las pesronas. En esta zona, en Rosario, gran cantidad de compañeros no lograron reinsertarse socialmente. Pero si vas al norte de la provincia, ese porcentaje es del 90 por ciento. No pudieron obtener trabajo por sufrir el estigma de haber sido detenidos políticos, y sus hijos también cargan con la portación de apellido. Por eso es importante impulsar el proyecto de pensión para los ex detenidos, porque permitirá afrontar situaciones que quedaron desprotegidas todos estos años".