Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

domingo, 3 de abril de 2011

El Coronel González fue el primer interventor de la dictadura en Santa Fé y se niega a declarar

Memoria débil la de este ex jefe del Area 212

González fue indagado en dos causas investigan su articipación en el circuito represivo de Santa Fe. Una por la desaparición de Lucía Gómez y la otra por el martirio de María Mazzetti.
Por Juan Carlos Tizziani

Desde Santa Fe

El primer interventor de la dictadura en Santa Fe y ex jefe del Area 212, coronel José María González, ratificó esta semana ante la justicia federal el pacto de silencio del terrorismo de estado. "Se negó a declarar y dice que desconoce los hechos", dijo a Rosario/12 una fuente que participó en dos indagatorias al golpista por crímenes de lesa humanidad. González ya estaba procesado por el asesinato de 22 militantes políticos, con sentencias firmes de la Cámara Federal de Rosario. Uno de los casos hasta fue elevado a juicio oral hace casi un año, pero el Tribunal Oral de Santa Fe que debe juzgarlo aún no definió la fecha para el comienzo del debate. Y ahora, se agregó el homicidio número 23. Mientras tanto, el militar que asaltó la Casa Gris la noche del 24 de marzo de 1976, destituyó al gobernador Carlos Sylvestre Begnis y usurpó el poder político de la provincia durante los primeros meses de la dictadura, seguirá bajo arresto domiciliario.

González fue indagado el miércoles en dos causas que investigan su responsabilidad en el circuito represivo de Santa Fe. En una, lo acusaron por la desaparición y el asesinato de Lucía Gómez, la última víctima de la masacre del camino de Las Moras, en cercanías de Coronda, en febrero de 1976, que el Equipo Argentino de Antropología Forense recién logró identificar el año pasado. Y en la otra, por el martirio de una militante de la Juventud Peronista, María Cecilia Mazzetti, en agosto de 1976. Pero en ambas se negó a declarar. "Dice que desconoce los hechos", afirmó una fuente consultada por este diario.

En realidad, González estaba citado a declarar el 10 de marzo, pero un artilugio le permitió demorar la indagatoria veinte días. El miércoles 30, llegó a los Tribunales Federales junto a tres acompañantes, entre ellos su abogado, quien en todo momento lo llamó "mi coronel". El vehículo estacionó cerca de la puerta del edificio, donde González se sorprendió ante el reportero de Rosario/12, pero bajó la vista y siguió su marcha. La foto que ilustra esta nota es la primera que se publica en 35 años, desde los tiempos en que gobernaba la provincia.

Las cuentas de González con la justicia son varias:

*En julio de 2008, el juez federal Nº 2 Francisco Miño lo procesó por el secuestro y homicidio de un militante del peronismo revolucionario, Mario Osvaldo Marini y la privación ilegal de la libertad de la esposa de éste, Ana María Cavadini, en diciembre de 1975. En mayo de 2010, elevó la causa a juicio, pero el Tribunal Oral de Santa Fe que debe juzgarlo aún no definió la fecha para iniciar el debate. González ya tiene 82 años.

*En noviembre de 2009, el juez federal Nº 1 Reinaldo Rodríguez lo procesó por el homicidio de 22 militantes políticos, asociación ilícita, privación ilegal de la libertad y tormentos en cuatro casos. El 30 de diciembre de 2010, la Cámara Federal de Rosario ratificó todos los cargos, aunque lo exculpó por un homicidio que no consideró probado.

Se trata de una causa acumulada que investiga, entre otros hechos, la masacre del camino de Las Moras. El juez Rodríguez ya había indagado a González por cuatro víctimas de ese crimen, así que el miércoles lo indagó por la última: "Luci" Gómez, una militante peronista "formoseña de nacimiento y chaqueña de adopción que estuvo 34 años como NN y recién fue identificada en setiembre de 2010. "Luci" cayó entre el 27 y 28 de febrero de 1976 junto a tres compañeras: Olga Teresita Sánchez, Graciela Siryi, María Cristina Mattioli y el esposo de esta última, Mario Luis Totterau. En marzo de 1976, pocos días antes del golpe, los restos de las cuatro mujeres aparecieron en una fosa común, en el camino a Larrechea, a mil metros de la autopista Santa Fe Rosario. Tenían las manos atadas y disparos en la cabeza. Los inhumaron como NN en el cementerio de Coronda, donde una investigación judicial los rescató en 1998 y comenzó a devolverles la identidad: primero, a Sánchez (el 15 de setiembre de 2004); después, a Mattioli (el 6 de setiembre de 2007) y a Siryi (en abril de 2008) y por último a Gómez (en setiembre de 2010). Totterau sigue desaparecido.

González era el jefe del Area 212 el 24 de marzo de 1976, cuando al mando de tropas golpistas copó la Casa de Gobierno, derrocó a Sylvestre Begnis y se convirtió en el primer interventor de la dictadura en la provincia, hasta abril de 1976, cuando lo sucedió el vicealmirante Jorge Aníbal Desimoni, ya fallecido. En esos meses, lo secundó un gabinete integrado por jefes militares de Santa Fe y Reconquista, entre ellos el coronel Reynaldo Tabernero, quien asumió como ministro de Gobierno y tiempo después se convirtió en subjefe de la Policía Bonaerense y segundo del general Ramón Camps.

jueves, 31 de marzo de 2011

Otro retazo de historia

Josefina Victoria Tosetto González, la Tana, no se reponía de la emoción ayer al mediodía. A partir de una foto publicada por el periódico El Eslabón, de distribución gratuita durante la marcha del 24 de marzo, una amiga de su padre, Dardo José Tosetto, se acercó a conocerla a la puerta de los Tribunales Federales, donde Josefina hace el "aguante", ya que no puede entrar a las audiencias por haber sido testigo. La terrible historia de Josefina, que declaró el 15 de febrero pasado, es una sucesión de pérdidas: su padre está desaparecido desde diciembre de 1975, era un cuadro del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). 

El 19 de julio de 1976, cuando tenía cinco meses, fue secuestrada junto a su madre, Ruth y su hermana, Mariana, de tres años. Las llevaron al Servicio de Informaciones, donde permanecieron unos días. Después, fueron apropiadas. Mariana fue restituida después de un mes, Josefina estuvo casi un año al cuidado de una desconocida. Su mamá apareció muerta el 23 de septiembre de 1976, en un enfrentamiento fraguado, junto a Estrella González y Héctor Vitantonio, los tíos de Josefina. La reconstrucción de su historia es una tarea cotidiana que encara la Tana. La aparición de una amiga de su padre es para ella un tesoro: otros datos para hacer lazo, para recordarlo como era, para seguir armando el rompecabezas que le de sentido a su historia.

El hermano que jamás volvió

Miguel Angel Kruppa declaró ayer en la causa Díaz Bessone por la desaparición de su hermano, Carlos Kruppa. Dormían en la misma habitación, habían ido juntos en moto a los carnavales de Victoria, eran muy unidos. En la madrugada del 16 de julio de 1976, una patota irrumpió en la casa de General López 143, frente a la Fábrica de Armas, en Fray Luis Beltrán. Gritaron: "Kruppa, abrí, es la policía". Cortaron la luz, entraron encapuchados, con linternas. En la casa dormían los padres y los dos hermanos. "Se comieron todo, robaron herramientas de nuestro taller mecánico, se llevaron un rifle de aire comprimido que era mío", recordó ayer Miguel Angel sobre la última vez que vio a su hermano. Estuvieron a punto de llevarlo a él también, pero uno de los represores dijo que no, que era muy chico. Miguel tenía 18 años y Carlos, 22. Pese al frío penetrante de julio, a Carlos lo sacaron en calzoncillos.

Carlos trabajaba en la Municipalidad de San Lorenzo, era chofer, y "frecuentaba mucho una unidad básica de la Juventud Peronista", contó ayer su hermano. Junto a su padre, buscaron en todos los lugares posibles: los tribunales federales, los provinciales, la cárcel de Coronda, la ciudad de Santa Fe. Nunca más supieron qué había pasado con él. La madre se sumió en una depresión persistente.

En la audiencia del martes 15 de febrero, otro de los detenidos del cordón industrial, Luis Lapissonde, recordó haber visto a Kruppa en el centro clandestino de detención que funcionó en la Fábrica Militar de Armas de su ciudad. Ayer, Miguel Angel Kruppa dijo que hubo 5 desaparecidos de Fray Luis Beltrán. "Luis Lapissonde desapareció pocos días después de mi hermano, pero volvió", dijo Kruppa.

Dos ex presas dieron testimonio del calvario de Marta Bertolino

"Estaba en un estado lamentable"

Marta Ronga y Mary Daldosso contaron con lujo de detalles cómo fue la llegada de Bertolino a la Unidad 5, en los primeros días de septiembre de 1976. Estaba flaca y tenía a su beba, de pocos días. El lunes, la testigo acusó a Lofiego.
Por Sonia Tessa

Marta Ronga y Mary Daldosso eran presas políticas alojadas en la Unidad número 5, de calle Ingeniero Theddy, en septiembre de 1976, cuando llegó Marta Bertolino, de 23 años, flaca y demacrada, con su hija Alejandra, de poquitos días. Venían de la Maternidad Martin y llegaron al pabellón donde había cuatro madres con sus hijas. "Estábamos incomunicadas desde el golpe militar. Una noche, cuando estábamos cenando, se abrió la puerta y la autoridad trajo a una joven que resultó ser Marta, con un bebé en brazos. Estaba en estado lamentable, muy flaca, con una pierna enyesada. Como tenía alguna ropita de mi bebé vestí a la nena. Le preguntamos a Marta si quería cenar y comió desesperadamente. No hablaba, estaba muy callada", rememoró Daldosso. Marta demoró unos días en contar la terrible historia que traía encima. Mary recordó que durante el mes que pasó en la Unidad 5, Marta estaba aún más incomunicada que las otras presas. No podía salir al recreo de una hora, su hija no estaba anotada, le negaban la atención médica para su pierna enyesada, al punto que la propia Daldosso le sacó el yeso con un cuchillo de cocina.

Unos días después de haber llegado, Marta le pidió a Mary que se quedara en el recreo, para hablar con ella. "Se ve que le inspiré confianza", dijo ayer Daldosso, que era abogada de la UOM de Villa Constitución y estaba presa desde el 20 de marzo de 1975. "Me contó lo que había pasado, que habían sido detenidos ella y su esposo, Oscar Manzur, que la habían torturado", relató ayer Mary frente al Tribunal Federal Oral número 2. Marta le contó que tenía muchísimo miedo de que le sacaran a su hija y la llevaran para seguir torturándola, le pidió ayuda porque su esposo estaba muerto, contó cómo había escuchado que lo torturaban hasta que dijo que se moría, y luego no volvió a oírlo. El lunes pasado, Bertolino dio testimonio durante casi cinco horas, y acusó a José Lofiego de sus propias torturas, así como de la desaparición de su marido, Oscar Manzur.

"No podía creer ese relato, nosotras estábamos allí, en una especie de caja de cristal, donde no pasaba nada. Esta situación me desconcertó. Le dije que íbamos a contarles de a poquito a las otras presas, porque iba a ser doloroso para todos", relató Daldosso y en ese momento, la emoción le impidió hablar durante algunos instantes. Cuando se recompuso, refirió los apodos de los torturadores que le había mencionado Marta: el Ciego (Lofiego), el Cura (Marcote) y Tu Sam (Carlos Brunatto), además del Pollo Baravalle, un civil que fue secuestrado y colaboró con la patota.

Las dos testigos fueron ofrecidas por la querella de Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, y por eso las preguntas estuvieron a cargo de la abogada Gabriela Durruty. Relataron -apenas con matices- una misma situación. "En la madrugada del 13 de septiembre de 1976, es decir, a los pocos días de la llegada de Marta Bertolino, nos despertaron los ruidos de botas en tropel sobre el techo, corridas y gritos. Eran amenazas de hombres que decían que nos iban a matar. Más no escuché porque a los insultos y amenazas los taparon los tiros, parecían de fusiles y ametralladoras. Parecía que el techo de la celda se nos venía encima de tanta corrida", contó ayer Ronga, con una capacidad narrativa admirable. "Nos quedamos abrazadas como pudimos, y bajo los dinteles, como si eso pudiera protegernos de algo. Hasta que se hizo silencio y creímos que se habían ido. Pero no, como una alucinación en la noche volvían, ahora por el pasillo los escuchamos abrir la primera reja, cruzar corriendo el patio, golpear con las armas la puerta y abrirla al grito de cuerpo a tierra, las manos en la cabeza. Entraron unos hombres con uniformes de combate, nos quedamos allí tendidas, esperando el tiro de gracia", continuó el relato de aquella noche infernal. Les rompieron sus pertenencias. La imagen se completó con los retazos de la segunda testigo de la mañana. Daldosso recordó el temor de ser el blanco de alguno de aquellos disparos. Las cuatro detenidas que estaban con sus bebés se refugiaron en la puerta del baño, el lugar más reparado, y protegieron con sus cuerpos a sus hijos. "Empecé a cantar para que los niños no se asustaran con los estruendos", recordó ayer. Tanto Ronga como Daldosso les preguntaron a las autoridades del penal por lo ocurrido. A Ronga le dijeron que ahora estaban bajo las órdenes del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército. La respuesta que recibió Daldosso fue mucho menos creíble. "A la nueva vino el marido a rescatarla", dijo la jefa de celadoras.

La amenaza para la vida de Marta Bertolino seguía vigente. "Con una paloma (pequeños papeles escritos, transportados por hilos que se usaban para comunicarse entre diferentes pisos del penal), los presos comunes que estaban alojados en la comisaría 8ª, debajo de la cárcel, nos avisaron que esa noche iban a trasladar a la nueva", relató ayer Daldosso. Esa noche, en la celda de las madres, nadie durmió. Pero no hubo traslado. Al día siguiente, les reprocharon a los comunes la falsa alarma. Ellos contestaron que no se habían equivocado, que hubo un móvil parado durante toda la noche en la puerta. Al día siguiente, llegó ropa para Alejandra, y todas respiraron: la familia de Marta había podido ubicarla.

Pocos días después, los presos comunes volvieron a ser solidarios, y les avisaron que iban a ser trasladadas. Daldosso supo que era verdad porque su hermana llegó un día de semana para retirar a su bebé, María Soledad, algo que sólo tenían permitido hacer los fines de semana. El 15 de octubre de 1976 las llevaron a la cárcel de Devoto. El minucioso relato del traslado que realizó ayer Ronga fue escalofriante. Contó cómo les pegaban y que una presa pedía las muletas, porque no podía ponerse en pie, pero le seguían pegando. Fueron en un avión sin asientos, esposadas, tiradas contra el piso. Relató que en un momento pudo ver a Alejandra, por debajo de la venda. Más tarde, ya en Devoto, divisó una prenda de su propio hijo, y sintió alegría al saber que la beba había permanecido con su madre en la cárcel bonaerense. A Marta la había conocido en los recreos, cuando empezaron a dejarla salir.

También Daldosso recordó el traslado, en especial por la separación de su hija, que quedó en Rosario al cuidado de su familia. "Fue uno de los momentos muy dolorosos. En la vida de una mujer, hay momentos muy doloroso. Un embarazo estando detenida, un parto y la separación de tu hijo. Por eso me acuerdo muchísimo de la situación de Marta", dijo ayer Daldosso. Cuando salió de la sala de audiencias, fue a su encuentro la abogada de Hijos, Nadia Schujman, siempre cálida. Mary la abrazó con fuerza y lloró. "Fue duro recordar todo eso. No sabía que declarar significaba revolver tanto adentro", expresó la abogada laboralista.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Para que se juzgue a los ideólogos

JUAN GIROLAMI Y JORGE RUEDA DECLARARON EN LA CAUSA DIAZ BESSONE

Los testigos fueron secuestrados junto a Marta Bertolino y Oscar Manzur, que permanece desaparecido. Girolami responsabilizó a Lofiego por la muerte de su compañero y pidió que se juzgue a los civiles que planearon la última dictadura.
Por Sonia Tessa

La desaparición de Oscar Manzur en la madrugada del 10 de agosto de 1976 fue un dato clave de las declaraciones de los dos testigos que declararon en la audiencia de ayer en la causa Díaz Bessone. Juan Girolami relató su secuestro en la casa de su familia, donde estaban alojados Manzur y su esposa Marta Bertolino, que declaró anteayer. "Los cazamos al Turco y la Pelusa", se vanagloriaron los integrantes del Ejército que realizaron el operativo. Llevaron al Servicio de Informaciones (SI) a todos los que encontraron en el departamento de España al 300, así como a Jorge Rueda, el novio de Marcela Girolami, quien había ido a tomar el colectivo y fue interceptado por los represores. "Quiero dejar expresa constancia de que vi entrar al compañero Oscar Manzur al SI en perfecto estado de salud, salvo por la renguera de un tobillo, y que al cabo de dos, tres o cuatro días en los que escuché sus quejidos en los interrogatorios, nunca más supe de él. Así que responsabilizo a José el Ciego Lofiego por la desaparición y el asesinato de Oscar", dijo Girolami.

En el final de su testimonio, Girolami rindió homenaje al ex presidente Néstor Kirchner y bregó para que la justicia avance sobre las responsabilidades civiles en la dictadura cívico-militar. "Les pido que algún día podamos sentar en el banquillo de los acusados a los verdaderos ideólogos de este genocidio", solicitó.

El primero que declaró fue Rueda, quien contó su secuestro, las torturas que sufrió junto a Girolami. "Nos torturaban un rato a cada uno", dijo el testigo. En la tortura, dio una cita falsa. Lo subieron a un auto Chevy para que fuera a buscar a sus compañeros, pero no había tal cita. El Ciego le aseguró que la iba a pasar peor por no haber colaborado, y unos días después, los tormentos se intensificaron. En el SI pasó por la Favela, el entrepiso al que llevaban a los más torturados, y también lo tuvieron entre 3 y 4 días en el sótano. "No tener agua era lo mínimo. El problema era no volver a ser torturados, era una situación enloquecida, estábamos en manos de psicópatas", relató ayer el testigo. El 21 de septiembre de 1976 lo trasladaron a la cárcel de Coronda, donde permaneció hasta abril de 1979. Después estuvo en Caseros.

Girolami contó del secuestro, agregó lo excitados que estaban los integrantes del grupo de tareas al saber que habían "cazado" a Manzur y Bertolino. "Encontramos unos montoneros", dijeron los represores. El testigo relató el traslado, en un Unimog, en el que además le robaron el dinero que tenía para comprar los medicamentos para la farmacia de su padre. Los llevaron en el marco de un gran operativo hacia el SI, donde pasó una buena parte de su cautiverio, los primeros días junto a su hermana Marcela y su madre Delfina. "Quiero dejar constancia de que mi grupo familiar y amigos en ningún momento fuimos detenidos, por más que nos haya venido a buscar el Ejército. Fuimos secuestrados", dijo el testigo. Atribuyó la delación a un vecino de su edificio, Carlos Sfulcini, integrante de la patota de Feced, a quien conocía personalmente.

Cuando estaba en el SI, a Girolami le mostraron cómo habían castigado a su madre. "Mirá cómo está sufriendo tu mamá", le dijeron sobre los moretones que tenía la mujer, productos de los golpes. A su hermana no se la mostraron pero le aseguraron que estaba en la misma situación. Girolami recordó además los quejidos de dolor de Marta y Oscar cuando eran torturados.

En medio de las torturas, Girolami pensó que una forma de pararlas era cortarse con el vidrio de la puerta del pasillo donde los alojaban entre una sesión de tormentos y otra. "Pensé en cortarme para obtener atención médica, o para que paren la tortura porque ya...", las palabras no salieron de su boca, pero no hizo falta. Con notable esfuerzo, el testigo relató que el corte en su mano no alcanzó para parar los castigos. Al contrario. "Me molieron a patadas, en esa paliza me fisuraron las tres últimas costillas del lado izquierdo. No había preguntas en la tortura, esta vez, sólo me decían: 'Así que te quisiste escapar'", rememoró ayer. Le aplicaron picana sobre la herida abierta. Y aunque reclamara atención médica, no se la ofrecieron. La herida se infectó. Un día, el Ciego le dijo que lo harían curar, y lo llevaron a la Asistencia Pública, en Moreno y Rioja. Allí pudo ver a su padre, por primera vez desde el secuestro.

Después de las curaciones en su mano, el 22 de agosto de 1976, lo llevaron al sótano. Y el 21 de septiembre lo trasladaron a Coronda. En julio de 1979 volvió al SI, y estuvo casi un mes en el sótano, nuevamente. En esa época, su madre murió. Vergara fue el encargado de llevarlo al velorio y también al entierro. El 18 de octubre de 1980, Girolami quedó en libertad.

Girolami era -como Manzur- militante de la Juventud Trabajadora Peronista, y empleado municipal. Ayer describió al "Ciego", a Mario "Cura" Marcote, a Ramón "Sargento" Vergara y a José "Archie" Scortecchini, a quien conoció en un traslado desde Coronda hasta el SI.

"Después de toda esta experiencia que viví, me llevó 35 años estar delante de este Tribunal. Sé que hubo impedimentos en los diferentes gobiernos, porque a mi modo de ver el golpe de 1976 fue cívico-militar y eclesiástico", dijo casi sobre el final a los integrantes del Tribunal. Girolami habló muy pausado. Al salir, lo esperaban compañeros y familiares, muchos con lágrimas en los ojos. Los abrazos aliviaron el esfuerzo de recordar.

Dos o tres días después del shock, a Laura le anunciaron que se iba a la ESMA para un consejo de guerra, pero estaba convencida de que iba a volver a estar con su familia. El 24 de agosto pidió permiso para despedirse de los compañeros cama por cama. “Cuando llegó a la mía me dijo: ‘Yo de vos quiero un recuerdo’”. Alcira le dio lo único que le había quedado: un corpiño negro de encaje que años más tarde sirvió para confirmar la identidad de su cadáver.

Cuando fue liberada Alcira viajó a Brasil. Denunció. No habló de Laura, convencida de que estaba con su familia. Se encontró más tarde con Estela. La presidenta del tribunal le preguntó sobre las inscripciones de los nacimientos. “¿A quién se lo iba a decir? –dijo –. No se inscribían ni a la embarazada ni el parto ni el bebé: eran totalmente clandestinos. Ella me dijo a mí ‘lo tuve cinco horas conmigo, lo disfruté cinco horas y le puse Guido por mi papá’, que se lo iban a dar a su madre y lo que sí me dijo es que al día siguiente ella volvió al campo.”

A un año del crimen de Silvia Suppo

LA CORTE SUPREMA RESOLVIO QUE LA CAUSA PASE AL FUERO FEDERAL

La Corte ordenó girar el expediente al juez federal de Santa Fe, Reinaldo Rodríguez, quien ahora deberá profundizar las investigaciones sobre la pista más inquietante: si detrás de los homicidas confesos, hubo algún autor ideológico.
     
La Corte Suprema de la Nación resolvió que el asesinato de Silvia Suppo pase al fuero federal, como reclamaban los familiares de la víctima. "Razones de mejor administración de justicia aconsejan que conozca en estas actuaciones la justicia federal", donde se "tramitan las causas por delitos de lesa humanidad", dice el fallo que se conoció ayer, justo a un año del crimen y poco antes de una multitudinaria marcha en Rafaela que reclamó el esclarecimiento del caso. La Corte ordenó girar el expediente al juez federal de Santa Fe, Reinaldo Rodríguez, quien ya lo rechazó dos veces y que ahora deberá profundizar las investigaciones sobre la pista máßs inquietante: si detrás de los homicidas confesos, Rodrigo Sosa y Rodolfo Cóceres, dos trapitos de 19 y 22 años, hubo algún autor ideológico.

La sentencia definió un conflicto de competencia que demandó siete meses de ping pong judicial. Comenzó en agosto del año pasado, cuando un testigo de identidad reservada alentó la hipótesis del crimen por encargo. El testimonio se presentó ante el juez Rodríguez, pero el magistrado lo desglosó de la causa que investiga el martirio de Suppo y la desaparición de su primer compañero, Reinaldo Hattemer, en 1977, entre otros y se lo remitió a su colega de Rafaela, Alejandro Mognaschi, quien ratificó su competencia.

La querella apeló ante la Cámara de Penal de Rafaela, que consideró que la investigación debía pasar al fuero federal. "No es posible afirmar que no exista ninguna sospecha de que lo acontecido con Silvia Suppo haya obedecido al propósito de otorgar impunidad a personas

imputadas por graves violaciones de los derechos humanos", dijo el tribunal rafaelino. Y para eso, "tuvo en cuenta que la declaración del testigo de identidad reservada" (cuando ya estaba firme el procesamiento de Sosa y Cóceres) agitó la sospecha del crimen por encargo "encaminado a obstruir el esclarecimiento de delitos de lesa humanidad".

El expediente pasó entonces a Santa Fe, pero Rodríguez lo volvió a rechazar, así que Mognaschi lo derivó a la Corte, para que resuelva el entredicho. A principios de marzo, el procurador general subrogante de

la Corte, Luis González Warcalde, coincidió con el criterio del juez Rodríguez y aconsejó declarar la competencia de Mognaschi.

Ayer, la Corte compartió "la descripción de los hechos y del trámite de la contienda de competencia efectuada" por el procurador González Warcalde. Pero discrepó con la conclusión. "En tanto no puede descartarse que la muerte de Silvia Suppo, obstaculice el normal funcionamiento de los tribunales federales en donde tramitan causas en las que se investigan delitos calificados como de lesa humanidad, razones de mejor administración de justicia aconsejan que conozca en estas actuaciones la justicia federal", dijo la Corte. Y declaró que "deberá entender en la causa" el juez Rodríguez. El fallo fue votado por el presidente del tribunal, Ricardo Lorenzetti y sus colegas Elena Highton de Nolasco, Juan Carlos Maqueda y Raúl Zaffaroni.

Antes de conocerse la resolución de la Corte, el gobernador Hermes Binner aprovechó una visita oficial a Rafaela para saludar a los hijos de Suppo, Andrés y Marina Destéfani, al cumplirse un año del asesinato de su madre. "Agradecimos el gesto, pero también le efectuamos reclamos, como los venimos haciendo desde hace un año", dijo Andrés.

"Le reiteramos que la Justicia Federal debe resolver el caso, que no está claro para nosotros la posición que tomó la policía de la provincia y que el asesinato no fue derivación de un robo común", agregó.

Ayer, la agrupación Hijos descreyó del "falso interés que demostró el gobernador Binner, llamando de apuro a una reunión a Marina y Andrés Destéfani, para que el titular de los diarios sea: 'Binner recibió a los hijos de Silvia Suppo'. Nunca en este año hizo nada por los hijos de Silvia".

"Y a pesar de las innumerables trabas, de la falta de apoyo y acompañamiento del gobierno de Santa Fe, de la Secretaria de Derechos Humanos de la provincia y la ausencia del ministro de Seguridad Alvaro Gaviola, tuvimos un gran paso. La Corte Suprema de la Nación falló a favor del pase de la causa a la justicia federal, en sintonía con lo expresado por la Cámara de Apelaciones de Rafaela y lo pedido por la querella, la Secretaria de Derechos Humanos de la Nación, los hijos de Silvia, el Espacio Verdad y Justicia, los organismos de derechos humanos, los compañeros de Silvia Suppo y todos los que honran la memoria de Silvia -señaló HIJOS-. Empezamos una nueva etapa. Tenemos mucho por hacer y lo vamos hacer, por los 30 mil compañeros detenidos desaparecidos, por Julio López, por Silvia Suppo, por la memoria, la verdad y la justicia".

martes, 29 de marzo de 2011

Marta Bertolino, ex detenida, acusó al Ciego Lofiego

"Era un feroz torturador"

Bertolino tenía 23 años y cursaba su octavo mes de embarazo cuando fue detenida el 10 de agosto de 1976 junto a su esposo y trasladada al Servicio de Informaciones,
después pasó a la cárcel de Villa Devoto, desde donde la liberaron en 1981.
Por José Maggi

"Lo que viví fue una tragedia familiar que me marcó para siempre". Con esta frase, Marta Bertolino comenzó ayer su extenso testimonio de más de cinco horas ante el Tribunal Oral Federal Nº 2. Hablaba del secuestro y la desaparición de su esposo Oscar Manzur, y del calvario al que fue sometida por el Ciego Lofiego cuando estaba embarazada de ocho meses. Relató también cómo un médico la cuidó en el parto y evitó con una simple medicación que su hija naciera ciega. "Esto se lo debo al doctor Zanutini, quien junto a su grupo de trabajo en la ex Asistencia Pública

(de Rioja y Moreno), confrontó con la Patota, que no permitía siquiera que recibiera medicación por orden del Ejército". Identificó entre sus captores a Carlos Brunato, alias Tu Sam, y reclamó su detención, al Cura Marcote, y a Dippy Moore. Bertolino pasó desde agosto del 76 por el Servicio de Informaciones, después por la Cárcel de Mujeres de Rosario, para terminar en la cárcel de Villa Devoto, desde donde la liberaron en 1981.

Bertolino tenía 23 años y cursaba su octavo mes de embarazo cuando fue detenida el 10 de agosto de 1976 en un edificio de España 344 junto a Oscar Manzur, delegado del Sindicato de la Sanidad en el Hospital Británico, donde días antes lo habían ido a buscar pero estaba de franco.

Debido a su estado de gravidez y a una hemorragia, Marta fue llevada a la ex Asistencia Pública, desde donde fue arrebatada por Lofiego, quien comandada la Patota, la subió a un auto particular donde golpearon y torturaron. En el mismo vehículo la ingresaron al ex edificio de la Jefatura, en San Lorenzo y Dorrego.

Una vez en el Servicio de Informaciones fue torturada en salas contiguas junto a su marido. "Durante dos días me torturaron con picanas, golpes en distintas partes de mi cuerpo, retorciendo mi pierna izquierda, y amenazaban con hacerme un aborto eléctrico", relató la testigo aclarando que "el que comandaba todo era el Ciego Lofiego".

Marta lo describió como un "feroz torturador, que se ufanaba de su obra". También tuvo un aparte con el Pollo Baravalle, un militante que colaboró con la Patota: "Me ofreció hasta un pasaporte para dejar el país si les entregaba información".

Luego de aquella sesión de torturas, Bertolino sufrió pérdidas de sangre que motivaron su traslado nuevamente a la Asistencia Pública, Allí diagnosticaron una infección urinaria y anemia. Pero nuevamente el Comando del Segundo Cuerpo reiteró su expresa prohibición de suministrarle medicamentos. Fue entonces que el doctor Zanutini le puso entre sus manos -sin que vieran sus captores- unos óvulos para curarla, lo que evitó que su hija Alejandra naciera ciega.

La Alcaidía de Mujeres fue su lugar de detención al regreso. Allí se intoxicó gravemente con "la tumba" ( comida de los presos). Peor aún: cuando fue asistida por el médico de guardia, este le acercó un medicamento contraindicado para embarazadas. "En 15 dias solo comí un pan y un vaso de leche".

"Una madrugada a eso de las cinco, me despierto mojada: había roto bolsa. Me llevan entonces a la Asistencia Pública con una guardia de entre 12 y 15 personas. Me esposan los dos brazos y una pierna, porque la izquierda estaba enyesada. Así estoy un dia y medio con trabajo de parto en seco. Hasta que llegó a la guardia el doctor Zanutini, quien me lleva al quirófano y mediante suero provoca el parto. Cuando me pusieron a Alejandra sobre mi pecho, ella lloraba, y yo lloraba más que ella" confesó Marta, al tiempo que revelaba su temor a que secuestraran a su hija para entregarla en adopción. "Quedate tranquila, a la nena se la van a llevar sobre nuestros cadáveres", le dijeron a coro partera, enfermeras, mucamas y el mismo obstetra. Por las dudas una mucama llamó a sus padres y avisó del nacimiento. Y la promesa se cumplió: Alejandra la acompañó a la Cárcel de Mujeres de Rosario, y de allí a la Cárcel de Villa Devoto, hasta que cumplió en marzo de 1977 los seis meses de vida.