Indagatoria para los sacerdotes Eugenio Zitelli y Rodolfo Yaquinto, y el gendame Adolfo Kushidonchi, por el caso Mac Guire
El
pedido de las indagatorias lo hicieron los hijos y la mujer de Santiago
Mac Guire, un sacerdote tercermundista que dejó los hábitos para
casarse pero que siguió en su militancia social al lado de los más
pobres. Lo secuestraron en abril de 1978, en La Paz al 800, cuando
llevaba a su hijo Lucas del jardín de infantes.
La
familia Mac Guire pidió esta semana al juez Bailaque que se indague a
los sacerdotes Eugenio Zitelli, procesado en la causa Feced, y Rodolfo
Yaquinto, que era secretario del entonces obispo Guillermo Bolatti, como
así también al gendarme Adolfo Kushidonchi, que fue jefe de la cárcel
de Coronda. Martín, Lucas, Federico y Bárbara, los cuatro hijos y María
Magdalena Carey, la esposa del recordado sacerdote tercermundista del
Bajo Saladillo que se enamoró y dejó los hábitos pero siguió militando
por los más pobres se presentaron en octubre del año pasado para que se
investigue las responsabilidades en el secuestro de Santiago el 18 de
abril de 1978, en La Paz al 800, cuando llevaba a su hijo Lucas del
jardín de infantes hacia la casa. Santiago estuvo desaparecido doce días
en el centro clandestino de detención Casa Salesiana Ceferino Namuncurá
de Funes, un mes y medio en el Batallón 121 de Rosario y luego pasó
detenido casi seis años en distintas cárceles. Además de pedir las
indagatorias, las abogadas Gabriela Durruty, Julia Giordano y Jessica
Pellegrini pidieron que la querella pueda presenciar esa declaración, al
considerar que es su derecho como víctimas, de acuerdo a las
Convenciones de Derechos Humanos vigentes en Argentina .
"Creemos
que Zitelli debe estar detenido, nos parece que no corresponde haberle
puesto una fianza que le permite estar en libertad, porque hay
suficientes testimonios de su participación en la represión ilegal",
dijo Lucas Mac Guire, que tenía seis años cuando presenció el secuestro
de su padre.
Para
Lucas, no sólo es importante que se haga justicia por su padre.
"Nosotros sabemos que los delitos que cometieron con mi viejo, por más
que sean de lesa humanidad, no contemplan muchos años de cárcel. Sí
consideramos los elementos que podemos aportar a partir de su secuestro,
hubo una persona que estuvo secuestrada junto con 'l, el abogado
Eduardo Garat, que continúa desaparecido. De alguna manera, esta
presentación también es para reconocer a los que no están", dijo Lucas.
El
pedido realizado por Durruty y Pellegrini recuerda en primer lugar, el
derrotero de Mac Guire, en base al testimonio del 27 de agosto de 1985
ante la Conadep. "Llega por fin, me sacan de la celda, estábamos
extenuados por mucha tortura. Yo estuve en un campo de concentración 12
días en Funes, encapuchados siempre, sin comer. Por caminos de tierra me
llevan en auto, no sé pensando que alguno lo podía seguir y aparezco en
el 121 y estuve un mes y medio atado de noche y de día a la cama. En
ese interín me hacen Consejo de Guerra, me dictan 15 años de reclusión.
Podíamos vislumbrar algunos lúcidos de que no íbamos a estar tanto,
porque no se podía mantener esa tesitura de los militares genocidas. No
se olviden, que yo les estoy hablando de 1978. Mientras yo esperaba,
contra la pared, que apenas me podía tener y con las esposas, a 3 metros
estaba Zitelli con Kusidonchi. ?Saben quién es Kusidonchi? Fue el
director de la cárcel de Coronda más cruel de la historia, pero con cara
de bueno cual nipón en las películas de guerra de la segunda guerra
mundial, que cuando salía el visitante tocaba un timbre y lo liquidaba,
así era. Fumando, tomando café los dos, Zitelli y el director éste, por
fin me hacen pasar, me hace pasar Zitelli, eran dos pares", relató Mac
Guire ante la Comisión, y recordó un diálogo que mantuvo con ese
sacerdote. "Que tal, cómo está", le preguntó Zitelli a Mac Guire, en
condiciones deplorables e ilegales de detención. "Más que eso no pude
hacer, mirarlo seriamente y decirle ?y qué te parece?. Dice 'yo estaba
de paso por acá, yo estaba de paso. ?y cómo anda?'", siguió recordando
Mac Guire"¨ ?Y cómo puedo andar?' insisto, 'muy mal, el Señor me
asiste'. Lo desprecié con la mirada, todo lo que pude. Es lo menos que
podía hacer", rememoró la víctima. Zitelli era capellán de la policía y
no sólo fue visto por Mac Guire sino que hay distintos testimonios en la
causa Díaz Bessone de su presencia en el Servicio de Informaciones de
Rosario, y de su aval a la tortura como método para obtener información.
La presentación judicial también recuerda la declaración de María
Carey, el 5 de diciembre pasado, ante el propio juez Bailaque. "Allí
sostuvo que a los dos o tres días del secuestro de su esposo, decidió ir
al Arzobispado con sus hijos a pedirle a Bolatti que hiciera algo por
él ya que Santiago había dado todo por la Iglesia. La hizo volver a los
días para decirle que estaba hablando con todo el mundo pero que muchos
consideraban que por ahí había sido secuestrado por algún compañero, que
era lo que se decía en ese momento, pero que por ahora no me podía dar
ningún dato", contó María.
En
esa época, con su marido desaparecido y cuatro hijos, María recibió una
visita intimidante. "El propio Luciano Jáuregui, quien fuera por
entonces jefe del Comando de II Cuerpo con asiento en nuestra ciudad, se
apersonó en su casa para interrogarla por Santiago y para decirle que
seguramente había sido secuestrado por sus compañeros, coincidiendo con
lo que le había manifestado Bolatti", dice la presentación judicial.
La
complicidad eclesiástica volvió a quedar al descubierto pocos días
después, cuando María recibió un llamado de Rodolfo Yaquinto del
Obispado, que le dijo que Santiago había aparecido en el Batallón 121.
Fueron al lugar y allí María describe haberlo encontrado a Santiago en
una cama atado de pies y manos. "Estaba muy lastimado, estaba muy mal
realmente. Lo vi, mucho no hablamos. Estaba como si lo hubieran
torturado, él me dijo que lo habían maltratado, que le habían pasado
picana y que lo habían golpeado mucho", recordó la mujer ante el juez.
Luego
fue trasladado a la Cárcel de Coronda, donde la familia pudo visitarlo.
Allí, Mac Guire le contó a María que estando en el 121 como una visión
ve la cara de Bolatti, "porque parece ser que lo fue a ver al 121 y no
podía creer que lo había ido a visitar. Y otro que lo fue a ver fue
Zitelli, que había sido un cura que lo reemplazó en el bajo Saladillo
cuando él se casó conmigo e hizo todo lo contrario a lo que había hecho
Santiago, porque ideológicamente no tenían nada que ver. Y también, fue a
preguntarle cómo estaba y si necesitaba algo. Ambas visitas fueron
rápidas, no sé si Zitelli lo había ido a ver o si se lo encuentra por
casualidad en ese lugar. A los dos los ve una sola vez. Bolatti me dijo
que sí lo había ido a visitar", rememoró María en diciembre pasado.
Para
Lucas, la presentación judicial y el impulso a la causa tiene varios
motivos. "Es por mi viejo, es por la memoria de mi papá, pero sobre
todo, lo hago más conscientemente por aquellos que no están, y de los
que no se tiene ningún dato. Lo fui a ver a mi viejo, incluso en el 121,
apenas lo llevaron, maltrecho, torturado, y también a Coronda. Y
siempre me quedó esta sensación de que yo a mi papá lo tenía, pensó en
los que no estaban. Para mí es esa lucha, poder comprobar a partir del
secuestro de mi papá, la responsabilidad que tuvieron en el asesinato de
Eduardo Garat", consideró Lucas.
El
querellante subraya el papel de la Iglesia. "Los responsabilizamos a
ellos de actos de los que fueron absolutamente conscientes, nadie duda
que la iglesia pudo haber tenido algo que ver con la aparición de mi
papá pero lejos de agradecerles yo tengo que acusarlos. Sí, mi papá
apareció, gracias. Pero no es un agradecimiento sino que, a partir de
eso hay una clara evidencia de que ellos eran los responsables a quienes
mi mamá fue a tocarles la puerta", interpreta el querellante.
La
presentación judicial recuerda, además, que el titular de la Unidad
Fiscal en materia de delitos de lesa humanidad, Gonzalo Stara, también
pidió la indagatoria de Zitelli por estos hechos y ello aún no ha sido
resuelto. Y recordó que el 20 de marzo de 2012, Zitelli fue procesado
como partícipe necesario de 9 casos de privación ilegítima de la
libertad agravada y como coautor del delito de asociación ilícita
teniendo en cuenta que "estuvo en las distintas dependencias de la
Jefatura de Policía, tanto en la Alcaidía de la Unidad Regional II,
como, especialmente, en el Servicio de Informaciones. Entre las personas
que allí lo situaron están, por ejemplo, María Inés Luchetti, Olga
Cabrera Hansen, Mónica Catoni. En segundo lugar que Zitelli tenía pleno
conocimiento del movimiento de personas que estaban privadas de libertad
en tales condiciones". El 6 de mayo de 2013 fue procesado por el mismo
delito hacia otras cinco víctimas. Ahora, el testimonio de Mac Guire y
Carey, agregan que también estuvo en el Batallón 121.
Fuera
del lenguaje más judicial, Lucas tiene "esperanza de que el juez
Bailaque se pueda acordar del momento en que mi mamá hizo la
declaración. La acompañó para que el juez verdaderamente tome conciencia
de que Zitelli no tiene que estar en libertad. No puede ser que por una
fianza de 50 mil pesos quede libre. Nosotros consideramos que él tiene
que estar detenido, tiene que decir qué pasó con Garat, adónde fue a
parar su cuerpo. Esperamos que el juez tenga la suficiente fuerza, que
tome en cuenta jurisprudencia como la del caso de Von Wernich".
Justamente,
las abogadas transcriben algunos párrafos de esa sentencia en su
presentación. "En la condena dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal
Federal N? 1 de La Plata en la causa N? 2506/07 contra Christian
Federico Von Wernich, se brindaron valiosos elementos a fin de ponderar
la responsabilidad que le cupo al ex capellán como miembro del aparato
represivo y que resultan a todas luces enriquecedores en este caso. Allí
se dijo: 'No tiene en ese sentido ninguna importancia lo dicho por la
defensa en cuanto a que Von Wernich llegaba 'después' de la tortura. Era
precisamente esa la tarea asignada en el grupo que integraba'", detalla
la presentación.
Por
eso, también se pidió ??por primera vez?? la indagatoria de Yaquinto.
"Debiera imputarse la privación ilegítima de la libertad y los tormentos
sufridos por Santiago Mac Guire a Rodolfo Yaquinto, quien se comunicara
con su esposa, durante la privación, notificándole el lugar en el que
se encontraba", dice el escrito firmado por las abogadas. Yaquinto
acompañó a María, la esposa de Mac Guire, al Batallón de Comunicaciones
121 e incluso le facilitó el ingreso al lugar donde su marido estaba
detenido ilegalmente.
Durruty
y Pellegrini recuerdan que "Yaquinto fue mencionado por otras víctimas
de la represión en nuestra zona. En efecto, ya en el año 1984, en su
declaración ante la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María
Inés Pérez declaró que ante la desaparición de su hermana María Sol
Pérez ocurrida en el mes de diciembre de 1976, la familia realizó
innumerables gestiones. Una de ellas fue ante el Arzobispado. En ese
lugar fueron atendidos por el 'Secretario de Monseñor Bolatti, el
hermano Yaquinto', a quien conocían sus padres, éste les proporcionó una
carta de recomendación del Arzobispo con la que se dirigieron a la
jefatura de Policía, a la Sede del Comando, entre otros lugares, todo
con resultado negativo". María Inés Pérez declaró el 3 de abril de 1984,
y ese testimonio está incorporado en la causa Feced.
"Estas
actividades denotan un grado de compenetración con la represión ilegal
manifiesta a las claras su responsabilidad. Si consideramos que fue
parte fundamental en el proceso de blanqueo del secuestrado, acorde la
teoría que explica la autoría funcional por reparto de funciones,
entendemos que el aporte de Yaquinto fue vital para mantener a Santiago
Mac Guire cautivo y atormentado, por lo cual entendemos se acredita en
exceso el grado de sospecha bastante requerido por la legislación
procesal para proceder al llamado a declaración indagatoria".
Para
Lucas, resulta incomprensible que Yaquinto nunca haya sido llamado a
declarar. "Fue el que se comunicó con mi mamá para decirle que mi papá
estaba en el Batallón 121. Mi mamá le había ido a pedir por favor que la
iglesia no le soltara la mano a Santiago, mi papá. El le dijo que
seguramente lo habían secuestrado los compañeros, como decían en esa
época, pero a los dos días cae la cúpula del ejército en mi casa,
interrogan a mi mamá", relató su propia historia el querellante.
Por
su parte, Kushidonchi también es investigado, a instancias de Stara,
por su responsabilidad tanto como director de la Unidad 3 de Rosario en
1976, cuando recibía a detenidos de manera irregular, con evidentes
signos de tortura, como posteriormente de la cárcel de Coronda, junto a
Octavio Zirane, que murió impune hace pocos días. "La presencia de
Kushidonchi en el Centro de Detención Clandestina que funcionaba en el
Destacamento de Inteligencia 121, amerita cuanto menos su llamado a
indagatoria e inmediata detención por los hechos que sufriera Santiago
Mac Guire", expresaron las abogadas.
Para poder mirar a los responsables a los ojos
Las
abogadas Gabriela Durruty, Julia Giordano y Jessica Pellegrini
solicitan además que la querella pueda presenciar las indagatorias
solicitadas. Para eso, consideran que el artículo 295 del Código
Procesal Penal contradice las Convenciones de Derechos Humanos a las que
Argentina está suscripta. Ese artículo dice que "a la declaración del
imputado sólo podrán asistir su defensor y el ministerio fiscal. El
imputado ser informado de este derecho antes de comenzar con su
declaración".
Durruty
lo explica: "Entendemos que se opone a las convenciones internacionales
que no se permita a las querellas ingresar al acto de las
indagatorias". Además de citar una amplia jurisprudencia sobre el valor y
los derechos del querellante, la presentación indica que no tiene
sentido la prohibición de presenciar las indagatorias, "si tiene dicho
la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia que el querellante
posee facultad suficiente para proseguir la acusación y por lo tanto
realizar la elevación a juicio, reconociéndole además la facultad de
proseguir hasta la instancia extraordinaria, aún cuando el Ministerio
Público Fiscal haya desistido de la acusación o solicitado el
sobreseímiento del imputado". Entonces, para las abogadas, "cómo negarle
válidamente la posibilidad de fijar los términos de la acusación,
máxime cuando de ello depende el éxito posterior de la calificación
final del delito que se juzgue. No es la primera vez que estas abogadas
de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y Familiares de
Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas piden que las querellas
están en las indagatorias. "Entendemos además que el artículo 295 de
nuestro Código Procesal Penal no resiste al control de
convencionalidad", explican. Lucas expresa su derechos como familiar de
una víctima: "Queremos verle la cara a los responsables del secuestro de
mi viejo".