Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

viernes, 29 de abril de 2016

Luis María Vera Candioti fue condenado en Santa Fe a 15 años de prisión.

Fue encontrado culpable de “retener y ocultar” a Paula Cortassa/María Carolina Guallane, “alterar y suprimir su estado civil” y “prevaricato”.

"LO HEMOS LOGRADO"
Por Juan Carlos Tizziani

El Tribunal Oral de Santa Fe dictó ayer la primera sentencia en el país a un ex juez de Menores de la dictadura, Luis María Vera Candioti (15 años) por borrarle la identidad y su historia a una beba de 14 meses, María Carolina Guallane, quien recién recuperó su nombre, Paula Cortassa, 21 años después. "Es lo que pretendía, que se hiciera justicia", dijo conmocionada.

El ex juez Luis María Vera Candioti siguió el juicio en una sala contigua al tribunal.
El Tribunal Oral de Santa Fe –integrado por cuatro jueces de Rosario– dictó ayer la primera sentencia en el país a un ex juez de menores de la dictadura, Luis María Vera Candioti, por borrarle la identidad y su historia a una beba de 14 meses, María Carolina Guallane, quien recién recuperó su nombre, Paula Cortassa, 21 años después. La condena fue por tres cargos: “retener y ocultar” a la niña, “alterar y suprimir su estado civil” y “prevaricato” y la pena: 15 años de prisión de “cumplimiento efectivo”. Ayer Vera Candioti ya no pudo volver a su casa. Carolina escuchó el veredicto en la sala de audiencias y lloró. “Es lo que pretendía, que se hiciera justicia y lo hemos logrado”, dijo ya en la calle, aún conmocionada por un fallo que consideró “ejemplar”.

Los otros dos imputados por el caso también resultaron culpables: el tribunal condenó al coronel Carlos Enrique Pavón a 13 años de prisión por los mismos delitos de Vera Candioti, más “falsedad ideológica de documento público” y al comisario Juan Calixto Perizzotti a “prisión perpetua” porque también lo juzgaron por el asesinato 16 montoneros, entre ellos los padres de Carolina, Enrique Cortassa y Blanca Zapata y el secuestro y tortura de otros cuatro. El cuarto acusado, otro coronel del Ejército, Domingo Morales, fue sentenciado a 22 años de cárcel por “asociación ilícita” y el “homicidio” de tres militantes.

El Tribunal ordenó detener a Vera Candioti y Pavón, que terminaron en la cárcel de Las Flores, mientras que Perizzotti y Morales seguirán en prisión domiciliaria.

A las 10 de la mañana, los cuatro acusados tenían la chance de decir sus últimas palabras, pero el único que habló fue Pavón. Sorprendió al confesar que los delitos que se juzgaban eran “aberrantes”, pero dijo que él no había participado, que era inocente, aunque tampoco explicó cómo habían ocurrido. Pavón puso a Carolina a disposición del ex juez Vera Candioti, con una nota del Ejército falsa, fechada el 4 de febrero de 1977, siete días antes del operativo militar que masacró a los Cortassa, en su casa de calle Castelli al 4500, el 11 de febrero de 1977. Enrique está desaparecido desde entonces y Blanca Zapata agonizó once días, con un embarazo a término.

Al mediodía, el presidente del Tribunal, Ricardo Vásquez, leyó el veredicto: perpetua para Perizzotti, 22 años de prisión para Morales, 15 años para Vera Candioti y 13 para Pavón. La condena más alta es la que habían pedido los abogados de Hijos, Lucila Puyol y Guillermo Munné y las otras están en la escala que solicitaron el fiscal Martín Suárez Faisal y los abogados de Abuelas de Plaza de Mayo, Natalia Moyano y Santiago Bereciartúa. Los fundamentos se conocerán el 21 de junio, a las 12.

El veredicto salió por mayoría, con dos disidencias parciales. El juez Omar Digerónimo calificó a los “delitos de lesa humanidad” por los que se condenó a los imputados como “genocidio” en los términos de la “Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, de 1948”. Y es el primer voto en esa línea en Santa Fe. Mientras que su colega, Beatriz Cavallero de Barabani, se inclinó por reducir la pena de Pavón de 13 a 10 años de prisión.

“¿La verdad? Estoy sorprendida”, dijo Carolina. Y era por la “trascendencia” del fallo y los montos de las penas a Vera Candioti y Pavón, que “cumplirán en una cárcel”. “Este es un ejemplo de la justicia que soñamos y queremos. Ojalá que en todos los juicios que vienen, los jueces actúen como actuaron en éste. Me voy satisfecha, aliviada, llena de tranquilidad. Es uno de los tantos alivios que obtuve en estos años, como los anteriores, cuando recuperé la identidad (en 1998) y me devolvieron los restos de Blanca (en 2000). Hoy es un alivio más.”

Carolina vivió la audiencia de ayer como la posibilidad de saldar una etapa. “Dar vuelta una página en el libro” de su historia, explicó. “A partir de ahora, intentaré ver la vida de otra manera, quiero cerrar con este tema que me afectó mucho, emocionalmente. Es lo pretendía, que se hiciera justicia y lo hemos logrado.”

Los abogados de Abuelas coincidieron que el fallo Vera Candioti será un “precedente increíble”. “Es el primer juez de menores que se condena en la Argentina por un caso de apropiación”, dijo Bereciartúa y comentó un diálogo telefónico con su jefe, Alan Iud. “Están todos muy emocionados, escucharon la sentencia por la web. No podían creer que lo que ellos trabajaron en el laboratorio jurídico está plasmado en una sentencia, todo lo que pedimos, todo se nos dio. Obviamente, porque los hechos ocurrieron, acá nadie mintió. Y los jueces supieron recibir lo que se planteaba a la luz de las pruebas que había. Es muy importante que se empiece a juzgar a los jueces que participaron en el plan sistemático del robo de bebés. Las Abuelas de Plaza de Mayo están muy agradecidas a este tribunal”, agregó Bereciartúa. Más tarde, Alan Iud escribió: “Excelente sentencia en Santa Fe por la apropiación de la nieta Paula Cortassa. Vera Candioti, primer juez condenado.”

Moyano le agradeció a Carolina la lucha por su identidad: “Este juicio es devolverte a vos esa búsqueda que supiste hacer desde muy temprana edad. Y es un compromiso de las Abuelas de Plaza de Mayo con vos y tu historia”, dijo Natalia. “Este es el camino que se inició hace 40 años, el imposible tarda, pero llega.”

“La historia de Carolina/Paula es lo que han vivido tantos niños en la dictadura, así que para nosotros fue muy duro escuchar su testimonio en el juicio. Y que ella esté en paz, y con la tranquilidad con que se expresó es para nosotros tan importante como la sentencia”, concluyó Bereciartúa.

domingo, 13 de marzo de 2016

Ingreso al centro clandestino de detención Quinta de Funes

Viaje al tenebroso plan de Galtieri
Los dueños del predio cuya expropiación tiene media sanción accedieron al pedido de la Comisión de la Memoria y lo abrieron. El diputado Jorge Henn prometió impulsar la ley. El 25 de marzo será declarado sitio de memoria.

  Por Pablo Fornero
"Esta era la oficina de Galtieri", dice alguien y el silencio se apodera de la habitación. Se respira hondo, se cierra el pecho y fortalece el alma para seguir el recorrido por el lugar donde quien era jefe del Comando del Segundo Cuerpo de Ejército en 1977 pergeñó un plan para asesinar a los integrantes de la conducción de Montoneros en México. Unos cuarenta años atrás, al menos 16 personas fueron detenidas y sometidas al más cruento cautiverio entre esas paredes, hoy sucias y descuidadas. Tulio "Tucho" Valenzuela pudo escapar, pero el precio fue alto: quedó como rehén su compañera Raquel Negro, embarazada de mellizos que nacieron el 27 de febrero de 1978, en cautiverio, y que continúa desaparecida.

Ahora, a la espera de la firma de la expropiación de la Quinta de Funes que demora el Senado, los propietarios de la finca accedieron al pedido de la Comisión por la Memoria local y abrieron las puertas del ex centro clandestino de detención, ubicado en Ruta 9 y diagonal San José.

Los acompañó el diputado provincial Jorge Henn, quien reveló que el proyecto tiene "preferencia" para la primera sesión del año. No obstante, se comprometió a renovar el dialogo con los legisladores de la Cámara Alta. Por la tarde se recibió la gratísima noticia de que Derechos Humanos de la Provincia y la Nación se pusieron de acuerdo para reconocer el 25 de marzo a la Quinta como Sitio Histórico de la Memoria.

"Qué fuerte esto, ¿no?". Esa frase sencilla se repitió varias veces, como una especie de abrazo contenedor y solidario para sostener la emoción. "Lo lindo y tenebroso", describió acertadamente el ex vicegobernador. Es que la inmensa Quinta realmente es un predio "lindo", provisto de un ingreso de piedras, una frondosa arbolada de diversas especies, una pileta grande, la casa (muy dañada, incluso con un par de salones con las marcas incendiarias de un acto de vandalismo, "un par de años atrás"), más un garaje, un galpón y la cancha de tenis en el fondo. Pero su belleza es indisoluble del pasado "tenebroso" que la distingue y que ahora, con su probable reconversión en espacio de memoria y escuela pública, promete resembrarse.

Eduardo Toniolli, Fernando Dussex, Marta María Benassi, Ignacio Laluf, Marta María Forestello, Miguel Angel Tosetti, Ana María Gurmendi, Jorge Novillo, Teresa Soria, Oscar Capella, Liliana Nahz, Fernando Agüero, María Adela Reina Lloveras y Héctor Retamar estuvieron cautivos en ese lugar donde Galtieri había armado una base de operaciones para ejecutar su plan, frustrado por la fuga de Valenzuela cuando llegó a México. Entonces, Galtieri ordenó desmantelar el centro clandestino y llevó a los cautivos a la Escuela Magnasco, para trasladarlos luego a una quinta en La Ribera de la familia Amelong. Allí -según el relato de Eduardo Costanzo- fueron asesinados. Jaime Dri también pasó por la Quinta de Funes, aunque luego fue llevado nuevamente a la ESMA. Menos Dri, todos continúan desaparecidos. Incluso Valenzuela, abatido en 1978 cuando la organización le ordenó volver al país. Por esta causa, en abril de 2010, el Tribunal Oral número 1 condenó a prisión perpetua de cumplimiento efectivo en cárcel común a Oscar Pascual Guerrieri, Jorge Fariña, Walter Pagano, Juan Daniel Amelong y Eduardo Costanzo.

Raquel Negro dio a luz a mellizos en el Hospital Militar de Paraná, el 27 de febrero de 1978. En 2008, Sabrina Gullino Negro Valenzuela recuperó su identidad, al comprobarse lo dicho por Costanzo: Pagano y Amelong la habían llevado a la puerta del Hogar del Huérfano, donde la dejaron abandonada. Más tarde la adoptó una familia de Ramallo. Sabrina se busca desde entonces a su hermano mellizo, que fue dado de alta el 27 de marzo de 1978 en el Instituto Privado de Pediatría de Paraná.

Al ex vicegobernador se le hizo "un nudo en la panza" al ingresar al inmueble. Se conmovió, los ojos se le tornaron vidriosos y lamentó que en "un lugar hermoso" se haya "pergeñado un plan de exterminio". En diálogo con Rosario/12, remarcó que la defensa de los derechos humanos "pertenece a todos los argentinos" y, en función de la presidencia de Mauricio Macri, dijo que "todos" están "muy atentos de que esto siga siendo así, que pensar hacia adelante significa afianzarnos en lo que ocurrió, para que estas cosas no vuelvan a ocurrir".

Henn dijo que renovará el diálogo con los senadores, a quienes frecuentó durante cuatro años como vicegobernador, para que finalmente el proyecto de expropiación obtenga la sanción definitiva. A fines de diciembre, en la última sesión ordinaria, quedó a las puertas de convertirse en ley, pero finalmente perdió prioridad. El legislador radical reveló ayer que tiene "preferencia", aunque pidió "ser cuidadoso" con los resultados. Se comprometió a "trabajar para que eso sea".

Tanto el diputado como los integrantes de la Comisión destacaron y agradecieron la predisposición de los dueños de la finca, que aceptaron por primera vez el ingreso irrestricto de dirigentes y agrupaciones. "Lo hacemos con un profundo respeto a la propia historia de la Quinta", destacó Henn. Más tarde, uno de los titulares del predio y guía de la recorrida, Raúl Porreca, admitió que en alguna oportunidad se pensó desarrollar un proyecto inmobiliario en el lugar. Ante el impedimento, consideró que "si la manera de solucionar es la expropiación, estamos totalmente de acuerdo". "Nosotros siempre nos portamos de la misma manera, vino Rafael Bielsa a filmar una película ("Tucho", que recrea la vida de Valenzuela) y se la quisimos dar un mes a la casa. Podemos no coincidir, pero el fin es extraordinario, un colegio público, Funes necesita una escuela técnica", apuntó.

Las sensaciones poderosas del viernes no culminaron con la visita. Después del mediodía siguieron las "emociones fuertes y buenas noticias", como lo definió David Rullo, uno de los autores de la ordenanza que declara de interés municipal la expropiación de la Quinta, firmada en conjunto con el ex concejal Mauro Miguez. La Comisión recibió la novedad de que el viernes 25 de marzo la Secretaría de Derechos Humanos de la Provincia, en acuerdo con la Nación, se hará cargo de la señalización definitiva del inmueble como "Sitio de la Memoria del Terrorismo de Estado", conforme a una ordenanza local.

Inspección judicial en el edificio de Ituzaingó y Las Heras, bombardeado por la dictadura

Más pruebas que incriminan al Ejército
La inspección en el lugar permitió establecer responsabilidades en las fuerzas armadas por el asesinato de una vecina y aproximó una respuesta a uno de los interrogantes de la masacre: ¿Dónde estaban el bebé de un mes y su hermanito de un año que sobrevivieron al bombardeo?

Por Juan Carlos Tizziani - Desde Santa Fe.

La inspección judicial en el edificio de Ituzaingó y Las Heras sumó más pruebas para atribuir al Ejército el asesinato de una vecina del primer piso que resultó la quinta víctima y aproximó una respuesta a uno de los interrogantes de la masacre: ¿Dónde estaban el bebé de un mes y su hermanito de un año que sobrevivieron al bombardeo? El viernes, los jueces del Tribunal Oral de Santa Fe que intervienen en el juicio de la megacausa fueron los primeros en casi 40 años en recorrer el lugar donde aún persisten las manchas de sangre y murieron cinco personas, en 1977. Cuatro militantes montoneros: Jorge Piotti y su pareja, Ileana Gómez y los compañeros de ambos, Osvaldo Pascual Ziccardi y Carlos Mario Frigerio -que ocupaban el departamento del primero piso sobre Ituzaingó-. Y su vecina, Elina Carlen -que vivía al lado, con ventanas sobre Las Heras. Los acompañaron dos testigos: Graciela Carlen, quien vio morir a su mamá y Jorge Giorgetti, que ocupaba un departamento del tercer piso, con su esposa y su hijo de 8 meses. Un rato antes, por teleconferencia desde San Juan, había declarado un tercer testigo, el abogado Daniel César Terussi, que vivía en la planta baja.

Los relatos volvieron al 19 de enero de 1977, cuando el ataque del Ejército dejó en ruinas el departamento de los Piotti y gran parte del edificio. Graciela Carlen ratificó ante los jueces lo que había dicho en la audiencia de noviembre, que el disparo de un fusil que entró por la ventana del este mató a su madre. "Fue el primer tiro, una explosión, que le desgarró el cuello. Es una imagen que no la puedo olvidar", dijo Graciela. "Fue un solo impacto cuando ella quiso cerrar la ventana. Nunca habló, no dijo nada, nunca gimió. Fue terrible".

Al día siguiente, el Ejército atribuyó el asesinato de Carlen a uno de los "subversivos" que había "utilizado como escudos" a los chicos Piotti cuando "intentó refugiarse" en el departamento de Elina y ella se resistió. El mayor de los niños, Mariano, tenía un año y el bebé, un mes. Graciela dijo que el relato de la dictadura era "falso" y que a su madre la mató un disparo que venía del grupo atacante que copó la azotea del edificio y los techos vecinos.

Ante el asesinato de su madre, Graciela sufrió un schok, bajó la escalera y salió a la calle, donde la asistió una vecina. La puerta de su departamento quedó abierta.

Giorgetti dijo que el departamento de Piotti estaba demolido por los tiros y explosiones. "Es imposible que los nenes hubieran sobrevivido allí, absolutamente imposible". Y planteó la hipótesis de que en medio del bombardeo, los chicos fueron escondidos en el placard de la señora Carlen. "Estoy seguro que los envolvieron en una manta y los pusieron en ese placard, donde no entró ningún balazo. Eso es lo que hicieron".

Terussi coincidió que por el estado en que quedó el departamento de los Piotti "nadie hubiera podido sobrevivir" allí. El piso estaba cubierto de "sangre coagulada" y las paredes estampadas por las "esquirlas de granada".

Graciela Carlen se sumó a esa hipótesis de Giorgetti, que los niños sobrevivieron porque los escondieron en el placard de su madre. "Creo que sí", dijo. "La primera vez que volví al departamento (un mes después del bombardeo), lo primero que hice fue ir a ver ese placard de mi mamá y no tenía impactos de balas, estaba intacto. O sea que si los niños estuvieron ahí, se salvaron". Lo que dice Giorgetti "puede ser verdad", agregó Graciela.

-¿O sea que a los chicos los trasladaron después de que vos saliste del edificio? -preguntó Rosario/12.

-Si, los pueden haber llevado después porque yo dejé la puerta del departamento abierta -respondió Graciela.

En la esquina, apenas comenzó la inspección, Giorgetti señaló a los jueces el balcón de enfrente, donde había una ametralladora de 22 mm. con trípode que disparaba contra el edificio. "Perforó todos los balcones, medio metro por arriba del piso, así que si había alguien escondido ahí, lo mataban. Tiraban y si hubiera estado una criatura, el tiro era para la criatura", recordó.

El relato de un sobreviviente apunta al Sargento Jorge Balla

"Enseñaba a copar edificios"
Lo dijo el abogado Daniel César Terussi al declarar por video conferencia desde San Juan, en el marco de la causa que investiga la masacre del 19 de enero de 1977 en el edificio de Ituzaingó y Las Heras en el centro de la capital provincial.

Por Juan Carlos Tizziani  -  Desde Santa Fe.

Un represor enseñaba a sus soldados cómo era el tiro del final. Les decía que los "subversivos" "no eran muy hombres ni muy valientes" porque antes de morir se quejaban: "'¡Mamita, mamita!". El relato llegó al Tribunal Oral de Santa Fe por un sobreviviente del bombardeo de Ituzaingó y Las Heras que declaró el viernes en el juicio por la megacausa. Y el instructor que mencionó es el sargento Jorge Alberto Balla, quien está preso desde octubre en la cárcel de Las Flores por "cuatro homicidios" en aquella masacre, el 19 de enero de 1977. "Balla nos enseñaba a copar edificios como el de Ituzaingó y Las Heras, primero había que tomar la azotea y luego los pisos inferiores". Y en una clase, hizo ese comentario sobre los montoneros que "no eran muy hombres ni muy valientes" porque antes de morir, suplicaban: "Mamita, mamita", dijo el abogado Daniel César Terussi al declarar por video conferencia desde San Juan.

Terussi relató dos hechos. Uno en 1977, el ataque del Ejército al edificio donde él vivía en un departamento de planta baja, pero que vio desde la calle porque salió un rato antes. Y el otro, dos años después, en 1979, cuando cumplió el servicio militar en el Comando de Artillería 121, donde sus jefes eran Balla y el teniente 1º Ramón Abel Recio.

En el juicio estaban imputados los "autores mediatos" de la masacre de Ituzaingó y Las Heras, ya fallecidos. Pero en instrucción, hay una segunda causa que investiga a los "autores materiales" con diez presos y un prófugo. Los detenidos son dos militares: Balla y el cabo Luis Alfredo Gómez y ocho policías que operaban en el Comando Radioelétrico, entre ellos el comisario Rodolfo Antonio Reible. El prófugo es el coronel Recio, que integró el Batallón de Inteligencia 601 y hoy tiene orden de captura en Interpol. Uno de los testigos que declaró en la investigación dijo que Recio era "un verdugo".

Aquel 19 de enero de 1977, Terussi salió del departamento, que era propiedad de un compañero, alrededor de las tres de la tarde. Lo pasó a buscar un amigo para ir a la playa, así que fue "descalzo y sin documentos". Volvió una hora después, cuando ya había comenzado el ataque que dejó cinco muertos: los dueños del departamento del primer piso, Jorge Piotti y su pareja Ileana Gómez, dos compañeros de ambos: Osvaldo Pascual Ziccardi y Carlos Mario Frigerio. Y la vecina de al lado. Elina Carlen. Sobrevivieron los dos hijos de Piotti: Mariano, de un año y Jorge, de un mes.

"A las tres de la tarde cuando me fui era una calma total, no había nadie en la calle. Y una hora después, el escenario era dantesco", dijo Terussi. Un retén lo frenó en bulevar Pellegrini y Las Heras, a dos cuadras, pero después pudo acercarse más. "Escuchaba los tiros y las explosiones".

"En medio del tiroteo salió una chica a la calle con los brazos en altos. Alguien le dice que se tire al suelo y Terussi dijo que él la contuvo y la acompañó hasta la casa de una vecina. "Era Graciela Carlen, que estaba en estado de schock y me dice habían matado a la madre. "El primer disparo lo recibió ella en el cuello", recordó. Graciela estaba entre el público, su recuerdo es que apenas salió a la calle, un hombre se acercó y la llevó a la casa de una vecina. En el juicio, se enteró que era Daniel Terussi, su vecino.

Al día siguiente -siguió Terussi "leí en el diario El Litoral" que "uno de los delincuentes subversivos" había asesinado a la mamá de Graciela. "Eso es falso. A la señora Carlen la mataron los militares, Graciela me dijo que el primer disparo lo recibió su madre".

Después del operativo, Terussi pudo ingresar a su departamento, pero no quedarse. "Estaba todo roto y faltaban cosas". "Clausuraron el edificio y recién pudimos volver a los cuatro o cinco días".

Fue allí cuando describió que el departamento de Piotti había quedao en ruinas. El piso era una alfombra roja: estaba cubierto de "sangre coagulada" y las paredes estampadas por "esquirlas de granada". Uno de los muros interiores tenía un "agujero como si le hubieran tirado con una bazuca o demolido con una piqueta", ilustró.

Según Terussi, el bombardeo había sido letal. "Nadie hubiera podido sobrevivir" en ese lugar, con lo cual coincidió con la hipótesis que ya plantearon otros testigos, que los chicos sobrevivieron porque los escondieron en el placard de Carlen. La hipótesis la planteó Jorge Giorgetti, que vivía en el tercer piso, Graciela coincide porque el placard de su mamá "no había recibido impactos" y ahora lo dijo Terussi. "El olor a sangre era nauseabundo, insoportable", recordó Daniel. Y junto con su compañero Tomás Azpilcueta compraron diez botellas de desodorante de ambiente y las volcaron en el departamento de Piotti. "Se arruinó la vida, se vino el mundo abajo".

El fiscal Martín Suárez Faisal le preguntó por el servicio militar que cumplió en el Comando de Artillería 121, en 1979. "¿Recuerda algo?".

-Sí, a un sargento Balla que nos daba instrucción de cómo copar un edificio como el de Ituzaingó y Las Heras, que había que tomar primero la azotea y de ahí para abajo. Y al final nos hizo comentarios. "Que los subversivos no eran muy hombres ni muy valientes porque cuando los mataban, gritaban: '¡Mamita, mamita!' -respondió Terussi.

Suárez Faisal insistió y Terussi dijo que Balla hablaba "en general", se refería "a los subversivos", que antes de morir, gritaban: "'¡Mamita, mamita!' Las palabras que usó eran más gruesas".

-¿Qué palabras usó?

-No las recuerdo exactamente.

Terussi dijo que Balla lo presionaba. "Me decía: 'yo te conozco bien, vos sos medio subversivo'". Entonces, él empezó sospechar que Balla había estado en su departamento "cuando ocurrió lo de Ituzaingó y Las Heras. Se llevaron todas las cosas de valor. Yo tenía muchos libros, algunos sobre marxismo. Balla me decía que me conocía bien y era medio subversivo".

-¿Quien era el jefe del Comando de Artillería 121?

-Un coronel (Pedro José Canevaro) que estaba alterado, porque en la puerta del despacho tenía una luz roja encendida, así que no se podía golpear, ni entrar. No querían que lo molestaran.

-¿Y en el Servicio de Empleo Inmediato (SEI)?

-El teniente primero Recio, el subteniente Furque y el sargento Balla. Recio nos chumbaba con un ovejero alemán que nos mordía los talones. Balla nos instruía sobre cómo copar un edificio. Nos lavaban la cabeza sobre la subversión -concluyó.

domingo, 28 de febrero de 2016

Vecinos del Barrio Candioti de Santa Fe, suman testimonios sobre el asesinato de militantes montoneros

Memoria recobrada gracias al juicio en marcha
Tras la declaración del periodista Daniel Sussex en la megacausa por crímenes de lesa humanidad cometidos en febrero de 1976 en la Plaza de las Banderas, un testigo que vivía en la cuadra donde mataron a Livieres Banks relató lo ocurrido.

Por Juan Carlos Tizziani  -  Desde Santa Fe.

El testimonio del periodista Daniel Dussex en el juicio por la megacausa ‑que Rosario/12 publicó el domingo pasado‑ alentó el relato de otros vecinos del barrio Candioti que también fueron testigos de la caída de militantes montoneros en la plaza de las Banderas, en febrero de 1976. Dussex dijo ante el Tribunal Oral que había visto dos crímenes: un asesinato y un secuestro de quienes luego identificó por fotos: el jefe regional de Montoneros, Carlos Lorenzo Livieres Banks, baleado por la espalda que murió en el hospital José María Cullen, y el compañero de éste, Raúl Ameri, quien está desaparecido desde entonces. Otro vecino entrevistado ayer por este diario, Ramón Antonio Machuca, coincidió con Dussex que Liviéres Banks cayó en la vereda de "una casa de alto con balcón largo" y señaló con precisión ese lugar: Alvear 4134, porque él también lo vio desde su casa de enfrente. "Era un muchacho joven medio gordito que estaba herido y pedía agua", lo describió. El periodista Mariano Bravi recordó que su tío Alfredo Edmundo Bravi, ya fallecido, también vio a ese herido, intentó auxiliarlo, pero un represor lo frenó de un culatazo y aportó otro dato inquietante: Bravi vivía al lado de Machuca y el vecino que seguía era Nicolás Correa, el ex encargado del Destacamento de Inteligencia Militar 122 y uno de los jefes de la patota que operaba en los centros clandestinos, como ya se probó en los juicios de lesa humanidad. "Livieres Banks cayó a diez metros de la casa de Correa", sintetizó Mariano.

Uno de los casos que se juzgan en la megacausa es la cita nacional de Montoneros, en la plaza de las Banderas, donde grupos de tareas del Ejército secuestraron a siete militantes que llegaron a Santa Fe desde Rosario, Córdoba, Entre Ríos y Chaco, entre el 16 y el 18 de febrero de 1976. Dos fueron asesinados: Livieres Banks y Elena Yolanda De Leonardi y cinco siguen desaparecidos: Antonio Silva, Daniel Angerosa, Enrique Guastavino, Orlando Finsterwald y Ameri.

Liviéres y Ameri cayeron el 18 de febrero. Dussex dijo que él caminaba por la plaza de las Banderas esa mañana cuando escuchó disparos y lo sobresaltó la persecución y captura de los perseguidos. Ubicó esa segunda escena en calle Alver al 4100, sobre la vereda este, frente a una "casa de alto con balcón largo que todavía está" y donde vio "a dos jóvenes. Uno herido y el otro de rodillas, con las manos en la nuca. Era una situación dramática", recordó. El observaba desde la esquina de Alvear y Juan del Campillo, donde había otros vecinos.

Machuca ratificó el testimonio de Dussex porque él también vio al herido desde su casa de enfrente y ayer, se cruzó la calle y señaló con precisión ese lugar donde cayó Livieres para que el fotógrafo de Rosario/12 pudiera registrar la escena. Es la vereda de Alvear 4134.

Las crónicas de la época señalan que el hecho ocurrió alrededor de las 10.30, pero según Machuca fue más temprano y comentó que el herido estuvo más de una hora en el suelo hasta que lo llevaron en una ambulancia al hospital Cullen, donde murió.

Machuca tenía una guardería con un arenero adelante, donde jugaban sus hijos. "Era entre las 8 y las 9 de la mañana, cuando escuchamos detonaciones. Estábamos con mi señora". Los chicos corrieron hacia adentro. Y él salió a la calle. "Vi que había un revuelo y un policía de uniforme, eso sí lo recuerdo, que me dice: '¡No salga porque estamos haciendo un procedimiento!'". "Enfrente, estaba un muchacho tirado en la vereda. Era medio gordito y pedía agua", recordó.

Al rato, vio a otros vecinos en la vereda y volvió a salir a la calle. Ya no estaba el policía. "Y en la esquina había un Ford Falcon verde oscuro, eso lo recuerdo bien, y gente de civil que bajaba a otro muchacho flaquito y lo ponían al lado (del herido). Vino la ambulancia y se los llevaron".

-‑Entonces, ¿eran dos detenidos? -‑preguntó Rosario/12.

-‑Si, yo vi a ese muchacho medio gordito que estaba en el suelo y a otro flaco que lo trajeron -‑contestó.  

Según Machuca, el uniformado que lo obligó a ingresar a su casa apenas salió después de escuchar los tiros "era de la Policía Federal". Lo identificó por un escudo que decía 'Policía Federal'. Me dijo: "¡No salga que estamos haciendo un procedimiento".

El periodista Mariano Bravi también es depositario del testimonio de su tío que observó la misma escena que vieron Dussex y Machuca, desde distintos ángulos. Alfredo Edmundo Bravi vivía al lado de Machuca. "Lo que me contó es que escuchó los disparos y vio por la ventana a un muchacho caído en la vereda de enfrente, al que intentó ayudar pero no pudo. Salió a la calle porque esa persona pedía auxilio, pero lo interceptó un uniformado que tenía un arma larga, con la que le pegó un culatazo y lo obligó a regresar a la casa. "¡Ni se le ocurra tocarlo!", le dijo. Eso fue lo que vio, una persona caída en la vereda de enfrente y una gran conmoción en el barrio".

Los relatos de Machuca y de Bravi coinciden en otros puntos: que el represor que los obligó a volver a sus casas estaba de uniforme. Y que los proyectiles dejaron marcas en dos lugares. Machuca señaló la "casa de alto con el balcón largo", como la describió Dussex. Y Mariano la casa donde vivía su tío, "al lado de la puerta, a 1.20 de altura. Me dijo que había disparos que habían impactado a un costado de la puerta y que él había rescatado los plomos".  

Mariano aportó otro dato significativo: la identidad del vecino de al lado, que era Nicolás Correa. Bravi vivía en Alvear 4127. Machuca en Alvear 4137. Y Correa en Alvear 4161. Todos, sobre la vereda oeste. El jefe regional de Montoneros se desplomó mal herido en la vereda este, en Alvear 4134. "Livieres Banks cayó a diez metros de la casa de Correa", sintetizó el periodista.

"Ya en esa época, los vecinos sabían que Correa era militar y operaba en la Side", dijo Bravi. Correa se retiró como suboficial del Ejército, había sido encargado en el Destacamento de Inteligencia Militar 122, donde después operó como Personal Civil de Inteligencia (PCI), según la lista que se desclasificó en 2010. Fue jefe de personal de la Cervecería Santa Fe y el segundo del ex secretario de Seguridad Pública de la provincia, teniente coronel José Bernhard, en el gobierno de Jorge Obeid.

"Correa vivió en esa casa de calle Alvear hasta los años '90 cuando se mudó a cinco cuadras, pero en el mismo barrio", dijo Bravi. "Era un vecino más".

-‑¿Y cómo se explica esta caída de Livieres tan cerca de la casa donde vivía Correa?  

-‑No tengo pruebas, pero parece una casualidad enorme. Que justo la caída de Livieres Banks haya sido frente a la casa de Correa, a diez metros. Ninguno de los vecinos recuerda haberlo visto en ese momento, en el operativo. No hay ninguna referencia de que hubiera estado, pero vivió ahí y durante mucho tiempo. Era del barrio y la mayoría sabía que era de los servicios y que después estuvo vinculado a la dictadura -‑concluyó Mariano

martes, 23 de febrero de 2016

Testigo del asesinato de dos militantes desarmados.

Tiros en plena plaza
El periodista Daniel Dussex contó ante el Tribunal Oral de Santa Fe cómo un hombre atacó a dos militantes desarmados en  1976. Y los reconoció en fotos como Livieres Bank y Ameri.

  Por Juan Carlos Tizziani   Desde Santa Fe.

El Tribunal Oral de Santa Fe escuchó esta semana al testigo de cargo de dos crímenes: un secuestro y un asesinato en la plaza de las Banderas, en una cita nacional de Montoneros, donde cayeron siete militantes en tres días, en febrero de 1976: dos fueron acribillados -entre ellos el jefe de la columna Rosario, Carlos Lorenzo Livieres Bank- y cinco están desaparecidos. El periodista Daniel Dussex relató que en una caminata por la plaza vio la persecución a un joven desarmado al que le dispararon por la espalda y luego agonizó sobre un charco de sangre a dos cuadras y la captura de su compañero, también desarmado, al que tenían de rodillas y con las manos en la nuca. Le exhibieron dos fotos y Dussex reconoció que una "podía ser" la del herido y la otra era "compatible" con su recuerdo del desaparecido. La primera era de Livieres y la segunda de Raúl Ameri, con lo cual el testimonio fortaleció la hipótesis del Ministerio Público que considera que el secuestrado era Ameri. En el operativo intervinieron dos policías del Comando Radioeléctrico y uno de ellos -que declaró en el juicio el año pasado, Alejandro Raúl Aranda- dijo que el procedimiento estaba a cargo de "militares" que operaban de civil y le ordenaron que llevara al "detenido" hasta la comisaría 1ª, y él cumplió la orden: lo dejó en la sala de guardia.

En la cita nacional de Montoneros, grupos de tareas del Ejército secuestraron a siete montoneros que llegaron a Santa Fe desde Rosario, Córdoba, Entre Ríos y Chaco, entre el 16 y el 18 de febrero de 1976. Dos fueron asesinados: Livieres Bank y Elena Yolanda De Leonardi y cinco siguen desaparecidos: Antonio Silva, Daniel Angerosa, Enrique Guastavino, Orlando Finsterwald y Ameri. Silva tenía 17 años y Finsterwald, 19.

Según el testimonio de otra sobreviviente, Ana María Testa, la cita nacional era un "control sobre la seguridad de los militantes". Ella misma había llegado a Santa Fe a través de esa cita en la plaza de las Banderas, en diciembre de 1975 y el 14 de febrero de 1976 lo había hecho su compañero Juan Carlos Silva.

Pero algo pasó, porque dos días después, el 16 de febrero, cayó Antonio Silva, referente de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), hermano de Juan Carlos y cuñado de Testa que venía de Resistencia. El 17, desaparecieron Angerosa, Guastavino (que era hermano del ex vicegobernador de Entre Ríos, Pedro Guastavino) y Finsterwald. Y el 18, cayeron Livieres Banks, Ameri y De Leonardi, cuyo cuerpo apareció acribillado el 21 de febrero en Luis Palacios, departamento San Lorenzo.

El asesinato de Livieres Banks en un "operativo antisubversivo" en Santa Fe era conocido desde el primer momento por el aparato del terrorismo de estado y no sólo en la Argentina sino también en el Paraguay desde el 23 de marzo de 1976, como lo prueba uno de los documentos encontrados en el Archivo del Terror, que data del 14 abril de 1977, disponible en la web (http://doc.wrlc.org/bitstream/handle/2041/55438/143F0439display.pdf?sequence=1). Livieres tenía la doble nacionalidad y el archivo incluye otros documentos sobre la persecución a su familia.

En el juicio en Santa Fe, sólo se juzgan los homicidios de Silva, Angerosa, Guastavino, Livieres y Ameri porque a De Leonardi la mataron en la zona sur y en diciembre de 2010, la Cámara Federal de Rosario excluyó a Finsterwald por supuesta falta de pruebas, a pesar de que su ex compañera María Julia Scocco aseguró que su rastro se pierde en esa cita.

El 18 de febrero de 1976, Dussex atravesaba en diagonal el sendero de la plaza de las Banderas cuando escuchó "estruendos" y vio a "un hombre con un arma en la mano que perseguía a otro" y le disparaba por la espalda. Ubicó la escena en Marcial Candioti e Iturraspe, en uno de los extremos de la plaza y la corrida por la vereda de Marcial Candioti, de norte a sur.

Según las crónicas de la época, el hecho ocurrió alrededor de las 10.30. "Había mucha gente, nos tomó por sorpresa a todos los que estábamos a esa hora por la zona", dijo Daniel. Y describió al perseguidor "vestido de civil", aunque por sus características dedujo que era "un militar" o "un policía de alto rango". Después, lo describió como un "petiso retacón, rubio, de pelo corto".

Recordó que en la corrida "dieron vuelta a la manzana" por calle Alvear (la paralela a Marcial Candioti), caminó entonces los cien metros por Juan del Campillo y desde la esquina de Alvear vio que el represor había logrado capturar a "dos jóvenes. Uno estaba herido y se retorcía en la vereda en un charco de sangre. Y el otro de rodillas, con las manos en la nuca. Era una situación dramática", dijo. Esa segunda escena, Dussex la ubicó sobre calle Alvear al 4100, en la vereda este, frente a una casa de alto con un balcón largo, que aún está, a pocos metros de la esquina de Iturraspe. El represor tenía "el control del hecho" y utilizaba un esquipo portátil de radio. Otros testigos dijeron que había más represores.

El fiscal Martín Suárez Faisal le preguntó por el arma del perseguidor. "Era importante, de puño, de grueso calibre", respondió Dussex.

--¿Cómo eran las víctimas?

--Jóvenes. Uno estaba mal herido, tenía el aspecto de un universitario. --¿Está seguro que el herido era el joven al que perseguían?

--Es probable. Porque además cesaron los disparos --contestó. "Había muchos vecinos en la esquina (y otros que observaban desde sus casas). El barrio estaba conmocionado", reflexionó el colega. El herido "perdía mucha sangre, pasaron varios minutos y no llegaba ninguna ambulancia", lo que aumentó la angustia colectiva. "Quedé muy impresionado, shockeado" por la situación, comentó.

A la tarde, El Litoral informó que Livieres Bank -a quien identificó por su nombre falso, Jorge Sorasi- había muerto al mediodía en el hospital José María Cullen y que su compañero estaba "detenido".

--¿Vio si los detenidos estaban armados? --volvió a preguntar el fiscal. --No, el único que tenía un arma era el perseguidor. El tenía el control del hecho. Era un militar o un policía de alto rango. No era un procedimiento legal --contestó Daniel, que por esa época cursaba la secundaria y militaba en la UES. Su hermano Fernando es uno de los desaparecidos en la Quinta de Funes, en 1978.

Dussex recordó que a poco de iniciarse la investigación judicial, relató el hecho en una nota periodística. La entrevista se publicó en el diario El Litoral el 18 de noviembre de 1998 ("Aporte de un testigo al caso Finsterwald"), una semana después de que la abogada Matilde Bruera denunciara que Orlando era uno de los desaparecidos en la cita nacional de Montoneros. Y está firmada por el periodista José Luis Pagés, quien describe a su interlocutor como "un testigo presencial de aquel procedimiento en las inmediaciones de la plaza de las Bandera el 18 de febrero de 1976". "En esa publicación no aparece mi nombre, pero el entrevistado soy yo", reveló Dussex. Suárez Faisal y el abogado querellante Guillermo Munne solicitaron al Tribunal que se le pida al diario una copia de la nota para agregarla a la causa.

El fiscal pidió que se le exhibieran a Dussex dos fotografías y cuando le mostraron la primera, le preguntó: "¿Es el herido que usted vio en calle Alvear?

--Podría ser --contestó Dussex. Y en la segunda foto, dijo que ese rostro era "compatible" con su recuerdo del muchacho con las manos en al nuca. La primera imagen era de Livieres Banks y la segunda de Ameri.

La Seccional de Barrio Candioti, una clave en la megacausa

Quizás surjan más pruebas

La Justicia federal habilitó a cuatro abogados a buscar entre los documentos descubiertos en la comisaría 3ª, datos sobre la masacre de Ituzaingó y Las Heras, y la cacería de plaza de las Banderas que le costó la vida a siete militantes.

  Por Juan Carlos Tizziani  -  Desde Santa Fe.

El Tribunal Oral de Santa Fe habilitó a cuatro abogados querellantes en el juicio por la megacausa para que tengan acceso al archivo oculto de la comisaría 3ª del barrio Candioti, que apareció esta semana detrás de una pared falsa y arriba de un cielorraso, y busquen pruebas de dos casos que se ventilan en el debate: la masacre de Ituzaingó y Las Heras, en enero de 1977, donde asesinaron a cuatro dirigentes de la cúpula de Montoneros, y una cita nacional en la plaza de las Banderas, un año antes, en febrero de 1976, que le costó la vida a otros siete militantes, cinco de ellos desaparecidos. La decisión se justifica porque la seccional 3ª tenía jurisdicción en el barrio Candioti y liberó las dos zonas donde ocurrieron los hechos, está a siete cuadras de Ituzaingó y Las Heras y a unas diez de la plaza de las Banderas.

La autorización fue concedida en la última audiencia, el jueves pasado, a los abogados Lucila Puyol, Guillermo Munné, Alejandra Romero Niklison y Zulema Rivera. Puyol y Munné representan a la organización Hijos, Romero Niklison a los hijos de Osvaldo Pascual Ziccardi, que era el líder de Montoneros en Santa Fe y su compañera, Cristina Ruiz, mientras que la doctora Rivera patrocina a María Carolina Guallane, que es Paula Cortassa. Ahora el Tribunal comunicará la autorización al Ministerio Público de la Acusación de Santa Fe para que facilite el acceso a los documentos que están precintados en más de 30 bolsas de consorcio. La fiscal a cargo es María Lucila Nuzzo, quien dispuso que el inventario del hallazgo lo hicieran agentes de la Dirección de Asuntos Internos.

Romero Niklison fue la primera que pidió al Tribunal que la autorice a buscar datos sobre la masacre de Ituzaingó y Las Heras en los libros de guardia de la comisaría del barrio Candioti. "Era la seccional de la zona, y si se encuentran pruebas de utilidad pediría que se incorporen al juicio", fundamentó.

Su colega Guillermo Munné se sumó a la solicitud por el caso de la plaza de las Banderas y con el mismo argumento. "Sería muy importante revisar los registros de la comisaría de febrero de 1976", agregó.

El fiscal Martín Suárez Faisal coincidió con el requerimiento y dijo que ya se había comunicado con la Fiscalía Regional Nº1. "Nos pusimos a disposición para colaborar en el análisis de los documentos".

A criterio de Romero Niklison, el repaso de los libros de la comisaría 3ª en la búsqueda de pruebas debería realizarse esta semana porque el juicio ya ingresa en su tramo final. El jueves que viene, el Tribunal escucharía los últimos testimonios y el viernes se realizaría una inspección judicial al edificio de Ituzaingó y Las Heras, con la participación de testigos, entre ellos el ex diputado nacional Jorge Giorgetti, que sobrevivió al ataque y ya declaró en la causa. El procedimiento será el primero en casi 40 años.

Las abogadas de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación adhirieron a los pedidos de las querellas y el fiscal, por lo que el Tribunal autorizó el acceso a los documentos. "Vamos a oficiar al Ministerio de la Acusación que se habilite la consulta del archivo, y si identifican documentos de interés para este juicio se pedirá una copia certificada", dijo el presidente del Tribunal, Ricardo Vásquez.

Esta semana, integrantes del Foro contra la Impunidad y por la Justicia de Santa Fe se reunieron con el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Ricardo Silberstein, y la secretaria de Derechos Humanos, María Josefa Dal Dosso, y le pidieron que el archivo de la comisaría 3ª fuera trasladado al centro de documentación de la Secretaría de Derechos Humanos y puesto de inmediato a disposición de las querellas en el juicio por la megacausa, para las que podría tener especial relevancia.

El ministro de Seguridad, Maximiliano Pullaro, también ponderó el valor del "material encontrado" en la comisaría 3ª. "Ojalá contribuya a echar luz sobre una etapa oscura de la historia nacional. Esperemos que los documentos y archivos sirvan para aportar a la construcción de la memoria y la justicia", dijo.