Marcha por Silvia Suppo ¡Esclarecimiento y Justicia!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Llamado personal del hijo de la luz

Serrat le habló por teléfono a la sobreviviente Stella Hernández

El cantautor se comunicó con la testigo, que declaró en la causa Díaz Bessone el mismo día que él actuaba en Rosario. Ella recordó cómo sus canciones ayudaron a los detenidos a sobrevivir. Enterado del testimonio, el catalán la llamó.
 Por Jose Maggi

"Hola, habla Joan Manuel Serrat", escuchó ayer en su celular Stella Hernández, y sólo atinó a llorar. El cantante que escucha desde los 12 años, el autor de las canciones que la ayudaron a sobrevivir en el centro clandestino de detención Servicio de Informaciones, la llamó conmovido por un correo electrónico que ella le mandó el 30 de noviembre pasado. Ese día, Stella declaró en la causa Díaz Bessone y recordó cómo confortaba a otros detenidos con canciones del Nano. Después, le escribió un correo electrónico a Claudio, el productor del catalán. La coincidencia cósmica era mucha: el mismo día del primero de sus dos recitales en la ciudad, ella declaró en la ex causa Feced. "Mi nombre es Stella Hernández, soy de Rosario. El motivo por el que te escribo es para que le transmitas a Joan Manuel Serrat que el día en que cantó en mi ciudad, declaré en la causa por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura en la causa Feced. Y contarle que en mi declaración testimonial como ex presa política lo recordé. Fui secuestrada el 11 de enero de 1977, a los 19 años, en la cárcel clandestina donde estuve, cuando se podía -porque los guardias estaban en sus deleznables ocupaciones- cantaba sus canciones. Canté muchas, muchas veces Para la libertad. Era para un compañero muy torturado a quien lo afeitaba otro, porque tenía sus manos insensibles por los tormentos. El se emocionaba con Miguel Hernández. Quiero decirle a Serrat que él también formó parte de nuestra inmensa capacidad y amor para sobrevivir, lo que nos permitió llegar hoy íntegras al reclamo de justicia". Su testimonio llegó al cantautor catalán que ayer la llamó, conmovido por su relato.

Cuando Stella Hernández lo escuchó ayer, del otro lado del teléfono, la ganó la emoción. "Eran las palabras del trovador que nos ayudó a sobrevivir. Después de mi testimonio en Tribunales en la Causa Feced donde recordé que cantaba sus canciones, las que nos ayudaron a soportar el horror, le escribí a su productor un email para que le agredeciera por su presencia luminosa en medio de la nada", recuerda aún emocionada Stella. Y el milagro se produjo. Aunque Stella no quería hacerlo público, el entusiasmo de compañeros y amigos que la vieron conmovida hizo que la comunicación trascendiera rápidamente.

"Serrat me dijo que estaba muy conmovido, que sabía que las canciones ayudan en muchas circunstancias difíciles, pero que era muy fuerte leerlo de una sobreviviente. Que me llamaba porque quería escuchar mi voz. Y yo ya no podía de la emoción de escuchar su voz. Le dije que desde los doce años seguía sus canciones, que las conocía a todas, y que las cantaba siempre, una y otra vez, para las compañeras de la cárcel. Que mi testimonio terminó con la alegría porque la vida es una experiencia maravillosa y él formó parte de esa alegría".

En verdad Stella -secretaria gremial del Sindicato de Prensa de Rosario- dijo al cerrar su hora y media de relato sobre el horror del Servicio de Informaciones, que "a pesar de todo no pudieron, que la vida es más fuerte, que la vida es una experiencia maravillosa".

En el email que le envió al productor, le explicaba que "pretendía decirle gracias al catalán: gracias, gracias, una y mil veces".

En el mismo texto, Stella también confesó: "Mi hijo de 25 años, quien por primera vez escuchó los padecimientos de su madre en forma completa frente a un tribunal oral, me preparó una bandera que decía: 'Para la libertad, sangro, lucho, pervivo...'. Sin saberlo, todo se unía en este comienzo reparador. Las compañeras presas me agradecían por sus canciones, hoy quiero que lo sepa: Serrat está presente en este juicio histórico. Ojalá algún día pueda decírselo personalmente", confesba Stella en el texto enviado al productor del show local del Nano. Y ayer se hizo realidad.

"Me pudo, me puede la emoción. Sigo recordando ese momento, con un Serrat también conmovido, y ahora me pueden las lágrimas ante tanta humanidad. Un desborde de bondad de un grande que nos ayuda a todos a seguir en esta difícil pero repadora instancia de Justicia", atinó ayer a decir Stella frente a sus amigos

martes, 14 de diciembre de 2010

En nombre propio y de su hermana

Su declaración tuvo dos puntos centrales: la desaparición de su gemela y su cuñado y sus días de cautiverio en el SI.
Por Sonia Tessa

Casi al final de su declaración, a Ana María Moro le preguntaron por Mario Alfredo Marcote, alias El Cura. "Lo conozco perfectamente, es ese señor que está acá atrás", dijo y se dio vuelta para señalar a uno de los acusados de la causa Díaz Bessone, el que siempre asiste con un saco lila. "No le puedo decir señor a ese asesino", remató. En el Servicio de Informaciones, Ana escuchó a Ricardo Chomicky participar en la tortura hacia un joven. La testigo declaró ayer en nombre propio así como el de su hermana gemela, Miriam y su cuñado, Roberto de Vicenzo, desaparecidos el 27 de septiembre de 1976, cuyos homicidios forman parte del juicio. Ana fue secuestrada el 21 de mayo de 1977 y retenida ilegalmente durante 11 días. Su declaración tuvo dos puntos centrales: la desaparición de Miriam y Roberto; así como los días de su propio secuestro, donde pudo ver a los represores y se enteró de que su gemela y su cuñado habían sido asesinados. Contó de los hábeas corpus denegados en los fueros federal y provincial, tras la desaparición, y dijo que el juez federal Pedro Barta negó conocer el paradero de Miriam, al mismo tiempo que firmaba el expediente de su cadáver NN enterrado en el cementerio de Casilda pocos días después del secuestro. Otra intervención del magistrado le hubiera ahorrado a la familia años de incertidumbre. Hubo un momento en el que todos, la testigo y el público, lloraron: cuando Ana contó cómo debió explicarle a sus sobrinos (Darío tenía un año y Gustavo siete meses en el momento de la desaparición) que los padres estaban muertos.

Ana Moro fue secuestrada junto a su esposo, Juan Carlos Cheroni. El sábado 21 de mayo de 1977, entre las 13 y las 14, Juan Carlos estaba en la vereda de su casa, en Vera Mujica 1281, arreglando una moto. Ella estaba embarazada de cinco meses. Llegaron dos autos con hombres de civil, le pegaron a él y le preguntaban por su hermano Hugo. Juan no les dijo donde vivía. La familia tenía suficiente sufrimiento con dos desaparecidos.

La patota buscaba a Hugo Cheroni, por su actividad gremial (ver aparte), y estaban dispuestos a dejarla a Ana en su casa, pero alguno de los efectivos reconoció el rostro. "Ella es hermana de una montonera que está presa, la llevamos", dijo el represor. Ana y Miriam eran gemelas idénticas. Ana fue llevada a la Jefatura junto a su esposo. Allí se encontró con Hugo y su mujer, Stella Poroto. Los cuatro declararon ayer. Hugo estuvo detenido dos años, primero en el Servicio de Informaciones y luego en Coronda. Ana, Stella y Juan Carlos fueron liberados 11 días después. Todos escucharon las torturas en la sala contigua al sector circular donde estuvieron alojados las primeras 24 horas.

En la sala circular, pudieron escuchar con nitidez cuando uno de los torturadores le gritaba a un chico con tonada cordobesa: "Si no hablás, te reviento el ojo con esta birome". Después supieron que era Chomicky. Más tarde, sintieron que los represores cargaban un peso muerto. "Sale un féretro", dijo la misma voz. Una mujer que después identificaron como Nidia Folch (entonces novia de Chomicky, y hoy prófuga en esta causa) limpiaba la sangre del piso. Cuando estaban en el entrepiso, Chomicky subió a verlas. Ana contó ayer que el civil colaborador les dijo: "Nosotros estamos empeñados en la lucha contra la subversión". Para Ana, esa frase fue crucial. "Dijo nosotros, no dijo ellos", subrayó ayer frente al Tribunal.

En el Servicio de Informaciones, Ana pudo hablar con José El Pollo Baravalle (colaborador, se suicidó en 2008). El Pollo era muy amigo de De Vicenzo. Le dijo a Ana que tanto su cuñado como Miriam habían sido asesinados. A De Vicenzo lo llevaron al SI, lo torturaron y luego lo mataron. Miriam no estuvo en ese centro clandestino de detención.

Cuando los liberaron, vieron a Marcote en un Citroen celeste. Cuando llegaron a su casa, encontraron todo desmantelado. Después, los vecinos les contaron que el saqueo lo habían hecho a bordo de un Citroen celeste. "Marcote, además de torturador, asesino y violador era un ratero de poca monta, porque las cosas que teníamos no eran de gran valor", dijo la testigo.

Al salir en libertad, Ana y Juan Carlos debieron informar la noticia fatal. Un día, el más grande de los hijos, Darío, iba caminando por la calle con su tía Ana, y vio pasar un camión. Empezó a decir "papá, papá", ya que el último día que lo vio se habían mudado, en un camión. Ana tuvo que explicarle que papá ya no volvería. El nene lloraba. Cuando contó eso, ayer, Ana volvió a llorar. En la sala, el público también.

Ana y su madre se contactaron con María Rosa White, una de las primeras Madres de Plaza de Mayo de Rosario. Empezaron a militar en Familiares de Detenidos y Desaparecidos por Razones Políticas, en plena dictadura. Ayer, Ana tuvo un reconocimiento hacia el equipo jurídico que armó las denuncias de la causa Feced, especialmente a su responsable, Delia Rodríguez Araya, a quien nombró más de una vez.

En los primeros años de la democracia, Ana fue a Casilda, donde reconoció a su hermana en el expediente de un NN, con 11 balazos. Miriam tenía 24 años y estaba embarazada de cuatro meses. El cuerpo había sido trasladado a un osario, así que no podrá ser recuperado. "Ni siquiera nos dejaron enterrar a nuestros muertos", dijo ayer.

Sobre de Vicenzo contó que este año sus restos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, y los despidieron en el Movimiento Evita. Lo recordó como una persona extraordinaria. Pidió justicia por su hermana, por su cuñado y por los 30 mil desaparecidos. Las dos salas estaban repletas de personas que la ovacionaron.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Acto en la UNR para rendir homenaje a Oscar Bouvier

La identificación que derrotó a los genocidas
Por Sonia Tessa

El acto empezó con el himno nacional en la sede de Gobierno de la Universidad Nacional de Rosario. Mientras, de pie, la sala repleta vibraba con la visión en una pantalla de fotos de Oscar Bouvier, desaparecido el 27 de septiembre de 1976, cuyos restos fueron identificados el 5 de noviembre pasado. Las imágenes del militante de la Juventud Peronista con sus amigos, sus compañeros, con su esposa Marita Prieto, así como sus dibujos, distintos documentos le dieron otra carnadura al conmovedor texto que leyó su hijo, Pedro. "Las palabras del dictador Videla sobre la falta de entidad del 'desaparecido, no está muerto ni vivo, está desaparecido', se derrumban con la aparición de cada uno de los restos de nuestros seres queridos que son encontrados y con ellos su identidad. Apareció Oscar y creo que es un momento histórico clave para que aparezca, hemos conseguido borrar las palabras del dictador, del genocida, del asesino, Oscar ha vuelto", dijo Pedro, militante de Hijos, que recibió una ovación del público.

El acto fue encabezado por Pedro, por su madre, el vicerrector de la UNR, Eduardo Seminara, que fue compañero de militancia del Gusano, como le decían, y de Enrique Barés, secretario académico de la UNR y primo de Oscar. Antes del acto, Marita relató lo difícil que le resultó recuperar los recuerdos durante todos estos años. "La desaparición es mucho peor que la muerte", dijo la compañera de Oscar. Una de las fotos que se vieron ayer la mostraban, sonriente, con su flamante esposo, en la puerta del Registro Civil. Una imagen luminosa, con los colores saturados típicos de las fotografías tomadas en los años 70. "Muchos de los que tenemos más años participamos de la alegría que tenía el Gusano para encarar la vida", recordó ayer Seminara. Oscar Bouvier hubiera cumplido 55 años el mismo día que se identificaron sus restos, el 5 de noviembre pasado.

Por eso, su hijo dijo ayer que "la noticia de la identificación de Oscar fue muy fuerte para nosotros, es una mezcla de alegría, tristeza, angustia, y otros sentimientos que provocan una situación como ésta, pero sobre todo lo sentimos como una victoria de los que luchamos contra la impunidad, el silencio, la mentira, la ignorancia, la indiferencia, los prejuicios, el individualismo y la complicidad de tantos que apoyaron, encubrieron y justificaron tantos crímenes atroces".

Pedro recordó también a sus abuelos Alfredo y María Aurelia, que murieron sin vivir lo que calificó como un "reencuentro". El joven dijo también: "Es una nueva etapa en la que debemos reconstruir lo sucedido, armar el rompecabezas de esta historia, transitar nuevas búsquedas de verdad y justicia. Oscar ha dejado su huella por donde nosotros caminamos".

Miradas para construir la memoria

Se emitirá el segundo capítulo de la serie de 4 producidos por la provincia sobre la causa Guerrieri.
Por Edgardo Pérez Castillo

Los días del juicio, el ciclo producido desde Señal Santa Fe que mañana a las 20 pre-estrenará uno de sus cuatro capítulos en El Cairo, tiene un peso histórico consistente. Por un lado, resguarda lo acontecido durante el primer juicio oral y público por delitos de lesa humanidad realizado en los Tribunales Federales de Rosario entre el 31 de agosto de 2009 y el 15 de abril de 2010. Por otra parte, pone al alcance del público general imágenes inéditas de un hecho con connotaciones sociales y políticas únicas para la historia argentina. Bajo la dirección de Pablo Romano, el ciclo es una de las realizaciones llevadas adelante por la Secretaría de Producciones e Industrias Culturales del Ministerio de Innovación y Cultura.

En ese sentido, fue Romano quien resaltó: "Esto se pudo hacer porque hubo una voluntad muy fuerte de Cecilia Vallina (NdR: directora provincial de Producciones e Industrias Culturales). Hablando con ella pensamos que se tenía que hacer algo con los juicios, y se dio una sinergia. El proyecto surgió con la idea de volver a hacerse preguntas con respecto a lo que implicó el exterminio, lo que implica la memoria, lo que implican los archivos, qué categoría se le dan a los archivos, qué puesta en valor se le puede dar a la palabra de los sobrevivientes. Y creo que una de las primeras cosas que nos propusimos fue no hacer documentales para los convencidos, hacer un trabajo para volver a hacerse preguntas y no para encontrar respuestas. Para que la gente se siga preguntando con respecto a uno de los tantos exterminios que sufrimos como argentinos, que somos parte de éso y ver cómo lo elaboramos, cómo lo volvemos a pensar. Ver qué imágenes construimos para hablar de éso".

El proceso judicial, su marco, los protagonistas directos e indirectos, todo conllevó a la obtención de una gran cantidad de material que, a partir del guión realizado por Romano y Federico Actis (con la colaboración de Vanina Cánepa, además productora junto a Gabriel Zuzek), fue amoldado al formato de cuatro capítulos de una hora de duración. "En todo caso hay dos tareas de recorte --explicó el director--. Una durante el rodaje en sí, que es una tarea casi intuitiva de ver, en base a la experiencia propia de cada uno, qué puede funcionar en la narración. Y jugársela por ciertos sujetos, ciertas situaciones. Después está el recorte posterior, que es cuando uno ve todo el material y empieza a ver por dónde viene la historia. Este rodaje se planteó de manera muy inmediata: cuando empezamos a filmar el juicio ya estaba en marcha, entonces en esa inmediatez hay un trabajo de rescatar el espíritu de época, la intuición de ver qué situaciones podían funcionar, buscar sujetos que fueran interesantes porque tienen muchas aristas".

Cada capítulo gira alrededor de determinados personajes o situaciones. El primero se concentra en las implicancias del juicio oral y público, e incluye entrevistas al juez Otmar Paulucci, el secretario Osvaldo Facciano, la fiscal Mabel Colalongo, periodistas y militantes de Derechos Humanos. El segundo --que se proyectará mañana a las 20, gratis, en la sala de Santa Fe 1120-- tiene como protagonista a Ramón Aquiles Verón, sobreviviente del centro clandestino Fábrica de Armas Domingo Matheu. El tercer envío tiene como personaje central al represor Eduardo "Tucu" Constanzo, sumando la palabra de periodistas como José Maggi y Juane Basso. El cuarto está dedicado a la nieta recuperada Sabrina Gullino.

"Si bien está eso, constantemente se hace referencia al proceso judicial, al momento del juicio que está transcurriendo --distinguió Romano--. Cada capítulo va hacia atrás y hacia adelante en el tiempo y, a su vez, cada uno termina en un momento determinado del juicio. El cuarto capítulo termina con la sentencia".

Con la coordinación general de Cecilia Vallina, la producción periodística a cargo de Cánepa y Zuzek y la dirección de Romano, el capítulo que mañana se emitirá en el cine público contó además con el trabajo de imagen de Romano, Arturo Marinho y Florencia Castagnani, y la dirección de sonido de Fernando Romero.

martes, 7 de diciembre de 2010

Juicios a Genocidas en Rosario

UNA MÍNIMA VISION SOBRE CAUSA DIAZ BESSONE
Un nuevo juicio a los genocidas del Terrorismo de Estado, se está llevando a cabo en la ciudad de Rosario, la causa Díaz  Bessone, ex Feced, que comenzara con los testimonios tomados allá por el año 84 en la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. (al pie va parcial de informe que agradecemos a H.I.J.O.S.)

 Mucho camino hemos recorrido en poco más de un año, desde que comenzaran los Juicios de Lesa Humanidad: hoy podemos entrar con las insignias de las organizaciones y lo que es mucho más importante, con las fotos de nuestros compañeros desaparecidos. Una pelea diaria que no fue corta ni fácil, saldada a nuestro favor con la intervención de la Fiscalía (Dr. Stara) y una decisión oportuna, por lo candente de la situación, de los jueces Dra. Barabani y  Dr. Paulucci con el voto negativo del Dr. Venegas Echagüe.

Continuamos, no obstante, teniendo que entregar fotocopias y con una demora de varios días para tener las acreditaciones. En otros lugares del país se entra en el momento con DNI  (…”no soy quien le entregará datos a la SIDE”…, nos comentó un inteligente juez mendocino)

Los periodistas tiene cada vez más dificultades  para entrar a la Sala de Audiencias, carecen de todo privilegio, hacen horas de espera, lo cual no ayuda a que vayan o tengan ganas de cubrir el juicio. Mucho menos el periodismo alternativo, que suele ser trabajo voluntario o sin salario.

Una nueva medida, totalmente inapropiada, es que dejan entrar al público cuando ya están declarando o los jueces impartiendo sus decisiones. Así, nos perdemos gran parte de los testimonios, al comienzo de la audiencia o después de un receso: no escuchamos ni  la decisión de dejar entrar las fotos, o nos enteramos por los abogados que dicen los represores (ej.: Marcote el 1º de diciembre)

Algunos compañeros se han plantado y no comenzaron a hablar hasta que entraron todos y todas, pero son los menos: no se les puede pedir más en ese tremendo momento.

Ni hablar lo que genera el ruido de la puerta (habría que arreglarla), las voces, etc., ya que todo el tramite de identificación y paso por detectores se hace pegado a la Sala (el último control, hay otros antes)

Dicha Sala, pese a ser tan pequeña, tiene reservados cinco lugares para el poder judicial, que jamás han sido cubiertos. Evidentemente un juicio de Lesa Humanidad no le importa al conjunto del  Poder Judicial rosarino. Comprensible tal vez, por las veces que se nombra a la Dra Cozidoy como cómplice, que trabaja en otro juzgado federal, a pocos metros. Espacios que quedan vacíos, con gente afuera sin poder entrar. Y uno donde se sienta un gendarme.

 En tanto, muchas/os esperamos horas, a veces con un sol calcinante, con frío o con lluvia,  buscando un poquito de sombra, frente a doble enrejado, para poder estar allí, junto a aquellos/as compañeros/as que tienen el increíble coraje de rememorar el horror con detalles, con toda precisión, entereza y firmeza  que impida PENSAR QUE ESTAN MINTIENDO. Ya que párrafo aparte merecen los abogados defensores de los asesinos, que se ponen la camiseta hasta sus últimas consecuencias. Baste como ejemplo lo dicho por el defensor oficial Silvio Galarza Azzoni a un testigo que terminaba de contar sus torturas:..”le voy a hacer un interrogatorio!”…. Una provocación increíble frente a la pasividad  de los jueces.

Siguen siendo los sobrevivientes, sus familiares y compañeros/as, los que se llevan la peor parte. Díaz Bessone, Lofiego y Scortechini, se escudan en la legalidad que les permite no estar en la Sala para no dar la cara, mientras se escuchan testimonios aterradores de lo pasado, que aún permanece, como dijo un testigo…”en el miedo que aún tengo””…. “a la noche me despierto, a las 3, 4 de la mañana y me levanto a ver si no me vienen a buscar”….u otra…”me violaron… y ahora tengo miedo de que se crucen con mi hija adolescente en la calle…porque están libres…”

Eso no les impide reivindicar su lucha, sus compañeros/as desaparecidos/as, sus historias de resistencias y hacer saber que continúan luchando por justicia, y así lo harán hasta que todos los genocidas tengan cárcel común, perpetua  y efectiva.

Un testimonio muy especial, del cual rescatamos una frase ineludible para las nuevas generaciones de militantes: “Quiero decir una cosa. En el SI todos los secuestrados tuvimos el mismo grado de no libertad, lo que no tuvimos fue las mismas actitudes ética y morales, porque aun quienes dieron datos en la tortura luego se sumaron a las denuncias. Hay un límite en la vida, hay que hacerse cargo de lo que se elige, hubo compañeros que heroicamente en la picana no dieron ni los apodos”. Sra María Inés Luchetti de Bettanin (Nené)

 Esas nuevas generaciones que se van acercando con infinidad de propuestas, actividades, para llevar a cabo día tras día, nos abre las puertas de las facultades, donde damos cantidad de charlas, invitamos a los juicios, en definitiva, hacemos lo que estamos seguros serán estos Juicios : Una escuela de ética, de principios, de coraje , de lucha, de memorias, de verdades nunca dichas, de donde jamás se sale igual a como entraste, la sala de audiencias es la mejor escuela que podemos darle a nuestros jóvenes, y ese es un compromiso de muchos /as QUE:

NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS
APDH ROSARIO

 Datos :
La Causa lleva el nombre de “Díaz Bessone”, apellido del imputado de mayor rango entre los seis acusados. Con anterioridad se conocía como “Feced”. Fue elevada parcialmente, la carátula en el Tribunal Oral Federal Nº 2 , Rosario, es: “DIAZ BESSONE Ramón Genaro, LO FIEGO José Rubén, MARCOTE Mario Alfredo, VERGARA Ramón Rito, SCORTECHINI José Carlos Antonio y CHOMICKY Ricardo Miguel (ex Feced) S/ homicidio, violación y torturas” expediente Nº 120/08.

Se trata de una “elevación parcial a juicio oral” ya que a partir 21 de julio del corriente año sólo se juzgan parte de los ilícitos que se investigaron en la etapa de la “Instrucción”, es decir, quedan aún pendientes hechos delictivos que tuvieron por víctimas a otras personas, y por responsables a estos mismos imputados y a otros más.

Este juicio permitirá -como lo están haciendo los diferentes procesos en desarrollo a lo largo y ancho del país por estos días-, conocer la verdad de lo ocurrido durante el golpe cívico militar inaugurado el 24 de marzo de 1976 y los graves delitos de lesa humanidad cometidos por ese gobierno ilegal e ilegítimo que secuestró, torturó y expulsó al exilio a cientos de miles de argentinas y argentinos, asesinó y desapareció a 30.000, y se robó más de 500 hijos de estos últimos nacidos en cautiverio.

Se juzgarán los delitos de lesa humanidad cometidos en el mayor Centro Clandestino de detención de la dictadura en Santa Fe: el Servicio de Informaciones (SI) de la ex Jefatura de Policía de Rosario (ubicado en San Lorenzo y Dorrego), que dirigió el Comandante de Gendarmería Agustín Feced.

Los acusados : DIAZ BESSONE, Ramón Genaro (Oficial superior (R) - ex Comandante del II Cuerpo de Ejército) LO FIEGO José Rubén (Oficial Principal de la Policía de Santa Fe) MARCOTE Mario Alfredo (Oficial de la Policía de Santa Fe) VERGARA Ramón Rito (Suboficial de la Policía de Santa Fe) SCORTECHINI José Carlos Antonio (Comisario principal de la Policía de Santa Fe) CHOMICKY Ricardo Miguel (Civil) .Todos están en libertad, por decisión de Cámara de Casación, salvo Díaz Bessone.

Sobrevivientes: En este primer juicio contra responsables de los delitos cometidos en el SI, se juzgan crímenes de lesa humanidad cometidos contra 91 personas que sufrieron secuestro, privación ilegítima de la libertad y torturas, de las cuales 17 de ellas fueron desaparecidas y asesinadas. En este juicio se ventilará sólo una pequeña porción del total de los crímenes perpetrados en el SI: el 5%.
Rosario, 2 de diciembre 2010

ASAMBLEA PERMANENTE POR LOS DERECHOS HUMANOS DE ROSARIO
NO OLVIDAMOS, NO PERDONAMOS, NO NOS RECONCILIAMOS
 www.apdhrosario.com.ar

"¿Dónde está mi hermana?"

Por José Maggi

Mirta Castellini, sobreviviente del Servicio de Informaciones, declaró ayer en la causa Díaz Bessone, en un emotivo testimonio que completó con un pedido: "Vine porque quiero aportar los nombres de los compañeros que vi, para que las familias puedan tener una orientación, un cierre a un capítulo como quisiera tenerlo yo con mi hermana y con mi cuñado (desaparecidos). Quiero decirle especialmente a Chomicky que dice que fue reducido al servilismo, que ésta ha sido su oportunidad para decirnos donde están los compañeros, pero no lo hace, dice que está arrepentido pero no lo demuestra. El eligió hace 33 años y sigue estando del mismo lado. No sé con que cara todos ellos miran a sus hijos, a sus familias. O sí sé, porque yo tenía de compañera de trabajo a la hermana de Gustavo Bueno (un miembro de la inteligencia militar exiliado en Brasil) y un día, cuando se enteró de mi historia, vino y me pidió perdón". Al retirarse de la sala, sacó la foto de su hermana y se la mostró a Chomicky. "Ella es mi hermana, decime dónde está", lo espetó. Chomicky sonrió y dijo "no la conozco".

Castellini fue secuestrada el 23 de marzo de 1977 en un operativo del que participaron Mario Marcote, José Scortechini, Ricardo Chomicky, José Lofiego y otros tantos que no pudo identificar. "Me llevaron al SI, me sacaron la ropa, a los empujones, me acostaron en una camilla, me ataron de manos y pies y comenzaron la sesión de torturas. Tengo marcas en la pierna derecha, de las sogas que se me iban incrustando cuando pegaba saltos por la corriente", describió Mirta.

En esa situación escuchó la voz de una mujer "que después supe era Nilda Folch (la Polaca, que era novia de Chomicky y está prófuga en esta causa), que me tiraba agua y preguntaba si seguía tirándome".

Según relató la sobreviviente, en el SI estuvo en la rotonda. "Después en la Favela, con Gloria Fernández (Manola), que sigue desaparecida. Era el 5 o el 6 de abril, era un lugar chiquito, un entrepiso, donde se escuchaban los pasos del Pollo Baravalle que iba y venía. Me piden que me saque el pañuelo y se lo dé a Gloria. Como a las dos horas, vuelven con palas, muy excitados, y el Cura me devuelve el pañuelo y dice que Gloria estaba en la alcaidía". La habían asesinado.

Según recordó Mirta, "la voz del Cura, que era finita, la tengo muy presente. Era alto, delgado, con una camisa siempre abierta, el cabello partido para un costado. También escuchábamos a Carlitos Gómez, que según me dijo Gloria le decía que la iba a matar porque ella era de su barrio y lo había marcado. Se escuchaba al Cady, a Nilda Folch, a Graciela Porta que dormía con su bebé" recordó Castellini.

Entre los represores también recordó a "la Pirincha Peralta, el Sargento Vergara, Managua Vallejos, Costeleta, Archi Scortecchini, que siempre andaba a los saltos con las armas en la mano y nos daba la impresión que estaba drogado. Lo tengo muy presente porque el me sacó y me llevó a tribunales y después porque junto con Marcote me van a visitar a la cárcel de Devoto". Hizo descripciones muy precisas de cada integrante de la patota.

"Tengo claros algunas voces, algunos rasgos. Tal es así que estando en libertad, un día, por avenida Pellegrini, escucho una voz. Lo identifico, era Managua: era grandote, muy bruto, tenía 3 hijos. Sé que Darío era flaco, petiso, morocho, de buen trato aparentemente. El Sargento era grandote, usaba peluquín, muy desagradale. Portillo era chiquito. El Ciego, que tenía conocimientos de medicina, tenía un ensañamiento muy especial con las zonas genitales y los pezones. Era gordito, de lentes gruesos".

Pero el primero en declarar por la mañana fue Benito Espinoza, quien fue secuestrado el 19 de marzo de 1977 junto a su mujer Francisca Van Bove, sus pequeñas hijas y una conocida de la familia que se alojaba en el domicilio, Gloria Fernández.

Espinoza terminó su relato diciendo "Por qué pasaron tantos años? Por que demoraron tanto la justicia? Nosotros recibimos palizas, fuimos torturados y asesinados y ellos estaban de lo más bien afuera. Yo quiero que se haga justicia, sobre todo por las mujeres, se han ensañado con las mujeres, las han torturado, las han deshonrado".

Los hermanos Gollan en el SI

El calvario del Largui

Por Sonia Tessa

Daniel Gollán había ido a dormir a la casa de su hermano Juan José, en el Fonavi de Grandoli y Gutiérrez, el 27 de julio de 1976. Estaba en calzoncillos a la madrugada, cuando la patota irrumpió en el hogar. Preguntaban por Gustavo, el hermano menor, pero una voz conocida les dijo que Daniel también "estaba en la joda". Era estudiante de medicina, militaba en la Juventud Universitaria Peronista, tenía 21 años. La primera impresión fue escuchar que lo mandaba al frente Horacio el Mancha Tartaglia, militante de la UES y un invitado habitual en su casa materna, donde se quedaba a dormir y comer varias veces por semana. Los efectivos se llevaron a los dos hermanos que encontraron y, luego de una discusión, dejaron en la casa a la esposa de Juan José con su beba. Al llegar al Servicio de Informaciones, Daniel escuchó otra voz sorprendentemente conocida. "Llegó Larguirucho", dijo José el Pollo Baravalle, otro militante que había pasado a colaborar con las fuerzas represivas.

Gollán recibió golpes, lo tiraron al aire entre varios, para dejarlo caer con su peso muerto al piso. El dolor era indecible. "Este va a la parrilla", dijo la persona que luego pudo identificar como José Rubén El Ciego Lofiego, y comenzó la picana eléctrica en todo el cuerpo, en los genitales, en los dientes. Cuando terminó la primera sesión de torturas, Gollán se acercó a una canilla para tomar agua, con la esperanza de morir de un paro cardíaco. Quería "terminar con todo eso". No lo logró.

Por debajo de la venda, vio una de las ventanas de la jefatura, y quiso escapar pero tampoco pudo. Después del intento de fuga, recibió una "furibunda" paliza y lo dejaron tirado en el baño, con la cabeza al lado del inodoro. El personal del SI le orinaba encima. Volvió a ser torturado. Además de aplicarle corriente eléctrica, lo quemaron con cigarrillos, le hicieron el submarino seco y coronaron las torturas con un empalamiento.

Después de unas horas, vio llegar a una persona con uniforme militar, que sólo pudo ver por debajo de la venda. Sintió que hablaban de él, que el militar daba indicaciones de castigarlo, pero no matarlo. Después, Lofiego lo increpó: "Así que vos sos sobrino del general Alcides López Aufranc. Por culpa de generales cobardes como esos tuvimos que llegar a esto", le dijo el Ciego, mientras le pegaba. Como su tío había hecho una gestión por la vida de los hermanos Gollán, Lofiego le bajó la venda y le dijo que lo mirara bien, que ellos iban a quedarse en el poder por mil años. Gollán describió ayer a Lofiego como un hombre gordo, de tez blanca, que usaba anteojos muy gruesos, y el pelo tirado hacia atrás. Después de ese episodio, la tortura menguó.

Entre los represores, también recordó al cura (Mario Alfredo Marcote), a quien nunca pudo ver. Formaba parte de las sesiones de tortura. Mencionó a Kuryaki, Tu Sam (Carlos Brunato) y la Pirincha (César Peralta).

Después de cinco días de castigos lo llevaron al entrepiso, donde escuchaba los gritos de las otras personas torturadas. "A los 15 días me llevaron a bañar por primera vez, con agua helada, en el sótano", contó ayer. Volvió al entrepiso por varios días, hasta que logró estar al lado de su hermano Juan José, liberado el 24 de agosto, el día de su cumpleaños.

Daniel fue llevado al sótano y por primera vez le sacaron la venda. Lo mantuvieron allí por 20 días, y luego lo llevaron a la cárcel de Rosario, donde estuvo en una celda de castigo varios días, junto a otros seis presos. Un mes después, lo llevaron a Coronda, donde también sufrió castigos constantes. "El régimen carcelario se fue poniendo cada vez más restrictivo, vivía castigado", rememoró ayer. Su madre, que lo escuchaba desde el público, se habrá sentido orgullosa cuando él contó que ella "había hecho bastante lío. Mi madre es de hacer lío cuando pelea por causas justas". Después de otro año detenido en Caseros, Gollán logró la opción y se fue a Alemania. Se recibió de médico.

"Luego de todo esto, hemos continuado con la vida y la militancia, no sólo en los derechos humanos, sino también por la justicia social", dijo ayer para terminar su declaración, que había pronunciado con entereza. Trabaja en hospitales públicos. "Quiero hoy rendir un homenaje al presidente argentino que logró que esto fuera realidad, a Néstor Kirchner. No sólo esto, sino que volviéramos a tener esperanza", dijo con la voz quebrada por la emoción el testigo, a quien sus compañeros le dicen el Largui, un apodo que se explica al verlo tan alto, flaco y erguido.

Después fue el turno de su hermano Juan José, a quien los represores le dijeron que era "el único bueno de los tres hermanos". Cuando fue liberado, le costó conseguir trabajo. "Pertenezco a una generación fuera de serie, con mucho coraje, que quiso cambiar la historia de este país", dijo ayer Juan José, quien consideró "increíble estar contando esta historia, pensé que nunca se iba a hacer justicia".